Radiografía de la desigualdad

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ECONOMÍA FEMINISTA. CÓMO CONSTRUIR UNA SOCIEDAD IGUALITARIA (SIN PERDER EL GLAMOUR), MERCEDES D’ALESSANDRO (Buenos Aires, Sudamericana, 2016)

 

CELESTE MURILLO

Número 37, mayo 2017.

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Como parte del trabajo del blog Economía Femini(s)ta (economiafeminita.com), Mercedes D’Alessandro recorre en Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour) los recovecos de la desigualdad de género, que afecta nada menos que a la mitad del mundo.

Ya desde sus primeras líneas choca con el sentido común de que como “las mujeres avanzaron mucho” no habría de qué quejarse, algo que se desliza cada vez que se dice en voz alta que hay desigualdad, que hay discriminación y que la mayoría de las mujeres todavía somos ciudadanas de segunda. Es cierto, la vida de las mujeres cambió enormemente, gracias a la movilización de las mujeres (aunque suene redundante), pero nunca está de más recordar que recién se cumplirá un siglo desde que las primeras mujeres votaron (en nuestro país todavía faltan 20 años para ese aniversario), y la discriminación económica, laboral y profesional está vigente. Aunque no hay leyes que “permitan” discriminar por género, las mujeres cobran salarios menores, acceden a peores puestos de trabajo y están sobrerrepresentadas entre los precarios y los pobres.

De eso se trata Economía feminista, de poner en datos ejemplos de esa desigualdad, debatir estereotipos y prejuicios que acompañan la brecha salarial o la presencia todavía minoritaria de las mujeres en muchos ámbitos, que todavía parecen reservados a los varones. Lejos de los textos académicos, Economía feminista invita al público no economista a la fiesta en un momento en el que las mujeres recuperan las calles.

Desde la brecha salarial hasta el “techo de cristal” (con paredes incluidas), pasando por

el trabajo no remunerado, el libro ofrece no solo cifras (que muchas veces son cuidadosamente olvidadas) sino que se mete en el debate sobre los motivos de esa desigualdad. Desde lo (literalmente) inexplicable de la brecha hasta los estereotipos que le otorgan el resplandor del amor al trabajo doméstico, a medida que pasan las páginas, lectoras y lectores atentos descubrirán algo de esa relación tan funcional, y por eso tan duradera, entre patriarcado y capitalismo.

En una disciplina como la economía, que suele estar en el centro del debate sobre la desigualdad en el capitalismo, es notoria la poca (aunque creciente) atención que merecen los problemas de la mitad de la población del mundo, más en un sistema social que se beneficia del sometimiento de esa porción de la población. Una “desatención” que señala la propia autora especialmente con respecto a las corrientes críticas (aunque, si Federico Engels tuviera Twitter ya estaría arrobándola pidiendo derecho a réplica y seguramente se ganaría más de un retweet).

 

El poder no derrama igualdad

Así lo señala, correctamente, una de las páginas de Economía feminista:

 

El poder no derrama y las políticas que apuntan a la igualdad de género o el acceso de las mujeres a los distintos espacios políticos tampoco aparecen mágicamente.

 

A esta afirmación, que compartimos, le agregamos que no solo no derrama sino que las instituciones, los parlamentos, organismos internacionales, e incluso las cúpulas de la burocracia sindical, han sido terreno estéril para la igualdad que desean las mujeres.

Las políticas que responden, de forma lenta, tardía e insuficiente, a la desigualdad y la discriminación hablan más de la potencia de movilización de las mujeres que de la buena voluntad o las intenciones de mujeres poderosas o “feministros”, en palabras de D’Alessandro. El género no es garantía de políticas progresivas (lo sabemos las argentinas), ni de que las mujeres apoyen tu plataforma (pregúntenle a Hillary Clinton)1, pero tampoco la presencia de las mujeres en los parlamentos y los ministerios ha garantizado la implementación de políticas que resuelvan, aunque más no sea parcialmente, sus problemas o demandas.

Todas las leyes, medidas y conquistas se han conseguido siempre fuera de las instituciones, aunque sus resultados parezcan surgir dentro de sus paredes. Fue el caso de las islandesas y su “viernes largo”, que puso sobre la mesa la participación de las mujeres en la vida económica, el de las estadounidenses que conquistaron el derecho al aborto y decidir cuándo ser madres (aunque cargan hasta hoy con el peso de afrontar la maternidad en medio del trabajo sin licencia paga ni derechos) o el de las polacas para frenar la prohibición reaccionaria del derecho al aborto. Es el caso también de la enorme visibilización que ha logrado el movimiento de mujeres en Argentina con la consigna #NiUnaMenos, más allá de la respuesta insuficiente o casi nula del gobierno de Mauricio Macri.

Cuando la mala salud de la economía capitalista empuja a las mujeres a recibir el impacto de los recortes en salud, educación y cuidados, en sus hogares, al regreso de empleos precarios y mal pagos, los debates que recorre Economía feminista son los necesarios para un movimiento de mujeres que ha demostrado una potencia de movilización arrolladora pero, a la vez, se enfrenta a la necesidad cada vez más urgente de una estrategia política.

La agitación callejera de las mujeres (¿cómo respuesta en continuado a las consecuencias sociales de la crisis económica o anticipo de aires nuevos?) que sobrevuela varios países vuelve a abrir viejos debates en el feminismo y mide las estrategias para terminar con la opresión. Con gran parte del feminismo recluido en las agendas oficiales, y reducido a la “libre elección” de cómo vivir la vida, lejos de la transformación social, vuelven las ideas de las huelgas, los paros y las movilizaciones como la vía para transformar nuestras realidades.

Economía feminista anuncia en su portada que la pelea por una sociedad igualitaria puede librarse “sin perder el glamour”. Creemos que la belleza está en la calle, como anunciaba el famoso grafiti del Mayo Francés y estamos convencidas de que este es el terreno donde se defiende lo conquistado y se conquista lo que falta, pero el movimiento necesita ideas, reflexiones y debates como los que se leen en sus páginas, y eso es motivo de sobra para darle la bienvenida.

 

  1. “Hillary Clinton y su techo de cristal”, IdZ 35, noviembre-diciembre 2016.

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