Mapuches: nueva avanzada de la discriminación y la desposesión

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Número 16, diciembre 2014.

En los últimos tiempos asistimos a una nueva avanzada de importantes medios de comunicación que niegan la preexistencia del pueblo mapuche y por lo tanto su derecho a reclamar territorios ancestrales. La antropóloga Diana Lenton y Lefxaru Nawel explican aquí por qué estos argumentos falaces son reeditados cada vez que el pueblo mapuche pelea por recuperar sus territorios.

 

MAPUCHES Y MITOS

DIANA LENTON

De tanto en tanto y crecientemente, nos hemos acostumbrado a encontrar en los medios de comunicación más poderosos, diferentes Editoriales o notas de “Opinión” que giran en torno a la idea de que los mapuches son parte ilegítima de un conflicto social y político que recrudece a medida que se acentúan los nuevos avances económicos sobre la región patagónica. Así, los conflictos ambientales y territoriales, como los que suscita la actividad petrolera, la minería, las explotaciones forestales y turísticas, frente a los que el pueblo mapuche viene mostrando una voz firme y coherente, son leídos en clave de soberanía, o de civilización y barbarie. Esta clave consiste en afirmar que los mapuches no tienen derecho alguno en su condición de Pueblos Originarios porque en realidad serían extranjeros (chilenos); que por ende su presencia en territorio argentino y más aun en las zonas en conflicto, obedece a oscuros intereses materiales; que ni su nombre mapuche es verdadero, ya que oculta al “auténtico” araucano; que son un “invento” moderno, ya que los auténticos pobladores de la Pampa y la Patagonia son los tehuelches, que estarían extinguidos, y más aún, que los culpables de su extinción son los mapuches. Por último, estas reiterativas y concertadas notas de opinión concluyen –o sugieren– que dado que los derechos y demandas y la misma existencia de los mapuches son falsos, estos últimos deben ser desoídos y borrados del mapa del conflicto.

Más allá del mundo editorial, en los territorios, la violencia ejercida por el Estado y sus brazos ejecutores –Policía, Poder Judicial– suele buscar legitimación en la misma ideología. Son cientos los dirigentes mapuches que hoy están procesados por defender su territorio. Son miles los que han perdido sus casas, sus campos, y muchos los que han sido heridos o víctimas de otras agresiones físicas, que el brazo policial o parapolicial inflige azuzado por un discurso patriotero que pone al mapuche en el rol del enemigo público, y nubla el sentido de quien cree que “acabando con ellos” está haciendo Patria. Las siguientes líneas intentarán aclarar algunas cuestiones básicas para combatir tanta distorsión intencionada.

 

¿De qué nacionalidad son los mapuches?

La situación de los mapuches no es diferente a la de los otros Pueblos Originarios. El Censo Nacional de Población realizado en 2001, a través de la Encuesta Complementaria de Población Indígena (ECPI), permite verificar que un 96,3 % de los mapuches son argentinos por haber nacido dentro de las fronteras de la Argentina. El 89 % de los mapuches, además, ha nacido en la misma provincia en la que fueron censados. Esto nos dice que a pesar de que muchas personas creen que los mapuches son chilenos, la realidad es otra muy diferente. La afirmación tan difundida y activamente promocionada por ciertos formadores de opinión de que “los mapuches son chilenos” es errónea desde un punto de vista antropológico tanto como histórico.

Desde el punto de vista de la ciencia antropológica, es un sinsentido equiparar variables de pertenencia étnica y de Estado-Nación, dado que son conceptos de diferente tipo, que no se afirman ni se niegan mutuamente. En otras palabras, ser mapuche no contradice ni impide el ser argentino o el ser chileno, como tampoco lo obliga, ya que son pertenencias de distinto orden. Por otra parte, desde el punto de vista histórico, pensar que ser mapuche es ser chileno es un anacronismo, dado que los sentidos de pertenencia indígena se remontan a una antigüedad mayor a la del trazado de las fronteras internacionales.

