Reseña de LA VIDA DE ADÈLE, de Abdellatif Kechiche

1
Share Button

la-vida-de-adele-1

FERNANDO PARDAL

Número 8, abril 2014.

VER PDF

La Vida de Adèle nos conmueve con una apelación fácil, planteando dramas que todos vivimos. ¿Quién no sufrió alguna vez por amor? Sus escenas largas, con tomas que enfocan detalles de la vida, de los cuerpos, de los gestos, generan identidad con la protagonista en el difícil trayecto de descubrimiento de la sexualidad y el enfrentamiento que asume de a poco contra el prejuicio, tanto el de sus compañeros, amigos, familia, como el que la sociedad entrañó en su propia cabeza.

 

Una joven secundaria que logra asumir la homosexualidad a través de una gran pasión con una mujer más madura (Emma), que le enseñará a no tener vergüenza de su forma de amar. Es una película bonita y sensible. Sin embargo, hay más detrás de esta belleza; en su conmovedora historia de un amor frustrado, la película arrastra el pesado lastre del patriarcado y su modelo para una relación amorosa, aún cuando no hay un hombre en ella. La heteronormatividad en nuestra sociedad es fruto directo de la forma en la que el sistema capitalista se basa –entre tantas otras formas de explotar– en opresiones más antiguas que sí mismo, como son el machismo y el patriarcado, para hacer recaer en una mitad de la humanidad el fardo más pesado de la explotación. Nuestra sociedad toma como célula económica fundamental la familia, en la que cabe al hombre proveedor el papel de garantizar el sostén de la mujer y de los hijos. A la mujer, a quien cabe el papel de hacer todo el trabajo doméstico no remunerado por los capitalistas, pero fundamental para la reproducción del capital, le cupo también progresivamente entrar al mercado de trabajo con salarios inferiores, manteniendo así su papel económicamente subordinado y sufriendo la explotación de la doble jornada de trabajo –el asalariado y el doméstico no remunerado–.

Este modelo familiar, fundamental para sostener económicamente este sistema, es el principal motivo por el que la heterosexualidad es una norma en el capitalismo. La película parece combatir la visión heteronormativa: al mostrar el prejuicio superado por Adèle, al generar empatía con el personaje y sus sentimientos, puede también combatir el prejuicio existente en el propio público, presentando la homosexualidad como algo tan “natural” como la heterosexualidad, y que por lo tanto, no debe ser discriminada sino aceptada y “normalizada” socialmente. Sin embargo, si atravesamos esa “primera capa”, veremos que hay aspectos de la película que refuerzan el modelo heteronormativo como regla incluso para parejas no heterosexuales. El público se identifica con el “romance a escondidas” de la pareja: Adèle es acosada por compañeros y reniega públicamente de su sexualidad para ser aceptada como “normal”; luego, en la cena en su casa, vemos el peso del modelo familiar vigente. Al comentar la dificultad en tener el oficio de artista como fuente de renta, la solución presentada por los padres de Adèle es que Emma tenga un marido con un buen empleo, que pueda sostenerla. Nos reímos de esto, sintiéndonos subversivos junto a la pareja que esconde su amor, un amor que no encaja en los patrones de los padres de Adèle.

Sin embargo, la ironía mayor está en el hecho de que Emma vendrá a cumplir precisamente el papel social de “hombre” en el “matrimonio”. El papel de “mujer”, es decir, más “frágil” y subordinada de la pareja, es reservado a Adèle. Como dice Emma al abordarla en el bar, ella era rara: menor de edad, una “heterosexual curiosa”. Pero, ¿por qué Emma la identifica así? Por su modo “femenino”: delicado, dulce, tímido, introvertido. Ella es asediada por mujeres que cumplen el papel de “hombres”: abordándola agresivamente con piropos, mirándola de arriba a abajo, ofreciéndole un trago. Tímida y recatada, es “salvada” por Emma, que la presenta como su “prima” como un código para decir: ella ya tiene “dueña”. La busca en la escuela como su “prima”, inicia su vida sexual y, finalmente, la lleva a vivir a su casa.

El papel de Adèle es cuidar de la casa, cocinar, recibir a los amigos de Emma. Para Emma, cabe explorar el mundo a través de su creación –su trabajo– y descubrir su identidad. Para Adèle cabe la profesión socialmente designada para mujeres: maestra, en el que su supuesto “instinto maternal” puede desarrollarse en el cuidado de los niños. Su realización se da en el amor, es decir, en el ámbito familiar. Eso queda explícito en el diálogo que tienen en la cama, cuando Emma insiste en que Adèle publique sus escritos. Adèle afirma: su felicidad es aquella; su pluma es sobre cosas íntimas, personales, no para el mundo. Ese mismo día, Adèle había rehusado la invitación para salir con sus colegas de trabajo. El motivo: cocinar, ordenar todo para recibir a todos los amigos y colegas de trabajo de Emma y celebrar su estreno como artista. Está fundada la división social del trabajo y, consecuentemente, de toda la vida de esa pareja. En su discurso a los invitados, Emma afirma el papel de Adèle: musa para su arte, es decir, no es sujeto ante el mundo sino un soporte para que Emma pueda descubrir su individualidad.

