Reflexiones sobre EL GIGANTE FRAGMENTADO

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Número 40, agosto-septimebre 2017

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¿Qué clase obrera dejó el kirchnerismo? ¿Los muchachos son peronistas? ¿Estamos como en los noventa? ¿Hay una nueva generación de trabajadores? ¿Existe la solidaridad obrera? ¿Qué es lo que se considera justo? ¿Hay identificación de clase o ganó la meritocracia? Especialistas en estudios del trabajo y los sindicatos nos dan su opinión sobre el libro El gigante fragmentado. Sindicatos, trabajadores y política durante el kirchnerismo, coordinado por Paula Varela y que cuenta con artículos de Mariela Cambiasso, Rodolfo Elbert, Julieta Longo, Clara Marticorena, Juliana Tonani y Débora Vassallo.

 

DISCIPLINAMIENTO FABRIL Y ESTRATEGIAS DE ACCIÓN COLECTIVA

Patricia Alejandra Collado

 

Numerosos interrogantes acerca de los grandes cambios que han padecido los trabajadores/as industriales respecto a la intensificación de su trabajo y el aumento de los mecanismos disciplinarios que los sostienen se relacionan con la forma en que las empresas construyeron el denominado “consenso de fábrica”. O más ajustadamente el problema es, para los que se preocupan por el deterioro flagrante de las condiciones y relaciones laborales, desentrañar los modos que impusieron e imponen mayores ritmos de trabajo, aumentan las exigencias de enriquecimiento de tareas, se suman múltiples usos de las capacidades del trabajador/a y exacerban controles. En suma, la cuestión parece dirigirse a desentrañar el incremento de la productividad humana a marchas forzadas en el siglo XXI.

Entrar a la cuestión sindical por la vía de las condiciones y condicionamientos del trabajo resulta no sólo provechoso sino también innovador, en relación a valorar cómo recusaron, se opusieron y organizaron los trabajadores frente a la embestida del capital. A la vez, colabora a reflexionar acerca de los márgenes que constriñen la organización de la clase obrera, la innovación organizacional y la conflictividad laboral a la hora de sostener y legitimar demandas. Un desafío por demás relevante para comprender e interpretar la situación de los obreros industriales hoy y un importante reto para los intelectuales-investigadores-militantes comprometidos con los/as trabajadores.

En este contexto, las investigaciones que coordina Paula Varela tratan las experiencias de participación sindical de trabajadores industriales de la zona norte del conurbano bonaerense, en la emergencia de un remozado “sindicalismo de base”. Cada uno de los aportes que integran el trabajo colectivo nos brindan pistas para desentrañar la segmentación de intereses, las potencialidades y/o debilidades de las organizaciones emergentes en el período y la renovación de demandas de un movimiento obrero que hasta ahora aparece como “gigante fragmentado”. Un conjunto de siete artículos van desbrozando un posicionamiento claro en torno al análisis del movimiento obrero fabril bonaerense y conforman una pintura de esta porción de los trabajadores a partir del abordaje de tópicos clave que han constituido la agenda de nuestro campo de estudios como la revitalización sindical, la disciplina fabril, las tradiciones políticas y militantes, los modos de legitimación de las demandas obreras, las experiencias innovadoras de organización de base en el lugar de trabajo y el “rearmado” de la solidaridad, entre otras cuestiones importantes.

A fin de comprender cómo se configura la participación y conformación del colectivo de trabajo las investigaciones complejizan el análisis acerca de las posibilidades de la organización sindical de base a partir de las innovaciones en los disciplinamientos de fábrica. En los casos tomados las empresas se apoyan en el sindicalismo “tradicional” para lograr “consenso”. El trabajo en pinzas que conjugan empresa-sindicato en la imposición de una cultura empresarial de nuevo cuño, se asienta en el borramiento de las experiencias de lucha y organización de la clase. De este modo, la labor de los sindicatos patronales sobre los trabajadores se presenta como marco para comprender los procesos de docilización del colectivo de trabajo y los cambios que las organizaciones sindicales protagonizan a fin de canalizar las demandas laborales sin producir desbordes, minimizando el conflicto. Así, la confrontación y acción colectiva obrera basista encuentran uno de sus límites mayores en el mismo sindicato, brazo férreo en la concreción del control laboral.

