Reseña de Restricción Eterna. El poder económico durante el kirchnerismo

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De Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer (Ed. Futuro Anterior, 2014).

GASTÓN RAMÍREZ

Economista, docente UNJu.

Número 18, abril 2015.

 

El nuevo libro de Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer, editado por Revista Crisis, contiene un detallado estudio del comportamiento de los principales actores nacionales y extranjeros que lideraron la cúpula empresaria durante la llamada “década ganada”. Su análisis destaca como una característica de este período que se registró un salto en la concentración económica. Las 500 principales firmas en 2012 generaron en promedio un 21,6 % del total del valor agregado, cuando durante la época de la convertibilidad la participación de la elite empresaria en el PBI había sido en promedio del 14,3 %.

Según los autores hay varios factores que explican este proceso. Uno de ellos, sin dudas fue el incremento de la tasa de explotación (relación productividad/salario), en particular a partir de la drástica caída de las remuneraciones reales en 2002 producto de la brutal devaluación del peso. Otros factores serían una “acelerada centralización de capitales que tuvo lugar en el marco de la crisis terminal y el abandono del esquema de la convertibilidad”.

Además, consideran que al partir de la posconvertibilidad, las grandes firmas se ubicaron en actividades con alta rentabilidad, como la minería, la industria alimenticia, metal básica química, automotrices, electrónicas, etc.; así como de varios ramos terciarios que se beneficiaron del crecimiento económico que tuvo lugar en los últimos años, rubros como telefonía móvil, TV por cable, medicina prepaga, supermercados, etc. se encuentran entre los más destacados.

Y destacan que dentro de estos cambios, una pieza clave fue la importante inserción exportadora de muchas de las grandes compañías a raíz del dólar alto  junto con precios internacionales favorables, sobre todo de los commodities, y bajos salarios en dólares.

Por último, para los  autores muchas empresas de la elite del poder económico local resultaron favorecidas por distintos “ámbitos privilegiados de acumulación” que se generaron o se recrearon en los años recientes” en donde destacan la Ley de Promoción de Inversiones Nº 25.924 (2004) y la Ley de Inversiones Extranjeras de 1976; y / o “la escasa preocupación por el ejercicio efectivo del poder de policía gubernamental en lo atinente al control de fusiones y adquisiciones”.

Esto demuestra que el gobierno y el Estado lejos de jugar un papel regulador, disputa mediante con el Grupo Clarín , facilitó y permitió el crecimiento de la gran cúpula empresaria.

 

Una década de extranjerización

Junto con la concentración económica, el capital extranjero dentro de las empresas líderes alcanza, ni más ni menos, casi en un 50 por ciento, como afirma el libro. En este selecto grupo se encuentran firmas agroalimenticias (Louis Dreyfus, Bunge, Kraft Food, Cargill, Quickfood, Nestlé, Coca-Cola, Cervecería Quilmes, Oleaginosa Moreno, etc.), de la industria química (Bayer, Dow, Dupont, Procter & Gamble, Syngenta, Solvay Indupa, Monsanto, etc.) y de la industria automotriz.

Pero el avance del capital extranjero en plataformas exportadoras, le permite a 59 corporaciones extranjeras detentar el control casi de la mitad de las exportaciones del país en 2012. Siguiendo la línea de los autores, afirmamos que teniendo en cuenta el problema de falta de dólares que frecuenta la economía Argentina, por su carácter dependiente y subsdesarrollado, este selecto grupo de empresas juegan un rol central en la dinámica de acumulación en el país. Además,  genera un efecto negativo sobre la disponibilidad de dólares a través de las transferencias al exterior de divisas por la remisión de utilidades, dividendos y los mecanismos encubiertos para la fuga de capitales (contado con liqui, futuros, sobreprecios de importaciones, etc.).

 

La burguesía nacional que supieron conseguir

El libro divide la historia del empresariado nacional en dos grandes grupos según su origen. El primero ligado al modelo agroexportador, donde se refieren a Bunge y Born, Bemberg, Alpargatas, Garovaglio, Ledesma, Soldati, etc.; y el segundo, al proceso de sustitución de importaciones iniciado a partir de la crisis de 1930, en donde encontramos a los Rocca, Bulgheroni, Macri, Pescarmona, Pagani, etc.

Afirman los autores que durante los noventa la estrategia de especializarse de los holdings grandes como los de menor tamaño, ganando en concentración como en integración vertical, pegó un salto a partir del proceso de privatizaciones durante el cual grandes conglomerados participaron del “desguace del Estado”, Techint, Madanes, Aluar, Pérez Companc, Urquía, fueron de la partida.

Hacia fines de la convertibilidad solo un “conjunto acotado de grupos logró atravesar exitosamente la crisis, principalmente gracias a su expansión en el exterior vía exportaciones y/o inversión directa (Techint, Arcor, Madanes, Urquía, etc.)”, muchos de ellos instalaron filiales en el exterior ubicándose como “traslatinas argentinas”.

La contrapartida del proceso de extranjerización es el retroceso entre 2001 y 2012 de los grupos económicos locales dentro de la cúpula empresaria, el número de organización paso de 34 a 30, y su peso en la facturación agregada se redujo del 22,6 % a 20,9 %. Y si comparamos los grandes capitales extranjeros con los nacionales, hay grandes brechas. Solo consideraremos dos que plantea el libro: el tamaño promedio de las firmas extranjeras (medido por el cociente entre el valor de la producción y la cantidad de empresas) fue casi un 128 % más holgado que el de las empresas de origen nacional; y la productividad de la mano de obra (valor agregado por ocupado) en el mismo período 2003-2009 de las empresas extranjeras fue más de tres veces que el registrado en las nacionales.

Sin embargo, según los autores hubo quienes lograron mantenerse dentro de la elite, tal es el caso de Techint, Madanes, Clarín. Y otros que mejoraron sus posiciones: Aceites y Harina (Urquía, Vicentín, Navilli), lácteo (Mastellone), azúcar y rubros derivados (Ledesma), golosinas y alimentos (Arcor), Roggio, BGH, Osde, Braun, Sadesa, Pescarmona.

Pero también, indican que hubo 10 holdings ganadores que pasaron a integrar la cúpula empresaria argentina. Vinculados a la producción y los servicios públicos (fundamentalmente producción y distribución de energía), ODS (Calcaterra), Caputo, José Cartelone e IRSA, Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo, Insud, Bagó.

Este último sector podríamos decir es la burguesía nacional real que el kirchnerismo supo recrear. Se trata de un grupo de empresarios que emergió al calor de las ayudas y sociedad con el Estado, y operando en áreas cautivas de competencia y con fuertes subsidios. Tal como se plantea en el libro, en este grupo se encuentra a empresarios como Cristóbal López, Lázaro Baez o Ángelo Calcaterra (sobrino de Franco Macri), entre otros.

El libro no concluye, sin embargo, que deba darse por clausurada cualquier posibilidad de un avance en el desarrollo en términos capitalistas, aunque ofrece una abrumadora cantidad de datos que deberían llevar a esa conclusión. Resulta llamativo, por otra parte, que el descarnado análisis no esté acompañado de la defensa de una perspectiva alternativa, sustentada en alguna serie de propuestas. Aunque sabemos sí que algunos de los autores en otros trabajos han planteado una salida mediante apuntalar el desarrollo de las PYMES, y tomen como ejemplo el caso de los países del sudeste asiático con un Estado activo, pero también dejan entrever otras salidas más escépticas del cambio, y en el otro extremo, aquellas que hablan de cambiar la relación de fuerzas entre las clases. Nada dice el libro sobre ninguna de estas posibilidades.

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