Memoria y balance de una década

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LECTURA CRÍTICA DE DOS VISIONES SOBRE EL CICLO KIRCHNERISTA

 

EDUARDO CASTILLA

Comité de redacción La Izquierda Diario.

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En los últimos años emergió una bibliografía que busca explicar al kirchnerismo, uno de los ciclos políticos más duraderos de la historia reciente. En esta nota damos cuenta, de manera crítica, de algunas de esas lecturas.

Tanto las visiones críticas como aquellas que reivindican al kirchnerismo tienden a abstraer determinados elementos del análisis, construyendo un balance sesgado. Si quienes escriben desde una matriz republicana o institucionalista subvalúan las contradicciones sociales que están en la génesis del período, quienes lo hacen desde el interior de ese movimiento sostienen una perspectiva mayormente acrítica que no pone en cuestión el carácter restaurador del conjunto del ciclo.

 

República e instituciones

Entre quienes privilegian un análisis desde los valores republicanos se encuentran, grosso modo, dos tendencias: quienes ven a las instituciones como entidades abstractas, ajenas al conflicto social y, por ende, rechazan los agravios del kirchnerismo contra las mismas; y quienes, tomando en cuenta la dinámica política del período, objetan el modo en que fue resuelta la crisis de las instituciones.

Dentro de la primera tendencia se puede ubicar al libro ¿Década ganada?1. Allí, atendiendo a dimensiones estandarizadas de la democracia, Carlos Gervasoni afirma que

 

… el rasgo más distintivo del régimen político nacional durante el kirchnerismo ha sido un retroceso preocupante pero no fatal de la democracia liberal (…) ese deterioro de las libertades no fue compensado por progresos en las demás dimensiones de la democracia, con la excepción de la mayoritaria (p. 55)2.

 

La definición busca ilustrar un gobierno que dirige el Estado mediante un sistema de premios y castigos, como el retaceo de pauta publicitaria oficial a medios opositores, los “escraches” realizados por cadena nacional o la limitación del envío de fondos a administraciones díscolas. En las conclusiones de su trabajo, afirman que

 

…la evaluación del kirchnerismo indica que el período no revirtió la situación de baja institucionalidad que caracteriza el funcionamiento del Estado y del sistema político argentino (p. 425).

 

Dentro de la segunda variante de esta tendencia se puede ubicar a Novaro, Bonvecchi y Cherny quienes, en Los límites de la voluntad3, señalan que el ciclo kirchnerista fue

 

…una época en que las oportunidades de reforma y consolidación económica e institucional abiertas en un principio resultaron primero relegadas y luego en gran medida frustradas (…) los avances, en un comienzo prometedores en términos de acceso a derechos civiles y sociales, fueron contrapesados por retrocesos en la calidad de la democracia y se volvieron cada vez más precarios y acotados (…) la reconstrucción de la autoridad presidencial derivó en la partidización extrema del Estado y en una vida moldeada por el faccionalismo y la polarización (pp. 13-14).

 

El 2001 y la crisis de las instituciones

El kirchnerismo llegó al poder en el marco de una profunda crisis orgánica4. El cuestionamiento masivo a las instituciones y la casta política dirigente devenían de la enorme crisis social y del proceso de movilización de masas que, en diciembre de 2001, derribó a De la Rúa.

La gestión de Néstor Kirchner, lejos de expresar la continuidad de ese proceso, actuó en pos de desactivar los elementos de autonomía existentes en sectores de masas. Su objetivo central fue la recreación de los vínculos entre “dirigentes y dirigidos”5, la restauración de la autoridad estatal, reconstruyendo el prestigio de la figura presidencial. Pero esta tarea requería mostrar una radical oposición a aquellas instituciones que amplias capas de la población identificaban con el hundimiento de sus condiciones de vida. De allí su disruptividad político-discursiva y el enfrentamiento con las “corporaciones”.

