Mayo Francés: de las barricadas a la revolución sexual

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RODRIGO LÓPEZ

Licenciado en Historia, UNR, comité de redacción.

Número 42, abril-mayo 2018.

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El Mayo Francés representó un movimiento profundo de cuestionamiento al orden de posguerra, pero implicó también una aguda crítica a los valores y las normas de la vida cotidiana. Aunque en el fragor de las jornadas, los cuestionamientos en torno al orden de la sexualidad no ocuparon un lugar central, si lo harán unos pocos años después.

Mayo del 68 y como parte del mismo contexto, pero un año después, la revuelta de Stonewall [1], explican la emergencia de una nueva camada de activismo homosexual, que representó una ruptura con las estrategias de las organizaciones que la precedieron. Luego del ‘68, la homosexualidad emerge como una cuestión política y la liberación sexual como parte de una pelea más general contra el capitalismo y su orden moral y sexual.

“Doce millones de bonitos bebés que Francia necesita en diez años”

En marzo de 1945, el entonces general y más tarde presidente, Charles De Gaulle, instó a la población a dar a luz “doce millones de bonitos bebés que Francia necesita en diez años”. El orden de posguerra que el Estado francés impuso en el terreno de la sexualidad estuvo orientado, centralmente, a lograr esa meta. Las autoridades fomentaron un conjunto de políticas que colocaban a la procreación y a la familia como los únicos objetivos de una sexualidad normativa.

Sobre la base de esa meta existía, como plantea Geoffroy Huard, una idea sostenida por el Estado y las clases dominantes de que la pérdida de la moralidad por parte de la población, agravada por la guerra, se expresaba en una serie de anomalías sociales que iban desde la baja natalidad y la delincuencia juvenil, hasta la homosexualidad. Había que regenerar a la “nación”.

Una suerte de oleada moralizadora, acompañada por una gran expansión económica, se puso en marcha ligada a la “valorización de un modelo sexual y familiar encaminado únicamente al matrimonio y a la reproducción” [2]. Es así como el Estado, acompañado también por la Iglesia, la medicina y la psiquiatría, actuaron en común apelando a diferentes estrategias y discursos para condenar todas aquellas conductas contrarias a las “buenas costumbres”.

En 1945, De Gaulle reintrodujo una ley del gobierno colaboracionista de Philippe Pétain, que criminalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo si alguno de ellos era menor de 21 años. En julio de 1960 el parlamento votó la Enmienda Mirguet, en la cual la homosexualidad era considerada una “plaga social” junto al alcoholismo y la tuberculosis, autorizando al gobierno a tomar medidas contra su expansión.

La Iglesia Católica organizó grupos, como el Cartel de Acción Moral y Social, que se proponía “preocuparse por la preservación moral de la juventud, luchar contra las plagas destructoras de la vida francesa y todas las manifestaciones públicas de la inmoralidad” [3]. La medicina y la psiquiatría, e incluso el psicoanálisis, se pusieron al servicio de difundir esta ideología sexual dominante. La escuela fue otro de los canales a través de la cual se impartía esta moral.

En este contexto, la única organización que nucleaba a gays y lesbianas francesas era la revista Arcadié, fundada por André Baudry, en 1954. No se trataba propiamente de una organización política, sino de un agrupamiento amplio en torno a lecturas y eventos sociales aglutinados alrededor de la publicación.

Arcadié reunía al movimiento homófilo francés de la época. Predominantemente de clase media, estaba conformado por intelectuales, profesionales, hombres y mujeres del mundo de las letras y la cultura. Sus objetivos políticos eran moderados. Para Michel Sibalis, Arcadié era una estructura política y socialmente conservadora, que argumentaba que “la hostilidad pública a los homosexuales es en gran parte resultado de su comportamiento escandaloso y promiscuo” y que en ese sentido los homófilos “ganarían una opinión positiva del público y de las autoridades mostrándose como discretos, dignos, virtuosos y respetables” [4]. Este énfasis en la discreción estaba a tono con las actitudes estatales hacia la homosexualidad.

