Relato sin candidato, ¿nueva? derecha y consolidación del FIT

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Lo que deja la primera ronda electoral

 

FERNANDO ROSSO y ESTEBAN MERCATANTE

Número 19, mayo 2015.

Con las elecciones primarias de Buenos Aires y Santa Fe, y las generales de Neuquén del pasado 26 de abril, a las que se sumaron las elecciones generales a intendente y concejales en la capital de Mendoza del 3 de mayo, se completó una “primera ronda” de procesos electorales en los que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores muestra una consolidación. En las generales a intendente de la ciudad de Mendoza, el FIT obtuvo un histórico segundo puesto con el 17 % de los votos de la mano del diputado nacional del PTS, Nicolás del Caño. El resultado más alto que tuvo la izquierda en una elección ejecutiva desde 1983 a esta parte.

 

Jóvenes viejos

Un primer dato que arrojan los resultados es la derrota de los candidatos más identificados con el llamado “kirchnerismo puro”. Si el peronismo de conjunto muestra un retroceso incluso donde sale primero (como en Salta), los candidatos que más fielmente intentan representar a Cristina resultaron los más vapuleados. La Cámpora, hija de la época kirchnerista que emergió como parte de la “guerra contra las corporaciones” –con la cual buscó alimentar una cierta mística, aunque se dedicó más a llenar los patios de la Casa Rosada que las calles– y pretendió ser expresión de una nueva militancia juvenil, no trajo votos bajo el brazo.

En Mendoza, donde se enfrentaron en la interna del FPV tres candidatos a gobernador (Adolfo Bermejo, Guillermo Carmona y Matías Roby), el segundo, abiertamente kirchnerista, terminó bien lejos de Bermejo, candidato del peronismo local y cercano a Daniel Scioli. Carmona tuvo el 11,17 % de los votos, contra 24,67 % de Bermejo. Aunque sumando todos los candidatos el FPV quedó a cuatro puntos del radical Alfredo Cornejo, la estrategia de la Rosada resultó golpeada. A esto se suma el fracaso anterior de la artista “Pinty” Saba en la capital mendocina, en las PASO para intendente, donde obtuvo poco más del 5 %. La interna la ganó Carlos Aranda, que en la elección del pasado 3 de mayo quedó relegado al tercer lugar detrás del Frente de Izquierda encabezado por Nicolás del Caño.

Aunque en la ciudad de Buenos Aires Mariano Recalde se impuso en la interna del FPV sobre los otros seis candidatos –todos con un perfil de centroizquierda–, lo hizo con apenas el 12,2 % de los votos totales. El kirchnerismo de conjunto terminó tercero, con el 18,7 % de los votos, casi 10 puntos por debajo de lo que supo sacar Daniel Filmus en 2011. En Santa Fe y Neuquén, el kirchnerismo puro no tuvo directamente representación a nivel provincial, y lo mismo le ocurrirá en las generales a gobernador de Mendoza. En la ciudad de Buenos Aires se preparan para un cómodo tercer puesto, detrás de Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteau.

Estos candidatos resultan demasiado kirchneristas para el clima “sciolista” que ha construido el propio kirchnerismo. En un escenario político marcado por la perspectiva de una sucesión presidencial que va a definirse entre candidatos ubicados todos del centro a la derecha –incluso Randazzo, que pretende ubicarse como el candidato “señalado” por Cristina aún a pesar de que la mandataria dijo hace unas semanas que no tiene favoritos–, los representantes del oficialismo de paladar negro aparecen como muy “de izquierda”; pero resultan a la vez poco creíbles para la franja política ubicada más a la izquierda, la que viene alimentando la consolidación nacional del FIT. El intento de posicionarse como centroizquierdista choca con la “sciolización” del propio kirchnerismo. Así, la pretendida mística de La Cámpora no tiene dónde apoyarse. El proyecto solo se sostiene cerca del poder estatal, y el retorno al llano y a una militancia “desde abajo” preocupa y atemoriza. Ni combativos dirigentes juveniles, ni aguerridos dirigentes obreros, menos aún luchadores sociales ejemplares, no podría sorprendernos que esta juventud “estatizada” confirmara una gran capacidad para lograr holgadas derrotas. Con este saldo, el “núcleo duro” kirchnerista ve debilitada su capacidad de presionar para digitar las listas del FPV e imponer aspirantes a gobernadores o incluso a la vicepresidencia.

