Memorias de un joven norteamericano en Turín

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Entrevista a JEFF GOULD

Por PAULA VARELA

Politóloga, docente UBA.

Número 42, abril-mayo 2018.

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Jeff Gould es Profesor de Historia en la Universidad de Indiana. Especialista en Centroamérica, ha transitado el poco frecuente camino que relaciona la vida académica con el activismo social. Fue parte de la toma de la Universidad de Columbia en 1968, testigo activo de los efectos del Otoño Caliente en Turín, y participó, luego, del julio del ‘79 en Nicaragua. “Lo que yo puedo contar de Turín son memorias, algo así como memorias de un gringo en Turín”.

De Columbia al corazón industrial italiano

IdZ: ¿Cuándo llegás a Turín?

Yo tenía 21 años, llegué a Turín a comienzos del ‘71 atraído por la idea de investigar algo sobre Gramsci. Había tomado un curso en la universidad sobre él, entonces les propuse pasar un tiempo investigando en el instituto Gobetti [1] en Turín. Pero llegué ahí e inmediatamente abandoné esa idea porque me topé con un ambiente que realmente me impresionó muchísimo. Había llegado ya con cierta experiencia en la Nueva Izquierda norteamericana, en la organización más fuerte en ese momento, la Students for a Democratic Society, que se había desmoronado. También había estado relacionado con las Panteras Negras, que estaban en pleno declive, en buena medida por la represión estatal pero también por sus propios problemas de la organización. Entonces, para mí era un momento de gran decepción. Y llegué a Turín cuando todavía existía una gran efervescencia, no de la magnitud del Otoño Caliente del ‘69, pero muy fuerte de todas formas. Y, de alguna manera, logré articularme con todo eso. Pasé un par de semanas tratando de familiarizarme con el idioma que en esa época no me costaba mucho así que al poco tiempo pude conversar con gente. Y me metí con un grupo que se llamaba Colletivo Comunicazione Rivoluzionaria, que estaba tratando de hacer vínculos entre el movimiento obrero en Turín y los movimientos obreros franceses, españoles y norteamericanos. Y lo hacía a través del periodismo, entonces mi tarea era traducir artículos del francés (porque francés sí dominaba), del inglés, y leer las revistas que venían de la izquierda en EE. UU. y Francia, y traducirlas. El Colletivo estaba al servicio del movimiento obrero radical. Y también me daba la posibilidad de servir como reportero y eso me permitió tener entrada a ciertos círculos obreros y de la izquierda. Así comencé a tener relaciones con obreros de la FIAT y pasaba mucho tiempo frente a la fábrica, donde estaban los estudiantes, repartiendo volantes, panfletos. Entonces, poco a poco estaba metido, no en el sentido de pertenecer a una organización, pero metido en el ambiente. Había una expresión en italiano que siempre me llamó la atención, que era “cane sciolto”, perro suelto, que era básicamente para decir que uno era un compañero pero sin ningún partido, ninguna organización. Yo era un cane sciolto. Diría que eso tuvo el impacto político más fuerte en mi vida, en cuanto a formación política. Porque también me dio, hasta cierto punto, una confirmación de ideas que tenía previamente. Había empezado a leer a C.R.L James [2] y Raya Dunayevskaya, pero también a los consejistas como Pannekoek (Anton), Kark Korsch, Paul Mattick, que había tratado de tener influencia en Estados Unidos. Y lo que estaba viendo en Turín era como una confirmación de que todo eso no era una locura. En el trasfondo de mi cerebro muy joven, pensé: “pucha, esto es como lo que estaba leyendo”.

Gramsci y Bordiga en las cantinas obreras

IdZ: En un artículo tuyo sobre 1968 en América Latina [3], retomás la lectura que hace Kristin Ross [4] sobre la lucha por la igualdad como reclamo de abolición de la división manual-intelectual, que se expresó en las tendencias a la unidad entre los estudiantes universitarios y los trabajadores. Retomás esa idea, en debate con otras interpretaciones del ‘68 que resaltan la “superficialidad” del movimiento y de sus objetivos, para decir que hay un ethos de solidaridad que se basa en ese reclamo revolucionario. ¿Cómo aparece ese ethos en la Turín pos Otoño Caliente?

