Patria Grande, ilusiones chicas

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EDUARDO CASTILLA

Número 33, septiembre 2016.

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América latina es, de manera recurrente, objeto de estudio para propios y extraños. Durante la década que pasó, el centro del análisis estuvo puesto en el devenir de los gobiernos posneoliberales, que venían a mostrar –según parte de la corriente de pensamiento predominante– la realidad de una izquierda posible al frente del Estado, en los marcos del avance neoliberal.

La situación hoy parece encausarse en el sentido contrario. La prioridad está puesta en intentar desentrañar los motivos que llevan al retroceso de esos mismos procesos políticos. Bajo el nada metafórico título de ¿Por qué retrocede la izquierda?1, la editorial Capital Intelectual presenta una compilación que propone aportar en ese debate. José Natanson y Martín Rodríguez, como parte de una serie nominada La Media Distancia, presentan la pregunta que da título al libro como “abierta e inquieta”, pero “no apocalíptica”.

La compilación presenta además tres extensos artículos de Marcelo Leiras, Andrés Malamud y Pablo Stefanoni2. Cada uno, desde su perspectiva, buscará responder por el ascenso, la continuidad y la crisis actual de los proyectos políticos que marcaron la realidad latinoamericana –e internacional– por más de una década.

El trabajo, en su conjunto, constituye un aporte valorable para entender la dinámica de esos gobiernos, sus raíces económicas y sociales, así como las bases políticas y culturales sobre las que se asentaron.

Si bien marcaremos los que a nuestro entender constituyen determinados límites en cada análisis, nos parece necesario señalar al trabajo como una fuente recomendable para entender en profundidad la América latina de los últimos años.

Fuente alejada, añadamos, de toda apología acrítica –muy común en gran parte de la intelectualidad latinoamericana afín a estos procesos– como también de la denostación sin más fundamento que un republicanismo vacuo. Como dirá Juan Gabriel Tokatlian en la presentación de la compilación, los autores “no abusan, como hacen tantos académicos, comunicadores y políticos, del término ‘populismo’” (13). Esto es ya una definición que permite mensurar la importancia del aporte.

 

La experiencia política en el centro del análisis

Tanto Leiras como Malamud trazarán sus artículos a partir de un análisis de determinaciones económicas estructurales que marcaron el conjunto del ciclo para el subcontinente. El primero de ellos se centrará en las políticas de los gobiernos de izquierda y en la ligazón estrecha entre las mismas y las expectativas de sectores de masas. Afirmará Leiras que

…la interpretación que presento explica por qué los gobiernos de izquierda fueron electos (…) a partir del rechazo a los resultados de las políticas de desregulación y privatización. Pudieron adoptar políticas de izquierda porque las economías crecieron y la situación de las cuentas públicas era más holgada. Adoptaron políticas macroeconómicas más o menos sensibles a las restricciones de mediano plazo de acuerdo a la solidez del conjunto de organizaciones que los respaldó (36).

En ese marco, dará particular importancia a la reducción de la desocupación, indicando que

…el ritmo de reducción del desempleo en los países gobernados por la izquierda es muy llamativo y, desde mi punto de vista, constituye uno de los datos más importantes para entender tanto el origen como la evolución futura de los sectores que llevaron adelante o apoyaron a estos gobiernos (29).

Sin embargo, a nuestro entender, la lectura parcializa las formas del rechazo a los planes neoliberales. El cuestionamiento a la política de ajuste que había empujado a la desocupación y pobreza masivas tuvo lugar no solo en las urnas. Los triunfos electorales de los gobiernos posneoliberales estuvieron estrechamente relacionados a las rebeliones de masas que surcaron al subcontinente en los últimos años del siglo pasado y los primeros de este.

Precisamente, lo que aparece con poco peso en el análisis de Leiras es la dimensión de la lucha de clases, así como las profundas convulsiones sociales que hundieron el esquema neoliberal. De allí que no haya mención al 2001 argentino –que derribó a De la Rúa– o a los levantamientos de 2003 y 2005 en Bolivia, que llevaron a las caídas de Sánchez de Losada y Carlos Mesa. En este último país, el ascenso electoral de Evo Morales –así como la profunda crisis que se expresó en el sistema de partidos– sería imposible de calibrar sin esos hechos de la lucha de clases.

