Reseña de NEOLIBERALISMO SEXUAL. EL MITO DE LA LIBRE ELECCIÓN

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DE ANA DE MIGUEL (MADRID, EDICIONES CÁTEDRA, 2015).

 

CELESTE MURILLO

Número 28, abril 2016.

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Una de las ideas más interesantes que recorre el libro de la filósofa española Ana de Miguel es muy simple, y aun así aparece como controvertida en el paisaje feminista actual: no existe la libre elección. En las más de 300 páginas del libro, la autora recorre varios de los debates centrales del feminismo en las democracias capitalistas actuales, en particular las democracias europeas, denominadas por de Miguel “sociedades formalmente igualitarias”. El planteo de la ausencia de elecciones verdaderamente libres encuentra un diálogo inevitable con aquellas críticas que desde el marxismo señalan los múltiples cruces entre la opresión de género y de clase, atravesados a su vez por las múltiples determinaciones que significan etnia, religión, las sexualidades no heteronormativas, por citar solamente las más conocidas.

Uno de los focos de tensión del libro es la reflexión sobre cómo se reproducen, incluso en sociedades “formalmente igualitarias”, las relaciones y los valores patriarcales. El libro se sitúa en un momento en que, tras décadas de lucha de las mujeres, se han conquistado múltiples derechos democráticos, pero a la vez crecen problemas como la mercantilización de la sexualidad o la violencia machista y sexual (cuya expresión extrema es el femicidio). Sin ir más lejos, el Estado español está entre los países que encabezan los índices de violaciones y femicidios en Europa. Pero no es necesario limitarse a los aspectos extremos del sometimiento femenino para advertir la dualidad de sociedades en las que conviven la ampliación de derechos políticos y la vigencia de la opresión.

Teóricas del feminismo como Nancy Fraser ya habían señalado el fracaso que significó para el feminismo el pasaje de criticar la economía política a transformar la cultura. Una batalla cuyos alcances, como señalamos en números anteriores, es contradictorio y limitado[1]. De Miguel señala que: “la estructura patriarcal se asienta y difunde por medio de la machacona creencia de que como ‘ya hay igualdad’, cualquier acción que realicen las mujeres es fruto de la libre elección”. La autora analizará críticamente la idea de la libre elección con respecto a tres ejes centrales: la socialización diferencial, el regreso del rosa/celeste (regenerización de la infancia) y la industria de la cultura y el ocio fuertemente patriarcal. Mediante esos tres mecanismos, sostiene de Miguel, las decisiones de las mujeres, así como la de los varones, están condicionadas. La mujer para transformar su cuerpo o partes de él en objeto y el varón para “consumirlo”.

Otro aspecto interesante es la explicación de las relaciones entre el neoliberalismo económico y lo que la autora denomina “neoliberalismo sexual”.

El neoliberalismo económico encuentra, en la desigualdad de género y el “neoliberalismo sexual”, una importante fuente de legitimación del núcleo de su discurso: todo tiene un precio, todo se puede comprar y vender. Eso sí, con el consentimiento de las implicadas.

Para de Miguel, la oferta constante que realiza la industria cultural y publicitaria vía la cosificación de las mujeres transmite un mensaje, especialmente a los varones, de que lo importante es el deseo del individuo y que el mercado proveerá los cuerpos y los medios para satisfacerlo. Así, se zambulle en uno de los debates feministas más en boga en la actualidad, la prostitución y la idea (defendida mayoritariamente por corrientes posmodernas) de que es posible elegir libremente ejercer la prostitución.

Más allá de las explicaciones que ensaya, pensadas especialmente para un público joven y educado en la “igualdad”, lo valioso de su planteo radica sobre todo en la relación entre el plano económico (explotación y desigualdad) y la opresión de género (despreciado por “reduccionista” tanto por las defensoras acríticas de la “igualdad” como por las feministas de la “diferencia”).

La autora destaca otro problema actual presente en un sinfín de discusiones: el consentimiento y la tesis de que cualquier relación es “aceptable” si el sexo es consentido (extirpando las relaciones del contexto de una sociedad desigual). A partir de esta idea analiza críticamente algo que denomina “patriarcado del consentimiento”, donde ubica la multiplicidad de teorías y visiones posmodernas que acompañan la visión mainstream de que la igualdad ya fue alcanzada.

