Marx: ¡en forma de fichas!

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A PROPÓSITO DE DE REGRESO A MARX. NUEVAS LECTURAS Y VIGENCIA EN EL MUNDO ACTUAL, EDITADO POR MARCELLO MUSTO (BUENOS AIRES, OCTUBRE, 2015).

 

SANTIAGO M. ROGGERONE

Número 33, septiembre 2016.

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En un capítulo de Los Simpson, Bart vende su alma a Milhouse por la suma de cinco dólares. Tras gastar el dinero en esponjas con forma de dinosaurios, comienza a arrepentirse de haber efectuado menuda transacción. Dispuesto a pagar o hacer lo que sea por recuperarla, sale entonces a su búsqueda. Sin embargo, pronto descubre que ya es demasiado tarde: su entrañable amigo la cambió por unas fichas en la tienda de revistas. “¿Te acuerdas de Alf? ¡Volvió! ¡En forma de fichas!”, lanza éste a aquél en uno de los tantos momentos memorables de la serie… Resulta realmente sorprendente que en la actualidad varios se encuentren diciendo algo similar pero en relación a Marx. Es que desde que en 2008 estallara una profunda crisis económico-financiera, se asiste en el mundo de las ideas a una situación en verdad curiosa, determinada por la convicción de que Marx habría vuelto.

Ciertamente, resulta ya difícil mantenerse al día con respecto a los anuncios del regreso del pensador oriundo de Tréveris que se efectúan en la escena pública. Existe, incluso, una amplia literatura especializada que aborda el fenómeno y da cuenta de los motivos que habrían obligado al revolucionario alemán no tanto a partir — ¿cómo, cuándo y a causa de qué se habría ido?— como a retornar: parecería ser cada vez más que, después de todo, él llevaba la razón [1]. Pero con el Marx edulcorado que hoy en día es redescubierto como agudo analista del capitalismo tardío e incluso como afable profeta pospolítico del orden mundial, con este Marx que sale de su cuarentena sólo para habitar el ámbito de la prensa y los claustros universitarios, no regresa a la vida el pensamiento estratégico forjado por Engels, Lenin, Trotsky o Gramsci. Podría decirse, por consiguiente, que el retorno al que se asiste actualmente entraña la última fantasía posmodernista: como Daniel Bensaïd sugiriera poco antes de morir, el que hoy se presta a regresar es en lo fundamental “un Marx sin comunismo y sin revolución, un Marx académicamente correcto” [2] –esto es, un Marx sin organización ni partido revolucionario, un Marx sin programa y sin una estrategia convincente para vencer–.

Por fortuna, el libro que reseñamos aquí toma cierta distancia de las aproximaciones acríticas y celebratorias a la vuelta de Marx. Montado a su manera sobre lo hecho pioneramente por Étienne Balibar, el propio Bensaïd o incluso Jacques Derrida [3]; alineado más en lo inmediato con las empresas editoriales llevadas adelante por Jacques Bidet y Eustache Kouvelakis o Andrew Pendakis et al.[4], el trabajo compilado por el politólogo y filósofo italiano Marcello Musto –sin dudas, uno de los mayores referentes de la marxología del momento– examina y problematiza no el presunto retorno de Marx sino más bien el regreso contemporáneo a él que tiene lugar a través de toda una constelación de reinterpretaciones. Esto último conmina a distinguirlo de iniciativas un poco más ambiciosas que hacen hincapié no en las nuevas claves de lectura de los textos de Marx sino en las teorías críticas de la sociedad que, en el presente, se autoconstituyen dialogando con los mismos pero también con los de algunos otros [5].

Aparecido originalmente en 2010 como número especial de la revista Socialism and Democracy y bajo el título de “Marx for Today” [6], De regreso a Marx. Nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual, traducido por Francisco Sobrino y publicado en 2015 a instancias del sello Octubre y con el auspicio de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, se divide en dos partes: una dedicada a las relecturas de la obra del pensador alemán y otra a su recepción. Puede afirmarse por esto que el libro consigue ir más allá de los diversos ejercicios de reflexión que atienden exclusivamente a lo que sucede con Marx en Europa y los Estados Unidos. Básicamente, nos hallamos ante una cartografía de las interpretaciones contemporáneas del autor que incluye informes sumamente instructivos sobre lo que acontece con él en las principales regiones del globo a nivel intelectual.

En su introducción, Musto plantea la hipótesis de que “siempre ha habido un ‘regreso a Marx’” (p. 14). Hoy en día, más de veinte años después de la caída del Muro de Berlín y el colapso del bloque soviético, el interés por él se encontraría renaciendo a causa de “su permanente capacidad para explicar el presente” (p. 15) –vale decir, porque su obra continúa constituyendo “un instrumento indispensable” no sólo para “comprender” el mundo sino también para “transformarlo” (p. 32)–. Ahora bien, “el resurgimiento contemporáneo de Marx” (p. 33), advierte Musto, es algo peculiar. Como alguna vez Immanuel Wallerstein lo sugiriera, la actual es una era de “miles de marxismos”, una era “en que el marxismo ‘hizo explosión’” [7]. Es en este sentido que puede decirse que el trabajo de Marx es hoy reconsiderado a través del prisma de toda una “multiplicidad de enfoques teóricos” (p. 33) que pone verdaderamente en crisis los dogmatismos y ortodoxias que dominaron al siglo pasado.

