Radiografía de una Venezuela convulsiva

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AVANZAR EN SACAR LAS LECCIONES DEL PROYECTO DEL CHAVISMO

 

MILTON D’ LEÓN

Número 33, septiembre 2016.

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Venezuela vive días de tensión asolada por una profunda crisis política y una catástrofe económica que ha sacudido los cimientos de la vida del país. Días de confrontación política entre una oposición de derecha que acecha encarnando todo un plan reaccionario y un gobierno que para afrontar la crisis solo ha visto como salida la aplicación de ajustes económicos y un camino de apertura al capital transnacional en una clave que no se había visto hasta el momento.

Como escribimos en un reciente artículo para la revista Estrategia Internacional, Venezuela ha estado en el centro de la atención política latinoamericana e internacional durante la última década y media. Lo que se conoció como “revolución bolivariana” impactó en todo el continente, incidiendo marcadamente en las corrientes de izquierda y generando al mismo tiempo una oposición férrea de la derecha venezolana y latinoamericana, así como de la de Estados Unidos. Se trataba del fenómeno más profundo de los llamados gobiernos posneoliberales, donde las tensiones políticas se expresaron en toda su magnitud, no habiendo un solo momento donde las corrientes submarinas no se agitaran provocando continuamente vientos huracanados.

En el momento que cerramos este artículo, concluye una masiva marcha convocada por la oposición derechista aglutinada en la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD), que hasta el momento no había conseguido hacer una demostración de fuerza masiva en las calles, ni antes ni luego de obtener su triunfo electoral el pasado 6 de diciembre. Pero este día la oposición consiguió imponer una considerable multitud en las calles, si bien no coincidía con lo que se esperaba tomando en cuenta toda la campaña montada previamente y que el propio nombre indicaba: “Toma de Caracas”. El chavismo, que también se movilizó a pesar de estar golpeado por la crisis y la debilidad del Gobierno, no se quedó atrás, concentrando una gruesa manifestación en la histórica Avenida Bolívar en la zona central de Caracas, pero sin llegar a hacerla retumbar como lo solía hacer el fallecido presidente Chávez. Si bien estas marchas no marcan un antes y un después, por la contundencia de la fuerza mostrada por la derecha en las calles, la situación del país puede tomar nuevas dinámicas, sobre todo en lo que dice respecto al tema del referendo revocatorio que hoy crispa al rojo vivo la confrontación entre el chavismo y la oposición, así como en las negociaciones que seguramente se deben estar llevando a cabo entre el Gobierno y la derecha. Esperar y ver.

Este artículo no pretende ser un balance del chavismo luego de entrar en su fase de debacle política, sino dar cuenta de la cruda realidad que se vive en el país, tanto por la tensión política como por la catástrofe económica que amenaza profundizarse, y la vida de un pueblo trabajador que se la juega diariamente para sopesar las fuertes penurias de esta agobiante crisis.

 

Una economía en debacle o cuando el rentismo devela su rostro devastador

El gobierno oculta las estadísticas oficiales como si al hacerlo no se percibiera la brutal crisis que se vive en el país. De acuerdo al FMI, en sus últimas proyecciones del mes de julio, Venezuela tendrá un Producto Interno Bruto en “caída libre” del -10,0 % para el 2016, además de que para finales de año cerrará con una inflación superior al 700 %. El Banco Mundial, en sus proyecciones publicadas en el mes de junio publicadas en el informe Perspectivas Económicas Globales, calculaba una contracción del 10,1 % en el PIB del país para este año. Un pronóstico negativo a más del doble del estimado previamente, que coloca al país en la peor posición de todos los países analizados por esta institución financiera.

Para 2016 la CEPAL, en el marco de las dificultades del presente año, prevé una nueva contracción del PIB del país del 8,0 %, que implicará una reducción del consumo privado y una nueva caída de la inversión bruta de capital fijo. Este organismo, al constatar, si bien hasta la fecha de elaboración de su Informe en junio de 2016, que no han sido publicadas las cifras de inflación del presente año, indica que a juzgar por las proyecciones sintetizadas en Latin American Consensus Forecast (junio de 2016), la inflación esperada es del 436 %.