Novaro y Cía. sostienen que el kirchnerismo moldeó su retórica política mediante la impugnación a los “actores de un época en retirada” (p.15). Las modificaciones en la Corte Suprema menemista, la crítica a bancos y organismos de crédito internacional (FMI) y las tensiones con el duhaldismo, fungieron como hitos “fundacionales” de un discurso centrado en la ruptura con la década del ‘90. La polarización política se erigió como herramienta necesaria en esa construcción.

Desde el lugar conquistado por la figura presidencial, el kirchnerismo aportó a la reconstitución de la imagen de otras instituciones como, por ejemplo, la Corte Suprema y las FF. AA. Simultáneamente, aprovechando los ingentes recursos económicos, el Estado nacional actuó ampliamente sobre la economía.

Jugó así, mal que le pese a ciertos republicanos, un rol esencial en la restauración del prestigio de las instituciones. Es precisamente esto lo que permite que un intelectual kirchnerista como Eduardo Jozami, integrante de Carta Abierta, afirme que:

 

Si aceptáramos que el republicanismo no ha sido un tema del peronismo (…) de todos modos habrá que concluir que el gobierno de Néstor Kirchner hizo en 2003 el mayor aporte para el pleno funcionamiento de las instituciones, severamente afectado por el generalizado rechazo a la política y a sus protagonistas (…) no faltaría a la verdad quien afirmara que la república volvió con el kirchnerismo a partir de 20036.

 

La eternidad de las Corporaciones

El que la “guerra” contra las llamadas Corporaciones haya estado al servicio de la recuperación del régimen político capitalista, impone el límite principal a cada uno de esos enfrentamientos.

Norberto Galasso, enrolado en Carta Abierta, recorre la historia del período en Kirchnerismo, el proyecto que transformó el país7. Una lectura atenta permite discernir los límites de cada “gesta” enunciada: desde la prórroga de licencias de radio y televisión por diez años favorable a Clarín (p. 83) pasando por la asunción de Néstor Kirchner en la conducción del PJ (p. 178) hasta lo limitado de los intentos de reforma a la casta judicial (p. 316). El recorrido pone en evidencia el poder que aún conservan, tras doce años, varias de esas Corporaciones.

La relación entre kirchnerismo y peronismo aparece como un elemento nodal para el balance del período. Jozami escribe, sobre el momento actual, que

 

…si la presidenta mantiene altos niveles de aceptación social y un indiscutido liderazgo en su movimiento, ¿cómo explicar que impedida ella de ser nuevamente candidata quien aparece con las mejores posibilidades es un dirigente que siempre estuvo lejos de identificarse con las más profundas realizaciones del decenio que encabezaron Néstor y Cristina? La explicación solo puede encontrarse con una mirada más detenida sobre la actual integración del kirchnerismo (p. 237).

 

En la coalición oficial –continúa el autor– junto al kirchnerismo “duro” aparece un segundo bloque integrado por gobernadores, intendentes y la mayor parte de los dirigentes de la llamada CGT Balcarce, “la mayor parte de los espacios de poder” (p. 238). Esta conformación del oficialismo data del año 2005, abandono de la perspectiva de la transversalidad mediante. Jozami afirma que

 

…la decisión que entonces adoptó Néstor también contribuyó a limitar cualquier posibilidad de avanzar seriamente en la organización política del movimiento que había dado sustento al kirchnerismo (…) el PJ no podía ni deseaba hacerlo (pp. 240-241).

 

Así, caciques territoriales y dirigentes burocráticos, adoptando como propios algunos tópicos discursivos kirchneristas, conformaron parte de la coalición oficial. A cambio, el gobierno obvió los aspectos más reaccionarios de su proceder. Ilustrando ese pacto, Novaro y Cía. afirman que

 

…el kirchnerismo le proveyó al peronismo dos recursos esenciales para sobrevivir a la crisis del 2001. La legitimidad reconquistada por Kirchner para el ejercicio del poder presidencial le dio a su dirigencia la oportunidad de reciclarse (…) Los éxitos en la gestión kirchnerista le otorgaron luego a sus líderes provinciales y municipales la fuerza política y la asistencia financiera necesarias para mantenerse en el poder (p. 476).

