Reseña de MITOMANÍAS DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA

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CRÍTICA DE LAS FRASES HECHAS, LAS MEDIAS VERDADES Y LAS SOLUCIONES MÁGICAS, de Alejandro Grimson y Emilio Tenti Fanfani, Buenos Aires, Siglo XXI, 2014.

NICOLÁS BENDESRKY

Número 17, marzo 2015.

Publicado a fines del 2014, el último libro del reconocido especialista en educación Tenti Fanfani y del antropólogo Grimson –ambos ubicados en la corriente del reformismo progresista en supuesto enfrentamiento con las visiones neoliberales de la educación– se propone recopilar –a manera de repositorio– los mitos, sentidos comunes y habladurías más repetidas en las charlas cotidianas sobre la educación en lugares tan diversos como bares, colectivos, colegios, trabajos y Universidades, salas de profesores y maestros, pasando por la mesa familiar y el barrio; un rastreo que traspasa todas las clases sociales.

El otro objetivo manifiesto es atacar cada frase hecha con un breve desarrollo que incorpora elementos históricos, políticos y económicos, para desnaturalizar estas creencias y estereotipos, buscando ponerlas en cuestión, aportando elementos para su reflexión con una mayor profundidad. Sin embargo, este cometido se logra parcialmente, porque si bien en ciertos pasajes los autores aportan precisas reflexiones de la problemática educativa, en algunos tramos el libro se convierte en un “reproductor de mitos”, amplificando aspectos del sentido común o desarrollando posiciones que tienen graves consecuencias negativas contra los trabajadores de la educación.

El libro comienza con una distinción entre las creencias, las ideologías, y los mitos, desarrollados como saberes de utilidad práctica, sistemas con coherencia lógica y relatos compartidos –asumidos como reales– que explican el mundo. Lo que los autores llaman mitomanías, sin mucho soporte teórico, serían frases contradictorias a las que “supuestamente” los argentinos seríamos adictos, y que circulan en el ambiente provenientes de la experiencia propia o ajena en la escolaridad, como fuente de prescripción de recetas mágicas de mejoras educativas.

Pasajes destacados del libro se encuentran en la desidealización que realizan los autores de la escuela del pasado, deconstruyendo el “todo tiempo pasado fue mejor” a partir del análisis de la realidad social educativa de principio del siglo XX, respecto del objetivo político de la educación, además de las tasas de analfabetismo y la violencia que se ejercía sobre los alumnos, o que las mujeres no podían ir a la Universidad, sumado a que la educación secundaria era solo para una elite de la población. Aquí los autores muestran un vasto conocimiento de la historia de la educación de nuestro país, tanto como de los sistemas educativos extranjeros.

Al abordar el mito que dice que “los docentes trabajan poco y tienen muchas vacaciones”, los autores desarrollan una exhaustiva explicación para desmontar esta creencia, basada en explicar las características precarias de la tarea docente, donde la paciencia, el control de las emociones, la puesta en juego del propio cuerpo en la relación con los alumnos, el tiempo dedicado a la planificación de clases y la tensión de tener que manejar grupos de más de 30 alumnos, generan un gran agotamiento físico y mental que muchas veces se traduce en el síndrome del burnout. Sostienen que la exposición prolongada a situaciones de miseria, sufrimiento, hambre y violencia de las poblaciones escolares, sumado a la infraestructura deficiente y a que la gran mayoría de los educadores trabajan en dos o más escuelas –degradando la calidad educativa–, hacen que la docente, como muchas otras, sea una “profesión de riesgo”. No obstante, lo que ocultan es que este mito fue planteado por la presidenta Cristina Kirchner en la apertura de las sesiones legislativas de 2012, con el claro objetivo de denigrar a los educadores que se encontraban en huelga y para que acepten un aumento muy por debajo de la inflación, tratando de orientar la opinión pública en su contra.

Este ejemplo permite no solo rastrear la funcionalidad de los mitos en general (formando parte de un elemento del conjunto de la ideología dominante), sino también observar su reproducción y expansión. Los mismos poseen una clara utilidad en las relaciones de dominación: promueven la reproducción de las desigualdades de clase, género, raza, etc., y mejor rubrican las relaciones de explotación como “base orgánica” de la sociedad. Es por eso que –como en este caso– son utilizados por las clases dominantes para reforzar “el poder de los poderosos” y “la debilidad de los débiles”. Omitir esto constituye un aporte (particular) en su reproducción.

Otro de los mitos seleccionados por los autores es el planteo de que los docentes, a causa de los paros prolongados y las huelgas por aumento salarial e infraestructura, estarían lesionando el derecho de los niños a recibir conocimiento de calidad por parte del Estado. Este planteo, que claramente promueve una fragmentación entre los docentes y el resto de la comunidad educativa, desconoce que durante largos años, las luchas de los trabajadores de la educación vienen siendo pilares en la defensa de la educación pública frente a los ataques no solo de gobiernos explícitamente neoliberales, sino también de aquellos que se visten de progresistas como el actual.

Si toda huelga cobra eficacia en la medida que interrumpe el normal funcionamiento de la actividad, en el caso de la educación como servicio, se suma la imprescindible necesidad de soldar lazos con los padres y alumnos, para fortalecer una lucha de conjunto por el derecho a la educación en condiciones dignas. Solo de esta manera se puede desmontar el supuesto “choque de derechos” que utilizan gobiernos, burocracias sindicales y también especialistas en educación (!) para dividir y fragmentar a los docentes de la comunidad. No es casual que los autores propongan como solución, la instrumentación de educadores suplentes para reemplazar a los maestros de paro (¿carneros?), como una respuesta no muy progresista a la decadencia educativa que los gobiernos K continuaron y profundizaron1.

La política de explicar pacientemente que luchar por salarios y buenas condiciones de cursada fortalece la solidaridad entre los docentes, padres y alumnos, fue llevada adelante en la gran huelga de la Provincia de Bs. As. del año 2014. Allí, miles de educadores salieron a las calles para explicar las causas del paro y mostrar que su pelea es una lucha del conjunto de los sectores obreros y populares en defensa de la escuela pública2.

De conjunto, incluidas estas ambivalencias y polémicas, el libro promueve la reflexión sobre una gran vastedad de temas educativos desde la decadencia de la educación pública hasta el proceso de privatización, desde su financiamiento hasta la pérdida de autoridad de los docentes, desde los rankings educativos (PISA) y la evaluación hasta la falta de interés de los estudiantes o la culpabilidad de la familia en el fracaso escolar, desde el autoritarismo y la violencia en las escuelas hasta la relación entre las nuevas tecnologías de la información y la escuela.

 

VER PDF

1. Ver “La Mala Educación. La continuidad K en la decadencia de la escuela pública”, IdZ 10, abril 2014.

2. Ver “Histórica huelga docente. Una masiva lucha contra el ajuste y el techo salarial”, IdZ 8, junio 2014.

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