Como vemos, todas las proyecciones económicas para el país son marcadamente catastróficas. De confirmarse, Venezuela comportaría la peor evolución del crecimiento y la inflación en todo el mundo, siendo que todos los organismos constatan, incluso, que la economía del país aún no ha tocado fondo.

Esto se enmarca en la fuerte caída de las reservas internacionales del país. De acuerdo a los últimos datos publicados por el Banco Central de Venezuela (BCV), las Reservas Internacionales se colocaron en $ 11.955 millones, el nivel más bajo desde el tercer trimestre del 2002. Siendo una caída del 27 % desde el inicio del año, cuando estaban en $ 14.314 millones. Mientras que se ubicaron las reservas internacionales líquidas para el 15 de julio en 182 millones de dólares, lo que evidencia un descenso de 33 % en comparación al inicio del mes, también según datos del BCV.

Pero es de constatar que las reservas han venido en un ritmo galopante hacia abajo por los fuertes pagos en conceptos de deuda externa que ha venido haciendo el país. Solo entre el año pasado y lo que va de este –según declaraciones del propio Maduro– se sustrajeron al país más de 30 mil millones de dólares, y en junio fueron 80 millones. Para los últimos meses del año la estatal PDVSA tiene que afrontar fuertes compromisos por concepto de deuda: para el 28 de octubre debe pagar la cantidad de US$ 1.000 millones, para el 2 de noviembre debe desembolsar US$ 2.050 millones, y apenas entrando el año 2017 debe cancelar un monto de alrededor de US$ 3.000 millones. La deuda “eterna” es una verdadera sangría nacional.

El enorme sacrificio que representa cumplir con el compromiso por concepto de deuda externa es lo que ha generado alarmas de que el país caiga en incumplimiento del pago a fin de año, cuando llegan los vencimientos más pesados. Y es de considerar que para financiar estos millones de dólares que canceló el país por vencimientos de títulos soberanos de la República y de la estatal PDVSA, se recortaron importaciones, redujeron en un tercio sus ahorros en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se han concretado canjes de las reservas en oro.

El peor dilema del país rentista por excelencia de América latina, el quinto país productor de petróleo del mundo, es que no tiene el más mínimo control de su fundamental variable económica: el precio del petróleo, dependiendo extremadamente de los humores de la economía mundial. No hablamos un rentismo cualquiera: para que se tenga una idea, en promedio, por cada 100 dólares que ingresan al país, 96 son por petróleo, pero en el último año llegó a niveles de casi 99 dólares.

Más allá de que en las últimas tres semanas se haya experimentado un leve repunte del precio de la cesta petrolera del país, es de considerar que el precio de venta promedio en lo que va corrido del año se sitúa en 32,61 dólares, muy por debajo de los 44,65 del año pasado y de los 88,42 dólares de 2014. En febrero de este año, el petróleo venezolano tocó el piso de los 24,25 dólares.

La cesta venezolana ha experimentado una curva de descenso que comenzó el 12 de septiembre de 2014, cuando se cotizaba a 90,19 dólares el barril. Hasta el momento, es difícil prever la dinámica que tendrá el comportamiento de los precios del crudo, ya que hasta el momento su repunte se ha debido más que todo a expectativas de encuentros de países productores, y no a una dinámica más sustentada en el mundo petrolero o de la economía mundial.

Pero lo cierto es que en medio de una incertidumbre de la economía mundial, y la abundancia del crudo, nada bueno se vislumbra para Venezuela, uno de los principales países exportadores de crudo, que reporta que produce alrededor de tres millones de barriles de petróleo diarios y exporta unos 2,5 millones, en su mayor parte a Estados Unidos y China. Aunque la veracidad de estos números siempre han estado sometidos a la duda.

 

Cuando la crisis se hace agobiante en la situación de un pueblo

Como vemos, el deterioro del precio del barril petrolero ha sido uno de los golpes centrales a la economía del país, realidades crueles de un país rentista que devela el fracaso de un proyecto del chavismo, que tanto habló de que iba a superar al país rentista mediante uno productivo.

