Rapsodia en agosto

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EL GOBIERNO, LOS PERONISMOS Y LA IZQUIERDA EN LA BATALLA ELECTORAL

 

CHRISTIAN CASTILLO

Número 39, julio 2017.

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Con la definición de las candidaturas, el camino hacia las PASO del 13 de agosto está en plena marcha. Será el primer escalón hacia octubre, cuando se produzcan las elecciones “de verdad”, las que valen. Eso no significa que el resultado de agosto sea irrelevante por la ausencia de competencia interna en la elección más importante, la de la Provincia de Buenos Aires. Como mostraron las elecciones de 2013 y 2015, una parte de los electores modifica su voto en función de los resultados de las primarias. En 2013, por ejemplo, Sergio Massa creció en base a arrebatarle votos a Francisco De Narváez y otras fuerzas, creciendo un 11 % entre agosto y octubre. En el gobierno apuestan a que este mismo mecanismo lograrán repetirlo apelando al voto útil para que “no gane Cristina”. Sin embargo, estas son especulaciones en la mesa de arena que pueden quedar en la nada ante el deterioro creciente en las condiciones de vida que vienen golpeando al pueblo trabajador. Más aún cuando se anticipa desde el diario La Nación que el macrismo, expresando los intereses del capital más concentrado, prepara para después de las elecciones una serie de “reformas” en los terrenos laboral, tributario, jubilatorio, judicial y político1 con el objetivo de seguir aumentando las ganancias de los empresarios a costa de los trabajadores.

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Es prematuro saber los alcances de la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de competir con una lista sin el sello del PJ, con un perfil claramente “cristinista” y con los 46 intendentes que la apoyan claramente subordinados. La relevancia no es tanto para el resultado de esta elección de medio término sino para el 2019. ¿Será el preámbulo de la liquidación del Partido Justicialista y la marcha hacia una nueva configuración del sistema político burgués? ¿O simples maniobras en el reacomodamiento interno de fuerzas luego de la pérdida del gobierno en 2015? Mientras estuvieron en el poder, los Kirchner tuvieron una relación pragmática con el PJ. Amagaron desprenderse de él con la llamada “transversalidad” durante la primera parte del mandato de Néstor pero luego giraron a un acuerdo global con el aparato pejotista en todos sus niveles (de los gobernadores “feudales” y los “barones del conurbano” a la burocracia sindical), a cambio de la subordinación de este a las necesidades del Poder Ejecutivo. Ese poder se resquebrajó primero con la ruptura de Hugo Moyano con Cristina en 2012, y con la de Sergio Massa un año después. Tras la derrota de Daniel Scioli en 2015, la casi totalidad de los gobernadores peronistas, con la excepción de Alicia Kirchner, se separaron de la expresidenta, llevando adelante una política conciliadora con el gobierno macrista. La propia jugada de Randazzo de negarse a un acuerdo con CFK para ir por un modesto cuarto o quinto puesto electoral no puede entenderse por fuera de ver al exministro de Transporte como expresión de este sector del aparato peronista que incluye a amplios sectores de la burocracia sindical. Salvo unos pocos que son del riñón K, la mayoría de los intendentes, mayoritariamente de los partidos del conurbano bonaerense, optaron finalmente por Cristina al ver que no contaban con otro candidato que les arrastrase más votos para las listas de concejales. Hoy la mayoría de los peronismos provinciales se siente más cerca discursivamente de un Sergio Massa que de CFK. En la mayoría de las provincias los “cristinistas” están ausentes o van en puestos secundarios en las listas del PJ, y donde compiten en las PASO o por afuera lo hacen sin grandes expectativas. Por eso, aunque gane la elección de octubre, no es claro que Cristina logre la hegemonía del peronismo para 2019. Por ahora, su apuesta con la Unidad Ciudadana es tratar de ampliar su poder de fuego con más diputados propios y, muy posiblemente, partir el bloque del PJFPV en el Senado si es que finalmente resulta electa. Los tan comentados cambios de estética y estilo estrenados en el acto de Sarandí van en función de disputar parte de la base social que también comparte Sergio Massa, sectores que van desde una amplia “clase media baja” del conurbano hasta baja burguesía arruinada por la combinación de tarifazos, baja del consumo y apertura de las importaciones. Es una puesta en escena donde destaca la ausencia casi total de los trabajadores en tanto sector organizado o de lucha y que sin presencia sindical significativa, y más allá de la presencia parlamentaria que pueda lograr, muestra una corriente con poca capacidad para incidir en donde se va a resolver la aplicación o no del ajuste después de octubre: en la lucha de clases.

