Repensar la condición obrera

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A PROPÓSITO DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO DEL LIBRO STÉPHANE BEAUD Y MICHEL PIALOUX

 

MARIELA CAMBIASSO

Número 34, octubre 2016.

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“¿Por qué escribir hoy sobre los obreros? ¿No son los sobrevivientes de un viejo mundo industrial en vías de extinción? ¿No se ha dicho todo lo que había para decir sobre el fin de la clase obrera?”. Con estas preguntas comienza Repensar la condición obrera [1], la obra más renombrada de los sociólogos franceses Stéphane Beaud y Michel Pialoux, formados en la escuela de Pierre Bourdieu, uno de los representantes más destacados de la sociología contemporánea.

Cuando se editó por primera vez en 1999, la pregunta por la condición obrera fue sugerente para su tiempo. Mientras las cienciassociales (y muy particularmente la sociología) se debatían entre las tesis de la exclusión [2], y las teorías de los movimientos sociales y la acción colectiva, Beaud y Pialoux se disponían a poner en cuestión uno de los “sentidos comunes” académicos más arraigados desde los años ochenta: el fin de la clase obrera o, en sus versiones más optimistas, la pérdida de centralidad de los trabajadores como sujetos políticos. Hoy en día, cuando las hipótesis

de revitalización sindical atraviesan los principales debates de la sociología del trabajo, la pregunta por la condición obrera sigue siendo fundamental para pensar los procesos sociales ligados al “mundo del trabajo”. Desde este punto de vista, no puede más que celebrarse su traducción y reciente publicación en castellano [3].

Repensar… es un libro profundamente sociológico, que se destaca por la centralidad que asumen los testimonios, en un relato que se construye casi enteramente en base a citas textuales de secuencias de entrevistas. Se basa en una investigación etnográfica que se extendió por más de 10 años, tomando como referencia las plantas que la fábrica automotriz Peugeot posee en la región Sochaux-Montbéliard (la cuna de dicho grupo industrial). Los autores llevaron adelante decenas de observaciones de campo y entrevistas en profundidad a las familias obreras ligadas a la fábrica, sin perder de vista su pregunta central: ¿cómo impactan las transformaciones del “mundo del trabajo” (intensificación de los ritmos de producción, descalificación, tercerización y subcontratación,  renovación de los sistemas de dominación empresarial, precarización de los estatutos) en la configuración de la condición obrera? A la que definen como:

…la imagen del obrero tal como fue construida por el movimiento obrero francés, la que los militantes encarnaban en cierta medida, imagen del productor, del creador de “valor”, compenetrado en la nobleza del trabajo obrero, de los valores de solidaridad y de la “calidez” de la clase, todo lo que hacía que se pudiera luchar por y en nombre de esa abstracción llamada “clase obrera” (p. 333).

Una pregunta que para ser abordada en su complejidad requiere considerar, según la mirada de los autores, una amplia variedad de ejes temáticos: el lugar de trabajo, la vida en el barrio, el sistema escolar, las relaciones intergeneracionales, la militancia política, la movilidad social, y las formas de resistencia de los trabajadores.

Repensar… no puede más que definirse como un libro ambicioso en términos de las discusiones que involucra. Sin dudas, la articulación de distintos ámbitos sociales permite trascender la especialización disciplinar: pivoteando en el cruce de la sociología del trabajo y la sociología de la educación, la investigación de Beaud y Pialoux logra re-posicionar a la “cuestión obrera” en el centro de las discusiones sociológicas actuales, desde una mirada que trasciende el lugar de trabajo a la hora pensar los ámbitos de politización de la clase obrera.

Sin pretender agotar, ni mucho menos, la amplia variedad de discusiones que plantea el libro, a  continuación planteamos un breve recorrido por sus capítulos, centrando la atención en lo que consideramos como los puntos más interesantes.