La experiencia de las organizaciones homófilas en Francia no se distinguían en lo esencial del resto de las organizaciones de homosexuales existentes en las décadas del ‘50 y ‘60. Austeridad y cientificismo, discreción y respetabilidad eran las principales metas que perseguían, y apuntaban a la integración de los homosexuales en los márgenes reservados por el orden sexual y moral imperante. Habrá que esperar a la explosión del ‘68 para que la radicalización de las masas sea acompañada también por una radicalización en los planteos de gays y lesbianas.

“Cambiar la vida, transformar la sociedad”

Como planteamos al principio, las cuestiones sexuales no ocuparon un lugar significativo en las jornadas de Mayo del 68. Lo poco que se conoce de aquellos meses vinculado a los problemas concernientes al movimiento homosexual fue la creación del Comité de Acción Pederástica Revolucionaria en la Sorbona, que redactó un documento que bregaba por la libertad sexual, pero que se encontró con la hostilidad del comité de ocupación. Aunque efímera, esta experiencia se considera como la primera expresión de un movimiento de liberación sexual en Francia.

Sin embargo, sin el Mayo del 68, su espíritu de liberación y su cuestionamiento radical a todos los órdenes de la vida no se explica la emergencia, pocos años después, de la homosexualidad como una cuestión política y la liberación sexual como una causa anticapitalista, vinculada al resto de las luchas contra la explotación y la opresión.

Si durante la década del ‘50 las cuestiones sexuales estuvieron confinadas a la “vida privada”, en la década del ‘60 aparecen nuevos discursos que van politizando la sexualidad. En 1967 la ley relativa al libre acceso a la píldora fue votada en Francia, y se abría la posibilidad de disociar el sexo de la reproducción.

Aunque el Mayo del 68 no fue muy receptivo de las luchas de los homosexuales, sí aportó a crear un ambiente en el que fué posible que emerjan estos cuestionamientos. Por su parte, las barricadas de Stonewall y los Frente de Liberación Homosexual que surgieron a partir de allí en Estados Unidos, aportaron el modelo organizativo y una clara ruptura con las estrategias del movimiento homófilo, que hegemonizó el activismo homosexual durante las primeras dos décadas de la posguerra.

1971 es considerado como el año de la liberación homosexual en Francia. Es el año de la fundación del Frente de Acción Revolucionaria Homosexual. Las mujeres lesbianas agrupadas hasta ese momento en la revista Arcadié jugaron un rol fundamental en su conformación. Francoise d’Eaubonne increpó al director: “dice usted que la sociedad debe integrar a los homosexuales, yo digo que los homosexuales deben desintegrar la sociedad” y luego de que fuera excluida de la asociación, un grupo de mujeres decidió acompañarla [5].

Aunque no es lineal la relación entre el surgimiento del FHAR y el Mayo Francés, lo cierto es que muchos militantes que convergen en la conformación de este agrupamiento se reconocen como herederos de esas jornadas. Alain Prique, un dirigente destacado de la FARH, describía al frente como “el hijo del Mayo del 68, con una hermana mayor o madrasta (según el gusto), el movimiento feminista” [6].

La publicación de un dossier dedicado a la homosexualidad en 1971, en la revista Tout!, ligada a un grupo maoísta, fue lo que hizo conocido al FHAR. Allí se pusieron de relieve tres problemas: la vida cotidiana de los homosexuales, las teorías que pretendían explicarlos y la relación conflictiva de un sector mayoritario de la izquierda francesa con los proyectos de liberación homosexual. En total se vendieron 50.000 ejemplares de esa edición y el ministro de Interior, Raymond Marcellin, dio la orden de secuestrar el número.

El 1° de Mayo del mismo año, la FHAR hizo una de sus primeras apariciones públicas en las manifestaciones por el Día Internacional de los Trabajadores. Los homosexuales se movilizaron como comunidad en esta fecha hasta 1977, cuando aparecieron las marchas del orgullo. El Partido Comunista declaró en 1972, en referencia al FHAR, que “ese desorden no representa la vanguardia de la sociedad, sino la raíz de capitalismo en su declive” [7].

El FARH incorporó en sus discursos una fuerte crítica al capitalismo y apeló, desde diferentes sentidos, a la necesidad de una revolución sexual como parte inseparable de una lucha contra la “sexualidad y la cultura burguesa”.