Estos individuos que hoy son considerados chilenos o argentinos según hayan nacido más allá o más acá de la Cordillera, tienen un origen familiar enraizado en alguna de las antiguas identidades territoriales (pehuenche, guluche, puelche, huilliche, moluche, picunche, waizufche, chaziche, lafkenche, furilofche, wenteche, nagche, mahuidache, etc.) que hoy componen en conjunto la ancestralidad mapuche y que antes de la consolidación de las fronteras estatales eran soberanas en un territorio compartido bajo sus propias reglas. Ningún investigador que trabaje con fuentes antiguas puede negar estas presencias en el territorio pampeano y patagónico desde varios siglos atrás. No hay dudas de la preexistencia al Estado nacional, por ejemplo, de los pehuenches o de los huilliches, nombrados en infinidad de documentos virreinales y crónicas de viajeros. Más aun, como demuestra la historiadora Florencia Roulet, fue la presencia ancestral de los Pehuenches en lo que hoy son las provincias cuyanas y el Neuquén, lo que decidió la pertenencia de esta región al Río de la Plata y no a Chile, en el siglo XVIII, ya que los Pehuenches tenían mayores relaciones económicas y políticas con Buenos Aires que con Santiago de Chile. Y sin embargo, cuando hoy los Pehuenches o Huilliches, que a veces hasta portan hoy los mismos apellidos que esos antiguos habitantes, toman la palabra, nunca falta quien pone en duda su derecho con el argumento de que son “extranjeros”.

 

¿Son mapuches los araucanos?

Cuando Alonso de Ercilla escribió su poema La Araucana, a mediados del siglo XVI, para describir la guerra de conquista en el centro-sur de Chile, eligió un nombre poético para la región circundante a la Plaza de Arauco, que extendió a sus habitantes. Pero este nombre no refleja la interacción entre las diferentes identidades territoriales ni es el nombre que los mapuches eligieron para representar su identidad

en sentido amplio. Los pueblos asentados a uno y otro lado de los Andes, reivindicaban identidades locales que los diferenciaban al interior de este conjunto, y a la vez, sostenían una identidad común en virtud de las características compartidas, en especial un idioma (mapuzugun), con sus variantes regionales. Todos estos pueblos se mezclaban permanentemente, por medio de la circulación de personas y de productos comercializables, de alianzas militares y de matrimonios mixtos, como desde hace décadas demostró Miguel Ángel Palermo, entre otros.

En cuanto a la tan debatida antigüedad del término mapuche, Francisco P. Moreno verificó en 1876 su utilización –bajo la forma mapunche– para denominar a algunos de los participantes de un Parlamento reunido en el área de influencia de Sayhueque. Manuel Olascoaga también mencionó este término. Meinrado Hux documenta las observaciones del Padre Salvaire, en 1875, sobre la “religión de los mapuches”. Es muy probable que se utilizara anteriormente, ya que lo que los documentos escritos nos informan es meramente eso: lo que se ha escrito. La utilización oral de un término casi siempre precede a su aparición escrita.

Con el tiempo, el término mapuche se fue extendiendo para abarcar al conjunto de subgrupos que comparten una cultura, y especialmente una lengua (el mapuzugun), aun con variaciones dialectales. En esta acepción extendida lo recogieron los salesianos en varios catecismos escritos a fines del siglo XIX.

 

¿Es válido reconocer continuidad entre los mapuches de ayer y los mapuches de hoy?

Las variaciones a través del tiempo en los nombres de los pueblos no necesariamente significan cambios en su identidad. En todo caso, son índice de nuevas relaciones con otros grupos, resultado del contexto histórico concreto.

Por ejemplo, es sabido que para 1810 no existía una sociedad que se presentara a sí misma con el nombre de “República Argentina” Y sin embargo, en 2010 celebramos el Bicentenario del “nacimiento de la patria”, ya que el cambio en la denominación y en la extensión geográfica abarcada por el nombre no impide que nos reconozcamos como herederos de los patriotas que lucharon entonces no en nombre de la Argentina, sino de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Así, el nombre de una nación no es inmemorial ni esencial sino contingente, y ello no afecta ni la “identidad” ni el sentimiento nacional.

 

¿Por qué entonces se impuso la idea de la extranjeridad de los mapuches?