Yo llegué un poco tarde porque el movimiento estudiantil, que tenía mucha fuerza en Italia y en la Universidad de Turín, ya había decaído. Sin embargo, lo que existía eran las secuelas del Otoño Caliente que eran todos los activistas de ese movimiento estudiantil que estaban tratando de relacionarse con el movimiento obrero. Y, en esa tarea, tenían mucho más éxito que buena parte de sus compañeros en distintas partes de América Latina y en Estados Unidos, entre otras cosas porque había una organización que era fuerte en Turín que era Lotta Continua [5]. Lotta Continua estaba conformada por estudiantes y obreros. Para que los lectores tomen noción, Turín era la ciudad más importante para la FIAT, la fábrica principal tenía más de 50.000 obreros, era gigantesca, en el resto de la ciudad había otras fábricas de la FIAT o relacionadas con la FIAT. Entonces, era una ciudad totalmente obrera. Me acuerdo de un chiste revelador que me contaron los obreros de FIAT que expresaba las propias tensiones de la relación entre los estudiantes y los obreros: había un obrero que en todas las reuniones, empezaba su discurso diciendo: “yo sí que sé lo que es la lucha de la clase obrera, miren mis manos”, y mostraba sus manos llenas de callos. El chiste era que esa escena se repetía tantas veces que al final, las manos del obrero ya no tenían callos. Pero también estaba la otra parte de la relación con los estudiantes. Me acuerdo de ciertas discusiones en cantinas entre obreros de la FIAT que eran increíbles: ellos analizaban el debate ideológico entre Gramsci y Bordiga. Pero vinculaban esa discusión a otra que tenía que ver con la realidad inmediata, que era el tema del desarrollo de los consejos obreros. Porque como fruto del Otoño Caliente, además de muchos logros sindicales, también había surgido un movimiento de Comisiones de Base [6] en las que se elegían delegados. Entonces, al menos como yo lo entendía, las discusiones en las cantinas sobre Gramsci y Bordiga tenían que ver con esta nueva forma de consejos que había surgido y qué posición había que adoptar ante ellos. Porque había distintas posiciones acerca de si los consejos eran una forma de mediatizar el movimiento revolucionario y terminar fortaleciendo a los sindicatos bajo la dirección reformista del Partido Comunista Italiano (PCI), o no; porque por otra parte, los consejos habían sido producto del propio movimiento y eran una conquista. Ese era el nivel de discusión entre obreros de la FIAT y eso es indisociable de la relación con los estudiantes universitarios. Fue en ese momento que encontré algo de lo cual nunca he podido encontrar documentación posteriormente (a pesar de cierta búsqueda): se llamaba Movimento Operario Autonomo y era un movimiento de base de la FIAT, exclusivamente obrero (en el que no participaban estudiantes), con democracia directa, que fue algo que realmente me impactó porque era algo así como el operaísmo al extremo, pero a la vez, era una búsqueda de una nueva noción de autonomía que ya no era solamente autonomía respecto de los partidos reformistas como el PCI o de los sindicatos (dirigidos por el PCI), sino autonomía de la izquierda antiparlamentaria también. Si bien podían, por supuesto, participar los militantes de los partidos, las decisiones se tomaban en tanto colectivo de la clase obrera, para lo cual retomaban la frase clásica de Marx: “la emancipación tiene que ser obra de los trabajadores mismos”. Ojo que este movimiento no tiene nada que ver con Autonomía Operaria que fue el desprendimiento de Potere Operario, a partir del cual Toni Negri se hace conocido como intelectual. Porque Autonomía Operaria tenía una noción de autonomía que fue deslizándose cada vez más hacia la idea de entender toda lucha social como lucha de la clase obrera. Poco a poco fue distanciándose de la noción original y terminó, ya hacia fines de los ‘70, en comprender esa misma autonomía como la necesidad de una organización armada (con todas sus consecuencias), y ya no tenía nada que ver con la autonomía obrera original. No, este movimiento de base de la FIAT, estaba dirigido al control obrero. En esas reuniones se retomaba algo que había sido clave en el Otoño Caliente que era la lucha contra las divisiones al interior de la fábrica impuestas por las empresas entre obreros calificados, obreros semi-calificados y obreros descalificados. Todas esas distinciones las querían abolir y luchar por salarios iguales para todos, lo que significaba un reto completo a todo el sistema fabril. Y los obreros eran bien conscientes de eso. En esas reuniones de base, que eran de varios centenares de obreros, se planeaban absolutamente todas las tácticas, tenían planeado hasta el detalle más mínimo: “primero se para aquí, luego se para tal otro sector de la planta, después se hace tal manifestación aquí”. O sea, ejercían un nivel de control y planificación impresionantes. Un poder dentro de la fábrica que estaba dirigido al control obrero como un paso preliminar a la revolución proletaria. Lo que ellos creían, era que en base a su propia organización en la fábrica, iban a poder poco a poco difundir ese mensaje al resto de la clase obrera y ese era su objetivo. Tenían una visión nacional e incluso internacional, pero empezando por la fábrica. Claro que este movimiento tuvo una limitación que era que estaba circunscripto a la clase obrera industrial, a la fábrica, y en ese momento, la clase obrera industrial era el 30 % de la población económicamente activa en Italia. O sea, había una tensión entre las demandas estrictamente fabriles y lo que pasaba afuera. Por ejemplo, una de las luchas más importantes fuera de la fábrica era, en ese mismo momento, las relacionadas con el problema de la vivienda, que era muy importante porque había una gran inmigración del sur al norte y no había donde vivir.

