Reseña de Generación Hip-Hop. De la guerra de pandillas y el grafiti al gangsta rap

0
Share Button

45 generacion-hip-hop-caja-negra

De JEFF CHANG (BS. AS., CAJA NEGRA, 2014).

 

JUAN DUARTE

Número 23, septiembre 2015.

VER PDF

“El hip hop es un instrumento de lucha. A través de la música podemos denunciar muchas cosas”. Así habla Rolando Casas, de Wayna Rap, desde El Alto (Bolivia). Pero podría ser Buenos Aires, San Pablo, Comodoro Rivadavia, Valparaíso, París, y prácticamente cualquier ciudad del mundo. El hip hop constituye hoy una vía de expresión cultural popular, juvenil, de denuncia y lucha social globalmente extendida. Y es justamente de sus orígenes sociales, políticos y culturales, sobre lo que trata el libro del periodista y crítico musical Jeff Chang, director del Instituto para la diversidad de las Artes en la Universidad de Stanford y productor independiente de hip hop.

Can’t Stop Won’t Stop. A History of the Hip-hop Generation (editado originalmente en 2005) despliega una historia social de la “generación hip hop”, que se ubica entre 1965 y 1984, entre la aprobación de la Ley de los Derechos Civiles y el asesinato de Malcom X, y la dominación mundial del hip hop al final de los gobiernos de Reagan y Bush.

El desarrollo de la cultura del hip hop aparece enraizado en, y como expresión refractada de, la historia de la opresión racial de los negros (y también de las minorías étnicas) en Estados Unidos. Recorriéndola, encontramos un paisaje alucinante, destellante de personalidades, colores, sonidos, texturas y pliegues que constituyen el hip hop y sus componentes artísticos (básicamente: MC, maestro de ceremonias; DJ; el grafiti; y b-boys, bailarines). Al mismo tiempo que describe con minuciosidad desarrollos artísticos, el autor los ubica en unidad con sus condicionamientos geográficos, políticos y sociales, la constante de la relación con la opresión racial, la violencia policial y la resistencia negra (en el libro los brutales asesinatos de jóvenes negros se cuentan por decenas y marcan al hip hop desde su origen).

Voluminoso e informativamente abrumador (600 páginas repletas de referencias) está estructurado en cuatro grandes “loops”. El primero (1968-1977) sitúa los comienzos del hip hop en el South Bronx, un gueto negro de Nueva York, arrasado por las políticas de urbanización desde los ‘50, la pauperización y el desempleo (60 % entre los jóvenes), en el cual las pandillas juveniles ocupan el lugar social que previamente ocupaban organizaciones políticas como las Panteras Negras y figuras como Malcom X. De allí vamos a los suburbios de Kingston para encontrar en el roots reggae jamaiquino “lo que Missisippi fue para el blues, o Nueva Orleans para el jazz”. De allí proviene el fundador del hip hop, DJ Kool Herc y sus sound systems1, y la música como vía cultural de resistencia de los oprimidos. Afrika Bambaataa, dirigente juvenil pandillero y  cantante (MC), referenciado en la lucha del pueblo zulú contra la opresión imperialista, será otra figura clave musical e ideológicamente. Grandmaster Flash y sus revolucionarias técnicas de DJ, completa el cuadro.

El segundo loop va de 1975 a 1986, se inicia con el asesinato del joven negro Soulski a manos de un policía y traza el recorrido musical e ideológico de Bambaataa y su propuesta de liberación afroamericana, así como la salida del hip hop hacia otros sectores de Nueva York. La Rock Steady Crew y el baile de los b-boys “como forma de agresión” así como el grafiti y el style “como desafío” y “lógica de colonización inversa”, con sus personalidades destacadas (Basquiat, Lee Quiñones, etc.) hacen su aparición. Chang registra aquí la “primera muerte del hip hop”, su mercantilización masiva, y su apropiación por otros grupos sociales más amplios (baby boomers y excéntricos, bohemios blancos, estudiantes de arte rebeldes y post jazzistas negros), e incluso bandas como The Clash. Con la recesión y la llegada de Reagan (1982), la pauperización, discriminación y persecución a los afroamericanos y latinos se acentúan. Asimismo, ligado a la política imperialista, el crack y la pasta base hacen estragos. Es el fin de la “old school”.

