Reseña de LA HISTORIA DE MIS DIENTES

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LaHistoriaDeMisDientes

DE VALERIA LUISELLI (Sexto Piso, 2014)

 

CELESTE MURILLO

Comité de redacción.

Número 25, noviembre 2015.

 

Factory Girl

En La historia de mis dientes, Valeria Luiselli construye el universo de Gustavo Sánchez Sánchez en el suburbio mexicano de Ecatepec. Conocido como Carretera, nuestro protagonista no tiene grandes virtudes, puede cantar como Janis Joplin con algunas copas encima, contar hasta ocho en japonés y descifrar galletas de la fortuna. Empleado de seguridad de la fábrica Jumex, el ataque de pánico de un compañero de trabajo abre ante él nuevos horizontes profesionales.

A Carretera lo distingue su habilidad para la subasta, pero no de cualquier objeto; no se dedica al arte o las antigüedades en el sentido estricto de la palabra; su oficio brilla en la subasta de las historias que rodean a los objetos. Para esto, aplica diferentes métodos que explica a lo largo de esta pequeña novela de seis capítulos, cada uno dedicado a uno de ellos. Lo que se subastaba no son los objetos en sí mismos, sino los relatos que le dan significado.

Como lo indica su título, los dientes, del subastador y los subastados, son protagonistas, como muestran las anécdotas para vender los dientes melancólicos de Borges o la dentadura cavernosa de Platón. Pero también son decisivos en escenas de la vida de Carretera: su identidad, su idea del prestigio, y hasta la relación con su hijo Ratzinger, resentido por el abandono de su padre.

La historia de mis dientes es el tercer libro de Valeria Luiselli, después de Papeles falsos (una especie de colección de ensayos) y Los ingrávidos, novela que la consagró como una de las nuevas voces de la literatura mexicana. Contemporánea de autoras como Brenda Lozano y Guadalupe Nettel, definidas alguna vez por la revista Nexos [1] como “niñas Montessori” por su condición femenina y su pertenencia a la generación educada por setentistas, Luiselli escribe entre el DF y Harlem en condición de extranjera permanente.

La idea de esta novela surge del pedido de la Fundación Jumex para la colección de arte contemporáneo El cazador y la fábrica. La fundación, financiada por el grupo Jumex, productor de bebidas, le pidió a la autora que escribiera una historia en entregas para el catálogo de la exposición y las publicara en un blog. La condición era que sucediera en la fábrica Jumex de Ecatepec. Luiselli rechazó la idea del blog pero aceptó hacerlo en entregas, y contraofertó escribirlas para los obreros de la fábrica de jugos, a quienes les propuso que le hicieran una devolución a medida que leían. Todos los miércoles, un grupo de trabajadores de Jumex se juntaba a leer una entrega (no sabían quién la escribía) y Luiselli recibía un archivo MP3 en su departamento de Harlem con las críticas (feroces, según la autora) y comentarios de sus lectores. A partir de esas críticas y las propias historias que surgían en las reuniones, la escritora preparaba la próxima entrega. Del intercambio entre dos espacios tan lejanos entre sí como son la producción de bienes y la producción artística, la fábrica y el museo, surge una experiencia que plantea interrogantes que superan por mucho la “propuesta filantrópica” y la pequeña novela.

En un ambiente lejano a la crítica literaria y la academia que las consagraron, Luiselli narra la experiencia en una entrevista:

Para mí el tema de fondo, que de maneras distintas surgió en nuestros intercambios semanales, era la enorme sima entre el mundo de la fábrica y el mundo de la galería en donde se exponían las piezas de la colección. Así que la novela empezó a girar en torno al problema de cómo las cosas adquieren o pierden valor. Y, en particular, cómo los objetos de arte, que tienen un valor determinado cuando están en un contexto específico, pierden ese valor si se les descontextualiza (el proceso inverso del mingitorio duchampiano).