Es probablemente el artículo de Kevin B. Anderson el que mejor da cuenta de estos señalamientos de Musto. El autor de Marx at the Margins se ocupa, en parte al igual que lo hace Terrell Carver en su ensayo, de “las acusaciones de unilinealismo y grand narrative, etnocentrismo, y falta de preocupación por la raza, la etnicidad, el género y el nacionalismo” (pp. 44-45) de las que el pensador alemán ha sido objeto en distintos momentos y debido a diferentes razones. Partiendo de que, en tanto “inmigrante clandestino”, “Marx vivió una existencia marginal” (p. 45), Anderson echa nueva luz sobre sus intervenciones en torno a India, China, Rusia, Polonia, Estados Unidos e Irlanda, y concluye que si bien “comenzó con una apreciación algo unilateral de la modernidad capitalista, y de su progresividad”, efectuó “contribuciones importantes y originales” a propósito de los problemas de la nación, la etnicidad y la raza, refiriéndose en particular a “las formas indígenas de resistencia al capital y su necesidad de relacionarse con las clases obreras de sectores más desarrollados tecnológicamente” (p. 65) [8].

Más allá del embellecimiento del régimen chavista, la contribución de Michael Lebowitz se mueve en la misma dirección que la de Anderson, en la medida en que invita a concebir a Marx como un pensador político preocupado por cambiar el sistema y no meramente por reformarlo. En sintonía, el ensayo de Victor Wallis reivindica la lógica del mal menor en tanto entiende por ella la práctica de tácticas eventuales que, en lo primordial, no afecta o pone en cuestión al núcleo central de la independencia de clase.

Mención aparte merece la revisita a la concepción de la alienación que en sus contribuciones llevan a cabo Ricardo Antunes, el propio Musto y a su modo también George Comninel. El rasgo principal de los textos de los autores viene dado por el interés de dejar atrás la discusión de la década de 1960, protagonizada entre otros por Louis Althusser, en la que el tratamiento marxiano de la alienación y la enajenación era entendido como un pecado idealista de juventud. En particular, influenciados en igual grado por los Grundrisse y el trabajo de Georg Lukács, Antunes y Musto trazan un hilo de continuidad entre los primeros escritos de Marx y la tesis del fetichismo de la mercancía y la cosificación, expuesta en el primer capítulo de El capital, que ciertamente les permite problematizar la recepción de la teoría de la alienación que tuvo lugar a lo largo del siglo XX. Se trata a las claras de un ejercicio de lectura ingenioso y estimulante, pero que conlleva el riesgo de presentar la obra de Marx como un todo coherente y sin fisuras. En cualquier caso, los autores consiguen llevar a término “una mejor comprensión del cuadro contemporáneo de los extrañamientos o de las alienaciones en el mundo del capital, diferenciados respecto a su incidencia, pero vigentes en su calidad de manifestación que atañe a la totalidad de la clase trabajadora” (p. 210).

La primera parte se completa con los artículos de Richard D. Wolff y Ellen Meiksins Wood, en los que la intención es poner de manifiesto que Marx es “útil para comprender las causas y los costos de la crisis [actual] y hasta para hallar las posibles soluciones al sistema” (p. 269) –en, como dice Wood, “traer de vuelta a Marx” (p. 293)–. Claramente, nos hallamos ante intervenciones un tanto polémicas, por no decir directamente revisionistas. Wolff, referente del movimiento Democracy at Work, plantea que la solución marxiana a la crisis estriba en “cambiar el sistema, y hacer avanzar a la sociedad hacia más allá del capitalismo” (p.288). Sin embargo, para ello parecería dejar de lado la dimensión de la política y promover “un tipo de transformación en el interior de las empresas que marcaría una transición desde la organización capitalista hacia la organización no capitalista de la producción, la apropiación y la distribución de los excedentes” (ídem). Por su parte, la recientemente fallecida Wood afirma que hoy en día se asiste al “doloroso espectáculo de un capitalismo ‘universal’ comiéndose a sí mismo, devorando su propia sustancia humana y natural” (p. 303). A diferencia de Wolff, la autora reivindica la política anticapitalista, pero lo hace privilegiando el significante de la democracia por sobre los de socialismo o comunismo.