 

La paternidad de la “voluntad política”

Después de tanto debate sobre progresismo y populismo, los padres de la voluntad política resultaron ser la soja y el petróleo. Pero la madre es China (55).

La frase que encabeza al apartado podría sintetizar las apreciaciones de Andrés Malamud. El reconocido politólogo centrará su texto en analizar una serie de claves estructurales que dan cuenta de los límites del relato de la izquierda latinoamericana. El autor consignará las convulsiones políticas que marcaron al subcontinente, indicando que

…entre 1985 y 2005 (…) varios presidentes habían visto sus mandatos interrumpidos (…) todas las caídas tuvieron un componente extra-institucional: la movilización popular, que generalmente tuvo lugar en las calles de la ciudad capital (52).

Planteará además –y en parte contradiciendo lo antes señalado– que

…si no hay elementos objetivos incontestables ¿qué es lo que define la ubicación ideológica de un líder o partido? La respuesta solo puede ser una: la intersubjetividad (…) en América Latina la izquierda es lo que los presidentes dicen que es de izquierda (50).

Sin embargo, este reconocimiento intersubjetivo nunca se extendió, por ejemplo, a Álvaro Uribe o Alejandro Toledo. Precisamente porque –en gran parte– esa “comunidad de izquierda” estuvo determinada por los resultados de los procesos de lucha de clases y las crisis políticas estatales. Como norma general, allí donde esas tensiones adquirieron mayor profundidad, fue donde el discurso de izquierda fue ensayado con mayor tesón.

Sin embargo, como correctamente señala Malamud, la apreciación de las tendencias globales que marcaron la región se vuelve un dato imperioso. Dirá el autor que

…durante algunos periodos, la periferia supo beneficiarse de su condición de proveedora de alimentos y energía (…) China hubo para todos: también gobiernos no izquierdistas, como el de Perú, se beneficiaron de su ascenso. Fue fortuito que, al iniciarse la década mágica, la mayor parte de los países latinoamericanos estuvieran liderados por fuerza de izquierda. Será preciso agradecerle al ajuste neoliberal de los noventa por haber creado las condiciones para que la izquierda estuviera en el sitio correcto en el momento oportuno (55-56).

Creemos, sin embargo, que el “agradecimiento” debería estar direccionado hacia la resistencia obrera y popular, que golpeó duramente a los gobiernos que aplicaron esas políticas de ajuste, derribando de hecho la factibilidad social del esquema neoliberal.

Entre otros limitantes estructurales, Malamud señalará el peso de la reprimarización productiva y la fragmentación regional. Sobre esta última dirá que es

…el más contraintuitivo, y a la vez, más evidente, resultado de la década en que predominaron los gobiernos de izquierda. Es contraintuitivo porque el discurso fue siempre explícitamente integracionista. Y es evidente por la proliferación de bloques regionales (66).

Esa fragmentación atiende a causas estructurales. Malamud marcará que

…los países latinoamericanos (…) realizan entre sí menos del 20 % de su comercio internacional. Por comparación, ese indicador es del 66 % en Europa y del 50 % en América del Norte. La razón es que los polos gravitacionales son potencias extra-regionales: para América latina, el Caribe y México, la mayor parte del comercio, inversiones, turismo y remesas proviene de Estados Unidos, mientras que para América del Sur la atracción de China es cada vez más evidente (…) las fuerzas centrífugas producidas por los gigantes mundiales desgarran a América latina más de lo que la voluntad política cohesiona (76).

 

La (im)potencia del relato

Pablo Stefanoni se centrará en la dicotomía entre lo que define como “potentes relatos” y los límites reales de las trasformaciones ocurridas.

Partiendo de una doble determinación por las derrotas del ascenso revolucionario de los años ‘70, y lo que define como fracaso del “socialismo real”, afirmará que

…tanto las vías revolucionarias como las reformistas parecen hoy insuficientes para canalizar cambios profundos en el sistema capitalista (…) En este marco, en América latina emergió una suerte de nueva izquierda que, sobre todo en el marco de la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA), amalgamó prácticas reformistas con discurso revolucionario, en combinaciones variables que mostraron una gran capacidad para generar potentes relatos político-sociales pero también se enfrentaron a una serie de problemas vinculados con el ejercicio del poder que derivó de esa ambigüedad constitutiva (…) entre democracia y revolución (82).