Lo decimos con claridad: el chavismo se limitó a redistribuir parcialmente la renta petrolera, mas no el conjunto de las riquezas producidas en el país, pues las riquezas robadas –producto de la explotación de los trabajadores o de la usura hacia el país o hacia los sectores populares– de los banqueros y empresarios, tanto nacionales como extranjeros, no fueron en lo fundamental objeto de tal “redistribución”. Pero cuando han llegado a su fin las condiciones económicas excepcionales que le permitieron al chavismo redistribuir parcialmente la renta pública –sobre todo los altos precios del petróleo–, y garantizar al mismo tiempo la marcha de los negocios capitalistas y sus ganancias, se desarrollan los elementos de la crisis que, como en cualquier país capitalista, empresarios y gobiernos se la hacen pagar al pueblo.

Hoy la crisis arrecia con fuerza y quien la sufre en toda su magnitud es el pueblo trabajador, al caer sobre sus espaldas la agobiante situación económica con una severa espiral inflacionaria, una fuerte escasez de productos esenciales, y una profunda recesión que golpea al conjunto de los asalariados por la severa caída del valor real y los ingresos de los hogares obreros y populares por el alta carestía de vida. Veamos apenas algunos ejemplos, dados los limitados espacios que ofrece un artículo de estas características.

La tijera entre el salario y los precios de los productos a adquirir se han ido abriendo de una manera vertiginosa, lo que significa una brutal caída del salario real. Maduro declara aumentos del salario mínimo englobándolos en lo que denomina “protección al salario”, pero es más que sabido que estos aumentos lejos están de cubrir el costo de vida frente a la galopante inflación.

Cuando se comparan estos aumentos con los precios de los productos más esenciales se disipan rápidamente. No estamos hablando de los precios de los vendedores informales en la calle, sino de los precios de los establecimientos comerciales formales.

Para hacerlo más gráfico para un lector extranjero, un simple ejemplo basta, incluso para un producto que está controlado y que el gobierno se vanagloria de ello: el precio del pan. Tenemos que el salario mínimo en sí alcanza apenas para comprar dos panes campesinos diarios. Peor aún, equivale a cuatro kilos de carne al mes a los precios que ya están liberados en las carnicerías, o a tres cartones y medio de huevo también al mes.

El gobierno ha llegado al extremo de “bonificar” el salario. El trabajador fijo o contratado tiene el derecho por ley de recibir una bonificación mensual que por definición equivale a una comida balanceada diaria. Con respecto al nuevo salario mínimo que entra en vigencia a partir de este 1 de septiembre (alrededor de 22 mil bolívares), la brecha es de casi 20 mil bolívares a favor del bono alimentación. Hasta hace apenas unas semanas era de 3 mil bolívares.

De esta manera se está tratando de una forma de ajustar el ingreso laboral por vía de ayuda alimentaria, buscando hacer creer que se trata de un “salario integral”. Siendo esto un fraude contra las prestaciones sociales y demás derechos laborales, que se calculan en base al salario y que no incluye el ingreso por bono alimentación. Además, esto deja al descubierto la atroz crisis económica que vive el país.

En los últimos dos años han aumentado fuertemente los pobres en el país. De acuerdo a los propios informes del Instituto Nacional de Estadísticas, entre lo que va de finales del 2013 (principio de 2014) hasta el cierre del primer semestre del 2015 en lo que dice respecto a los hogares en situación de pobreza, 534.445 hogares ingresaron a la línea de pobreza por ingreso, al pasar de 1.899.590 (27,3 %) a 2.434.035 (33,1 %). En otras palabras, estamos hablando de un promedio de 2.084.335 venezolanos (en el país existe un promedio de 1,03 hogares por vivienda familiar ocupada y 3,9 personas por vivienda familiar ocupada). Es muy difícil creer que estos números hayan mejorado en el segundo semestre del 2015 y el primer semestre del 2016, cuando más severamente ha golpeado la crisis económica.

 

La debacle del chavismo o cuando fracasa una vez más un proyecto nacionalista

En abril del año pasado escribíamos en esta misma revista1 que,

… el chavismo, ya en vida de Chávez, había entrado en un proceso de debilidad estratégica, incapaz de regenerar las condiciones políticas, económicas y sociales que le permitían impactar entre las masas. En las condiciones actuales podemos sostener claramente que se ha llegado al fin de la etapa que fue conocida como “revolución bolivariana”. El chavismo podrá seguir en el gobierno pero ya administrando un proyecto político en fase terminal.