 

La opción reciente de Cristina Fernández por la candidatura presidencial de Scioli viene a culminar ese giro hacia la integración con el peronismo tradicional. Jozami, que publicó su libro en mayo, afirma en el prólogo que si finalmente

 

…el gobernador de la provincia de Buenos Aires se consagra como candidato, no tardarán en acercarse muchos de los peronistas disidentes y el movimiento de Perón olvidará los arrebatos izquierdistas de Néstor y Cristina (p. 9).

 

Luego de la definición por Scioli, algunos de los intelectuales que lo denostaban hasta la víspera, en un acatamiento ciego a lo decidido por la “compañera jefa”, corrieron a apoyar al gobernador de Buenos Aires. Una evidencia más de la continuidad de esa vieja “corporación” llamada peronismo.

 

De legados y arraigos

Tras 12 años de gestión del Estado capitalista argentino, se impone la pregunta por su arraigo social y por la continuidad del kirchnerismo. En abril José Natanson escribía:

 

El kirchnerismo, independientemente del resultado de las elecciones de octubre, permanecerá como una cultura política (…) las grandes orientaciones políticas de la última década –intervencionismo estatal, políticas sociales, latinoamericanismo, derechos humanos– constituyen un núcleo de valores compartido por la mayoría de la sociedad8.

 

Este diagnóstico no es compartido por el arco republicano. Novaro y cía. afirman que

 

A pesar de sus ingentes esfuerzos en articular una cultura de Estado que combinara las ideas de la izquierda nacionalpopulista con la vocación de asistencia social peronista y la promoción y ampliación de derechos características de liberalismo progresista (…) el kirchnerismo no pudo arraigar en la sociedad (…) no logró dejar de ser un fenómeno más estatal que social y falló en conquistar la hegemonía que tan afanosamente buscó (p. 477).

 

Paradójicamente, Eduardo Jozami realiza un diagnóstico que se toca en parte, al sostener que

 

Se señala que no debe temerse una victoria opositora ni tampoco del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires puesto que las reformas del último decenio serían tan profundas y habrían logrado tanto consenso social como para que puedan ser consideradas irreversibles (…) no deberíamos subestimar las debilidades que hemos marcado en términos de implantación del kirchnerismo en la sociedad (p. 242).

 

Así lo conquistado corre “peligro” si se impone la candidatura de Scioli, algo que ya ha ocurrido. Esto hace poco consistente el discurso sobre la profundidad de las transformaciones realizadas.

 

Desplazamientos y continuidades

En julio de 1973 Héctor Cámpora era desplazado en pos de habilitar la elección presidencial de Juan Domingo Perón. Era el inicio de un tiempo de moderación y reacción política. 42 años después, Cristina Fernández imponía a Daniel Scioli como candidato único del Frente para la Victoria a las elecciones del 9 de agosto.

Toda analogía tiende a la extrapolación. Las circunstancias históricas difieren radicalmente. Pero en un punto adquieren semejanza. En ambos casos se trata de un viraje conservador digitado por quien ejerce el liderazgo peronista.

Por su naturaleza política, el kirchnerismo estaba obligado a la polarización discursiva con parte del andamiaje político-institucional de los años ‘90. Al convertirse en un mecanismo “eficiente” para conquistar simpatía política en amplias franjas de la población, mutó en una suerte de modus operandi permanente. Fue, además, el mecanismo que permitió prolongar en el tiempo su subordinación ante el peronismo tradicional, a pesar de importantes derrotas como la Resolución 1259 o en las elecciones legislativas de 2009 y 2013.

