Reseña de EL OBRERISMO DE PASADO Y PRESENTE. DOCUMENTOS PARA UN DOSSIER (NO PUBLICADO) SOBRE SITRAC-SITRAM

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Tapa_Obrerismo

de H. Schmucler, J.S. Malecki y M. Gordillo

EDUARDO CASTILLA

Número 16, diciembre 2014.

 

La primera edición del libro El obrerismo de Pasado y Presente apareció en 2009. Hace poco fue reeditado1 y precedido de un nuevo prólogo de Juan Carlos Torre.

El texto recopila una serie de documentos de trabajo y entrevistas inéditas que, en el plan original de los integrantes del colectivo que editaba Pasado y Presente (en adelante PyP), debía constituir la base para un nuevo número de la revista. Dicho número –que nunca vio la luz– se proponía reflejar el proceso de lucha protagonizado por los obreros de los sindicatos clasistas SiTraC-SiTraM.

El conjunto del material recopilado constituye una valiosa fuente documental. Los documentos de trabajo permiten un recorrido global por la política provincial de esos años. Los orígenes de los sindicatos de planta y del conflicto de Fiat, las reivindicaciones centrales que se expresan en el período del clasismo y la relación entre clasistas y el conjunto del movimiento obrero, pueden rastrearse tanto en la parte documental como en las entrevistas. En éstas es posible apreciar los cambios y transformaciones que se operan en la subjetividad de trabajadores que protagonizan un conflicto de carácter histórico. Delegados y dirigentes debaten acerca de la relación con la CGT o con Tosco, además de balancear la experiencia de contrapoder obrero impuesto a la patronal.

El título del libro no resulta forzado. Los integrantes de PyP ya habían iniciado un acercamiento a las ideas de los operaístas italianos en el número 9 de la revista (1965), donde el conflicto de Fiat ocupó un lugar central. Allí, mediante las referencias a Mario Tronti en un texto de Aricó2, asomaba la idea de la fábrica como escenario esencial de la lucha de clases. En El obrerismo…, el Documento 1 confirma que un nuevo número de la revista deberá “retomar un discurso que quedó interrumpido en el número 9 (…) continuidad de una temática que partía de la centralidad en la fábrica” (95).

Aunque son varios los tópicos teóricos que recorren el libro, la cuestión de la autonomía obrera ocupa, conceptualmente, parte central del mismo. Esa autonomía aparece como una relación de oposición dual: autonomía en relación a la patronal y en relación al sindicato como estructura legal que constriñe el accionar espontáneo de los trabajadores. Si la primera se expresa como un poder obrero al interior de las unidades productivas, la segunda lo hace como un rechazo a la estructura sindical.

 

Poder obrero en la fábrica

El mando capitalista será puesto en cuestión al interior de las unidades productivas. “El Cordobazo modificó sustancialmente las relaciones de fuerza obrero-patronales (…) los empresarios, atemorizados por la virulencia de las manifestaciones obreras, tratan de recuperar el control” (114), dirá el texto. Aquí resulta ilustrativo el Documento 6, consagrado a detallar las demandas donde emerge una oposición estructural entre trabajadores y capital: la cuestión del salario y la productividad, los premios, la lucha por las categorías y las condiciones de insalubridad, entre otras. Poner estas demandas en el centro del conflicto implicará superar el horizonte meramente salarial, obligando a los obreros a oponer sus propios “recursos humanos” a los de la patronal. Así surgirá un vínculo completamente novedoso entre trabajadores y juventud universitaria, donde médicos e ingenieros evaluarán los riesgos y consecuencias del proceso productivo sobre la salud obrera, un vínculo plagado de contenidos no incluidos “en los términos tradicionales en que la izquierda se planteaba la alianza obrero-estudiantil” (164).

 

Clasismo, izquierda y sindicatos

Los investigadores de PyP harán propia la hipótesis de una crisis de la forma tradicional de los sindicatos. En el Documento 1 se lee: “algunos tienden a creer que es una crisis del sindicalismo ‘peronista’ (.) se trata de la crisis teórica y práctica de un tipo de sindicalismo, esencialmente ‘defensivo’ (95). Esta concepción tiende a la identificación de sindicato con burocracia sindical, oponiendo –de manera tajante– actividad espontánea de los obreros y organización gremial. Esto llevará a menospreciar el papel de la dirección política de una organización sindical, expresando además una lógica de construcción de poder solo en la fábrica3. Así se dejará de lado el análisis concreto del papel del peronismo y las diversas estrategias de la izquierda, tanto de las corrientes más radicales (Vanguardia Comunista, PTR, PCR) que influenciaban al clasismo, como de las abiertamente reformistas (PC) que tenían peso en la corriente sindical de los Independientes (Tosco).

 

Dos balances

El libro remite a una doble lectura en términos de balances históricos. El del clasismo se desarrolla a lo largo de las páginas. Allí, el poder desplegado al interior de las unidades productivas se contrapone a una política sectaria hacia las organizaciones de masas y los sectores combativos del movimiento obrero. Esa es parte esencial de la crítica que los investigadores de PyP despliegan en entrevistas y documentos de trabajo. Si bien un balance más amplio del clasismo supera largamente el espacio de esta nota, se puede afirmar que El obrerismo… ayuda a acercarse críticamente a una de las experiencias más avanzadas de la clase obrera argentina en su historia.

Pero el texto permite además entrever un balance de PyP como colectivo político-ideológico en ese período4. Su acercamiento al operaísmo y el hecho de centrar la lucha de clases en la fábrica, los llevará a un análisis superficial de la política “fuera” de las fronteras de Fiat. El balance –correcto– del sectarismo de SiTraC-SiTraM evade un análisis profundo del papel jugado por el peronismo y las corrientes sindicales que le respondían. Las críticas hacia las organizaciones de izquierda nunca llegarán al terreno de la estrategia y la teoría. En este plano, la cuestión de la relación entre el clasismo y la identidad política peronista de amplias franjas obreras quedará irresuelta o presentada como una dualidad insuperable.

Torre afirma en su prólogo que en PyP convivieron lógicas opuestas, incluso “contradictorias” (14). Ese eclecticismo teórico, que se mantuvo a lo largo de la existencia del grupo, es parte de los límites que tuvo este colectivo para realizar un balance estratégico profundo de la experiencia del clasismo.

El operaísmo de PyP será efímero. Casi al final de los documentos puede leerse que “ese clasismo como práctica fabril y sindical que las masas inventaron espontáneamente, no encontró un discurso teórico y político que las hiciera conscientes de sus propios actos y que hiciera de su experiencia particular una experiencia comunicable a toda la clase” (190). Esta definición bien podría aplicarse al propio PyP que, muy pocos meses después, daba su apoyo político al peronismo en las elecciones de 1973 retrocediendo teórica y políticamente hasta la conciliación de clases.

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1. Las referencias a las páginas de esta edición se harán entre paréntesis al final de la cita.

2. “Algunas consideraciones preliminares” en “Notas sobre la huelga de Fiat”, PyP 9, 1965.

3. Jorge Feldman, integrante de PyP, llegará a sugerir en una entrevista la idea de “no plantearse ganar la dirección del SMATA sino que en cada empresa surjan núcleos combativos con los cuales la dirección burocrática de la SMATA tenga que negociar” (245).

4. Un análisis más general se puede ver en “Pasado y Presente”, IdZ 6.

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