Junto a otras organizaciones llevó adelante varias acciones de solidaridad internacional. La más importante fue el sabotaje al Congreso Internacional de Sexología en 1972, que se realizaba en Italia, y cuyo tema eran “las desviaciones sexuales y su terapéutica”. En esos años la derecha italiana preparaba un proyecto de ley para obligar a los homosexuales a “curarse” [8].

La experiencia del FHAR empezó a agotarse hacia 1974. Al igual de lo que comenzaba a percibirse en otros países, la conversión hacia las políticas de la identidad, a la demanda por derechos civiles y el desplazamiento hacia objetivos más moderados, desplazaron las alas más radicalizadas del activismo homosexual.

La FARH era una organización con una estructura bastante laxa, donde convivían diferentes sectores. Coexistían grupos ligados a las organizaciones de la nueva izquierda, donde se encontraban figuras fuertes del movimiento como Pierre Hahn, Jean Nicolas o Daniel Guérin, que se habían iniciado a la vida política como militantes trotskistas o anarquistas; grupos que centrarían su acción política en lo performativo, que se replegaron en la construcción de una contracultura basada en los valores de la homosexualidad, desestimando la lucha política; y grupos como el articulado en torno a la experiencia de la universidad “experimental” de Vincennes, donde se destaca la figura de Guy Hocquenghem que junto a Félix Guattari y Gilles Deleuze seguirían las sendas del posmodernismo.

Ante esta heterogeneidad de pensamientos, la FARH llevó adelante acciones descoordinadas y, con el paso del tiempo, cada grupo fue ganando autonomía y constituyéndose como pequeños círculos de pensamiento, lectura y publicación. No existió una estrategia lo suficientemente articulada que diera sustento a una política para fortalecer al movimiento en la lucha radical por la liberación sexual ante los nuevos embates que la derecha católica prepararía hacia fines del ‘70 y principios de los ‘80.

Las relaciones con las organizaciones de la izquierda francesa, salvo contadas excepciones, no fueron buenas. La FHAR se propuso discutir contra los prejuicios homofóbicos más arraigados, no sólo en el Partido Comunista Francés (PCF), sino también en los grupos maoístas, guevaristas y algunas organizaciones del trotskismo, como el lambertismo, que reproducían esas concepciones. Estas actitudes alejaron a buena parte del activismo homosexual, que se refugió en sus propias fronteras.

Sin embargo, las actitudes de la izquierda no fueron homogéneas. Por el contrario, el socialismo revolucionario francés cuenta con destacadas figuras que retomaron los elementos más progresivos de la tradición marxista y ligaron la lucha por la liberación sexual a una pelea más general para terminar con la explotación y la opresión.

Sexualidad e izquierda: tras los rastros de una relación olvidada

El PCF fue el principal reproductor de los prejuicios moralistas y reaccionarios contra los homosexuales en la izquierda. Las organizaciones surgidas en el fragor del Mayo Francés, sobre todo las del maoísmo y el guevarismo, siguieron siendo fuertemente normativas en su pensamiento.

Sin embargo, esta realidad no tiene por qué opacar la trayectoria de destacados militantes homosexuales franceses, que no solo pensaron cuestiones referidas a la sexualidad sino también temas vinculados a la militancia política de las organizaciones de las que eran parte.

Daniel Guérin es una de las figuras más importantes en este terreno. En su juventud, en la década del ‘30 fue atraído por el socialismo revolucionario de Trotsky, viajó a la Alemania nazi, participó en la Guerra Civil española contra las tropas de Franco y fue militante anticolonialista. Abandonando su cómodo entorno familiar, en las huelgas del 1936 fue organizador de la CGT en Les Liles, uno de los barrios obreros más combativos del París de aquella época.

Si bien sus escritos sobre cuestiones sexuales aparecen más hacia mediados de los años ‘50, cuando comienza su acercamiento hacia el anarquismo, se destacó por adelantarse en varios años a los planteos más radicales de los movimientos de liberación sexual de los ‘70. En sus Ensayos sobre la revolución sexual, Guérin sostenía que “el homosexual, para realizarse plenamente, debe comprometerse en la revolución. Solo una auténtica revolución social, del tipo marxista libertario, podía garantizarle el derecho a la existencia” [9]. En sus escritos, Guérin destacó que es en los esfuerzos de autoempoderamiento de las masas oprimidas y explotadas y en la desajenación de cada individuo donde se puede establecer la relación entre homosexualidad y revolución.

