Reseña de ALT LIT. LITERATURA NORTEAMERICANA ACTUAL

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de Lolita Copacabana y Hernán Vanoli (comp.) 

CELESTE MURILLO

Número 16, diciembre 2014.

 

Publicado en 2014, la compilación ALT LIT. Literatura norteamericana actual, reúne textos de autores y autoras jóvenes estadounidenses.

 

El primer cuento que abre el libro nos da una guía sobre los textos que encontraremos en ALT LIT. Sociedad de consumo, decadencia, desempleo, humillación, o dicho (ilustrado) de otra forma, vómito de nuggets en un baño de McDonald’s después de dormir en el pelotero. Con esa simple escena el autor nos lleva directo al corazón del clima en el Estados Unidos del que él y su generación son testigos y partícipes.

La compilación de Lola Copacabana y Hernán Vanoli elige entre los nombres que más suenan en la literatura alternativa (Alternative Literature): Sam Pink, xTx, Noah Cicero, Ofelia Hunt, Jordan Castro, Heiko Julién, Blake Butler, Lily Dawn, Frank Hinton y Tao Lin. Es interesante la decisión de publicar dos cuentos de cada escritor, aunque con un estilo esperadamente similar, con temáticas y lugares distintos, para construir así una visión más amplia y no restringida a un solo trabajo como suele suceder en otras antologías literarias. Con estilo llano y narraciones cortas, los cuentos tienen como interlocutora una generación cuya vida social está signada por Facebook y Twitter, y en menor medida por los blogs. Aun así, esta última plataforma (o similares como Tumblr, Storify o Medium), es la más frecuente entre los “alt lit” para escribir y difundir sus trabajos, lejos de las editoriales tradicionales (aunque muchas de ellas ya empezaron a publicarlos, en papel y en ebook).

Los textos seleccionados intentan dar cuenta de la generación que escribe hoy en Estados Unidos, con diferentes soportes, temas y entornos. Desiguales y eclécticos, los veinte textos recorren autores y autoras que apenas alcanzan los treinta años. La generación heredera de la decadencia social y política del “Imperio”, del momento justo posterior al escepticismo feroz, al “fin de la historia”, y contemporánea con los movimientos de protesta que componen la escena política estadounidense como Occupy Wall Street, las huelgas de los fastfood y las renovadas protestas contra el racismo luego del asesinato de Michael Brown en la ciudad de Ferguson.

Ninguna de las narraciones es política, pero respiran en un clima donde la política está presente sin excepción, en las críticas indirectas, veladas o moderadas, a una sociedad en decadencia, en la incomodidad de quienes no abrazan (gran parte ni siquiera goza de) las mieles del neoliberalismo.

Los temas, aunque íntimos y personales, se chocan inevitablemente con ese clima social. Un cuento narra la alienación de un joven trabajador pobre, que no hace otra cosa que fabricar realidades para escapar de la propia, acompañado con un ritmo repetitivo, frenético y de frases cortas. Otro, las experiencias de un estudiante que trabaja de niñero para una familia de clase media alta liberal, hipócrita e insoportable. Un texto que recorre los silencios ahogados de la maternidad de una mujer que se ha quedado sola con su pequeño hijo. Otro que narra las noches al frente de una pantalla publicando cosas en Facebook, chateando por mail o enviando mensajes de texto. La cárcel, las estrellas pop, la angustia, el aburrimiento cotidiano de una juventud que literalmente no tiene nada que hacer salvo trabajar y pasar el tiempo. En el contorno que alimenta las historias de ALT LIT se entremezclan, como en la vida, los white trashers (blancos pobres), los underclass, el precariado y las comunidades negra y latina.

Un aspecto significativo es que, a diferencia de las novelas, películas y otras expresiones culturales de la década de 1990, casi la totalidad de los relatos transcurre en el trabajo o en un escenario donde la falta de trabajo es la marca definitiva. Habla así, sin decir una sola palabra sobre indicadores económicos o sobre la recesión, de una de las características de la juventud de la época, atravesada por el desempleo o el empleo precario, endeudada por sus estudios, y con pocas perspectivas (que decrecen cualitativamente para las juventudes latina y negra). Pero si no se trata de textos políticos o denuncialistas, tampoco estamos frente a cuentos abúlicos, como los que solían publicarse durante los años 1990, quizás más como parte de una estrategia comercial que como expresión homogénea de una generación, que no podría reducirse a esa sola característica, y que culminó de hecho en la revuelta de Seattle, uno de los símbolos del comienzo del fin del triunfalismo neoliberal.

ALT LIT muestra las contradicciones y desniveles de quienes llegan a la vida adulta en un escenario de incertidumbre, donde todo se vuelve efímero: la juventud, el trabajo, la sexualidad, la vida. Como explican los compiladores, su estética podría encuadrarse en la “corriente poética, musical y artística conocida como ‘Nueva Sinceridad’, que venía a reaccionar contra la ironía y el cinismo propios de la década del ‘90”. Quizás con menos aspiraciones que las novelas de Johnatan Franzen (autor de Las correcciones y Libertad), que aspiran a “narrar la época” cual “gran novela” social del siglo XIX, esta porción de la nueva narrativa estadounidense no renuncia a retratar la vida cotidiana de los millennials (personas nacidas después de 1980), protagonistas de la llamada “generación de los movimientos”, pero también destinatarios de la industria cultural, sector preciado del consumo y disputado del eclectorado.

Los textos reunidos en ALT LIT podrían describirse como la imagen que devuelve el espejo al comenzar día o al terminarlo; es cruda, no es la imagen que elegiríamos de nosotros mismos para presentarnos, no es siempre igual, no siempre nos gusta, pero es real.

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