Reseña de COSA DE NEGROS

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WASHINGTON CUCURTO, BS. AS., INTERZONA EDITORA, 2015.

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EDUARDO CASTILLA

Número 30, junio 2016.

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Barrio de Constitución, Ciudad de Buenos Aires, 2 de la tarde. Un niño con un saxofón corre por las calles. El instrumento no le pertenece. Lo persigue un negro dominicano de casi dos metros de altura, el dueño del saxo. Las cajeras del Coto hinchan por éste, las boleteras de Trenes del Sud alientan al niño. El barrio entero se divide en sus simpatías hacia, por decirlo de alguna forma, los contrincantes.

Así arranca Cosa de negros, novela corta, o no tanto, de Washington Cucurto. Autor y también protagonista de un relato que va de lo real a lo fantástico constantemente, aunque el autor prefiera encuadrarse dentro del “realismo atolondrado” [1].

El libro fue reeditado en 2015 por Interzona. Cosa de negros había sido publicada por primera vez en 2003. Esa pausa de 12 años, en paralelo exacto al ciclo kirchnerista, no pareciera haber alterado sustancialmente el paisaje urbano y social que el autor nos presenta.

Su protagonista es Washington Cucurto. No el autor, sino el sofocador del ritmo, el mayor cantante de cumbia del mundo, el dominicano que emociona,  hace bailar, delirar y vende millones de discos. Ese es Washington Cucurto. El otro, que se llama igual, dice haber nacido en Quilmes, un 29 de julio de 1973, pesando poco más de 2 kilos [2].

 

Urbanismos

Beatriz Sarlo escribió que

… el carácter socialmente abierto del espacio urbano vuelve lo diferente extremadamente visible; allí se construyen y reconstruyen de modo incesante los límites entre lo privado y lo público; allí el cruce social pone las condiciones de la mezcla y produce la ilusión o la posibilidad real de ascensos y descensos vertiginosos; allí los políticos piensan cómo asignar el lugar de los pobres y el lugar de los ricos [3].

La novela de Cucurto se inscribe dentro de las  coordenadas de esa acepción de lo urbano. Las diferencias se borran y se reconstruyen; lo privado asalta a lo público, hasta prácticamente secuestrarlo; los políticos asignan lugares a ricos y pobres mientras diseñan el mapa de sus propios intereses. El vértigo y la velocidad están asegurados desde el inicio y en progresivo ascenso.

Pero además, lo urbano es el paisaje del movimiento de los personajes. Es la urbanidad de la Ciudad de Buenos Aires y también del Conurbano que la rodea. Desde la escena inicial en Constitución, pasando por la ancha avenida 9 de Julio hasta llegar a San Isidro solo para volver, en estado calamitoso, a Constitución. El recorrido por la ciudad es una constante. El presente es ciudad y no cualquier ciudad, sino la Reina del Plata. No parece casual entonces que parte central de la historia transcurra dentro de un colectivo en movimiento.

Pero la ciudad es también cruza y mestizaje. Washington llega a una Constitución poblada de dominicanos y paraguayos. El lugar que fungirá como crisol de esa combinación será El Rincón del Litoral, templo de la cumbia, los venidos de Paraguay y el hablar en guaraní. El Rincón del Litoral vibra y hace vibrar, tiene su propio ritmo y sus propios dioses.

El mestizaje son también sus personajes. Es la Suni, la “Bomba paraguaya”, una suerte de reina de la cumbia. Es Arielina, el amor desencajado de Cucurto, que nacerá de un instante a otro y cuyo primer encuentro merecería un lugar en los anales de la pornografía. Amor intenso, desobediente que, por una carambola de la historia, terminará en el centro de un cataclismo político y diplomático.

Cosa de negros viene a ofrecernos una pintura de la realidad urbana a inicios del siglo XXI en parte de la Ciudad de Buenos Aires. El mundo de la cumbia le confiere sus límites geográficos y sociales. Una realidad que suma como retazos paraguayos, dominicanos y argentinos; empresarios, lúmpenes y políticos; bailarinas, cantantes y conductores; un enjambre de personajes imperdibles.

 

Negros… peronistas

“Si Perón hubiera sido dominicano estas negras no estarían acá”, le dice la Suni a Henry mientras corren en la Ferrari hacia San Isidro. Atrás quedó una marcha de  trabajadores a los que el conductor mandó “a laburar”.

Parece imposible no asociar “la negrura” al peronismo en literatura. Germán Rozenmacher, en sus cortos 35 años de vida, lo dejó por escrito en el cuento Cabecita negra. Resaltemos que, en este caso, los protagonistas son dominicanos. Son, efectivamente, de raza negra.

No será la única vez que, en menos de 100 páginas, aparezca el peronismo. Volverá también a escena sobre el final. Esta vez, como parte de una hecatombe política que se cierne sobre la Argentina.

El peronismo es el poder. No resulta extraño entonces encontrarse con el presidente “Palito” Pérez. Tampoco caer en la cuenta de que el “hombre más rico de la Republiquísima Argentina” también es “del partido”. Se llama Fabián Frasquito y es quien pagó el viaje del sofocador de la cumbia a la Argentina. El peronismo es poder y, a la vez, se postula como freno al caos. Así se lo hará saber el vicepresidente en funciones a un Cucurto golpeado y desnudo, entre las ruinas de una Buenos Aires bombardeada y bajo asedio.

 

Fantasía y realidad

Los hechos transcurren en un presente inexistente. La Ciudad de Buenos Aires celebra 500 años de su fundación. La fecha coincide con el cumpleaños del presidente. El presidente festeja sin complejos.

En una entrevista en 2007, Cucurto –el autor, no el sofocador dominicano– afirmó “que a partir de mis libros se podría describir la década del noventa en Buenos Aires”. No le falta razón. El país menemista está presente en cada línea y en cada personaje. La paradoja estriba en que, a 12 años de su primera publicación, conserva una frescura monumental. Una muestra más de los excesos de relato de tiempos no tan lejanos.

 

  1. “No saben que soy el Rey del realismo atolondrado”, Revista Destiempos 10, 2007, disponible en www.destiempos.com.
  2. Washington Cucurto, Las aventuras del Sr. Maíz: el héroe atrapadoentre dos mundos., Bs. As., Interzona Editora, 2014.
  3. Borges, un escritor en las orillas, Bs. As., Siglo XXI, 2015, p. 30.

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