En paralelo, se describen en otras experiencias de vida fabril los modos de percepción que elaboran los trabajadores sobre la legitimidad/ilegitimidad de la explotación: hasta dónde las exigencias laborales son permitidas y acordadas y sobre qué límites se constituye lo ilegítimo. Esto último pone a prueba la consideración del desgaste de la fuerza de trabajo en relación a franquear la frontera de lo soportable o, como indican los mismos trabajadores, la posibilidad de “romperse” en y por el trabajo. En este filo delgado que pone en riesgo tangible la propia integridad de la fuerza laboral, se constituye la emergencia de una demanda legítima, último recurso que sostiene la viabilidad y legitimidad de la acción colectiva.

Otra vía de ingreso a la vida organizacional política de los trabajadores interesa en función del rearme de los lazos de solidaridad. Y estos son explorados en dos dimensiones: en su conformación “interna” y “hacia fuera”. Ambas perspectivas reactualizan estudios clásicos sobre sindicalismo en una nueva clave de interpretación. La primera se detiene a indagar las formas que en que las tradiciones ideológicas-políticas-partidarias operan en la gestación de grupos y en el clivaje de las corrientes sindicales. Fundamentalmente interesan aquí las formas en que las tradiciones “operan” en la visión acerca de la definición de sí que elabora cada grupo, de la percepción sobre los “otros” y de los objetivos que puede alcanzar la organización sindical (para qué existe). Este acercamiento acepta la heterogeneidad del colectivo de trabajadores y rehúye la simplificación que asume la dicotomía “izquierda” y “derecha” a fin de dar cuenta de la politicidad de los trabajadores. En este caso, las clasificaciones sugeridas por los investigadores se alinean en torno a los sentidos que asume el conflicto laboral, la política y la militancia.

El segundo acercamiento describe experiencias que asumen la importancia de la “extensión de la solidaridad”. Para ello vuelven su mirada a la rearticulación barrio-fábrica, en la constatación de prácticas concretas que articulan intereses de trabajadores en lucha con el territorio de anclaje de la fábrica y con otros colectivos de trabajadores, precarizados, informalizados en busca de un horizonte común y del fortalecimiento del accionar de las organizaciones sindicales en ciclos de conflicto.

En este periplo de investigación los autores evocan la reflexión situada de las experiencias tanto como la construcción de un marco teórico que aporte sentido a las mismas. Es por ello que adquiere importancia la pregunta acerca de las estrategias políticas del sindicalismo, más allá de la re-emergencia sindical de base que acontece en nuestro país post 2003. El para qué de la herramienta organizacional en función de los intereses de los trabajadores se enfrenta a la discusión sobre la “revitalización sindical” per se, para confrontar las limitaciones explicativas y prácticas que vienen del institucionalismo tanto como de la corriente del sindicalismo de movimiento social. Un sindicalismo para qué, para quién, con qué programa es la pregunta central que intentan devolver los investigadores a la experiencia emergente de la disrupción de las bases.

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MIRANDO LA RECOMPOSICIÓN DESDE ABAJO

Adrián Piva

 

Como señala Paula Varela en la introducción al libro, la mayor parte de los estudios sobre revitalización y/o recomposición sindical realizados en Argentina en los últimos 15 años se han ceñido a perspectivas macro institucionales o han restringido su alcance a la especificidad del caso. Si los primeros tendieron a invisibilizar los procesos microsociales, muchos de ellos cotidianos, a través de los que la organización sindical se produce y reproduce, los segundos han limitado sus posibilidades de realizar aportes que trascendieran su singularidad. Este libro es una apuesta por romper con esa alternativa. Intenta una aproximación a dichos procesos de revitalización/recomposición a partir de un conjunto de estudios de caso, pero a través de un ejercicio comparativo que permita formular hipótesis sobre ciertas características generales del proceso. Los casos seleccionados tienen dos rasgos en común: hacen del lugar de trabajo el ámbito privilegiado de observación y refieren a experiencias de “sindicalismo de base”, experiencias que han estado en el centro del debate sobre revitalización sindical post crisis de 2001. El conjunto de los trabajos observa los diferentes casos analizados a partir de tres preguntas centrales: ¿cuáles son las estrategias que despliegan las direcciones sindicales frente a las experiencias de “sindicalismo de base” en los lugares de trabajo? ¿Cómo inciden las “tradiciones” de los trabajadores en la génesis y el desarrollo de esas experiencias?, y ¿cómo van conformándose a través de la lucha y la organización de los trabajadores creencias y sentimientos acerca de lo justo y lo injusto y de los horizontes de lo posible?