Junto a la heteronormatividad, otro pilar ideológico central y moral de la familia es la monogamia. Esto será motivo de la separación del matrimonio. Emma tiene su vida para vivir. Adèle no, por eso se siente carente y abandonada. Cuando Adèle finalmente acepta la invitación de sus colegas para salir, es justamente cuando Emma está trabajando hasta tarde con su colega (relación de la que Adèle ya sentía celos). Está triste e insegura, su postura de ubicar a Emma en el centro de su vida no encuentra reciprocidad; para Emma, el papel central es ocupado por el trabajo. Adèle, en un papel subordinado en la relación, se torna insegura. La carencia la arroja en los brazos del primer hombre que le da atención. Por eso es agredida por su “marido” con ofensas machistas que las mujeres escuchan de sus compañeros “traicionados”: puta, ordinaria, vagabunda. Adèle no es perdonada porque hirió el más sagrado principio de la sociedad: el de la propiedad. Es expulsada de su propia casa, que también es del “hombre proveedor”, y todo lo que ella construyó allí es “accesorio”. Toda la desvalorización social de su trabajo se expresa en el momento de la separación, cuando es privada de todo lo que ayudó a acumular. Como la vida de Adèle era su relación, se detiene en el tiempo, obsesionada por reconquistar a Emma. La vida de ésta, que nunca tuvo como centro la relación amorosa, sigue adelante con una nueva compañera, desarrollándose en aquello que de hecho la realiza: el trabajo como artista.

Se puede argumentar que no hay motivo para condenar la película por presentar una relación homosexual que es guiada por parámetros heteronormativos, pues en definitiva la sociedad es así, y gran parte de las parejas gay reproduce estos valores. Sin embargo la heteronormatividad no es siquiera problematizada: la tristeza de Adèle figura como drama afectivo individual, y nada pone esta cuestión en su debido papel de problema socialmente construido. Si la película viene siendo alabada por el mérito de cuestionar tabúes y desafiar prejuicios, parece justo exigirle que cuestione los problemas sociales más profundos que hacen que la heteronormatividad y la monogamia centradas en la familia continúen sofocando la sexualidad de la mayor parte de la humanidad.

 

Traducción: Isabel Infanta.

1 comment

  1. Sebastian Muzyka 6 enero, 2016 at 14:25 Responder

    Muy interesante el analisis planteado, la descripcion de la trama y los planteos del filme. Sin embargo, creo necesario problematizar algunas de las conclusiones finales del articulo: El analisis plantea un deber ser para el filme (“denunciar” la heteronormatividad), concluyendo que “(…) la heteronormatividad no es siquiera problematizada: la tristeza de Adèle figura como drama afectivo individual, y nada pone esta cuestión en su debido papel de problema socialmente construido (…)”.
    Sin embargo, el articulo antes menciona una serie de situaciones en las que el filme plantea ciertos problemas de forma explícita (lo patriarcal en la relacion homosexual, la division del trabajo, el amor en términos de propiedad, etc..).
    Hay un aspecto muy importante del filme que no se ha puesto en consideracion en este analisis, y es la relación de clases que atraviesa a la relacion amorosa entre las protagonistas, lo cual desborda la intencion inicial de cuestionamiento de tabues y prejuicios. Justamente, despues de concretada la relación sexual, el filme pondrá en escena esa contraposición entre las distintas miradas sociales puestas en juego en torno a esos tabues presentados, complejizando su intención declamativa inicial.
    La escena en que Adele sirve los fideos mientras Emma y sus colegas de Bellas Artes teorizan sobre la sexualidad, sobre la opresion e inclusive sobre el patriarcado, presentan a la sexualidad como un problema que no escapa a la lucha de clases. El contraste explícito entre los padres de Emma y los de Adele también opera en ese sentido. El problema de “quien va a trabajar para que hagas arte” que plantean los padres de Adele, desde esta óptica, es un planteo totalmente genuino y válido desde su mirada de clase. Del mismo modo, hay una cierta tensión manifiesta en Adele ante los padres liberales de Emma. Para los padres de Emma y sus compañeros de universidad quien va a sostener la economía no parece ser motivo de preocupacion (como tampoco lo es el patriarcado: la relacion poder – sexualidad es para ellos solo un problema teórico). Si Emma puede desarrollarse en “aquello que la realiza” es por su condición de clase. Si Adele se irá transformando gradualmente en una maestra conservadora, cada vez menos realizada, es también por su condición de clase. No es casual que sea ella, y no Emma, quien padece la condena social de su elección sexual, y quien termina en la calle tras el divorcio.
    Es el filme el que teje toda esta trama de relaciones y estas contraposiciones de miradas. Evitando cualquier tipo de misericordia liberal, la cuestión de la sexualidad, al presentarse en terminos de clase, deja de ser problema de una minoría. Quizas la incertidumbre que plantea el analisis ante una expectativa no cumplida por el filme, sea en realidad el producto de las preguntas necesarias que la trama deja abiertas (esa tensión en la escena final en la galería y en ese deambular final de Adele por las calles hacia un rumbo incierto).
    Quizas representar dramas individuales (a través de personajes capaces de encarnar las contradicciones de su tiempo) sea la mejor forma de abordar la heteronormatividad como un problema “socialmente construido”.

Post a new comment

Te puede interesar