 

La “gran moderación”

Mauricio Macri emerge como el gran ganador de este primer tramo de la campaña. A las rutilantes victorias del PRO en ciudad de Buenos Aires y Santa Fe, suma la de Mendoza que puede considerar como parte del espacio que lo apoya. Aunque no logra sacar de la carrera a Sergio Massa ni emerger con toda claridad como el candidato indiscutido para vencer al kirchnerismo, estos resultados parecen darle el empujón que no terminó de darle el apoyo radical en la Convención nacional de Gualeguaychú.

Massa mantiene la fortaleza que le da ser dueño de una buena cantidad de votos en la Provincia de Buenos Aires, y rubricó el acuerdo con José Manuel De la Sota para realizar una primaria del peronismo disidente. Con esto busca contener la crisis de su espacio, que derivó en el abandono de varios de los intendentes que lo acompañaron en 2013 o que se habían sumado luego de su victoria.

Con la foto de hoy, sin embargo, se va perfilando hacia las elecciones nacionales un escenario que intenta ser presentado desde el kirchnerismo como la alternativa entre revalidar el proyecto o la llegada de la derecha del ajuste. Esta lectura sugiere una distancia entre los precandidatos para la sucesión mucho mayor a la que podemos observar efectivamente. En primer lugar, porque para el kirchnerismo la candidatura de Scioli significa archivar el “relato”. En segundo lugar, porque el macrismo se ha configurado como una derecha adaptada a los tiempos que corren. José Natanson caracteriza al PRO como una nueva derecha, que “es nueva porque es democrática y posneoliberal”. Alejada del liberalismo más rancio, “reivindica un rol activo del Estado en la economía, destaca la importancia de la educación y la salud pública y promete mantener las políticas sociales en caso de llegar al poder” [1].

Esto no significa, por supuesto, que no estén presentes los reflejos tradicionales de la derecha para transformar el espacio público en coto de la valorización empresaria. Si miramos la política en la ciudad de Buenos Aires, el sesgo hacia el privatismo se ha expresado de forma más o menos solapada, entre otras cosas, con el ritmo más bien negligente con el que se sostuvieron los fondos para numerosas políticas sociales, que no se desmontaron pero tampoco se vigorizaron desde la llegada amarilla a la ciudad.

Más allá de este aggiornamiento de las derechas, la falsedad de la polarización –lo que el francotirador peronista/menemista Jorge Asís define como la “radicalización del centro”– es un producto de lo que podríamos llamar un espíritu de época. Pero por fuera de la vocación de los candidatos, en la Argentina actual las políticas de favoritismo a los empresarios y la desregulación económica no recuperaron ni por asomo la credibilidad perdida como resultado de la desembozada fiesta menemista y la crisis de 2001. Por supuesto hoy, a diferencia de los comienzos del período K, el kirchnerismo acumula una sumatoria de fracasos que echó un manto de desprestigio también sobre la mayor intervención pública en la economía que dijo reivindicar. El gobierno que pretendió estar imponiendo una mayor regulación sobre los servicios públicos permitió que bajo su mirada se degradara al máximo el sistema ferroviario hasta llegar al crimen social de Once (seguido por otros episodios también graves). Permitió también el descalabro de la matriz energética, que todos los veranos e inviernos queda al borde del colapso. Ambos casos exponen una incapacidad de la burocracia estatal que no se soluciona con obsoletos trenes chinos. Aunque el kirchnerismo habló hasta el hartazgo de un “modelo de crecimiento con inclusión social”, mantiene al 34 % de los trabajadores empleados en la total ilegalidad, y entre los trabajadores que están registrados muestran hoy que las condiciones son mucho más flexibles (es decir, precarias) que 20 años atrás. Por último, aunque el gobierno pretendió estar aplicando una política redistributiva, llega al final del mandato rechazando cualquier cambio significativo en el impuesto a las ganancias que afecta a los salarios –no lo son los ajustes anunciados el pasado 4 de mayo–, mientras no encaró ningún cambio en la estructura impositiva que fuera en un sentido progresivo. Y esto mientras los salarios se deterioran desde 2012 por paritarias con techos inferiores a la inflación. Estos son solo algunos de los muchos ejemplos del choque entre el “relato” y la realidad que pone un manto de sombra sobre la amplia legitimación de la intervención estatal. Pero a pesar de este sistemático trabajo de zapa, numerosas políticas de ingresos y otras medidas tomadas durante esta década son consideradas irrenunciables por parte de los trabajadores y sectores populares, y operan como límites para lo que aún el candidato más derechista puede plantear abiertamente.