A lo largo de los trabajos que componen el libro se puede observar que una serie de conceptos ocupa un lugar especialmente importante en el análisis. Entre ellos queremos recuperar aquí dos: el de estrategia y el de tradiciones.

La cuestión de las estrategias se transforma de facto en el nudo central del libro. Se encuentra en el centro de la polémica que Paula Varela lleva adelante con las corrientes institucionalistas y con las perspectivas más claramente ligadas al paradigma de la revitalización, las del sindicalismo de movimiento social. Es el tema principal de los trabajos de Varela y Vassallo sobre la estrategia del SMATA de control y construcción de consenso en los lugares de trabajo, del de Cambiasso sobre las estrategias de la dirección del sindicato de la alimentación frente a la emergencia de una oposición de izquierda y del de Marticorena y Vassallo sobre el singular caso del sindicato químico de Pilar, en el que el proceso de organización en los lugares de trabajo es impulsado por una dirección que se define como peronista, parte de la cual incluso integró la vieja dirección del sindicato. También ocupa un lugar central en el estudio de Elbert sobre las estrategias desarrolladas por comisiones internas de la zona norte del conurbano bonaerense para superar la fragmentación entre formales y precarios. Y la disputa de estrategias en el seno del movimiento obrero es el marco en el que se desarrollan y ponen en juego diversas tradiciones, las que analizan Cambiasso, Longo y Tonani, y formas de subjetividad y conciencia obreras, tema del artículo de Longo.

Pero estrategia es un término polisémico. A lo largo del libro los diversos trabajos parecen priorizar una noción de estrategia que enfatiza la dimensión de una acción colectiva con propósito por sobre el delineamiento de una trayectoria estratégica mayormente inconsciente como resultado de las luchas. Ello tiene ventajas y desventajas.

Entre las ventajas podemos contar el modo en que Paula Varela recupera a Trotsky y al “sindicalismo radical” inglés. El sindicalismo de movimiento social, nos dice Varela, subtematiza la relación entre sindicatos y Estado y otorga centralidad a dimensiones organizativas y procedimentales cuando discute los procesos de burocratización y el problema de la democracia interna. Pero las tendencias a la burocratización no pueden desligarse de los procesos de integración de los sindicatos por el Estado. Del mismo modo, el desarrollo de un sindicalismo de servicios es incomprensible sin apelar a la estrategia de reconfiguración de los mecanismos de control sobre las bases y de la relación con el Estado que desarrollaron las direcciones sindicales en contextos de debilitamiento y fragmentación de la clase obrera. Un análisis de este tipo restituye el vínculo entre estrategia política y prácticas sindicales e inscribe las tendencias a la recomposición y revitalización sindical post 2001 en una disputa de estrategias. En un contexto de expansión del empleo y de retorno del conflicto obrero, el sindicalismo de servicios ve agudizada la contradicción entre el desarrollo de las funciones sindicales tradicionales, que involucran la expresión de demandas obreras, y una estrategia fundada en la reproducción de la fragmentación de la clase obrera. Sus estrategias frente a la emergencia de un sindicalismo de base en los casos analizados debe comprenderse en este marco. A su vez, los procesos de revitalización sindical que pueden observarse en el desarrollo del sindicalismo de base son resultado de estrategias configuradas a partir de la experiencia de resistencia de ocupados y desocupados desde mediados de los años ‘90 y, especialmente, en la crisis de 2001.