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La elección en la Provincia de Buenos Aires concentra la atención como nunca. Cuatro de los seis excandidatos presidenciales en 2015 y una expresidenta estarán en las boletas de “la provincia”. La batalla será particularmente encarnizada en el Conurbano, la región

que, incluyendo La Plata, concentra 33 municipios y el 75 % de la población provincial. El FPV-PJ gobierna en 19 municipios, el PRO Cambiemos lo hace en 11 y el Frente Renovador en 3. Aquí, en un territorio que no llega al 0,5 % del territorio nacional, se concentra sin embargo un 29 % del total de la población y casi un 40 % del total de quienes están en situación de pobreza (4 millones 500 mil habitantes del Conurbano). Según el Registro Público Provincial de Villas y Asentamientos Precarios, hay en la región 1.236 villas, asentamientos y barrios populares informales, donde habitan 381.464 familias, unas dos millones de personas. Menos del 10 % de estas familias cuenta con conexión formal a la red de agua corriente y apenas el 38 % accede al servicio de recolección de residuos. Si la Provincia de Buenos Aires tiene un problema de financiamiento estructural (genera el 40 % de los recursos impositivos del país pero recibe solo el 18,8 % de los recursos coparticipables), el Conurbano sufre una discriminación adicional ya que recibe fondos en una proporción muy inferior a la de los municipios del interior provincial. Le llega un 55 % de los recursos de la coparticipación secundaria que va del Estado provincial a los municipios cuando tiene un 74 % de los habitantes y un 82 % del total de los pobres bonaerenses. Por cada habitante en situación de pobreza las intendencias del conurbano recibieron en 2015 solo $4.339 mientras que el resto de los municipios percibieron $16.421, casi cuatro veces más2. Algo similar ocurre si analizamos la representación política provincial. La primera y la tercera sección electoral, que incluyen unos 8 millones 300 mil electores sobre un padrón de poco más de 12 millones para el conjunto de la provincia y 43 municipios3 sobre un total de 135, solo cuentan en conjunto con 33 diputados provinciales de un total de 92 y con 17 de 46 senadores. Si agregamos la octava sección, que solo incluye La Plata, con unos 520 mil electores, se suman 6 diputados y 3 senadores. O sea que casi un 75 % del padrón electoral solo tiene el 42 % de los diputados y 43 % de los senadores de la provincia.

Según el último informe del INDEC en el Conurbano bonaerense la desocupación tiene el índice más alto del país, 11,8 %, cifra que con los sub ocupados supera el 23 %. Se encuentra parte de la población que más ha sido golpeada por las políticas de ajuste del gobierno macrista, donde más ha impactado el cierre de fábricas y empresas y la caída del salarios frente a la inflación.

Aunque las condiciones de vida del pueblo trabajador han empeorado claramente con el gobierno macrista, tiene algo de paradójico que Cristina Fernández de Kirchner tenga su núcleo duro electoral en una región donde, cuando dejó su gobierno, la mitad de los trabajadores eran empleados no registrados o informales, un 29 % de la población estaba en situación de pobreza y un 60 % de los hogares no tenía cloacas. El kirchnerismo poco hizo en sus doce años de gobierno por modificar la situación de discriminación económica y política estructural que sufre el pueblo trabajador del Conurbano. Ni Cristina ni Scioli tuvieron política alguna para superar la grave situación de emergencia habitacional que afectaba y afecta a los sectores más vulnerables y dejaron la educación y la salud públicas en estado calamitoso, con los salarios de estatales, municipales y docentes bonaerenses siendo los más bajos de la región centro (CABA, PBA, Córdoba y Santa Fe). Se ganaron la enemistad de parte importante de los trabajadores sindicalizados a los que castigaron con el “impuesto al salario” (al igual que hoy lo sigue haciendo Macri), cuestiones que explican en parte que hayan perdido la gobernación a manos de Vidal en octubre de 2015 y el gobierno nacional en el balotaje. Sin embargo, el apoyo que mantiene la expresidenta, especialmente en los municipios de la tercera sección electoral (La Matanza más la zona sur) no es irracional sino que tiene que ver con el recuerdo de la mejora que en su momento significaron en los sectores de menores ingresos las políticas asistenciales (AUH, Progresar, Argentina Trabaja) y con la moratoria jubilatoria, y con el empeoramiento sufrido en los ingresos populares desde la llegada del macrismo al gobierno con su sucesión de tarifazos y ataques al empleo y el salario, que golpea fuertemente en una región densamente poblada y con gran cantidad de asalariados. De ahí que ambas campañas electorales, la macrista de Cambiemos y la cristinista de Unidad Ciudadana apuesten sus posibilidades de éxito a mantener bajas las aspiraciones de sus respectivas bases electorales: “que no vuelva Cristina” en un caso; “poner algún límite a Macri”, en el otro. Massa, por su parte, intentará transitar una “avenida del medio” de anchura aún indefinida. Nosotros, desde el Frente de Izquierda, batallar para ganar la consciencia política de cientos de miles de trabajadores para la única fuerza política que ha enfrentado consecuentemente el ajuste macrista y de los gobernadores.

