Reseña de El burgués. Entre la historia y la literatura

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De Franco Moretti (Buenos Aires, FCE, 2014).

EDUARDO CASTILLA

Redacción de La Izquierda Diario.

 

Número 18, abril 2015.

 

El burgués…[1] de Franco Moretti se presenta como un intento de enlazar el desarrollo de la cultura burguesa, a través de la literatura, con su conformación como clase. Moretti, colaborador de New Left Review, nos presenta a “los burgueses refractados por el prisma de la literatura” (14).

El autor empieza preguntándose por qué “el burgués” no es una figura de la literatura hoy. Si “no hace mucho tiempo (…) esta noción era indispensable para el análisis social; hoy pueden pasar años sin que nadie la mencione. Aunque el capitalismo está más fuerte que nunca, su encarnación humana parece haberse desvanecido” (13).

El análisis se construye a través de dos registros. Por un lado mediante la historización de las transformaciones en el estilo literario. Por otro, a través del análisis de palabras clave, en dos dimensiones: la recurrencia de las mismas en la literatura de los períodos estudiados y la carga semántica correspondiente.

 

Una clase en ascenso

Las palabras clave “útil”, “eficiencia” y “confort” dan cuenta del ascenso de la burguesía como clase. Robinson Crusoe, la novela de Daniel Defoe, es la obra paradigmática del período. Si lo “útil” guía los objetivos de Robinson en toda actividad práctica, el “confort” se presenta como merecida recompensa después del trabajo arduo. De allí que Moretti afirme que “el logro de la burguesía en tanto clase social ha sido la creación de una cultura del trabajo: lo útil, la división social del trabajo, la “industria”, la eficiencia (…) dan fe de la enorme importancia adquirida por lo que antes solía ser apenas una necesidad severa o un deber brutal” (59).

Pero la época de ascenso burgués es también la de su acumulación originaria, descripta en El capital. El corazón de las tinieblas, de Conrad, aparece como la novela que ilustrativa: “El burgués racional nunca dejará atrás del todo sus impulsos irracionales ni repudiará al depredador que fue” (50).

 

La seriedad burguesa

La época de ascenso requería una heroicidad moderada. De allí las aventuras de Robinson. Pero la consolidación de su dominio impone seriedad. Para Moretti la novela aparece entonces como el género intermedio entre la tragedia –propia de las clases altas– y la comedia, que disfrutaban las masas populares, género acorde a ese lugar intermedio. La palabra clave aquí es serious (serio) y sobre ella gira la literatura.

Para Moretti, en lo narrativo, se generalizará el “relleno”: largas escenas de la vida cotidiana donde nada trascendente ocurre. “¿Por qué aparecen los rellenos en el siglo XIX? porque ofrecen el tipo de placer narrativo que es compatible con la nueva regularidad de la vida burguesa. Son al relato lo que las comodidades al placer físico” afirma Moretti (103, resaltado del autor). Además, la burguesía describirá su presente como el único posible. Dirá el autor que “la existencia burguesa y las creencias conservadoras” se convierten en “la base de la novela realista” (116).

Lo que Moretti define como realismo burgués tiene su paradoja: “cuanto más radical y certero sea su logro estético, más invivible es el mundo que describe ¿Puede realmente ser esta la base de una amplia hegemonía social?” (111).

 

Un habla “moralizada”

El siglo XIX es también aquel en que la lucha de clases empieza a cercar a la burguesía. Hace su aparición una novela de tipo industrial “que se especializa en el conflicto entre “patrones y trabajadores” (137). Allí aparece la figura del gentleman o caballero de la industria. El Caballero John Halifax de Dinah Craik es una obra representativa del momento. Allí se consagra la propiedad privada (“el triunfo de la economía política”, 144) y se propagandiza la sumisión por parte de la clase trabadora: “el trabajador como mendigo, golpeando a las puertas de la mansión para pedir, ni siquiera trabajo, sino apenas comida y limosnas” (145).

Es también la época del victorianismo, donde se hace necesario cubrir el dominio capitalista con un amplio consenso social: “El secreto de la hegemonía victoriana: debilitamiento de su identidad burguesa con fortalecimiento del control social” (141). Aquí la palabra clave será “influencia”.

Pero el consenso social se sostiene en el retorno a los valores aristocráticos. La palaba clave del victorianismo es “earnest”, que podría ser traducida como serio, franco o sincero pero, en el desarrollo cultural de la burguesía, implica unir serious (serio) y honestidad. Aquí el móvil de una acción es más importante que el resultado mismo y lleva una moralización del lenguaje. El habla moralizada es “la verdad del victorianismo (…) el punto no es tanto el contenido del código ético (una esperable mezcla de cristianismo evangélico, ancien régime imaginario y la ética del trabajo) como su inaudita omnipresencia (…) todo lo que es tiene alguna significación moral” (159, resaltado del autor).

 

Disonancias

Moretti construye una suerte de arco histórico en el desarrollo de la literatura. Un extremo lo constituye Robinson Crusoe, el otro la obra de Ibsen que refleja la decadencia burguesa, momento de disonancias entre el Bürguer honesto y el banquero inescrupuloso. El carácter trágico del período lo expresa Ibsen como dramaturgo: “Sus obras de teatro son el gran “ajuste de cuentas” del siglo burgués” (206). Las víctimas de la sociedad son los propios burgueses.

Moretti nos presenta una “zona gris” donde los actos incorrectos que genera la competencia burguesa se entrelazan con acciones que no son, nunca, completamente ilegales: “Así es como se ve la zona gris: reticencia, deslealtad, difamación, negligencia, verdad a medias” (208).

 

Deudas

El libro de Moretti ofrece una suerte de introducción general para aquellos que no han abordado previamente estos temas. Para quienes sí lo han hecho, ofrece un campo de debates. Precisamente por eso es recomendable. Pero el libro incumple su promesa de explicar la ausencia del burgués en la literatura actual. Su análisis se detiene a fines del siglo XIX.

Arriesguemos una explicación propia. En términos históricos, la burguesía ha dejado de ser una “novedad” desde hace más de un siglo ya que su dominio social se ha establecido a pesar de los desafíos revolucionarios. En segundo lugar, las propias transformaciones del capitalismo han dado paso a nuevas formas de propiedad y administración donde la figura del burgués individual tiende a desaparecer. Agreguemos finalmente que el retroceso de la lucha de clases en las últimas décadas ha significado la desaparición de las mismas en el plano del análisis social. No solo ha desaparecido el burgués sino también la figura del proletariado. Ayudar a la reflexión teórica sobre y desde estas dimensiones es un motivo más para leer el libro de Franco Moretti.



[1] Los números entre paréntesis corresponden a la página de la cita.

Moretti

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