 

Un recorrido por los principales debates

El libro se divide en tres partes. En la primera, los autores se enfocan en las relaciones sociales que se tejen en el espacio laboral, y en las condiciones de trabajo que operan en las plantas de Peugeot en las décadas de 1980 y 1990. A medida que se transforma la organización técnica del trabajo, en una línea de mayor presión/sobrecarga sobre los trabajadores, comienza a desarticularse la “cultura de oposición”, formada al calor del ascenso revolucionario de los años ‘60 y ‘70. En un contexto de corrosión de las condiciones de trabajo de post-guerra, la resistencia comienza a asumir rasgos individuales y se reduce a pequeñas batallas parciales. El miedo va ganando terreno en la fábrica: miedo a perder el empleo, a no poder hacerse cargo del trabajo, a ser enviado a un puesto que requiere más esfuerzo físico, a envejecer en la línea de montaje. Conforme avanza la desprofesionalización, se refuerza la competencia entre los trabajadores y la lucha por los puestos de trabajo comienza a minar el espacio laboral. Aunque pueda resultar paradójico, la homogeneización hacia abajo profundiza la fragmentación del grupo obrero. El bloqueo de la movilidad al interior de la fábrica termina echando por tierra las expectativas de ascenso y estabilidad en el trabajo: ya no es tan auspicioso ser obrero de Peugeot.

En la segunda parte, los autores plantean hipótesis sobre la crisis de la clase obrera que trascienden el espacio de trabajo. Allí, abordan los cambios en la relación de los obreros especializados (operario clásico de la línea de montaje) con la escolaridad de sus hijos. Beaud y Pialoux ligan la prolongación de los estudios en los sectores populares con la crisis de las expectativas sobre el trabajo en la fábrica. El desfase entre las experiencias escolares de padres e hijos comienza a generar tensiones entre lo que los autores definen como dos “generaciones obreras”, sobre todo en términos políticos. En este sentido, es muy gráfico el análisis sobre las manifestaciones de marzo de 1994 contra el “contrato de inserción profesional”, donde los estudiantes de Montbéliard rechazan la solidaridad de los viejos obreros de Peugeot, en orden de delimitarse de la condición obrera.

En la tercera parte, los autores se enfocan en lo que podríamos definir como tres indicadores que evidencian la crisis de la condición obrera en términos políticos. (1) Las divisiones entre la “generación del obrero tradicional” y la “generación desmoralizada de los jóvenes precarios”. El hecho de no pensarse como obreros profundiza la separación de los jóvenes con la política. (2) La crisis de la “politización obrera”, como crisis de la política dentro de la fábrica. Allí, se centran en dos aspectos del problema: las tensiones entre bases y delegados, y el desgaste de los militantes obreros, afectados por la desvalorización de la acción sindical, la resignación generalizada en la vida social, y la caída del muro de Berlín. (3) Lo que definen como “racismo obrero” para caracterizar las relaciones entre “franceses” e “inmigrantes”. Relaciones que si al interior de la fábrica no terminan de perforar al colectivo obrero (organizado en torno a la CGT), hacia fuera contribuyen a explicar, aunque sólo sea parcialmente, el voto obrero al Frente Nacional.

 

Algunas reflexiones críticas

Uno de los primeros comentarios que se desprende de la lectura del libro, es el carácter excepcional de la “condición obrera” que los autores definen como norma. Dicho más  concretamente, aunque sostienen que no ceden a la ilusión de una edad de oro obrera –“La condición obrera siempre fue una condición padecida, sometida a la necesidad” (p. 377) –, pinceladas de aquella ilusión definen algunos pasajes del libro. De hecho, tal como vimos anteriormente, la propia definición de “clase obrera” a partir de la cual plantean su desvalorización, remite a su condición durante los años ‘50 y ’60 [4].

Pese a ceder a esta ilusión, una de las fortalezas del libro radica en la forma en que construye el objeto de estudio, el método de investigación sociológica y la calidad del trabajo de campo. Tres aspectos donde la impronta bourdiana es innegable.

Lejos de cualquier teoricismo estático, los argumentos se construyen en base a hipótesis e interrogantes definidos a medida que avanza el trabajo de campo, con el objetivo de interpretar las visiones del mundo y las prácticas de los entrevistados. Los autores nunca pierden de vista su interés central. La discusión sobre la crisis de la condición obrera es abordada desde el inicio desde distintos puntos de vista. El resultado: un análisis multideterminado, donde la dimensión política adquiere un valor fundamental.