Entre los fascistas y la represión estatal

IdZ: En tu artículo vos diferencias el nivel de represión que sufrieron los grupos de izquierda en Latinoamérica, con el nivel de represión en Europa y Estados Unidos. ¿Cómo situás a Italia en ese mapa?

Cuando yo estaba ahí había dos clases de violencias, por un lado, cierta lucha callejera entre los carabineros y los obreros, estudiantes y la izquierda, pero no era lo que primaba en ese momento. No primaba una represión directa a los grupos militantes. Pero lo que sí había era una presencia facista o neofacista, si querés. Había organizaciones facistas y me acuerdo que lo que hacían era que, cuando encontraban un compañero caminando por la calle, le gritaban “compagno!” (¡camarada!), y si alguien se daba vuelta respondiendo al llamado, le daban una golpiza, no lo mataban pero ha habido palizas muy fuertes que casi los mataban, ataques físicos brutales. Esa era la táctica en Turín, y lo llamativo era que podían hacer eso en forma casual. Por otro lado, estaba lo que llamaban La Strage di Stato, que se refería al atentado en Piazza Fontana al final del ‘69 que había inaugurado lo que llamaban la “estrategia de la tensión” [7] que era una estrategia contrainsurgente por parte del Estado. Para que los lectores entiendan: lo que sucedió en Piazza Fontana fue un  atentado en el que murieron 16 personas y el que hubo varios heridos, por el que culparon a la izquierda y a partir de lo cual se muere un militante anarquista en una situación dudosa: él estaba preso y cae por la ventana del edificio en el que estaba cautivo [8]. Ese hecho marcó un momento en el que la cosa era bien seria porque si un sector del Estado estaba dispuesto a matar a un montón de gente solo para poder culpar a la izquierda, es que la cosa se había puesto bien fuerte. Pero a nivel cotidiano no se experimentaba la represión como sucedía en América Latina, donde si vos pertenecías a X movimiento, vos sabías que en cualquier momento te mataban o te metían preso. Y eso era también muy favorable para el propio movimiento en Italia, porque podían respirar, hablar, y eso hacía que hubiera una comunicación tremenda, democrática entre los militantes.

Un relato masculino

IdZ: Hay una contradicción que llama la atención, contemporáneamente al Otoño Caliente italiano, se desarrolla el movimiento feminista en Italia9. Sin embargo, los relatos del ascenso obrero son profundamente masculinos…