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Un dato innegable de este proceso electoral es el completo colaboracionismo de la burocracia sindical con el gobierno de los CEO. Después del exitoso paro general del 6 de abril, al que tuvieron que convocar por presión de las bases, los burócratas se metieron en “cuarteles de invierno” de los que solo salieron para firmar paritarias a la baja. Han permitido que pasen despidos y suspensiones como si nada. Los últimos ejemplos han sido PepsiCo y Hutchinson, con 600 y 350 despidos respectivamente, donde las comisiones directivas del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Almentación (STIA), conducido por el hoy “randazzista” Rodolfo Daer, y la del sindicato del caucho, están jugando abiertamente contra los trabajadores. Una actitud muy típicamente “noventista”, cuando la mayoría de la burocracia sindical fue artífice de la aplicación de las políticas neoliberales bajo Menem. Esta política traidora de la burocracia sindical le va permitiendo al gobierno avanzar gradualmente en torcer la relación de fuerzas a favor de las patronales, donde el crecimiento del desempleo y el subempleo buscan ser utilizados como elemento disciplinador de la clase trabajadora.

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Este proceso electoral plantea un gran desafío en todo el país para el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que se presenta con listas comunes en 21 de los 24 distritos nacionales, y en casi 100 municipios en la Provincia de Buenos Aires (abarcando un 95 % del padrón provincial). En Provincia de Buenos la lista va encabezada por Nicolás Del Caño a diputado nacional y Néstor Pitrola a senador nacional. Y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por Marcelo Ramal a diputado nacional y por Myriam Bregman a legisladora porteña. Tenemos por delante meses de campaña que, desde nuestro punto de vista, tienen varios objetivos entrelazados. Un buen resultado electoral del FIT sería un dato de la situación política que ayudaría a fortalecer las luchas contra las políticas de ajuste de Macri y los gobernadores. A la vez, tenemos el desafío de agitar aspectos de nuestro programa que respondan tanto a las demandas inmediatas de los trabajadores como aquellos que nos permiten elevar las aspiraciones de los trabajadores. En ese sentido, desde el PTS venimos tomando como uno de los ejes importantes ya en la pre campaña electoral el planteo de reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, sin afectar el salario y con un mínimo que cubra el costo de la canasta familiar, cuestión que ligamos con el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados. Este planteo ha encontrado muchísima simpatía aún antes de comenzar la campaña en forma más masiva. El otro objetivo que tenemos es lograr un salto en la militancia activa. En el gran acto de Atlanta de noviembre del año pasado, donde hubo de conjunto unas 20 mil personas, mostramos un crecimiento en nuestra capacidad de movilización. Pero esto es solo una acumulación inicial. El gran desafío que tenemos es construir una fuerza militante de decenas de miles con inserción en los lugares de trabajo y estudio, en fábricas, empresas, escuelas y universidades, que luche por recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical y construya centros de estudiantes militantes, para poder incidir en derrotar en las calles las políticas de la clase dominante y sus representantes políticos, y abrir el camino a la lucha por un gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo.

Esta pelea incluye también el terreno ideológico y cultural, donde tenemos un arduo y apasionante trabajo por delante. Si la humanidad tiene un futuro deseable, será socialista. Si no nos esperan diversas formas de barbarie. Pero ese futuro socialista no vendrá automáticamente. Requiere de una voluntad colectiva de los explotados construida conscientemente. A esto apostamos.

 

  1. “El gobierno prepara profundas reformas para después de las elecciones”, La Nación, 2/7/2017.
  2. Datos extraídos de Zarazaga, Rodrígo y Ronconi, Lucas (compiladores), Conurbano infinito, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2017.
  3. En estas secciones electorales 11 de los municipios que las incluyen no se contabilizan como pertenecientes al Conurbano.

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