Sin embargo, e incluso por el propio peso que atribuyen a la dimensión política involucrada en la crisis de la condición obrera, no puede más que llamar la atención que los autores eviten los balances sobre el accionar de la CGT, dirigida por el Partido Comunista Francés (PCF) durante el período que abordan. En lugar de preguntarse por las estrategias políticas presentes en el movimiento obrero, se centran en el accionar individual de los delegados sindicales en el lugar de trabajo. La ausencia de balances, a su vez, se refuerza considerando el peso que atribuyen al PCF en la definición de la condición obrera que establecen como norma:

A la distancia, se puede decir que ha habido una descalificación bien francesa del mundo obrero que se ha hecho a través de unintento de liquidación de “conquistas” materiales y simbólicas, de las luchas obreras del período de un PCF fuerte, de una CGT poderosa y de una CFDT obrera (p. 404).

Pero mientras el PCF se presenta como un factor central para explicar la fortaleza de la condición obrera de los “años dorados”, parece estar exento para comprender su derrumbe. A su vez, que la orientación política de la CGT no esté puesta en relación con el impacto de las transformaciones económicas y sociales en el mundo del trabajo, impide reflexionar sobre las prácticas de las corrientes políticas presentes en el movimiento obrero, al tiempo que las exime de sus responsabilidades. Desde este punto de vista, el análisis de las estrategias de las direcciones sindicales podría contribuir a profundizar las explicaciones sobre la crisis del “militantismo obrero” que observan en el lugar de trabajo.

Por último, aunque no por ello menos importante, nos interesa detenernos en el postfacio de 2011. Allí los autores vuelven a poner en discusión la condición obrera. Sin embargo y llamativamente, no encuentran en el escenario abierto con la crisis económica mundial posibilidades de recuperar una cultura de oposición para la clase obrera. Por el contrario, sólo se remiten a decir que la crisis no puede más que acentuar la desmoralización. Así, los autores evitan posicionarse sobre el escenario convulsionado por las medidas de ajuste de los gobiernos, las decenas de huelgas generales y movilizaciones que tiñeron la escena política europea en 2010, el surgimiento de partidos políticos neoreformistas como Syriza (Grecia) y Podemos (España), el accionar de los trabajadores y sus organizaciones sindicales. Reconocer la actualidad de la pregunta por la condición obrera no puede escindirse de la necesidad de reflexionar sobre el nuevo escenario de luchas y conflictos abierto tras la crisis económica mundial, y el reconocimiento de los sindicatos como agentes capaces de intervenir en las disputas y en la organización de los trabajadores. Un escenario donde, sin dudas, la prescindencia de la pregunta por las estrategias políticas de las organizaciones sindicales puede ser letal en la reconstrucción de los lazos entre los obreros y la política.

 

  1. Todas las referencias textuales corresponden a la siguiente edición: Beaud, S. y Pialoux, M., Buenos Aires, Antropofagia, 2015.
  2. El discurso de la exclusión social, donde pierden peso las explicaciones de las clases sociales y los excluidos pasan a ser un grupo heterogéneo y sin historia, comenzaron a discutirse en el campo de la sociología francesa a partir de la década de 1960. Entre algunos de sus principales referentes podemos mencionar a Robert Castel.
  3. El libro fue publicado por la Colección Sociedades Contemporáneas de la Editorial Antropofagia, auspiciada por el Programa Victoria Ocampo (Embajada Francesa), Centre Nationale du Livre (Francia) y el MTEySS. La edición presenta algunos problemas de traducción.
  4. Detrás de esta definición de la “condición obrera”, así como de la particular hipótesis que sostienen sobre el derrumbe de la clase obrera sin la desaparición del mundo obrero, no puede más que reconocerse la marcada influencia de la teoría de las clases sociales de Bourdieu, para quien las dimensiones subjetivas adquieren un peso fundamental. Este enfoque les permite sostener, por ejemplo, que el cambio en las condiciones de existencia de los trabajadores franceses impacta directamente sobre sus prácticas, estilos de vida y representaciones (el habitus, en los términos de Bourdieu), y pone en jaque a la clase obrera como tal; en una mirada donde quedan desdibujadas las posiciones objetivas en las relaciones de producción.

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