Definitivamente. Hay un detalle: el movimiento obrero que va a protagonizar el ascenso es producto, en buena parte, de la migración interna del sur hacia el norte. Y ellos no venían como familia, era una migración no diría 100 % pero casi totalmente masculina. Eso es un hecho, el movimiento respondía a eso. Y hay una cosa que no dije antes pero es importante: el movimiento no tenía que lidiar solamente con las divisiones entre obreros y estudiantes, sino con las divisiones entre los propios obreros, entre esa clase obrera calificada y de origen piamontés, del norte, con sus propios orgullos y cultura, y en la que el PCI había calado, en parte, por su papel en la resistencia; y los “nuevos” obreros, del sur, que venían de otra cultura totalmente distinta. Recuerdo que hablando con ellos decían que “una diferencia entre aquí (Turín) y allá (el sur), es que aquí podía comer un sándwich de muzzarela y jamón, y allá comían un sándwich de cebolla”. Era una forma clara de marcar la larga distancia entre una cosa y la otra. Es decir, que en cuanto a identidad del movimiento, incluso las diferencias de cultura se jugaban en el ámbito de una identidad masculina. Sí había obreras que participaban, por ejemplo, en Lotta Continua, que tenía política para levantar demandas del movimiento feminista, pero era muy inicial. De hecho, si mal no recuerdo, Mariarosa Dalla Costa [10], fue militante de Lotta Continua en esa época. En la FIAT había mujeres y yo recuerdo de discusiones acerca de eso, no tanto con mujeres sino sobre mujeres, en el sentido de pensar qué estaba tratando de hacer la FIAT al incorporar mujeres, sobre si estaba tratando de dividir el movimiento, abaratar el salario, etc. Es decir, surgió como tema pero no en relación a las demandas de las mujeres obreras sino en relación a las consecuencias de su incorporación a la fábrica. Es interesante, porque el otro día estaba pensando que cuando yo participé de la toma de la Universidad de Columbia en abril del ‘68, me acuerdo que dentro del edificio ocupado empezó a gestarse, allí mismo, un movimiento feminista. Yo tenía 18 años, y era la primera vez que tenía contacto con eso y era una cosa como frontal porque las compañeras empezaron a crear un discurso allí mismo sobre cosas cotidianas, como la división de tareas en la toma, quién lava los platos, quién cocina, etc. Parecía chistoso pero era impactante porque yo nunca había pensado en esas cosas. Y en esa época yo estaba hablando con una mujer en la toma y la discusión era sobre si había música revolucionaria o no, entonces yo mencioné algo de los Rolling Stones porque había salido Street Fighting Man, y ella me mira y me dice: “vos sos misógino”. Y yo tuve que salir y buscar en el diccionario qué era eso porque no lo sabía. Fue todo un aprendizaje.

  1. Instituto Superiore Piero Gobetti Scnadiano.
  2. Para un perfil intelectual de C.L.R. James, puede consultarse Varela, Paula y Gastón Gutiérrez, “C.L.R. James (1901-1989). Más allá de las fronteras”, escrito junto a Gastón Gutiérrez, revista Archivos de Historia del Movimiento Obrero y la Izquierda, N°10, marzo 2017.
  3. Véase Gould, Jeff “Solidarity under Siege: The Latin American Left, 1968”, American Historical Review, Abril, 2009.
  4. Véase, Ross, Kristin May ‘68 and Its Afterlives, Chicago, Chicago Press, 2002.
  5. Lotta Continua fue, junto con Potere Operario, una de las dos organizaciones más importantes del obrerismo italiano. Fundada en pleno Otoño Caliente del ‘69, logró influencia en la FIAT de Turín. Para un recorrido por los acontecimientos previos y posteriores al Otoño Caliente italiano (desde 1962 a 1979) y la formación de distintos grupos de la llamada izquierda antiparlamentaria, véase el libro de Balestrini, Nanni y Moroni, Piero, La horda de oro, Madrid, Traficantes de Sueños, 2006.
  6. En la primavera de 1968 se fundan los primeros Comités Unitarios de Base (CUB), como expresión de la lucha contra la política colaboracionista de los sindicatos dirigidos por el PCI. Véase Balestrini y Morini, ob. cit.
  7. El periodo de la «estrategia de la tensión» suele situarse entre 1969 (atentado en el Banco de los agricultores de la Piazza Fontana en Milán, 16 muertos y 88 heridos, el 12 de diciembre) y 1974 (atentado en el tren Italicus en Emilia-Romagna, 12 muertos y 105 heridos el 4 de agosto). Véase, Balestrini y Morini, ob. cit.
  8. El 16 de diciembre de 1969, Pino Pinelli, militante anarquista, cae por la ventana del cuarto piso de la Jefatura de Policía de Milán. 9. En 1965 se funda en Italia el grupo feminista Demau y publica su manifiesto en 1966. Las mayor parte de las activistas feministas de la década del ‘70 en Italia fueron mujeres que participaron del ascenso del ‘68/’69, muchas de ellas de la Nueva Izquierda. Véase, Aruzza, Cinzia Dangerous Liaisons: the marriages and divorces of Marxism and Feminism, Resistence Books, IIRE, MERLIN PRESS, 2013.
  9. Feminista Italiana, autora, junto con Selma James, de The Power of Women and the Subversion of the Community, Falling Wall Press, 1972.

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