Entre las desventajas de una noción tal de estrategia se extraña un mayor espacio para la contrastación entre el propósito más o menos consciente de las estrategias en disputa y las trayectorias estratégicas mayormente inconscientes que resultan de los enfrentamientos en los casos analizados. Pero esta dimensión tampoco se encuentra totalmente ausente. Especialmente en el artículo de Marticorena y Vassallo sobre los químicos de Pilar la labor de organización de las bases, la respuesta a una situación de conflictividad que se extiende en la zona norte y que afecta al parque industrial de Pilar, las tensiones y finalmente la ruptura con la vieja dirección, la transformación de las relaciones con la patronal y las continuidades en las relaciones con las bases, todo ello emerge con mayor claridad como resultado de prácticas poco reflexionadas y puede observarse mejor en la dinámica de un plenario que en las palabras de los delegados. El proceso completo parece expresar más una trayectoria estratégica mayormente inconsciente que el resultado de una acción colectiva con propósitos definidos.

Algo similar ocurre con la noción de “tradiciones”. Su recuperación como dimensión explicativa de la articulación de las prácticas sindicales permite analizar cómo las estrategias en disputa se encuentran enraizadas en prácticas cotidianas. A su vez, especialmente en el trabajo de Cambiasso, Longo y Tonani, se observa cómo las tradiciones del peronismo y la izquierda entran en juegos de tensión y transacción/combinación como resultado de los procesos de disputa en los lugares de trabajo. Sin embargo, en la medida que las tradiciones son identificadas a través del discurso de delegados y activistas vuelve a tener un mayor peso su dimensión como sistema de creencias mayormente conscientes en detrimento de su carácter de disposiciones actualizadas en la práctica y de existencia mayormente inconsciente. En ese sentido cabe preguntarse si la desidentificación respecto del peronismo que los trabajos constatan entre los obreros más jóvenes tiene su correlato o no en transformaciones significativas del nivel de las disposiciones y prácticas.

En definitiva, tanto por las respuestas que brinda como por los debates y preguntas que suscita se trata de un aporte significativo a la comprensión de las transformaciones y la recomposición de la acción y la organización de la clase obrera argentina en la actualidad.

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SINDICALISMO, PERONISMO E IZQUIERDA

Julieta Haidar

 

A propósito de la revitalización sindical y siguiendo el enfoque del “radical political unionism”, El gigante fragmentado realiza una propuesta teórica y política clara: restituir la relación entre estrategia política y revitalización sindical, bajo el supuesto de que los sindicatos son agentes estratégicos.

De gran interés, junto con esta perspectiva es posible replicar en el caso argentino la crítica que aquella recibiera: su carácter marginal. Si bien Paula Varela señala los errores y las diferencias teóricas y políticas que mantiene con las miradas estatalistas y movimentistas sobre la revitalización sindical en Argentina, nada de ello niega que las mismas sean epistemológicamente apropiadas para estudiar los fenómenos que, por lo demás, aparecen como preeminentes en el kirchnerismo (el fortalecimiento del sindicalismo de servicios), o durante la crisis del sindicalismo tradicional (la vinculación y/o subordinación de los sindicatos a los movimientos sociales). En este orden, el restringido término “radical political unionism” con los atributos asignados no parece apropiado para estudiar tales experiencias.

Delimitado el objeto de análisis, no obstante, el libro funciona y es coherente; no se trata de una compilación ecléctica de artículos individuales, sino de un producto colectivo con un vasto trabajo de campo, interrogantes, metodologías y perspectivas compartidas. El texto –para bien o para mal– no tiene fisuras.

Los estudios de caso tratan un amplio abanico de problemas, entre los que prima la siempre atractiva reflexión en torno al par democracia-burocracia sindical. Aquí se construyen datos que confirman ciertos estereotipos, otros que contribuyen a romperlos, y algunas apreciaciones que, por momentos, están teñidas por la incomodidad que parece generar a las autoras ese panorama complejo y a-lineal. Entre los primeros se ubica la complicidad del SMATA en el disciplinamiento de los trabajadores y la verticalidad sindical; la burocratización de delegados de la alimentación fieles a la conducción y la presencia de otros combativos y de izquierda, que luchan junto con las bases.