El autor –que centrará su análisis en Venezuela, Bolivia y Ecuador– centralmente explicará el retroceso de esos gobiernos como resultado de dos tensiones socio-políticas irresueltas.

La primera es la persistencia de “un cierto republicanismo desde abajo” (96) que estuvo en la base de la impugnación a los mecanismos de reelección-relegitimación cuasi permanentes que desarrollaron figuras como Chávez y Evo Morales.

El segundo factor es lo que parece ser un exceso de “radicalidad” en el discurso del proyecto político del socialismo del siglo XXI. Dirá Stefanoni que

…la discursividad del conflicto permanente –y la construcción de historias nacionales maniqueas– comenzaron a generar rechazo en sectores más amplios que las élites que ya habían rechazado el giro a la izquierda desde el comienzo, e incidieron en el clima político que habilitó varios de los traspiés en las urnas (99).

El autor adjudicará eso a la “perdurabilidad de culturas políticas ‘pasadas de moda’ que) se vincula posiblemente con la dificultad que encuentra la renovación teórico-política de la izquierda” (99-100).

La definición suena un tanto forzada como causa explicativa de estos retrocesos. Al mismo tiempo cuestiona la enunciación sobre “potentes relatos” realizada inicialmente.

Precisamente un aspecto que el autor tiende a menoscabar es el hecho de que parte no menor de los sectores que constituyeron la base social de esos procesos migró, en los últimos años, hacia el apoyo electoral a la oposición de derecha o hacia el escepticismo político, algo que quedó evidenciado en los resultados de determinados test electorales.

La explicación a esta decepción no puede buscarse solo en el orden de los discursos. Por el contrario, la pérdida de legitimidad de esa discursividad disruptiva fue acompañada por la progresiva degradación de las condiciones de vida de amplias capas de las masas. Y esto encuentra su raíz en el hecho de que, con el cambio de las variables económicas internacionales, esos mismos gobiernos avanzaron en medidas de ajuste sobre la población trabajadora.

 

Un debate en curso

La pregunta por el retroceso de la izquierda implica una definición del carácter de la misma, de su programa y su estrategia. Esto es puesto en debate por los mismos autores.

En el final de su artículo, Marcelo Leiras afirmará:

Uso “izquierda” en los sentidos en que la estuve usando en este texto y suena débil, hueca, decolorada, como parece subrayar irónicamente la denominación de “izquierda rosa” que Pablo Stefanoni cita (…) como caracterización de los gobiernos designa algo más modesto: ser de izquierda es reconocer abiertamente el objetivo de reducir la desigualdad y adoptar medidas para alcanzarlo (43).

Así, el ideario de izquierda contrapondrá la reducción de la desigualdad al objetivo de la emancipación social como proyecto realizable. El único horizonte posible –luego del ciclo neoliberal– parece haber sido entonces el de aprovechar determinadas condiciones de la economía internacional para atenuar el nivel de desigualdad social heredado del período anterior. En un sentido similar, Malamud dirá que

…se tornó frecuente la exaltación de la voluntad política como combustible para construir la unidad latinoamericana. Se desentienden así las enseñanzas tanto de Marx como de Gramsci, el condicionamiento de la estructura y la correlación de fuerzas. La integración requiere condiciones materiales para la complementariedad de las economías y, además, sujetos sociales capaces de llevar adelante las transformaciones requeridas (77).

Ante esa ausencia, el sujeto social postulado en el discurso de los gobiernos posneoliberales fue el Estado. Así parecen confirmarlo en el inicio del libro Martin Rodríguez y José Natanson, al señalar sobre estos mismos procesos que

…lo que han empoderado no es tanto a las sociedades sino al mismo Estado. Y esta quizá es también otra clave: el volumen del Estado que han dejado atrás, más que el nivel de la organización en la sociedad. Estados que pagan más jubilaciones, que asumen más “gasto social”, que controlan a través de empresas públicas o mixtas la producción y comercialización de la energía, que regulan más las relaciones entre capital y trabajo (11).