No obstante, el escrito más polémico de todos es con seguridad el de Paresh Chattopadhyay. La tesis que el autor intenta defender consiste en que, para Marx, “el socialismo y el comunismo son […] términos equivalentes y alternativos para la misma sociedad que concibe para la época poscapitalista” (p. 72). Hacer de cuenta como si Marx nunca hubiera escrito la Crítica del Programa de Gotha, permite a Chattopadhyay tomar la obra del revolucionario alemán como un bloque de acero exento de fases o períodos, y poner en entredicho sin más el vanguardismo y la tradición bolchevique. A su modo de ver, el derrotero de la URSS y el socialismo del siglo XX en general supone no, como supiera sostener Trotsky, una consecuencia de la traición a la revolución y la degeneración burocrática de los Estados obreros [9], sino más bien el producto necesario de concebir al socialismo “como la fase inferior del comunismo y como transición a este, basada en la propiedad pública […] de los medios de producción y el trabajo asalariado y con la forma estatal bajo un partido único” (p. 92).

Presuntamente libertaria y humanista, es ésta en verdad la estratagema propia de los nouveaux philosophes y las almas bellas antitotalitarias. Es por demás sintomático que en este artículo exista espacio para Lenin, Stalin, Mao y hasta en una nota al pie para el Che Guevara, y no se diga una sola palabra sobre Trotsky. Sin lugar a dudas, la defensa del pluripartidismo basado en los soviets expresa un programa no sólo para los trotskistas sino también para todos los que siguen luchando contra el capital y aquello en lo que el socialismotrágicamente devino en el siglo XX. En tal sentido, lo quiera o no Chattopadhyay, el diablo continúa llamándose Trotsky [10].

La segunda parte del libro, como dijimos, retrata la recepción actual de Marx, para lo que se brinda una serie de útiles informes sobre la situación en América hispana, Brasil, el mundo anglófono, Francia, Alemania, Italia, Rusia, China, Corea del Sur y Japón. El énfasis de los distintos artículos está puesto tanto en la edición y difusión de la obra de Marx y Engels como en las especificidades de las diversas investigaciones y publicaciones sobre la misma. Es de especial importancia para el lector hispanoparlante la segunda tanda de informes, ya que en ellos se pinta un panorama general del estado de los estudios marxológicos y marxistas en regiones del mundo a las que, a causa de las barreras idiomáticas y culturales existentes, resulta verdaderamente difícil acceder.

Tomada en su conjunto, esta segunda parte representa la cartografía propiamente dicha de las lecturas contemporáneas de Marx. A decir verdad, da cuenta ella de forma magistral del regreso al que alude el título del libro. Teniendo en cuenta todo lo que allí se vierte y expresa, para culminar sería útil parafrasear lo que Emmanuel Barot se preguntaba en el primer número de Ideas de Izquierda a propósito de la Idea del comunismo [11]: ¿qué hace falta para que las masas se reapropien del presente retorno de Marx como una fuerza material? En otras palabras: ¿qué es lo que se requiere para que la vuelta en cuestión pierdasu forma de fichas y tome un nuevo curso revolucionario? Son éstos sin dudas problemas cuyas potenciales soluciones rebasan por mucho el marco de una simple reseña. Concluyamos tan sólo provisoriamente, por lo tanto, permaneciendo del lado de los interrogantes y citando en extenso a Barot:

lo que cuenta […] es el reconocimiento de la centralidad de la autoorganización del proletariado, y de la existencia de una sola y única brújula para la lucha de clases: ¿qué es lo que unifica y fortalece duraderamente, o no, y cómo aumenta la conciencia de la posición y de la fuerza de los trabajadores? [12].

 

  1. Véase, por ejemplo, Eagleton, T., Por qué Marx tenía razón, Barcelona, Península, 2011.
  2. Bensaïd, D., Marx ha vuelto, Buenos Aires, Edhasa, 2011, p. 9.
  3. Véase Balibar, É., La filosofía de Marx, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000; Bensaïd, D., Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica, Buenos Aires, Herramienta, 2003; Derrida, J., Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo de duelo y la nueva Internacional, Madrid, Trotta, 1998.
  4. Véase Bidet, J. y Kouvelakis, E. (eds.), Dictionnaire Marx contemporain, París, C. Presses Universitaires de France, 2001; Pendakis, A. et al. (eds.), Contemporary Marxist Theory. A Reader, Nueva York y Londres, Bloomsbury, 2014.
  5. Véase, especialmente, Keucheyan, R., Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos, Madrid, Siglo XXI, 2013.
  6. Véase Musto, M. (ed.), “Marx for Today”, en: Socialism and Democracy, Vol. 24, N° 3, noviembre de 2010.
  7. Wallerstein, I., Impensar las ciencias sociales. Límites de los paradigmas decimonónicos, México, Siglo XXI, 1998, p. 194.
  8. Para ampliar, véase Anderson, K. B., “Marx en los márgenes del capitalismo. Entrevista a Kevin Anderson”, en: IdZ 32, agosto 2016.
  9. Véase Trotsky, L., La revolución traicionada y otros escritos, Buenos Aires, IPS-CEIP “León Trotsky”, 2014.
  10. Véase Del Río, E., El diablo se llama Trotsky, Barcelona, Grijalbo, 1981.
  11. Véase Barot, E., “Por un nuevo curso del comunismo revolucionario”, en IdZ 1, julio 2013.
  12. Ídem.

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