En 1878 Estanislao S. Zeballos, promotor e “intelectual orgánico” del roquismo, escribió, por encargo del Ministerio de Guerra, un alegato titulado “La conquista de quince mil leguas”. Esta obra, donde Zeballos describió a su conveniencia un territorio y una población que no conocía, presentó varios postulados que justificaron políticamente las campañas militares. Entre ellos, que el origen (y el destino) de los indígenas estaba en Chile. Al crear un enemigo “extranjero”, el Ministerio de Guerra lograba debilitar la oposición que desde muchos sectores se hacía a la política expansionista de Avellaneda y Roca. Contrariamente a lo que algunos sostienen, esa política no era un deseo generalizado ni era la única política posible, sino que muchas voces que no pueden ser tachadas de sensibleras, como Sarmiento y Mitre, acusaban al gobierno de cometer “crímenes de lesa humanidad” (sic) en perjuicio de habitantes pacíficos, y le reprochaban que no utilizara los recursos que la legalidad le proveía. Por ello, en sus obras posteriores, Zeballos argumentará cada vez con mayor énfasis en la supuesta raíz chilena de los indígenas de la Pampa y la Patagonia; idea que será rescatada por la política nacionalista a partir de 1920 y difundida como verdad “científica”, aunque la raíz de su argumento no estuvo nunca en el ámbito de la ciencia, sino de la política parlamentaria y militar. En Chile, por idénticos motivos, se atribuyó a los “araucanos” un origen pampeano, de manera que también allí se convirtieron en “extranjeros”.

Se sabe que debido a las campañas militares, numerosas familias mapuche y tehuelche huyeron hacia Chile, donde algunas de ellas se establecieron definitivamente, pero otras regresaron al oriente de los Andes, de donde eran originarias, cuando las condiciones fueron propicias. Este origen “argentino” de algunas familias aparentemente “chilenas”, está documentado en fuentes militares y en numerosos registros de historia oral. Por ende, son tan falaces las afirmaciones que pretenden asignar origen “chileno” a los mapuches o araucanos, como las que afirman un origen “argentino” para los tehuelche –otro nombre impuesto-, quienes pasaron por similares vicisitudes.

 

¿Todos los Pueblos Originarios son preexistentes?

Las migraciones afectaron a la totalidad de los pueblos originarios, quienes pueden por lo tanto no residir hoy en sus territorios de ayer. Sin embargo, son originarios y preexistentes, no porque sean “originarios” de un territorio totalmente incluido en lo que hoy es territorio argentino y hayan permanecido estáticamente dentro de sus fronteras, sino porque son originarios de un territorio preexistente al trazado de las fronteras internacionales, y es en ese carácter de preexistentes que se hacen merecedores de derechos constitucionales específicos, a partir de la reforma de 1994, reconocidos en el derecho internacional.

 

¿Quién es responsable del genocidio contra los pueblos originarios?

Entre los argumentos de los negacionistas está el de acusar a los mapuches de haber provocado la extinción de los “tehuelches”. Si bien es cierto que en tiempos históricos hubo conflictos violentos entre tehuelches y mapuches, también eran usuales los encuentros pacíficos, como lo manifiesta la larga tradición de los Parlamentos en los que interactuaban tehuelches y mapuches desde por lo menos el siglo XVIII, cuestión documentada entre otros por Moreno, Musters y Onelli. Será el Ejército Argentino –y no los mapuches o araucanos– el que acabe con la nación tehuelche, muy pocos años después. El Combate de Apeleg, en 1883, fue decisivo para la derrota definitiva de mapuches y tehuelches, que lucharon aliados. Los principales jefes tehuelche Inacayal, Foyel y Orkeke sufrieron el ostracismo y la muerte bajo la égida republicana. Orkeke, paseado por la Ciudad de Buenos Aires como curiosidad viviente, poco después de su derrota, murió en ella y sus restos fueron expuestos al público en el Hospital Militar. Inacayal vivió varios años prisionero y reducido a la servidumbre en el Museo de La Plata hasta su muerte, y sus restos corporales fueron ignominiosamente desguazados y repartidos por diferentes depósitos.

Toda su familia, así como la familia de Foyel, sufrió la misma suerte. Esta barbarie no provino del “desierto” ni de los araucanos, sino de la sociedad “civilizada”. Mientras esperamos que pronto se realice una decisiva aunque parcial reparación, cuando el Museo de La Plata y otros repositorios restituyan los restos que aún quedan en su poder a los descendientes de quienes fueron así agraviados, es indispensable comenzar a hacernos cargo, al menos, de la verdad histórica, disipando las confusiones intencionalmente fraguadas y reproducidas por intelectuales al servicio de los poderosos de ayer y de hoy.

Para comenzar a hacer justicia, recuperando la memoria colectiva, tímida pero potente herramienta de todas las luchas de liberación.