Entre los datos que van en contra de los estereotipos aparece que los sindicatos burocráticos tienen gran presencia de delegados en fábrica, que los dirigentes peronistas activan la participación de las bases y que luchan por sus reivindicaciones, como en el sindicato químico de Pilar. En este caso las autoras denuncian la lógica mercantil del gremio (que se expresaría en la prestación de servicios o en el uso del término “afiliados”) y la restricción de su acción a los límites de la legalidad industrial, que consiste en “luchar sólo por lo que corresponde” (salarios, ropa de trabajo, condiciones de seguridad).

Según se deduce del texto, ésta sería una manifestación del sindicalismo peronista tradicional que defiende con éxito los derechos de los trabajadores, sin trascender los límites del reformismo. La pregunta que esta postal reinstala es: ¿a través de qué prácticas se expresa un horizonte que lo trascienda, uno alineado con el “radical political unionism”?

Tal como aparecen en los estudios de caso, las prácticas de los delegados cercanos a ese concepto consisten en luchar por reivindicaciones (que se acercan bastante a “lo que corresponde”) cuando la burocracia no lo hace, y/o en reclamar por una mayor democracia interna, que, cuando se logra, es más porque opera el principio liberal de competencia inter e intra sindical que por una construcción contra-hegemónica.

Que esas prácticas tienen otros sentidos que los otorgados por el sindicalismo tradicional peronista quedará más claro cuando se discutan más adelante las tradiciones políticas. En la misma dirección, el trabajo sobre las solidaridades entre fábricas y barrio tiene la virtud de volver observables prácticas, sentidos y potencialidades de la orientación política de comisiones internas de izquierda. Sin embargo, se echa de menos el análisis de casos auto-definidos como clasistas, a fin de dar densidad a la perspectiva propuesta en el libro.

En otro orden, los capítulos que hacen una entrada a los casos desde los debates teóricos son de inmensa utilidad para definir y repensar dos categorías que suelen utilizarse sin mayor precisión, la de tradición política y la de justicia.

Sin desdeñar cierto romanticismo sobre los valores que serían propios de la izquierda, las autoras adhieren a una concepción de la tradición política que es dinámica y con sentidos en disputa, lo que les permite concluir que la dicotomía peronismo-izquierda aparece tensionada, y que los delegados resuelven las demandas de los trabajadores a través de un complejo entramado donde se funden los rasgos de ambas tradiciones. Es por eso que, a la hora de pensar las estrategias, lejos de ocupar

el lugar de determinaciones identitarias cuasi-ontológicas, las tradiciones políticas se articulan con dimensiones más pedestres como la pertenencia generacional o la competencia inter-intra sindical.

Por su parte, las discusiones en torno a la construcción de los sentidos de injusticia y la acción frente a la misma, retrotrae a un dato tan fundamental como invisibilizado por las estadísticas: que bajo el kirchnerismo aumentó el empleo pero más lo hizo la productividad, que ello se asentó en la sobre-explotación de los trabajadores a través de la extensión de la jornada laboral y la intensificación de los ritmos de trabajo; y que las condiciones de trabajo se degradaron por el aumento de la flexibilidad, todo lo cual redundó en un incremento de las enfermedades laborales. El lugar de trabajo es identificado así como locus excluyente donde se juegan los sentidos y los conflictos por las condiciones de trabajo, y donde se cristalizan las contradicciones o limitaciones del gobierno kirchnerista, en perspectiva histórica.

A lo largo del libro aparece la referencia al kirchnerismo, pero por lo general como un telón de fondo, sin profundizar en las implicancias que tuvo, no sólo sobre lo que habitualmente se llama las “condiciones” en que se produce la lucha, sino en las propias prácticas, sentidos y orientaciones políticas, en este caso, de direcciones y delegados sindicales, más aún siendo que, como se menciona en un pie de página, la ausencia de experiencias de derrotas es un factor fundamental para explicar el sindicalismo de base.

Bajo este vector, el desembarco del macrismo presenta un buen contrapunto para pensar las estrategias de cuerpos de delegados combativos, que en la dinámica contemporánea están orientados a medidas más radicales como las tomas de fábrica, cuando lo que está en disputa no son las condiciones de trabajo sino la propia supervivencia de los puestos, y cuando

el gobierno descarga su fuerza represiva.

