Reseña de INSURGENCY TRAP: LABOR POLITICS IN POSTSOCIALIST CHINA

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DE ELI FRIEDMAN (ITHACA, CORNELL UNIVERSITY PRESS, 2014).

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DIEGO SACCHI

Número 26, diciembre 2015.

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Una mirada sobre las rebeliones fabriles en China

China se ha convertido en el centro manufacturero más grande del mundo y en una potencia exportadora al resto del mundo. Durante años las tasas de crecimiento del gigante asiático asombraron al mundo. Este fenomenal desarrollo, producido por la apertura económica de la era post socialista, dio lugar a un nuevo movimiento obrero de millones de trabajadores migrantes del campo que se transformaron en mano de obra barata para las empresas imperialistas y locales. Sin derechos sociales ni políticos, dejados de lado por la burocracia sindical y el aparato del Partido Comunista, la irrupción de este nuevo movimiento obrero se ha dado en forma de huelgas salvajes. En su libro, Friedman analiza el por qué de este fenómeno y busca explicar cómo los intentos de las autoridades sindicales y estatales chinas de reformar las leyes laborales e institucionalizar la protesta obrera no logran encauzar el descontento. Estas medidas no han logrado evitar lo que el autor denomina una “trampa” que lleva a la insurgencia obrera.

Para explicar por qué la acción de la burocracia sindical de la ACFTU (Federación de Todos los Sindicatos de China según sus siglas en ingles) y de los sindicatos regionales o por industria no logran actuar como un control efectivo sobre el movimiento obrero, el autor describe el intrincado entramado burocrático de la estructura sindical china, la relación entre los sindicatos y el Estado y principalmente cómo la cooptación y transformación de los puestos sindicales en un escalón más de la carrera política, dentro del régimen chino, impiden la acción “preventiva” ante el creciente descontento obrero por el empeoramiento de las condiciones de vida. Sin duda aquí se encuentra el mayor atractivo del libro ya que para explicar este problema, Friedman, realiza un análisis pormenorizado de de las más importantes huelgas en China, las formas de organización, de acción directa y los reclamos obreros que se dieron junto con la respuesta de las empresas, la burocracia sindical y los funcionarios del Partido Comunista. En el capítulo “Worker Insurgency and the Evolving Political Economy of the Pearl River Delta” se analizan comparativamente la experiencia de dos importantes conflictos obreros en el Delta del Río Perla: la huelga en la compañía Ascendant Elevator en 2007 y el paro en la autopartista Nanhai Honda de 2010, que llegó a paralizar una porción importante de la industria automotriz china.

Friedman muestra el accionar de la burocracia sindical, como representante directo de la empresa, cómo cada uno de los niveles de los sindicatos, los funcionarios políticos y judiciales buscan mantener el orden dentro de las fábricas, y cómo la acción de rompehuelgas y las fuerzas represivas se transformaron en una herramienta cada vez más utilizada contra los trabajadores. El autor también analiza el hecho de cómo al verse desprovistos de representación sindical y política, con contratos laborales ignorados por las empresas, la “insurgencia obrera” se manifiesta en combates duros. El resultado es una creciente ola de protestas, que a veces alcanza conquistas concretas para determinados grupos de trabajadores, pero no da lugar al surgimiento de organizaciones independientes que los trabajadores podrían utilizar para alterar el equilibrio de poder duradero. El autor reflexiona, “Sin embargo, aún si los empleados de Honda conquistaron ganancias económicas que escaparon a los huelguistas de Ascendant, vemos que las esferas del Estado y el sindicato se mantienen vigilantes sobre el desarrollo de poder autónomo de las bases obreras”. La acción de la burocracia sindical y del Partido Comunista se concentra no solo en “resolver” las huelgas, sino también en impedir el surgimiento de un sindicalismo independiente. En algunos casos esto se logra mediante la cooptación e institucionalización de delegados obreros, aunque en la mayoría de los casos este objetivo se impone mediante la represión, sanciones y despido de activistas.

El libro también describe y realiza un análisis detallado e incisivo de diferentes casos de la dinámica de los sindicatos chinos en sus interacciones con los trabajadores. En el capítulo “Guangzhou: At the Forefront of Union Reform?”, el autor analiza el rol de Chen Weiguang, un líder sindical reformista de la Federación Municipal de Sindicatos de Guangzhou. Chen le brindó a Friedman acceso completo para estudiar los resultados concretos de algunas de sus iniciativas de reforma, y la investigación de Friedman revela los logros limitados de los esfuerzos más ambiciosos de un sector de la propia burocracia sindical por reformar los sindicatos en China. Mantener el statu quo que garantice mayor rentabilidad para las empresas (mayoritariamente de capital extranjero), así como la necesidad de impedir fracturas en la relación entre los funcionarios del Partido Comunista, los poderes locales y la propia burocracia de los sindicatos (incluyendo el problema de los “profesionales” y arribistas dentro de las organizaciones, que han atentado contra los proyectos reformadores por arriba). En este punto reflexiona sobre el problema de que cualquier intento reformista, incluso los impulsados por las cúpulas de la AFCTU y el Partido Comunista “mientras la dirigencia sindical en Guangzhou ha producido algunos cambios simbólicos y políticos (…) éstos no han sido capaces de poner la maquinaria institucional en su lugar para prevenir la insurgencia obrera en curso”.

El lenguaje técnico y sociológico del libro, cuyo origen es una tesis doctoral, hacen que en algunos tramos se expresen una serie de definiciones sobre las relaciones entre el capital y el movimiento obrero pasibles de debates que superan esta reseña. Por otro lado, si bien el libro analiza las experiencias de organización independiente de los huelguistas, incluso con entrevistas, poco profundiza en el devenir de esos sectores de activistas y organizadores sindicales independientes de la burocracia, no solo en el plano sindical también en el político. Más allá de estos límites, el libro de Eli Friedman ofrece una hoja de ruta posible para conocer el movimiento obrero chino. Un nuevo proletariado sin miedo a tomar medidas audaces, aunque consciente de los recursos y la determinación del gobierno para evitar que se actúe de una manera más coordinada. El “temor” del Partido Comunista y los funcionarios a nivel local y central del surgimiento de cualquier organización política independiente, y la prohibición de cualquier representación genuina de los trabajadores en los sindicatos, solo alienta a que la “trampa de la insurgencia” continúe desarrollándose y escribiendo nuevos capítulos.

 

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