Esta discusión, no en clave polémica y mucho menos teórica, está presente en todo el libro. A través de la subasta, donde la “fuente de valor” está en la historia que narra el subastador y el método que utiliza para hacerlo (exagerando, poniendo el acento en el dueño de la dentadura, en su oficio o su carácter), se pone en juego el problema de cómo se establece socialmente el valor de los objetos. Incluso algunas reseñas se animan a lanzar la humorada de que la novela explica

… casi de una forma para principiantes, cómo funciona el valor de uso y el valor de cambio, dentro de una sociedad donde el consumo no se cuestiona, sino que se valora y fomenta. Allá donde los objetos han perdido un poco su valor en tanto mercancía, Luiselli encuentra que el nuevo valor de estos objetos tiene relación con el significante. Es decir, con lo que significa determinado objeto para determinadas personas, básicamente gracias a lo que de ese objeto se puede contar (“Una experiencia entre terrorífica y lúdica”).

Sin aspirar a saldar esos debates, sin embargo, Luiselli explica que buscó un personaje que pudiera establecer una relación con el mundo del arte a través del dinero, y despojarlo así de cualquier romanticismo. Para las subastas de Sánchez Sánchez, el dinero y la expresión del valor de los objetos que subasta son primordiales. Si no se completa la operación (es decir, la venta del objeto), el valor sencillamente no existe para el subastador [2].

Como una ironía, la propia exposición El cazador y la fábrica de la Fundación Jumex encierra varias escenas donde las obras están atravesadas por muchas de las discusiones acerca de los objetos que adquieren estatus de obras de arte en el contexto del museo. Valeria Luiselli se refiere a esa relación, no específicamente sobre la exposición pero sí sobre elementos similares:

Afuera del marco de una galería de arte, por ejemplo, un perro disecado del artista Maurizio Cattelan es sólo un pinche perro disecado. Si ese perro es desplazado, puesto por ejemplo adentro de una fábrica, se convierte simplemente en una cosa, una cosa incluso asquerosa (“No le daría consejos…”).

A lo que sí se refiere Luiselli de forma explícita es a la búsqueda de cómo establecer un lazo entre dos mundos tan lejanos y cercanos a la vez: la fábrica y la galería. En el epílogo de la edición en inglés, explica:

La colección Jumex, una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del mundo, es financiada por el Grupo Jumex, una fábrica de jugos. Existe, naturalmente, una brecha entre los dos mundos: la galería y la fábrica, los artistas y los trabajadores, la producción artística y el jugo. ¿Cómo podría vincular dos mundos tan distantes pero tan cercanos, podría la literatura jugar un rol de intermediario? Decidí escribir tangencial, incluso alegóricamente, sobre el mundo del arte, y enfocarme en la vida de la fábrica. También decidí no escribir sobre sino para los obreros de la fábrica… [3].

En el caso del grupo Jumex la relación entre la producción de bebidas y la galería es bastante directa, ya que el principal accionista del grupo es a la vez el dueño de una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del continente americano. Eugenio López Alonso abrió su primer museo junto a la fábrica Jumex en Ecatepec (México), el mismo suburbio donde se ambienta La historia de mis dientes. Paradojas del capitalismo si las hay, los edificios están pegados, y aun así los universos no podrían ser tan ajenos el uno del otro.

La empresa de Valeria Luiselli es diminuta y azarosa si se la compara con los desafíos que plantea esa relación. Sin embargo, es interesante en un panorama literario en el que no abunda la búsqueda de lazos, aunque más no sea mediados, con lectores y lectoras.

 



[1] Noé Cárdenas, “Niñas Montessori; autores multitask”, Nexos 409, enero 2012. El método Montessori fue popular en varios países durante de la década de 1970. Se fundaron escuelas con el método de la educadora italiana María Montessori, que establece que cada niño o niña debe dirigir su actividad y el/la docente deben observar y asistir.

[2] Existen varios debates sobre el “valor del arte” en el capitalismo. A propósito del tema, A. Díaz reseña ¿Cuánto vale el arte? de Isabelle Graw en IdZ 1, julio 2013.

[3] Valeria Luiselli, epílogo a la edición en inglés, The Story of My Teeth: A Novel in Six Instalments, Nueva York, Coffee House Press, 2015. Traducción propia.

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