Por suerte, El gigante fragmentado, aún robusto y coherente, deja intersticios para seguir pensando viejos y nuevos problemas sobre ese sujeto, siempre de pie, que es el sindicalismo.

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LA POLÍTICA EN LOS SINDICATOS Y EL DEBATE DE ESTRATEGIAS

Paula Varela

 

Debatir hoy sobre cuál es el estado de la relación entre sindicatos, trabajadores y política en Argentina parece doblemente importante. En primer lugar, porque la numerología electoral del último 13 de agosto abrió la puerta a discusiones sobre “nuevas hegemonías” en las que la clase obrera, sus avances y retrocesos, su nivel de organización y sus potencialidades de lucha, no tienen ningún lugar. Pareciera que la misma “epistemología macrista”, desprovista de lucha de clases, permitiera pensar en hegemonías (concepto clasista, si los hay) que se construyen a pura fuerza de primeras minorías electorales. En segundo lugar, porque los años de kirchnerismo y las visiones dominantes sobre la recomposición social y gremial de los trabajadores en el período, construyeron imágenes románticas de retorno de gigantes peronistas que quedaron en falsa escuadra ante el advenimiento del macrismo y el accionar de los hasta ayer héroes del modelo. Hay aquí una primera coincidencia entre los que hoy se envalentonan con hegemonías desde las urnas y los que se desconciertan por el rápido derrumbe. Podríamos decir que es una coincidencia epistemológica: el desdén por la lucha de clases, por analizar las relaciones entre sus resultados parciales y los armados institucionales.

Ese desdén es uno de los principales objetos de crítica que tiene El gigante fragmentado. Sindicatos, trabajadores y política durante el kirchnerismo. De allí que discuta (en el capítulo teórico pero también durante los artículos que desarrollan análisis y comparación de casos) contra la perspectiva institucionalista que explica la revitalización sindical como puro producto de una política estatal. Esa unilateralidad de la mirada desde arriba impide ver una de las principales sustancias de la recomposición obrera en la década pasada y, por ende, de su morfología actual: la contradicción entre la incorporación de millones de jóvenes al mercado de trabajo (es decir, restitución del trabajo asalariado para un sector que se encontraba excluido de él hacia fines de los noventa e inicios de 2000), y el mantenimiento de las condiciones de explotación de la década del noventa (es decir, lo que llamamos usualmente precarización laboral, tanto en el proceso de trabajo como en la fragmentación del colectivo de clase). Un resumen lapidario de esta particularidad es el vocablo “rotos”, forma en que los trabajadores llaman al efecto de la explotación en el cuerpo de los obreros y obreras, que aparece, persistente y reiteradamente en las luchas en el lugar de trabajo, en lo que dio en llamarse “sindicalismo de base”. He aquí un punto de partida del libro: los procesos de organización en el lugar de trabajo como llave explicativa de las contradicciones de la “revitalización sindical” en la última década. Cabe insistir en la importancia de no confundir la perspectiva de análisis (que por cierto es tributaria del marxismo), con el objeto de estudio: nadie podría sostener que puede entenderse la revitalización sindical mirando sólo lo que sucede en el lugar de trabajo y mucho menos aún en algunos casos. No se trata de eso, sino de comprender que en ese locus de organización es posible observar características del proceso en su conjunto que desde arriba no se ven: las relaciones entre la presión para la organización de fábrica y el mantenimiento de la precarización laboral de los ‘90; los rasgos de una politización que reenvían al 2001 pero también a la larga década neoliberal, y que cuestionan la dupla indisociable entre trabajadores y peronismo; la existencia de una camada de jóvenes obreros y obreras que obliga a la pregunta sociológica sobre “una nueva generación” en el país; la influencia de una izquierda radical que, aunque minoritaria en términos cuantitativos, logró formar parte de la disputa por el sentido de “lo justo” y de las formas de conquistarlo.

