Reseña de EL TROTSKISMO Y EL DEBATE EN TORNO A LA LUCHA ARMADA

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De Martín Mangiantini.

DANIEL LENCINA

Número 12, agosto 2014.

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El triunfo de la Revolución cubana en 1959 no pudo más que influenciar en todo el mundo a nivel político y cultural. La corriente trotskista Palabra Obrera, dirigida por Nahuel Moreno, se fusionó en este contexto con el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP), dirigido por Roberto Santucho, dando origen en mayo de 1965 al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

 

El autor de este libro se propone intervenir en un debate abierto acerca de la historiografía de izquierda en torno a la lucha armada proponiéndose en su libro aportar a una visión desde la corriente trotskista. Señala que lo escrito hasta nuestros días hace énfasis en el estudio del PRT-ERP y que hay una menor producción acerca del rol del trotskismo en los convulsivos años ‘60.

La descripción del debate entre las concepciones de trotskismo y guevarismo (según la visión de ambos dirigentes), específicamente en los meses de crisis de finales del ‘67 e inicios del ‘68 hasta su ruptura definitiva, son los temas que investiga Martín Mangiantini.

El trabajo se encuentra dividido en dos partes. De un lado, la investigación del autor que cuenta con valiosos testimonios inéditos y, en una secuencia de cinco capítulos, va deshilvanando lo que se anticipa desde el título: la ruptura. De otro, cuenta con un anexo documental que, como aclara el autor, son fuentes “elegidas a conciencia” ya que juegan el rol de hacer hablar a las dos corrientes en lucha fraccional, en la voz de sus propios protagonistas.

Allí encontramos las actas del Comité Central que evidencian un clima de tensión y disputa política, teórica y táctica con respecto a las tareas de los revolucionarios, el sujeto al cual dirigirse (proletariado, campesinado, movimiento estudiantil) y en cuanto a los métodos, notamos la borrosa frontera entre “lo político” y “lo militar”. El “debate de fondo en torno a la lucha armada se refirió al tipo de estructura política a construir para la obtención del triunfo revolucionario. El dilema recayó entre la puesta en marcha de un aparato político-militar o bien un partido revolucionario con inserción y construcción política entre las masas y la clase obrera” (p. 70).

De esa definición surgen dos concepciones que estarán enfrentadas en el debate. La concepción de Santucho (extraída del maoísmo) de guerra popular prolongada …a partir de la cual un ejército revolucionario iría creciendo cuantitativamente en razón del combate contra el enemigo -independientemente de las altas y bajas del proletariado y el campesinado- y la estrategia de guerra de guerrillas” (p. 75-76),

hasta provocar por sí mismo las condiciones de una guerra revolucionaria y lograr la liberación nacional. Santucho toma eclécticamente fragmentos de Marx, Lenin y Trotsky y se propone unirlos artificialmente con los postulados de Mao Tse Tung,  l Che Guevara, Fidel Castro y Ho Chi Minn. Pero allí donde Marx, Lenin y Trotsky hablan de lucha e independencia de clases de los trabajadores, el resto practican la estrategia del frente popular tendiendo a la unidad policlasista, rechazando de plano la concepción insurreccionalista del marxismo clásico. Santucho, a diferencia de Moreno, es consecuente con su línea política y lo llevará hasta el final (ya en el V Congreso de 1970, y funcionando como dos organizaciones separadas, lanzará la creación del Ejército Revolucionario del Pueblo-ERP). La concepción de la teoría de la revolución permanente (elaborada por Trotsky) es interpretada formalmente por Moreno, volviéndose ecléctica, pues por un largo período termina adaptándose a la orientación de Santucho. Es decir, si el objetivo de Moreno era construir un partido “entre las masas y la clase obrera” lo hace mediante la fusión con otra corriente, no solo sin unidad ideológica sino con profundas divergencias de estrategia (fines y medios). Trotsky sostiene que solo bajo la dirección del Partido Comunista se podrá llegar a la dictadura del proletariado; Moreno busca poner en pie una dirección que es un híbrido entre trotskizante de un lado y embellecedor de la guerrilla por otro. Veamos: el artículo “Guevara: héroe y mártir de la revolución permanente” (en el anexo documental) ilustra una reivindicación acrítica de la guerrilla. Allí Moreno dice

 

…con el asesinato del Che no sólo perdemos los revolucionarios latinoamericanos a nuestro líder indiscutido, junto con Fidel, sino al más apasionado luchador de la revolución permanente” (p. 201, destacado nuestro).

 

Con afirmaciones por el estilo, contribuye en gran medida a la confusión general: pues si el Che y Fidel son “líderes indiscutidos”, ¿cuál es el sentido de disputa teórica y política con la corriente de Santucho? Una inconsecuencia en toda la línea.

En el trabajo se nombra en general a “la Cuarta Internacional”. Lo que queremos precisar aquí es que, luego del asesinato de Trotsky y la victoria del Ejército Rojo sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, el prestigio del estalinismo dejó en la marginalidad al trotskismo a nivel mundial y (sin dirigentes de la talla de Trotsky), la Cuarta Internacional, entra en crisis y estalla a mediados de la década del ‘50, convirtiéndose con ello en un movimiento centrista de múltiples tendencias. En este marco internacional surge el Secretariado Unificado (SU), como un reagrupamiento centrista. En estas condiciones el triunfo de la Revolución cubana presionó a los trotskistas a remar con la corriente del castrismo. Sin esta aclaración, no se logra comprender la adaptación del SU al castro-guevarismo, que la llevará a reconocer como “sección oficial” no al grupo de Moreno, sino al PRT-ERP de Santucho. La corriente de Moreno, el PRT-La Verdad, será reconocida como “sección simpatizante”, y el debate sobre la adaptación castrismo de parte de la dirección del SU se dará en toda la década del ‘70, por momentos en común con el SWP norteamericano, por volver a una línea que recupere la estrategia de construir partidos obreros.

Hubiera sido interesante un mayor desarrollo en las conclusiones. El autor termina su trabajo desde la óptica puntualmente “historiográfica”, cumple con el objetivo pero deja temas para la reflexión que quedan sin tratar. En este sentido nombra al pasar la experiencia del “entrismo” de Palabra Obrera en el peronismo. Si bien tal periodo está fuera del objeto de estudio, el autor no le da peso a este antecedente de semejante calibre. La falta de conclusiones sobre esta experiencia, habían desarmado política y teóricamente al morenismo. Por ello en la etapa siguiente Moreno da un giro pragmático al fusionarse con el grupo de Santucho. El morenismo venía de estar dentro de “las 62” (durante siete años) y lo hace “Bajo la disciplina del Gral. Perón”; política que casi lleva a la liquidación del grupo, como sostenemos en Insurgencia Obrera (R. Werner y F. Aguirre, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2009). Este es un elemento clave, porque el morenismo busca atajos permanentemente para construir un partido revolucionario.

Este libro es un aporte, que deja para el debate las conclusiones políticas de esta experiencia de la izquierda en Argentina, de este período tan candente de la lucha de clases.

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