Roma no se hizo en un día; tampoco los rasgos de mayor intervención estatal se van a desmantelar de la noche a la mañana. La “nueva derecha” tiene por delante todavía una larga “batalla cultural” para poder desplegar de forma plena políticas liberales. Mientras tanto, convivirá con una fórmula de compromiso: “El mercado hasta donde sea posible; el Estado hasta donde sea necesario”, como reza el documento programático “La vía PRO. Una aproximación a lo que somos”, presentado el año pasado, citando explícitamente al presidente de Colombia Juan Manuel Santos.

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La consolidación nacional del Frente de Izquierda

En este escenario movido del centro a la derecha, los resultados que exhibe el Frente de Izquierda hablan de un crecimiento en relación con las últimas elecciones ejecutivas del año 2011. Aunque existió una baja en comparación con los resultados de 2013 en elecciones legislativas, los guarismos resultan sin embargo importantes comparados con los obtenidos históricamente por la izquierda en elecciones para cargos ejecutivos. Metodológicamente, para hacer una comparación entre elecciones similares, corresponde comparar los desempeños actuales con las elecciones de 2011. Aunque también tomamos como referencia la comparación con 2013, año en el que el FIT realizó una muy buena elección, al haber sido en dicho año una elección exclusivamente legislativa, genera distorsiones en la comparación con la actual.

Haciendo un balance preliminar de esta “primera ronda”, podemos decir que el Frente de Izquierda consolidó su espacio político logrando un aumento de su piso electoral en todo el país. Es una característica que se manifestó con disparidades en todas las provincias y distritos donde se realizaron elecciones. Esto desmiente a quienes presagiaron que la emergencia del FIT y la importante elección del año 2013 había sido una excepción única e irrepetible.

En las primarias para intendente de la capital de Mendoza, que inauguraron el año electoral en febrero, el FIT logró con la candidatura de Nicolás del Caño mantener el caudal del 14 % de los votos obtenidos en la provincia en 2013 en las elecciones generales a diputados nacionales (en las PASO había alcanzado 7,61 %) y multiplicar cualitativamente los votos si se lo compara con las últimas elecciones a intendente de 2011 (1,5 %, creciendo casi 10 veces). En estas primarias, el FIT quedó como tercera fuerza provincial y Del Caño fue el segundo candidato más votado. Mendoza capital, con la figura de Del Caño, fue una excepción a la norma: no solo se da un salto grande en relación con las ejecutivas de 2011, sino que finalmente en las generales logró superar a lo obtenido en las legislativas de 2013 (14 %), alcanzando casi el 17 % en la capital del que es el quinto distrito electoral del país.

En las primarias para gobernador de esa provincia realizadas el pasado 19 de abril, con la candidatura de la senadora provincial Noelia Barbeito (PTS), el Frente de Izquierda alcanzó un 7,09 %. Es una baja en relación con lo logrado en la histórica elección de 2013, e incluso a lo obtenido por Del Caño en la capital, pero un avance muy importante si se lo compara con la elección a gobernador de 2011, cuando en una elección sin primarias había obtenido 1,64 % (se cuadruplica). Noelia Barbeito quedó entre los tres candidatos que disputarán en las generales de junio.

En Salta se dio una dinámica similar. En las primarias provinciales del pasado 12 de abril el PO-FIT conquistaba en el tramo de gobernador –con la candidatura de Claudio Del Plá–, un 7,24 % de los votos, mientras que en la capital, el diputado nacional Pablo López, como candidato a intendente, obtenía en esas primarias el 12,50 % de los sufragios. En ambos casos se ubicaba como la tercera fuerza provincial. En las elecciones legislativas nacionales de 2013, el PO-FIT llegó al 18 % en las generales de octubre. Conquistó un 17 % en las PASO de capital, y luego obtuvo un histórico 28 % en la capital en las elecciones para legisladores provinciales realizadas en noviembre de ese año, ubicándose primero en ese distrito. Sin embargo, en las últimas elecciones de carácter ejecutivo (sin PASO) realizadas en 2011 había obtenido un 2,44 % en abril de ese año para gobernador y vice. Por lo tanto, triplica sus votos comparado con 2011.

En la ciudad de Buenos Aires, donde se concentró una gran “oferta” de listas de centroizquierda y de izquierda, el FIT alcanzó en las elecciones del pasado 26 de abril 41.250 votos (2,30 %) a jefe de gobierno con la candidatura de Myriam Bregman (PTS) y una mínima diferencia mayor en el tramo a legislador que encabezaba Marcelo Ramal (PO), con alrededor de 46.350 votos (2,60 %).