Vayamos a algo de actualidad. El caso de PepsiCo es, quizás, uno de los mejores ejemplos de esto último porque permite establecer con claridad la relación entre la parte y el todo (y las disputas políticas que en esa relación se juegan). Pongámoslo de esta manera: PepsiCo, ¿excepción o norma? Ambas cosas: norma en tanto expresa la política patronal y estatal (incluida la burocracia sindical) de ataque a la clase obrera, particularmente su fracción combativa; excepción en tanto pone sobre la mesa un horizonte de acción antagónico con esa política: resistir1. Y, de ese modo, blanquea que las direcciones son agentes estratégicos que “formatean” (o intentan hacerlo) conciencias, pareceres, disposiciones a la lucha o a la aceptación. Cuando Rodolfo Daer en el plenario de la alimentación afirma que, ante 600 despidos, lo único que puede hacerse es aceptar la doble indemnización, eso no es una “realidad objetiva”, es una apuesta política (que se combina, para reforzar su materialidad, con la represión de infantería). Cuando dirigentes de una comisión interna y los trabajadores que fueron parte de esa construcción colectiva afirman que no es justo que te usen y te desechen, tampoco es una “realidad objetiva”, es una apuesta política. Ambas apuestas son antagónicas y expresan estrategias distintas hacia el movimiento obrero, estrategias que no se reducen a lo discursivo (aunque esto también existe) sino que implican combinaciones específicas y notorias entre un programa, métodos de organización, alianzas políticas, articulaciones entre negociación y lucha, ponderación de la acción directa, etc. El final está abierto y será, sin dudas, el resultado el que mostrará la relación de fuerzas entre quienes despliegan una estrategia o la otra (eso no puede saberse de antemano porque los resultados parciales de las batallas van construyendo esa propia relación de fuerzas, por eso es tan importante el apoyo a PepsiCo hoy, aquí y ahora).

Si uno mira la revitalización sindical durante el kirchnerismo bajo el prisma de PepsiCo, encuentra semejanzas interesantes. Los casos de sindicalismo de base y de izquierda son también excepción y norma: norma porque expresan la política patronal y estatal (incluida la burocracia sindical kirchnerista en ese entonces) de mantenimiento de las condiciones de precarización laboral de los noventa en un contexto de crecimiento económico y del empleo; excepción porque esas comisiones internas y cuerpos de delegados transformaron esa política en denuncia y pusieron sobre la mesa un horizonte de acción antagónico a través de la lucha sindical. En cierto modo, ese sindicalismo hizo visible una característica estructural de la recomposición obrera de la última década, cuestionó su naturalización (naturalización para la cual las cúpulas sindicales fueron sujeto activo) y la transformó en objeto de lucha de clases. De allí que sea imposible pensar el sindicalismo de base sin su relación con la izquierda política, aunque no se reduzca a él.

Colocar el foco en esta dimensión política del accionar sindical es una de las propuestas centrales del libro (como lo es también de la perspectiva marxista que adoptó el nombre de radical political unionism en el debate anglosajón). No hacerlo implica la ilusión de creer que se puede debatir sobre la fortaleza o no de las organizaciones sindicales sin debatir las estrategias que estas organizaciones sindicales expresan y promueven. La forma en que esas estrategias políticas se materializan; el uso de mecanismos de coerción y de consenso; la articulación entre los programas enunciados, los métodos de organización y de lucha; las tradiciones políticas que los protagonistas reivindican como propias; las caracterizaciones de los enemigos, los adversarios y los aliados; el modo en que opera el factor generacional; son las distintas dimensiones que se analizan en los múltiples casos que aborda el libro2. En síntesis, preguntas que se vuelven insoslayables a la hora de intentar dar respuesta al interrogante que se instaló para quedarse en el debate político actual: si el macrismo va a poder materializar una nueva hegemonía neo-neoliberal.

 

  1. El carácter excepcional de la resistencia (en comparación con las cúpulas sindicales como agentes estratégicos de la resignación) es lo que usa el gobierno para invertir la causalidad y transformar la estrategia de resistencia obrera de la organización de fábrica, en “culpable” de los despidos.
  2. El libro es un análisis de casos múltiples basado en trabajo de campo (35 entrevistas a diversos activistas, delegados, dirigentes sindicales y dirigentes empresarios) y su cruce con fuentes secundarias como CCT, fuentes periodísticas, documentos sindicales y bases estadísticas.

 

 

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