Reseña de EN LA SELVA

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de Néstor Kohan

DANIEL LENCINA

Número 10, junio 2014.

 

En una edición argentina aparece la publicación de En la selva, de Néstor Kohan; contiene los escritos desconocidos del Che Guevara en Bolivia y propone una mirada militante, lejos de la mercantilización inofensiva del revolucionario cubano-argentino.

 

El origen de los textos data de la investigación que realizara Tristán Bauer, el director del film Che. Un hombre nuevo, que como se puede ver en el documental, logra fotografiar los escritos inéditos del Che cuando fue capturado por las FF. AA. bolivianas de la mano de los Rangers y la CIA. Como denuncia Kohan, la mochila completa del Che fue tomada como botín de guerra (al igual que la dictadura militar argentina hiciera con los escritos de Rodolfo Walsh, también hasta hoy desconocidos).

Los cuadernos están encarpetados bajo el título “FF. AA. Guerrillas-1967 Vol. I”, e identificados por sus respectivos colores: Verde, Rojo y Rosado (vale decir que el gobierno de Evo Morales, hasta el día de hoy, los deja en poder de las mismas FF. AA., conservando intacto el aparato represivo del Estado burgués).

Si El diario del Che en Bolivia ya era un clásico que venía a testimoniar los últimos momentos del Che en la selva (literalmente), esta nueva publicación viene a ampliar lo que ya conocíamos. Y que abre nuevos aspectos para la reflexión y el debate.

En plena campaña militar, el Che se proponía llevar a cabo un plan de estudio que abarcaba autores tan diversos que van desde el poeta Rubén Darío; el sociólogo norteamericano C. Wright Mills; el húngaro Gyorg Luckács, de quién se propone iniciar un estudio de la dialéctica de Hegel; y Fidel Castro. También lee a los profesores “oficiales” de la URSS, Rosental y Straks; el historiador boliviano Jorge Ovando Sanz; de Friedrich Engels estudia La dialéctica de la naturaleza, y con respecto a la cita que habla sobre la miseria creciente de las masas el Che anota: “Nadie mejor que Engels para interpretar cabalmente la esencia del pensamiento marxista, y aquí se pronuncia claramente por la tesis de una pauperización real, no metafórica ni relativa”.

Finalmente el Che estudia y extracta, en condiciones más que hostiles, la Historia de la Revolución rusa de Trotsky y concluye: “Es un libro apasionante pero del cual no se puede hacer una crítica pues está de por medio la calidad de actor que tiene el historiador. De todas maneras, arroja luz sobre toda una serie de hechos de la gran revolución que estaban enmascarados por el mito […] En resumen si hacemos abstracción de la personalidad del autor y nos remitimos al libro, este debe considerarse una fuente de primer orden para el estudio de la Revolución rusa”.

Leer los cuadernos del Che, las opiniones inconclusas y sus afirmaciones polémicas, de las que se pueden extraer apreciaciones de un pensamiento en desarrollo, dialéctico, constituye no solo una novedad política para los que luchamos por el socialismo, sino que contribuye a poner en el centro del debate qué estrategia y qué revolución son necesarias para terminar con la explotación del hombre por el hombre.

Por su parte, en un estudio detallado de todo lo que el Che anotaba en sus cuadernos, Néstor Kohan propone, entre otras cuestiones, una serie convergencias y divergencias entre Guevara y Trotsky que, si bien es interesante, realiza una crítica insostenible a la Teoría de la Revolución Permanente. Lo que critica es “cierta centralidad otorgada por Trotsky […] a la revolución europea, entendida como eje articulador, sostén principal y núcleo privilegiado de la revolución mundial. Esa confianza desmedida de Trotsky en el proletariado urbano, industrial y fabril de las grandes metrópolis más desarrolladas del capitalismo occidental es matizada notablemente por el Che” (los destacados son del autor).

Al contrario de lo que sostiene Kohan, la teoría de Trotsky sobre la mecánica de la revolución proletaria en la época imperialista señala que se trata de un proceso internacional que ocurre en una economía mundial cada vez más interdependiente. Trotsky se funda en la ley del desarrollo desigual y combinado y evita una lectura mecánica y objetivista del desarrollo de las fuerzas productivas escindida de la lucha de clases. El desarrollo desigual y combinado de las formaciones económico sociales en este período histórico, en el que las premisas para la revolución proletaria están creadas en la economía mundial capitalista considerada como un todo, convierte a países atrasados, como había sido la propia Rusia zarista (a partir de la cual Trotsky comienza a elaborar su teoría, que luego extiende y generaliza), China y otras colonias y semicolonias, en eslabones débiles del orden imperialista. El proletariado, aunque numéricamente débil en relación con otras clases sociales, puede entonces jugar en estos países donde el desarrollo capitalista es incipiente un rol dirigente en los procesos revolucionarios. E iniciar así una transformación socialista, aunque no puede completarse sin que lleguen en su ayuda los batallones de las clases trabajadoras de los países más desarrollados, expropiando también allí a la burguesía. La revolución es entendida como un proceso unificado. Este es el sentido profundo de un internacionalismo proletario orgánico. Como puede verse en ¿A dónde va Inglaterra?, Trotsky plantea las tareas del proletariado en caso de revolución socialista triunfante con respecto a las colonias, esto es: ayudar al proletariado de la India a hacer su propia revolución y a establecer relaciones iguales, libres y fraternales, siguiendo a Marx cuando sostenía que “ningún pueblo que oprime a otro jamás será verdaderamente libre”. Sin dejar de prestar atención a los procesos revolucionarios de todo el mundo –y de hecho interesándose mucho por las cuestiones teórico-políticas que suscitaban los procesos en América Latina durante su exilio en México, como ilustran los textos que el CEIP León Trotsky compiló en Escritos latinoamericanos– su atención a Europa se debió a la importancia para el proletariado mundial de apropiarse de algunos de los mayores desarrollos de la burguesía para edificar una sociedad superior, y en que allí se enfrentaron como en ningún otro lado revolución y contrarrevolución durante los años ‘20 y ‘30. Como vemos, lejos del “eurocentrismo”.

¿Qué opinión hubiera tenido el Che acerca de los escritos latinoamericanos de Trotsky? Nunca lo sabremos. Aunque da la sensación de que estaba reevaluando aspectos de su concepción, no necesariamente estaba haciendo una crítica de conjunto a toda la orientación estratégica que desarrollo durante sus años de intensa actividad. A pesar del énfasis en aclarar que “el Che jamás se define como trotskista”, aclaración que el propio Che Guevara se encarga de dejar en claro, y de que En la selva no contiene una sola crítica a Fidel Castro, propone un debate de estrategias que en tiempos de crisis mundial del capitalismo se vuelve esencial.

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