En una entrevista con La Izquierda Diario[2], Ana de Miguel reflexionaba sobre la prostitución como una institución que reproduce y enseña la desigualdad, especialmente a los varones jóvenes a quienes se educa desde la infancia en los valores patriarcales:

¿Qué es la prostitución en relación con eso? Es enseñar a los chicos, cuanto antes mejor, como un rito de aprendizaje, que “tu deseo es lo primero, es lo único que cuenta” y la sociedad patriarcal va a brindar los medios para satisfacer ese deseo. El mensaje que recibe el chico al que llevan “de putas” o en estos libros académicos que se hace apología de la prostitución es este: “en la vida solo tienes que ocuparte de una cosa, de tu deseo, tener dinero en el bolsillo y satisfacerlo”.

En el centro del cuestionamiento de la “libre elección” de prostituirse está la crítica a un sistema social que ha reducido a una simple mercancía el cuerpo de las mujeres, pero no solo eso, sino que también ha sometido las relaciones sexuales e interpersonales a las reglas del mercado. No podemos más que acordar con el señalamiento de que la prostitución reproduce desigualdad, dado que es imposible escindirla de la sociedad de clases que mantiene y reproduce la opresión patriarcal de las mujeres. Es necesario analizar las nuevas configuraciones de la relación capitalismo-prostitución, intentando abrir nuevos debates teóricos y políticos. En ese sentido, en un número anterior de IdZ Andrea D’Atri[3] analizaba y desarrollaba los debates centrales entre feminismo y marxismo acerca de la prostitución en un contexto en el que la prostitución (legal e ilegal) representa uno de los mayores negocios capitalistas.

Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección invita a recorrer las construcciones simbólicas y culturales que alimentan los valores patriarcales desde la infancia y la adolescencia, revisa la trayectoria del feminismo como movimiento social y abre una reflexión sobre los desafíos de las feministas jóvenes. Al mismo tiempo, deja abiertos importantes interrogantes, especialmente sobre la reproducción de las condiciones sociales que hacen posible que esas sociedades “formalmente igualitarias” se basen, a la vez, en la opresión (política, económica, sexual) de la mitad de sus miembros por su género.

 

[1] C. Murillo, “Feminismo cool, victorias que son de otras”, IdZ 26, diciembre 2015.

[2] “La prostitución es una escuela de desigualdad humana”, La Izquierda Diario, 29/02/2016.

[3] A. D’Atri, “Pecados & Capitales”, IdZ 7, marzo 2014.

1 comment

  1. Carlos Dellepiane 16 octubre, 2017 at 13:24 Responder

    Para abolir efectivamente la prostitución, uno de los aspectos fundamentales de lo que sería un “plan de lucha” pasa por atacar la demanda de sexo pago. Educación sexual integral en TODAS las escuelas, con una perspectiva de género claramente FEMINISTA (y por lo tanto, abolicionista) que enseñe que la sexualidad es un aspecto primordial de la persona humana que jamás debe ser reducido a mercancía (y que por lo tanto las relaciones sexuales pagas NO constituyen nunca un “trabajo”) y que en particular enseñe a los varones que los cuerpos de mujeres, de trans (y de otros varones) NO pueden ser objetos sexuales, y que comprar relaciones sexuales es una forma de violencia sexual y de género. Campañas que concienticen a la población sobre el abuso sexual mercantilizado que ES la prostitución, la cual sería imposible sin hombres dispuestos a pagar por abusar sexualmente de otras personas. “Cliente” = abusador sexual que paga. Pero no basta con atacar la demanda, hay que ENFRENTAR a las redes de trata. que están secuestrando a diario a innumerables mujeres y niñxs para el mercado de carne humana. Se trata de un negocio criminal que está operando cada vez con mayor impunidad. Pregunta: ¿CÓMO ENFRENTAMOS A LAS REDES DE TRATA? La policía y la “justicia” no lo harán, por la sencilla razón de que están involucradas indirecta y directamente en el negocio criminal de tráfico de personas para explotación sexual. El estado capitalista es PROXENETA. La prostitución es su negocio. Esperar que sea el estado proxeneta el que lleve a cabo la abolición efectiva de la prostitución y combata a las redes de trata es ilusorio. No lo harán. Me interesa conocer la opinión de LID, de lxs militantes y simpatizantes del PTS y de lxs lectorxs de LID: ¿QUÉ HACEMOS?

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