Reseña de EL PODER SINDICAL EN LA ARGENTINA PERONISTA (1946-1955)

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LENCINA-ILUSTRACIONES

de Marcos Schiavi.

DANIEL LENCINA

Número 15, noviembre 2015.

Este libro trata sobre la dinámica sindical y las prácticas organizacionales del movimiento obrero, específicamente el metalúrgico y textil, en los dos primeros gobiernos peronistas. El autor propone un recorte espacial centrado en la Capital Federal y GBA, por encontrarse allí la mayor concentración de trabajadores y los principales establecimientos industriales.

 

Hace un recorrido estableciendo rupturas y continuidades con el movimiento obrero pre-peronista, para explicar el surgimiento y consolidación del movimiento obrero industrial y moderno. Simultáneamente, hace un estudio sobre la fundación de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en 1943 y de la Asociación Obrera Textil (AOT) creada en 1945. Expone que mientras el primero no tardó en convertirse en un sindicato fortalecido a nivel nacional –ni bien comienza el primer gobierno de Perón–, el segundo tuvo que competir todavía con otros sindicatos y, pese al crecimiento de la rama, tardó en imponerse en todo el país, cuestión que mostrará mayor debilidad en los años de ajuste (hacia el final del primer gobierno e inicios del segundo mandato).

Este libro se encuentra dividido en cuatro partes y, con sus respectivos capítulos, va demostrando el objeto de estudio del autor. La primera habla sobre el gobierno militar surgido del golpe de Estado en junio de 1943 (pasando por el 17 de octubre, de referencia obligada para cualquier historiador sobre el tema); la segunda, sobre los primeros treinta meses de gobierno (los años de “oro” del ciclo peronista); luego, una tercera parte trata los primeros tres años de gobierno; y finalmente la cuarta parte muestra el segundo gobierno pero que, acertadamente, se extiende hasta el conflicto metalúrgico del ‘56, ya bajo el gobierno militar que derrocó a Perón.

Aquí, elegimos comentar dos temas interesantes que contiene este libro, entre otros tantos que recorren este trabajo.

Sobre las Comisiones Internas (CI) el autor, partiendo de estudios previos, reafirma que las mismas no son un producto “del peronismo” sino que, ya en las décadas previas, se pueden rastrear muchas de ellas en los años ‘30 y ‘40, bajo la influencia de comunistas y socialistas. Esta cuestión es muy importante porque la CI en el lugar de trabajo (en el corazón de la fabrica) es la que representa directamente a los trabajadores –ante la patronal– y muestra un movimiento obrero movilizado, altamente combativo y politizado. En todo caso “la ruptura” vendrá con la tutela del Estado, acabando con la independencia de las organizaciones obreras. Esto implica un avance sobre la autonomía de las organizaciones obreras, aunque eso no quita que

 

las negociaciones entre el capital y el trabajo en la industria metalúrgica entre 1946 y 1948 conllevaron un incremento sustantivo del salario real y un avance importante del sindicato sobre prerrogativas empresarias. Por medio de los convenios firmados, la UOM logró establecer altos salarios y cierto control sindical sobre las relaciones industriales. Para imponer esto en cada fábrica, fueron determinantes las comisiones internas. El sector patronal, por su parte, se mantuvo a la defensiva (p. 139).

 

La otra cuestión interesante que muestra este trabajo, es la experiencia de ocupación de fábrica y control obrero de la producción en la rama textil en 1952. Así, ante despidos y suspensiones

 

… estas tomas de fábricas textiles daban muestra, por un lado, de la combatividad de los obreros del sector en una situación de crisis general en la rama. Por otro lado, eran un símbolo de la debilidad de la dirigencia sindical, que no podía responder satisfactoriamente ni como reivindicadores y defensores de los derechos de sus afiliados, ni como canalizadores ni disciplinadores dentro del gremio (pp.282/3).

 

Este último tema (el “control obrero”) no se desarrolla más profundamente, tal vez por ser un fenómeno menos extendido –habla de un solo caso en la fábrica Teubal– y aunque está relatado como si fuera un fenómeno más amplio, es sintomático que haya sucedido como iniciativa de los trabajadores muy a pesar de sus dirigentes. Durante la crisis económica de esa época, demuestra Schiavi, son los propios obreros, de filiación ideológica peronista, los que desobedecen las órdenes de “producir, producir y producir” del General, con picos de alta conflictividad, y enfrentan la represión política de la burocracia sindical. Esta última se propondrá avanzar sobre la “infiltración comunista” esto es: el descontento obrero frente al ajuste (inflación y carestía de la vida) y bajo tal “excusa” perseguirá a todo obrero que no acate el programa burgués de la “productividad”. En ese marco, Perón es el artífice que agita el fantasma de la amenaza/complot del “comunismo” (p.313) para habilitar una reaccionaria campaña contra los elementos de autonomía de los trabajadores. El libro, contiene una importante abundancia de datos, cuadros comparativos y fuentes muy valiosas. Entre las que más se destacan están las halladas en París (p.XXV), donde hay cantidad muy importante de boletines de fábrica y periódicos, que no están disponibles en nuestro país. Dicho esto, nos resta comentar la hipótesis/conclusión del autor. Esto es

 

la tesis principal de este trabajo es que el fracaso del gobierno peronista en su intento de frenar y controlar el conflicto social se debió, en gran medida, al poder político y social que ostentó y mantuvo el movimiento sindical desde los inicios de la gestión y a lo largo de la década analizada (p.XXXIII).

 

Nos permitimos criticar esta afirmación, ya que hablar de “fracaso”, aun en términos relativos, puede resultar engañoso. Si, teniendo en cuenta los niveles de “lucha de clases” y la acción de las comisiones internas por un lado, y el proceso de burocratización y cooptación política por otro, hay un fracaso en relación con los objetivos originales de Perón de “contener” la acción de los trabajadores. Pero hay un claro triunfo estratégico porque logra la estatización del movimiento obrero –que no fue lineal, ni evolutiva ni pacífica, como demuestra este trabajo–, e impone a los trabajadores la ideología de la conciliación de clases, para ser funcionales a los intereses de una dirección política nacionalista burguesa (o “bonapartista sui generis” al decir de León Trotsky).

Schiavi sostiene que bajo el peronismo se desarrolló un “sentido común” en la clase trabajadora que veía como propios los avances del gobierno en el ámbito social y político, pero aclara que “hemos demostrado que esa adhesión política no equivalía a una ciega disciplina”. Sin embargo, si los trabajadores apoyaron masivamente al peronismo, ha sido pagando el alto precio de perder toda perspectiva revolucionaria de un movimiento obrero que nació bajo el signo de la independencia de clase y del internacionalismo. Este y otros interrogantes son los que deja la lectura de este recomendable trabajo, que aporta al conocimiento del movimiento obrero bajo el peronismo.

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