Pierre Hahn fue uno de los primeros militantes homosexuales en Francia. Empezó como periodista en los ‘60 y militó también a favor de la lucha contra el racismo. Hacia mediados de la década pertenecía al comité de redacción de “Avant-Garde”, un periódico ligado al trotskismo y en Mayo del 68 formó parte del “Movimiento 22 de marzo”. Fue un actor clave en la conformación del FHAR. Sus escritos destacaron la manera en que instituciones como la familia, la escuela y la Iglesia condenaban a la clandestinidad a la mayoría de los homosexuales.

Jean Nicolas era un militante de la LCR y del FHAR y autor de “La cuestión homosexual” [10]. En este texto despliega una serie de argumentos y temas en torno a la relación entre el marxismo y la sexualidad, la vida cotidiana y una denuncia contra la incipiente comercialización del deseo. Criticó aquellas organizaciones de izquierda que se negaban a tomar en sus manos la lucha contra la opresión sexual. Sostenía que esta suponía una doble tarea, “por un lado convencer al movimiento obrero de la importancia y significación de la lucha por la liberación de la homosexualidad”, y por el otro “convencer al movimiento homosexual de la necesidad de combinar su lucha por la liberación sexual con la lucha de la clase obrera en pro del socialismo”11. Nicolas colocaba el problema de la sexualidad en el ámbito de las relaciones sociales y la opresión contra los homosexuales como parte de un “proceso de normalización sexual”, que apuntaba a consolidar el modelo de familia heterosexual nuclear, basado en la opresión sobre las mujeres y los niños y la represión de la “homosexualidad latente”.

Junto con otros, la historia de estos militantes muestra que lejos de una relación de desentendimiento, se tendieron, de manera minoritaria y contradictoria, algunos puentes entre la izquierda y los homosexuales.

Las organizaciones de lesbianas y gays a partir de los ‘80 se alejaron cada vez más de estas perspectivas que se proponían “cambiar la vida, transformar la sociedad”. De las barricadas de París y Stonewall al lobby parlamentario, las aristas más revulsivas de este movimiento fueron domesticándose con el paso del tiempo. La rebeldía se convirtió en política de identidad para pedir más derechos.

Vimos que la relación entre el Mayo Francés y el surgimiento del activismo de liberación sexual en Francia no fue lineal. Pero también vimos que las perspectivas de “revolución sexual” en los tempranos setenta se inscribieron como un problema de lucha de clases y, de este modo, como herederas del espíritu que las barricadas de París diseminaron por el mundo. Renovar y recuperar ese horizonte, con sus límites y potencialidades, es una tarea de gran actualidad.

  1. Herón, Pablo, “La furia de una revuelta sexual: a 47 años de Stonewall”, La Izquierda Diario, 28/06/2016.
  2. Huard, Geoffroy, Los antisociales. Historia de la homosexualidad en Barcelona y París, 1945-1975”, Madrid, Marcial Pons, 2015, p. 31.
  3. Ibid, p. 23.
  4. Sibalis, Michael, “Gay Liberation Comes to France: The Front Homosexuel d’Action Révolutionnaire (FHAR)”, en French History and Civilization: Papers from the George Rudé Society, 2005, p. 267.
  5. Ibid., p. 269.
  6. Ibid., p. 269.
  7. Ibid., p. 273.
  8. Huard, Geoffroy, op. cit. p. 171.
  9. Berry, David, “Worker of the World, embrace! Daniel Guérin, the labour movement and homosexuality”, en Left History, 9 (2), 2004, p.13.
  10. Nicolas, Jean, “La cuestión homosexual”, en Papeles Insumisos, Archivo Digital de Sexualidad y Capitalismo, 2010.
  11. Báez, Eva, “Deseo, represión, revolución: Jean Nicolas y la ‘cuestión homosexual’”, en La Izquierda Diario, 23/6/2017.

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