Luego de la derrota en esta última elección, ese proceso se daría por medio de una lenta y progresiva moderación, una vez que se cerraron las puertas a la re-reelección presidencial. En ese marco, el único camino para seguir ocupando lugares en el poder estatal o adquirir cargos legislativos fue un pacto con el mejor representante de la moderación: Daniel Scioli.

Lo limitado de la estrategia kirchnerista implicaba la imposibilidad de transformaciones profundas duraderas. Ni hacia la “normalización” de las instituciones –como exigían los institucionalistas– ni hacia una mutación progresiva, como era el deseo de los intelectuales afines.

Precisamente por ello, a 12 años de iniciado este ciclo político, las llamadas “Corporaciones” mantienen un enorme poder. La casta judicial, que recuperó prestigio con la renovación de la Corte Suprema en el primer kirchnerismo, mantiene intacto sus privilegios y su ligazón con el poder económico y los servicios de inteligencia. El constante bloqueo judicial de la Ley de Medios lo pone en evidencia.

Las fuerzas represivas, a pesar de juicios contra genocidas emblemáticos como Menéndez, albergan en su seno multitud de represores que actuaron durante la última dictadura militar. Al cierre de esta nota se conocía la renuncia de César Milani a la jefatura del Ejército. Se trata de solo uno de 50 generales y los más de 3.000 efectivos que continúan en funciones desde aquel período.

Tras la asunción de Jorge Bergoglio como Papa, el gobierno nacional selló un pacto con la Iglesia Católica. Pacto que se ha refirmado a cada momento, por ejemplo, a través de la negativa constante a legislar en favor del derecho al aborto.

La “cultura política” del kirchnerismo –al decir de Natanson– está edificada sobre la relación de fuerzas social heredada de las movilizaciones de diciembre de 2001 que derribaron a De la Rúa. Ese evento gravitó sobre las decisiones políticas del oficialismo y es, también, el límite para los intentos de “restauración”. Un límite que se expresa, entre otras cuestiones, en las luchas de sectores obreros, en las movilizaciones masivas contra la violencia hacia la mujer o en el creciente peso de la izquierda en el escenario político nacional.

Sobre esa relación de fuerzas tendrá que operar el próximo gobierno. Sectores del empresariado ya anuncian la necesidad de ajustar variables del plan económico. Una paradoja será que, de ganar Scioli, el actual elenco político gobernante estará a su lado. Frente a ellos, acompañando la más que segura resistencia de sectores del pueblo trabajador, se encontrará la izquierda, hoy centralmente representada en el FIT.

 

1. Gervasoni, Carlos y Peruzzotti, Enrique comp., ¿Década ganada?, Buenos Aires, Debate, 2015.

2. La democracia “mayoritaria” se define a partir de “la concentración y centralización del poder en el oficialismo y la accountability electoral (…) la idea de que el gobierno administra según mejor le parece solo sujeto al control a posteriori de los votantes”(p. 42).

3. Novaro, M. Bonvecchi, A., Cherny, N., Los límites de la voluntad: los gobiernos de Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner, Buenos Aires, Ariel, 2014.

4. Castillo, Christian, “Realineamientos de clases y debates de estrategias” en Lucha de Clases 2/3, abril 2004.

5. Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visión, 1972.

6. Jozami, Eduardo, El futuro del kirchnerismo, Buenos Aires, Sudamericana, 2015, p. 64.

7. Galasso, Norberto, Kirchnerismo 2003-2015: el proyecto que transformó el país, Buenos Aires, Colihue, 2015.

8. Natanson, José, “Las cuatro paradojas de la campaña”, en Le Monde Diplomatique 190, abril 2015.

9. En un discurso emitido por cadena nacional el pasado 25 de junio, Cristina Fernández señaló que la Resolución 125 había sido un error de cálculo del entonces Ministro de Economía Martín Lousteau. Una renuncia tardía a la lucha contra la “Corporación” del campo.

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