El tercer loop va de 1984 a 1992, con el surgimiento de la “era post derechos civiles”, marcada por la crítica de la nueva generación del hip hop a la generación anterior. Momento de auge del movimiento antirracismo simbolizado en la lucha anti Apartheid, implica un ensanchamiento de las desigualdades sociales promovidas por el neoliberalismo reaganiano. Fragmentado el movimiento de lucha por derechos civiles, adquieren mayor peso ramas religiosas o espirituales, mientras nuevos asesinatos de jóvenes negros a manos de blancos y la policía detonaban nuevas revueltas. La cultura del hip hop se orientó hacia el rap y reinventó sus raíces, predominando ahora los productores de discos, munidos de las novedosas cajas de ritmos y samplers. Public Enemy, desde la clase media negra, será la banda emblemática del surgimiento de una nueva militancia negra referenciada en el rap ante el vacío político del sector, junto a figuras como el director de cine Spike Lee y nuevos MC como Rakim (“el Coltrane del hip hop”). Al mismo tiempo, surge en la costa oeste (South Central Los Angeles, 50 % de desocupación juvenil), geografía signada por la opresión y el racismo, y sede de los mayores levantamientos negros urbanos (Watts, 1965), el gangsta rap con artistas como Ice Cube y Eazy E, de rasgos más despolitizados y machistas. Chang muestra cómo las letras refractan la situación social de las comunidades más pobres, signadas por la desindustrialización, la descentralización, las políticas militares de la Guerra Fría, el tráfico de drogas y armas y la brutalidad policial, apoyado en los análisis del sociólogo Mike Davis. El tema “Boyz N the Hood” y “Fuck Tha Police”, con su estética de exceso y exaltación de lo local, signan el momento.

Al igual que los Sex Pistols y el punk, señala el autor, el hip hop abre las puertas a cualquier persona de la calle que quisiera grabar música de gansta rap, solo con un micrófono, una mezcladora y un sampler, es “un nuevo punk rock”.

El libro cierra con el período 1992-2001, marcado por el levantamiento en 1992 luego de la impunidad ante la golpiza policial a Rodney King (1991) y la guerra entre pandillas. Cypress Hill, banda compuesta por descendientes latinos e italianos, musicaliza esta situación social en la que las revueltas anti represivas de centroamericanos y mejicanos se destacan mientras los conservadores (demócratas y republicanos) apuntan ahora contra el hip hop y el rap. Chang pasa revista también a las revistas claves para el hip hop, como Village Voice, The Source y Vibe.

Finalmente, Chang señala cómo el “Nuevo Orden Mundial” diseñado por el imperialismo norteamericano dio lugar a nuevos avasallamientos de las libertades civiles en EE. UU., con la juventud como blanco constante. Mientras los monopolios mediáticos colonizan el espíritu contracultural del hip hop, ahora convertido en una mina de oro, homogeneizándolo, surge un “feminismo hip hop” y un movimiento “neo soul” crítico (Missy Elliot y otras). El rap político se convierte cada vez más en un anodino “rap consciente”, adaptado al marketing. Sin embargo, Chang registra su politización tanto fuera de EE. UU., como hacia adentro de la mano de un nuevo “activismo del hip hop” (Youth Task Force) que enfrenta a alcaldes como Rudolf Giulliani y sus policías, y participa del movimiento anticapitalista.

No es de extrañar que las movilizaciones antirepresivas en Ferguson hayan tomado como canto de lucha “Fuck the Police”, del rapero Lil Boosie’s, ni que la anticapitalista “La rage”, de la franco-argentina Keny Arkana, sea estandarte de la juventud francesa. El libro de Chang hace justicia a los orígenes de lucha de la cultura hip hop, restituyéndolos y permitiendo comprender sus particularidades artísticas y su rol social actual.

 

1. Sistema de sonido para pasar música.

hip hop

No comments

Te puede interesar