Prólogo a La economía argentina en su laberinto

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CHRISTIAN CASTILLO

Número 24, octubre 2015.

A continuación presentamos el prólogo realizado a La economía argentina en su laberinto de Christian Castillo –sociólogo, docente de la UBA y de la UNLP, dirigente del PTS y ex diputado provincial por el FIT (Pcia. de Buenos Aires)–.

Cristina Fernández de Kirchner está pronta a culminar no solo un gobierno sino todo un ciclo político y económico, en el cual el oficialismo se jactó de haber impuesto un “modelo de crecimiento con inclusión social”. En realidad, se trató de un período donde la combinación de golpes al movimiento obrero con la devaluación y condiciones internacionales favorables permitieron una relativamente rápida salida de la crisis del 2001-2002. El kirchnerismo adoptó una serie de medidas pragmáticas que podríamos sintetizar con el término “neodesarrolismo”. Los subsidios muy generosos para sectores de la burguesía “nacional” no fueron contradictorios con medidas (y también todo tipo de subsidios) a favor de las multinacionales que operan en el país y que agrupan a más de 300 de las principales 500 empresas, representando el 80 % del valor agregado generado por ese universo empresario. Por ello no extraña que tras doce años de gobiernos “nacionales y populares” no se haya alterado el poder económico configurado entre la dictadura y el menemismo y que la mejora de los índices sociales respecto de los niveles de 2002 apenas haya alcanzado los promedios de la década del noventa.

Hoy las coordenadas internacionales que permitieron ese ciclo están en pleno cambio. Las políticas de expansión monetaria de la Reserva Federal norteamericana están congeladas, mientras se debate aumentar o no la tasa de interés, lo que acelera la caída de los precios de las materias primas. En China la sobreacumulación y la burbuja bursátil y financiera abrieron paso a una crisis de efectos impredecibles, que ya dio lugar a una depreciación del yuan frente al dólar. Y Brasil, destino de la mayor parte de las exportaciones industriales, se encuentra en recesión y devalúa su moneda al ritmo de la salida de capitales. Del “viento de cola” al “viento de frente”. Durante los tres mandatos kirchneristas lo que algunos han denominado el “consenso de las commodities”, basado en la exportación de bienes primarios en gran escala, y que fue común al conjunto de América latina, se expresó ante todo en la “sojización” de la producción agraria. En los últimos veinte años la producción de cereales y oleaginosas aumentó de 40 a 115 millones de toneladas, con la soja ocupando un 50 % del total de lo producido. Entre 2003 y 2014 los precios de las manufacturas de origen agropecuario crecieron un 145 % mientras los productos primarios lo hicieron un 105 %. Lo cierto es que ese tiempo parece haber llegado a su fin. Hoy los recursos obtenidos por las exportaciones de materias primas están cayendo en toda América del Sur. El poder económico de cada país (donde domina el capital extranjero junto a sectores subordinados de las burguesías locales) exige “ajustes” sobre los bolsillos de los trabajadores y el pueblo, que están ya aplicando los gobiernos que se pretenden “pos neoliberales”, del “socialista del siglo XXI” Maduro a la petista Dilma Rousseff. Sobre esta situación tratan de levantar cabeza las derechas más tradicionales y las “nuevas derechas” del sub continente, que no tienen nada distinto para ofrecer que la profundización de los ajustes “nacionales y populares”.

En nuestro país la economía está virtualmente estancada desde hace cuatros años. El “enfriamiento” económico, que comenzó antes de la caída de los precios de las materias primas, fue en parte sostenido desde el gobierno como forma de contener la baja del superávit comercial, a partir de que la llamada “restricción externa” (la escasez de dólares en relación a los necesitados para las importaciones) hizo su entrada nuevamente en escena. De esta manera se bajó el déficit del intercambio industrial, por ejemplo, en la industria automotriz, que pasó de poco más de U$S 8.000 millones en 2013 a U$S 6.500 millones en 2014. La inflación se mantiene en torno al 30-35 % anual. Crece el déficit fiscal y el superávit comercial solo se mantiene en base a la administración de las importaciones a las que hicimos referencia. En un contexto de devaluación de varias monedas, entre otras, el real brasilero, las presiones devaluatorias son cada vez mayores por parte de los sectores dominantes de la burguesía. Esto es algo que se preparan para hacer tanto Scioli como Macri o Massa si llegan al gobierno, como parte de un “ajuste” que solo por la campaña electoral presidencial no llaman por su nombre. Entre ellos la principal diferencia puede estar en los ritmos graduales o de shock, lo que dependerá también del ritmo con el que se siga deteriorando la situación mundial. Sueñan que un arreglo con los “fondos buitre” les facilite un nuevo ciclo de endeudamiento externo, algo que el kirchnerismo comenzó después de octubre de 2013 –cuando acordó con el Club de París, pagó a las empresas con juicios en el CIADI y le dio a Repsol una indemnización que será de 6 mil millones de dólares, pero que exigió una emisión de bonos que totalizará 11.000 millones de dólares– pero que no pudo llevar más a fondo debido al fallo del juez Thomas Griesa favorable a los “fondos buitre” que no entraron en el canje de la deuda argentina.

