Reseña ACERCA DEL SUICIDIO

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de Karl Marx, Buenos Aires, Las Cuarenta, 2012.

CELESTE MURILLO

N.2, agosto 2013

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En 2012 se publicó por primera vez en Argentina Acerca del suicidio, de Karl Marx, editado en castellano por primera vez en España el mismo año. Esta edición incluye además de “Acerca del Suicidio” otros dos escritos: “El encarcelamiento de Lady Bulwer-Lytton” y “El aumento de la demencia en Inglaterra”. Cuenta además, con un estudio introductorio de Ricardo Abduca que, como la edición española (de El Viejo Topo) a cargo de González Varela, propone algunos elementos para la lectura.

El texto principal aborda el suicidio, en discusión con la visión del siglo XVIII que analizaba esta conducta como problema moral. Elaborado durante su exilio en Bélgica entre 1845 y 1847, fue publicado en la revista comunista alemana Gesellschaftsspiegel (Espejo de la Sociedad), dirigida por Friedrich Engels y Moses Hess. Marx fundamenta su análisis del suicidio como problema social con los registros de un archivista policial. De hecho el texto es una traducción, no literal, con comentarios del propio Marx sobre el trabajo de Jacques Peuchet. Peuchet, encargado del archivo policial de París, es además un político de la Restauración y testigo de la Revolución Francesa de 1789. Muchos de sus pasajes sobre la sociedad capitalista alimentaron otra de las grandes “fuentes de información” sobre los sufrimientos de las clases desposeídas, las novelas y misterios policiales de la época, como el Conde de Montecristo, originado en un episodio narrado por el mismo Peuchet (“Le diamant et le vegeance”). Esa sociedad moderna, inundada de seres anónimos, arrojados a la miseria, será el escenario de las primeras observaciones sobre el suicidio como problemática social.

No solo Marx sino el mismo Peuchet señalan el problema de la opresión de género, en tiempos de una sociedad marcada por el retroceso de la Restauración (esa “vuelta al orden” que ensayó la burguesía en el poder, luego de la revolución), donde se multiplica la opresión, convirtiendo la familia y especialmente el matrimonio en verdaderas prisiones para las mujeres de todas las clases.

Aunque ambos destacan las penurias de las clases desposeídas, Marx subraya (sobre todo en “El encarcelamiento de Lady Bulwer-Lytton”) los prejuicios de los que son víctimas las mujeres de las clases altas, lejos del reduccionismo económico del que es acusada con frecuencia la visión marxista sobre la opresión de las mujeres (acusación que cabría a varios “marxistas” pero que de ningún modo alcanza para rebatir la superioridad del marxismo como método y teoría para pensar y cuestionar el patriarcado, caro socio del capitalismo). Privadas de los derechos más elementales, las mujeres son las mayores perdedoras en la sociedad del desempleo, las workhouses y el disciplinamiento social. La asfixia que transmiten las historias deja entrever también el yugo que representa la moral burguesa para las mujeres. Alcanza con leer el relato de la joven que, ante la deshonra y la ignominia del sexo prematrimonial, prefiere matarse. La historia de la señora de M., que incluso al momento de quitarse la vida sopesa el problema de la honra y se ata el vestido a los tobillos. O la joven que acude a un médico para practicarse un aborto (ilegal), y le pide que él elija su vida o su muerte porque ella no puede tomar esa decisión.

Marx describe claramente el rol de la familia en la nueva sociedad capitalista: “La revolución no ha hecho caer a todas las tiranías; los disgustos que se han reprochado a los poderes arbitrarios subsisten en las familias…” (pág. 71). Y aunque no retomará la temática, salvo de forma tangencial, la tradición marxista se ocupará del problema de la familia, empezando por trabajos como El origen de la familia, la propiedad y el Estado de Engels, que hasta hoy sigue siendo un punto de referencia para marxistas y no marxistas. En esta lectura de Marx, se expresa claramente la identidad entre matrimonio y propiedad, con el lugar de sumisión reservado para las mujeres, que aparecerán como una posesión más: “La desgraciada esposa fue así condenada a la esclavitud más intolerable, controlada por el señor de M con la ayuda del Code Civil [Código Civil]1 y el derecho de propiedad. Base de las diferencias sociales que vuelven al amor independiente de los libres sentimientos de los amantes y permitía al marido celoso encerrar a su esposa con los mismos cerrojos con los que el avaro cierra los baúles de su cofre. La mujer es parte del inventario” (pág. 83).

En el sentido de esta correspondencia, es interesante la reflexión de González Varela, a cargo de la edición española: “Un anticipo sorprendente de la consigna ‘The Personal is Political’ [lo personal es político, consigna del movimiento feminista] que se hizo de masas a fines de los 1960’s, para Marx lo político subsume todas las relaciones de poder (privadas y públicas), que no se reduce a la política profesional burguesa, ni a la competición electoral”2.

Este puñado de historias, un pequeño recorte de las relaciones personales, se suma a la desesperación de no poder siquiera ser explotado, como el obrero que se suicida para no ser una carga para su esposa e hijas. Para una profunda denuncia de las injusticias sociales bastan los archivos del propio Peuchet, que ve la urgencia de impulsar reformas para “remediar las injusticias”, en sus palabras. Será a través de la lectura de Marx que quedará planteada la necesidad de una transformación radical: “…fuera de una reforma total del orden social actual, todos los intentos de cambio serán inútiles” (pág. 71).

Superan esta reseña otras reflexiones surgidas de los escritos, tanto de las anotaciones de Marx como de Peuchet. El suicido, tal como lo muestran los archivos utilizados, es un fenómeno que trasvasa las divisiones de clase, sin embargo es innegable (en el siglo XVIII y en el XXI) que golpea más duramente a los desposeídos, aquella “cantidad inaudita de clases dejadas por doquier en la miseria; y los parias sociales, golpeados por un brutal desprecio…”, como los llama Peuchet (pág. 69).

La sociedad actual continúa signada por ese “brutal desprecio”, plagada hoy de viejos y nuevos problemas. Textos como Acerca del suicidio cobran en este marco de decadencia social una vigencia incontestable. Acaso podríamos hacernos la misma pregunta que se hizo Marx en 1846, en la Foxconn de la esclavitud moderna china o la Telecom francesa, empresas insignia del suicidio como escape de la desesperación obrera; ni hablar de los suicidios de quien lo pierde todo a manos de los bancos, una postal aterradoramente actual de la crisis económica: “¿Qué clase de sociedad es ésta, en la que se encuentra en el seno de millones de almas, la más profunda soledad; en la que uno puede tener el deseo inexorable de matarse, sin que nadie pueda presentirlo? Esta sociedad no es una sociedad; como dice Rousseau, es un desierto, poblado por fieras salvajes” (pág. 70).

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1 En francés en el original y aclaración correspondiente a la presente edición.

2 Entrevista disponible en www.lahaine.org.

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