Cuando hablamos de fin de la “revolución bolivariana” no significa el fin del chavismo como corriente en la vida política nacional, todo lo contrario: continuará siendo un actor fundamental, ya sea como sobrevida del gobierno o en la oposición en un eventual gobierno de la derecha. Más aún, su influencia en las Fuerzas Armadas, que juegan un papel preponderante, seguirá siendo importante.

Actualmente, el gobierno de Maduro se mantiene en una situación de debilidad. Un sostén muy importante lo constituyen las Fuerzas Armadas. Los militares siempre ocuparon un papel central en el chavismo, adquiriendo altos niveles de politización e involucramiento en la vida pública, política y económica del país. Esto fue un sello del chavismo, por la característica del Gobierno de Chávez, al tener fuertes rasgos de un gobierno bonapartista sui generis de izquierda, y él mismo ser oriundo del mundo militar. Pero ese papel de los militares siempre estuvo bajo el equilibrio del propio Chávez, el hombre fuerte del país, en su papel de árbitro de la Nación y sobre las clases, pero ahora con Maduro esa gravitación cambia, siendo que los militares ocupan un papel de mayor relevancia política.

Por ejemplo, de una treintena de ministros, actualmente diez son integrantes de las Fuerzas Armadas Nacional Bolivariana (FANB): seis activos y cuatro retirados ocupando los cargos de mayor impacto, por lo que tienen más preponderancia en términos cualitativos. También, además de ocupar posiciones ministeriales, los militares están al frente de varias gobernaciones, dirigen empresas públicas, instituciones típicamente civiles, y tienen un gran peso en el sector empresarial del Estado. El actual ministro de la Defensa, el General Vladimir Padrino López, ocupa un papel fundamental y prácticamente por órdenes de Maduro, todos los ministros se tienen que subordinar a este General. En el contexto político actual que se vive, por el peso que tienen, los militares parecieran transformarse en el fiel de la balanza hacia cualquier tipo de salida política que se dé en el país.

Sobre esta crisis se asienta la derecha aglutinada en su amplia mayoría en la autodenominada Mesa de Unidad Democrática (MUD) que en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional, buscando capitalizar la debacle del chavismo. Se trata de una oposición reaccionaria que encarna todo un proyecto antiobrero y proimperialista. Desgraciadamente fue el propio chavismo con sus políticas timoratas el que le fue facilitando el camino luego de que el movimiento de masas le asestara duras derrotas, como aconteció durante el golpe del año 2002 y durante el paro saboteo de finales de ese año y principios de 2003. De tal manera que hoy, la situación convulsiva que vive el país se enmarca en una gran confrontación política entre la MUD y el gobierno de Maduro.

Contrariamente a lo que se quiere hacer ver, en Venezuela no se asiste a la crisis de un modelo de “transición al socialismo” sino a la crisis de un tibio nacionalismo de contenido burgués liderado por el fallecido Hugo Chávez, hoy en plena debacle. Frente a esta situación es necesario discutir entre la vanguardia en lucha de los trabajadores y la juventud que se reivindica pro obrera y de izquierda, la necesidad de sacar las lecciones estratégicas de la experiencia que ha sido el chavismo como proyecto político.

Lo acontecido a lo largo de más de una década y media es una clara demostración de cómo este tipo de proyectos políticos dilapidan el apoyo de masas, lo despilfarran, pues al tiempo que regatean con el imperialismo, mantienen controlado al movimiento de masas, se empeñan en regimentarlo, disciplinarlo. Y como así bloquean la posibilidad de una verdadera lucha antiimperialista y resolución de los problemas estructurales del país, no digamos de la revolución social, se mantiene en pie lo fundamental de la sociedad capitalista, sin dar salida a las necesidades nacionales ni de los explotados, preparando la vuelta de la reacción, como lamentablemente estamos observando en estos aciagos días que vive el país.

 

  1. “El fin de la etapa de la ‘revolución bolivariana’”, IdZ 18, abril 2015.

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