Reseña de SECRETOS DEL ALMA

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de Ely Zaretsky

JUAN DUARTE

Número 5, noviembre 2013.

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Ely Zaretzky parte de señalar que hoy “se ha hecho posible contemplar el psicoanálisis en su conjunto, distinguiendo sus aspectos tanto represivos como liberadores. La clave consiste en verlo como la primera gran teoría y práctica de la vida personal”. Y lo hace desde una tesis original: “el psicoanálisis fue el ‘calvinismo’ de la segunda revolución industrial. Representó un papel similar al que había representado el calvinismo en relación con el primitivo capitalismo y el metodismo con la industrialización”. Recorriendo -como secta carismática- el ciclo weberiano de idealización, rebelión, diseminación, institucionalización y rutinarización.

Al modo de un Jano bifronte, el psicoanálisis por un lado habría sido utilizado para profundizar en las “tres promesas emancipatorias de la modernidad” (autonomía, emancipación de las mujeres, democracia), y por otro, se adaptó a una cultura conformista y a las ideologías materno-centristas del Estado de bienestar keynesiano, y “fue absorbido, transfigurado y finalmente consumido por la sociología y cultura de la vida personal a la que originalmente dio expresión crítica.”

Los tres proyectos que había implicado el psicoanálisis, “una práctica médica casi terapéutica, una teoría de la hermenéutica cultural, y una ética de la exploración personal”, se escindieron, retrocediendo fuertemente la primera frente a la medicalización y desarrollo de las neurociencias y la psicofarmacología. El libro, de más de 500 páginas, está dividido en tres grandes secciones, cronológicamente ordenadas. La primera sección recorre el surgimiento del inconsciente personal en relación con la sexualidad y los cambios en la vida personal, la dialéctica de absorción y marginalidad que capturó al psicoanálisis y el surgimiento de una psicología del yo. La segunda parte aborda la primera guerra mundial y la revolución rusa de 1917, y su relación con los cambios introducidos por el freudismo, el importante rol del psicoanálisis en Estados Unidos con el surgimiento del fordismo y las tensiones entre “integración y resistencia”; así como el “giro hacia la madre” con el surgimiento de una generación de mujeres psicoanalistas y la “destrucción” del psicoanálisis europeo clásico a manos del fascismo. Finalmente, la tercera acentúa el papel del Estado de bienestar y el eje en la relación madre-niño en Inglaterra, la notable relación del psicoanálisis norteamericano con el Estado durante la “guerra fría” y la crisis del psicoanálisis de los 60, con el auge de las corrientes identitarias. Dentro de los méritos que le caben a este trabajo, se podría destacar que trata de escapar a las críticas  insustanciales, generalmente conservadoras, como las centradas sólo en ciertos aspectos la vida de Freud, así como de las historias “celebratorias” que se dedican a ensalzar al vienés y sus desarrollos de forma acrítica. Asimismo, acierta en poner el acento en los cambios sociales, políticos y económicos que marcaron el desarrollo del psicoanálisis, permitiendo resaltar la relación de éste con el Estado burgués, en particular, norteamericano e inglés. Por otro lado, al subrayar las cuestiones de género y sexualidad trae a la luz y destaca importantes discusiones y elaboraciones que hoy están ausentes, imprescindibles para rescatar las potencialidades críticas del psicoanálisis en este terreno. Por último, respecto a la visión limitada geográfica e históricamente que tiende a primar en nuestro país (moldeada por el lacanismo desde fines de los ‘70), presenta el desarrollo del psicoanálisis desde sus inicios en Europa, su pasaje a EE.UU. y recepción en el marco de la revolución rusa, e incluso su expansión mundial de la mano del imperialismo luego de la segunda guerra mundial. Todo pincelado de ejemplos del impacto del psicoanálisis en la cultura a lo largo del siglo XX (Secretos del Alma, por cierto, alude a la película que realizara G.W. Pabst, asesorado por los psicoanalistas Karl Abraham y Hans Sachs en 1926).

Así, el surgimiento de la idea freudiana de un inconsciente individual y de una constelación individual de deseos personales resalta las características emancipadoras del psicoanálisis al resquebrajar el código de géneros de la cultura liberal del siglo XIX y su papel opresivo, “complemento oscuro y olvidado de la razón y el control masculinos”. Zaretzky transita insistentemente “la relación amor/odio de la mujeres con el psicoanálisis, la cual surgió de la transformación de la familia”, y los cambios en relación al lugar de la mujer en la misma. El proceso de “feminización” del círculo freudiano en los ‘20 y los debates sobre la sexualidad femenina y el papel de la madre en el desarrollo psíquico son revisitados.

Así también son analizadas las vías en que la política y el Estado determinaron sus prácticas y la teoría misma. En Europa, la “destrucción” del psicoanálisis a manos del fascismo (y los –nefastos– intentos de convivencia con el nazismo).

En Estados Unidos, su adaptación. El autor señala la importancia de psicoanálisis para el fordismo. Freud habría creado un nuevo mito del “salvaje” (noble) apropiado para la sociedad de consumo, a partir del cual “el psicoanálisis era el juego de manos del fordismo”. La transformación del psicoanálisis como instrumento de “control social” también son analizadas, e incluso su incorporación a una noción de ciencia positivista durante el proceso de medicalización: “los ideales de ‘profesionalidad’ y ‘neutralidad psicoanalítica’ adquirieron un nuevo significado cuando los psicoanalistas se aliaron con el poder oficial”.

En Inglaterra, se destaca el rol del psicoanálisis en la maquinaria de guerra, y cómo este se adaptó a las necesidades del estado de bienestar y de la política de unidad nacional (burguesa) del gobierno. El aspecto más inconsistente del libro es el tratamiento que hace de la revolución rusa, el bolchevismo y el marxismo. El análisis recae aquí en el leit motiv de la historiografía liberal que iguala bolchevismo y fascismo en tanto negación de la individualidad e “irracionalismo”. Presenta una versión caricaturizada del marxismo como negador de la “vida personal”, y en particular de León Trotsky, a quien pone como ejemplo. Justamente a quien combatió práctica, teórica y programáticamente el proceso de burocratización estalinista, e intentó tomar en cuenta los aportes del psicoanálisis a la ciencia y al marxismo. Incluso la crítica de Vigotsky al psicoanálisis, acaso la más profunda que se haya desde el marxismo en términos estrictamente psicológicos, es obviada. Zaretzky muestra incluso que en los primeros años del estado obrero soviético el psicoanálisis tuvo un lugar privilegiado, desde la edición y publicación popular de las obras psicoanalíticas, fondos para instituciones terapéuticas, y donde las tendencias “racionalizadoras” de la mano de la medicalización menos se expresaron (de hecho no se exigía titulación médica para ejercer el psicoanálisis, que el autor toma como índice de ese proceso en EE.UU.). Un tratamiento pobre en este punto, incluso historiográficamente, manejándose con fuentes secundarias –y sólo las de tradición liberal. Más allá de esto, de conjunto el libro hace un importante aporte para quien quiera conocer la compleja historia del psicoanálisis.

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