En las últimas elecciones ejecutivas para jefe de gobierno realizadas en julio de 2011 (sin PASO), el FIT obtuvo unos 14 mil votos (0,78 %) y casi 18 mil sufragios en la categoría de legislador (1,01 %). En las legislativas del año 2013 para diputados nacionales por la CABA, con la candidatura de Jorge Altamira obtuvo en las primarias de agosto más de 80 mil votos (4,30 %) y llegó a superar los 103 mil (5,64 %) en octubre de ese año en las generales. Baja en relación con el 2013 y prácticamente triplica en relación con el 2011.

En Neuquén, el FIT obtenía a gobernador –con la candidatura de Gabriela Suppicich (PO)– la cifra de 12.100 votos (3,4 %). En la lista de legisladores encabezada por Raúl Godoy (obrero de la fábrica recuperada Zanon y dirigente del PTS) obtenía un 35 % más de los votos, alcanzando los 16.104 votos (4,7 %). Este resultado le permitió ampliar su representación en la legislatura local, consagrando dos diputados provinciales (en las que rotarán Raúl Godoy del PTS, Patricia Jure del PO y Angélica Lagunas del IS).

En el año 2011, la lista del FIT obtuvo para la categoría de legislador 10.479 votos (3,87 %) y consagró un diputado en la unicameral; en la categoría de gobernador había obtenido 7.500 votos (2,72 %). Pero en 2013, en las elecciones nacionales solo de carácter legislativo, el FIT da un salto y conquista 9,89 % de los votos (33.000).

En Santa Fe, después del fraudulento resultado provisorio que obligó a la renuncia del funcionario encargado del sistema de escrutinio, el resultado definitivo arrojaba que el FIT pasó a las generales, habiendo superado el 1,5 % del padrón en todas las categorías. Esta fuerza denunció desde el primer momento el fraude, realizando una gran campaña política contra el intento de dejar la izquierda afuera de las elecciones generales en la provincia.

Los resultados muestran que la emergencia política en la escena nacional que logró el FIT en 2013 impacta en estas elecciones, pese a ser de distintas características. Tratándose de elecciones ejecutivas (donde además gobernaciones, se eligen intendentes y concejales y se mueve el conjunto de los aparatos de los partidos tradicionales), logra subir sus pisos históricos, con muy buenos resultados en sus bastiones (Mendoza y Salta).

Por último, hay que tener en cuenta que la mayoría de estas elecciones fueron primarias, por lo tanto es muy probable que cuando se desarrollen las generales aumenten estos resultados consolidando aún más al Frente de Izquierda en el escenario político.

 

Perspectivas

La consolidación y suba del piso histórico en estas primeras rondas, son un buen punto de apoyo hacia las PASO de agosto y las generales de octubre, donde el conjunto de los aparatos políticos, mediáticos y empresariales se juegan a imponer sus candidatos para dirigir los destinos del país. Para encarar ese desafío el FIT postuló a dos precandidatos presidenciales: el histórico referente del Partido Obrero, Jorge Altamira y el joven diputado del PTS, Nicolás del Caño, que viene de revalidar su apoyo electoral con nuevo “batacazo” en la capital de su provincia (Mendoza).

El desafío será entonces sostener y ampliar la presencia política de las fuerzas del FIT en el parlamento nacional, así como en las legislaturas de varias provincias y ciudades. Bancas para poner al servicio de la movilización de los explotados, porque como lo expresó Myriam Bregman, abogada del CeProDH, dirigente del PTS y candidata a Jefa de Gobierno porteño por el FIT, “Solo con miles en las calles pueden lograrse nuevas conquistas y nuestro objetivo final: derrotar a los capitalistas y conquistar un gobierno de los trabajadores”.

Las fuerzas del Frente de Izquierda, que han sabido ganar posiciones en la vanguardia del movimiento obrero y la juventud, son las únicas que se proponen seriamente prepararse para enfrentar los ajustes que cocinan todos los candidatos oficialistas y opositores a la sucesión presidencial, y desarrollar una alternativa política independiente de la clase trabajadora.

 

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Toda la cobertura de la campaña del FIT (con los candidatos de todo el país, sus propuestas y el análisis) en la sección especial de La Izquierda Diario: laizquierdadiario.com/elecciones2015.

 

[1] José Natanson, “Zoom a los globos amarillos”, Página/12, 28/04/15.

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