Sin embargo, a pesar del relato de empoderamiento popular, el Estado no abandonó en estos años su carácter de clase, vale afirmar, burgués. Mientras los altos precios de los commodities y el rol de China en la economía mundial se sostuvieron, estos gobiernos aplicaron medidas moderadamente redistributivas. Pero cuando las condiciones de la economía internacional variaron, la política de los mismos giró hacia el ajuste, en aras de las necesidades del gran capital.

Sirve de ejemplo lo ocurrido en Brasil, donde el mismo gobierno del PT, luego de la reelección de Dilma Rousseff, inició el ataque sobre las condiciones de vida de las masas. Para el gran capital, esas medidas resultaron insuficientes. He allí la génesis del reciente golpe institucional.

Oteando el panorama argentino, en enero de 2014, el entonces ministro de Economía Axel Kicillof impulsó una devaluación de la moneda y de los salarios que alcanzaría un porcentaje del 40 %. Esa medida, que tuvo por objetivo recomponer las ganancias de sectores capitalistas, terminó golpeando sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora.

La pregunta por el retroceso de esta izquierda que administró el Estado burgués remite a los límites histórico de la clase capitalista en los países semicoloniales.

El desgarramiento actual de la “Patria Grande” viene a confirmar la hipótesis estratégica –planteada históricamente por el trotskismo– sobre el carácter dependiente de las burguesías latinoamericanas. Es decir, de su incapacidad para generar un proyecto independiente en relación a las grandes potencias de la economía internacional. Precisamente por ello, la perspectiva de una integración duradera en los marcos del reinado del capital aparece como irreal.

La historia otorgó a América latina una década de condiciones excepcionales, que hizo posible la ilusión de un reformismo burgués duradero. Pero las ilusiones, tarde o temprano, chocan con la realidad.

 

  1. Leiras, Marcelo; Malamud, Andrés; Stefanoni, Pablo, ¿Por qué retrocede la izquierda?, prólogo de Juan Gabriel Toklatian, Bs. As., Capital Intelectual, 2016. Las referencias a las páginas se harán entre paréntesis.
  2. Leiras es investigador independiente del Conicet y profesor asociado de la Universidad de San Andrés; Malamud es investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa; Stefanoni es Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires y jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad.

1 comment

  1. Guillermo Rovelli 30 septiembre, 2016 at 22:31 Responder

    Muy bien dicho: La historia otorgó a Am´´erica Latina una década de condiciones excepcionales, que hizo posible la ilusión de un reformismo burgués duradero. En esta “nueva izquierda” tuvo mucho que ver el stalinismo, en su su versión nacionalista de la América grande de Repúblicas burguesas. . La concepción socialdemócrata stalina del mundo y sus formas mágicas que lejos de ser científicas recitan una teología, con su Dios, sus biblias, sus profetas, santos y mártires. Tal como lo hicieran en su Rusia natal llamaban al renunciamiento del hoy, o de la vida, en pos de un futuro ideal prometido. Y aún dónde decía haberse concretizado (Cuba, Venezuela por eje) reclamaba el sacrificio en la industrialización o producción en aras de las generaciones futuras.
    El estatismo anquilosado de este subcontinente, más comprometido con el consumo estatal, no supo reaccionar ante la crisis capitalista mundial y cayó o adoptó las recetas del rival. Reconvertir, racionalizar, bajar el costo de los productos con el ahorro del trabajo y bienestar humanos- también incluyendo nuevas tecnología- , en la más plena onda capitalista(Kicillof). Aunque también era lógica del capital, el anterior consumismo y políticas estabilizadoras heredadas de Keynes para favorecer a los Bancos y a la primarización de la economía. Ante la dura competencia mercantil, todos se orientaron hacia el neo liberalismo
    ¿Que es análogo entre los países stalinistas, la socialdemocracia y los movimientos nacional-populares, sino sus diversos grados de estatismo? Ante la crisis todos dejan el lugar al liberalismo, aunque algunos renuncian a su adscripción ideológica, para conservar el poder (Castro, Syriza, Lula, Mujica)

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