Este libro de Esteban Mercatante muestra la distancia existente entre lo que constituye el relato oficial del “modelo” y su contrastación con la realidad. A lo largo de sus ocho capítulos, el autor realiza una suerte de proceso de disecación del “modelo” en cada uno de sus puntos centrales. Al contrario de mucha de la literatura que se publica en estos días cuestionando al kirchnerismo desde la derecha, este trabajo muestra los límites insalvables del “neodesarrollismo K” desde el punto de vista de la clase trabajadora, desde una perspectiva marxista. Es a la vez un trabajo riguroso y militante, una “crítica de la economía política” del kirchnerismo, que busca dar herramientas a la clase obrera para las luchas que se vienen.

Los economistas kirchneristas, incluyendo el actual ministro de Economía Axel Kicillof, hicieron gala de una posición “heterodoxa” supuestamente enfrentada a la “ortodoxia” que expresarían los neoliberales. Alfredo Zaiat, defensor de las políticas del ministro, explica cómo ve la diferencia entre ambas posiciones:

La gestión económica heterodoxa [que propondría el ministro Kicillof] es más compleja porque no ofrece un recetario único, sino que se enfrenta a los problemas concretos y aplica medidas específicas para acercarse al objetivo de la política económica, que el gobierno lo resume en crecimiento con inclusión social (…) La ortodoxia tiene una receta que aplica en épocas de auge o de recesión sin diferenciar situaciones: política fiscal y monetaria restrictiva (reducción del gasto público y tasa de interés alta), contención de las demandas salariales, disponer la banca central al servicio del sistema financiero y decretar la apertura irrestricta del mercado local a la producción importada, son algunos de sus principales pilares. Sacerdotes de la ortodoxia quedan alterados entonces cuando existe el planteo de transitar un camino diferente. La heterodoxia en la gestión utiliza las herramientas de política económica en forma flexible según los momentos del ciclo económico [1].

Como puede verse, si la “ortodoxia” expresara fielmente los planteos del neoliberalismo, la “heterodoxia” no constituye ningún cuerpo teórico con sustento. Es en realidad un nombre elegante dado al pragmatismo. De ahí que no pueda extrañar que los “heterodoxos” frecuentemente terminen tomando las mismas medidas que plantean los “ortodoxos”. Un ejemplo este año fueron los argumentos para justificar el tope del 27 % buscado por el gobierno para las negociaciones paritarias (que fue quebrado en luchas importantes como la de los Aceiteros de Santa Fe), donde las usinas mediáticas del oficialismo repitieron el planteo clásico de la patronal para mantener o incrementar su ganancia: había que poner límite al aumento salarial para que no se dispare la inflación, cuando en los hechos los incrementos conseguidos en las paritarias buscan recuperar lo perdido frente al crecimiento de los precios. Otro ejemplo: la apuesta al enfriamiento económico para bajar la necesidad de importaciones.

Los “heterodoxos” nos han dejado a su vez una “elaborada” defensa para cobrar a los asalariados bajo convenio el Impuesto a las Ganancias en su Cuarta categoría. Para un gobierno que no cobra gravamen por la renta financiera y que permite que las mineras multinacionales hagan lo que quieran con los recursos que obtienen, es verdaderamente cínico que justifiquen por qué una parte importante de la clase obrera deba estar afectada por este impuesto (se calcula que alrededor de un 11 %). Según el gobierno los trabajadores que más ganan deben ser “solidarios” con quienes tienen que ser asistidos con planes sociales. Algo similar a lo esgrimido para no pagar el 82 % móvil a los jubilados y pensionados. ¿Y las ganancias de los empresarios que se la “llevaron en pala” (Cristina dixit)? Bien gracias. Así, se ha modificado el planteo tradicional del discurso reformista del propio peronismo. Antes hablaban de una redistribución entre el capital y el trabajo. Pero como afectar los intereses del capital es algo que no están dispuestos a discutir, los kirchneristas sostienen ahora que la “redistribución” debe darse al interior mismo de la clase trabajadora… Todo un hallazgo.

Esta supuesta “heterodoxia” que se distinguiría frente a la ortodoxia por sus objetivos de política económica (“crecimiento, empleo, industrialización, inclusión social” [2]), como se demuestra a lo largo de este libro, mantuvo la continuidad de la estructura económica dependiente y de la expoliación imperialista y dejó intacto gran parte del andamiaje impuesto por la clase dominante en los noventa. Incluso a partir de 2011 favoreció el freno a la economía para administrar una escasez de dólares que surgió de todo lo que, gracias a la política gubernamental, supieron desfalcar los acreedores internacionales, las empresas extranjeras y la burguesía nacional, entre fuga de capitales y giro de dividendos. En estas condiciones, para decirlo en sus propios términos, la economía se estancó, se frenó la creación de empleo, empezó el deterioro del salario, cayó la producción industrial y retrocedió la “inclusión social”.

En América latina venimos de un período donde una vez más hemos constatado que las burguesías nacionales y sus representantes políticos de ninguna manera pueden sacar a nuestra región del atraso y la dependencia. Es una tarea que por entero corresponde a la clase obrera, que para llevarla adelante debe conquistar su independencia política para poder acaudillar al conjunto de las masas explotadas y avanzar hacia un gobierno de trabajadores que “expropie a los expropiadores”, al puñado de monopolios, banqueros y terratenientes que nos dominan. Desde el PTS y el Frente de Izquierda luchamos por esta perspectiva.



[1] Alfredo Zaiat, Amenazados. El miedo en la economía, Buenos Aires, Planeta, 2015, p. 303.
[2] Ídem.

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