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“LA POLÍTICA DEL ESTADO ES LA NEGACIÓN DEL PUEBLO MAPUCE”

Entrevistamos a Lefxaru Nawel, Kona de la zonal Xawvn ko de la Confederación Mapuce de Neuquén.

IdZ: ¿Qué opinión tenés, como parte de una organización mapuce, acerca del debate en el diario La Nación respecto del no reconocimiento del derecho territorial del pueblo mapuce?

No es la primera vez que La Nación impulsa esta serie de falsos debates desde sus columnas o editoriales. Desde el año 2006 hasta ahora ha venido permanentemente con ese tipo de notas, usando argumentos falaces que vienen siendo los mismos desde hace 200 años porque no se han modificado o han extendido su argumentación, vienen siendo las mismas tesis. Lo interesante es que en estas últimas ocasiones, ante la campaña de racismo que hay en Neuquén y Río Negro, han sido antropólogos e historiadores los que han respondido. Creo que eso marca un gran avance porque no somos hoy los mapuce solamente los que salimos a decir, sino que es la misma academia la que le responde con datos concretos. Creo que igual la construcción de los conceptos históricos y antropológicos es una discusión política más que científica. La historia europea, oligárquica, machista y occidental nos ha impuesto mitos al mundo entero, se generó la construcción de ficciones antropológicas de pueblos que no existieron nunca, como los araucanos, o pueblos que nunca se identificaron con esos nombres.

 

IdZ: Y volviendo a la pregunta, ¿ustedes opinan que tienen relación esas grandes campañas de los medios de comunicación con algún reclamo territorial que se esté llevando en ese momento adelante?

Sin duda, cada vez que salen es relacionado directamente a un proceso de movilización o de recuperación territorial, o de reivindicación de derechos. Los que impulsan los genocidios o este tipo de campañas, defienden intereses económicos, privilegios de clase que al día de hoy perduran. Por eso la importancia de revisar la historia. Esta gente con total desparpajo reivindica un genocidio que es algo grave que hoy se habla con total liviandad. Cuando nosotros hablamos de construir un Estado plurinacional, ellos hablan de su Estado nacional y así hemos tenido acciones donde la gente llega a agredirnos cantando el himno o cosas así, que en realidad no es el pueblo, sino que es la misma oligarquía que hace 200 años fundó el Estado a costa de la sangre de los trabajadores y hoy lo vuelve a hacer, cuando nosotros lo que hemos logrado es una alianza con las organizaciones de trabajadores, estudiantiles, de derechos humanos, feministas, en base a construir realmente un futuro juntos.

 

IdZ: ¿Cuál ha sido la relación del Estado neuquino con las distintas organizaciones en estos últimos años?

La política del Estado neuquino desde que existe es la de negación del pueblo mapuce, de negarlo en la existencia, no solo en lo discursivo, sino en las políticas públicas que implementan, en la educación, en la institución judicial, en la salud, en los nombres, porque nuestros nombres estuvieron negados hasta el año 2006, y en esa negación la represión de cada manifestación autónoma o propia. Entonces donde hay una comunidad te pongo un municipio, vos dejas de tener tus propias instituciones y en lugar de un logko tenés un intendente, te instalo mi política partidocrática, mi visión de la democracia y de resolución de conflictos y te obligo a que vivas en base a mi orden. Entonces en el caso último de Campo Maripe, que nosotros hemos logrado que el Estado registre a la comunidad, nosotros hemos demostrado que es nuestra preexistencia lo que vale en este tipo de discusiones y que la razón está totalmente de nuestro lado.

 

IdZ: Hace poco hubo una acción en Campo Maripe donde participaron varias organizaciones ¿tienen pensado en esta última parte del año o el año que viene, han programado nuevas acciones?

Ahora hay acciones en las otras comunidades, básicamente se llegó a una situación de diálogo con el gobierno, pero eso es algo muy nuevo y muy incierto, porque nosotros no confiamos para nada en la palabra del gobierno y creemos que si no se ha llevado adelante las cosas de otra forma es por falta de voluntad política. Porque el marco legal, la predisposición nuestra al diálogo y a la construcción de políticas acordes a lo que hoy existe como ley, está desde hace muchísimos años, y el territorio lo va a seguir defendiendo el pueblo mapuce. Ellos quieren seguir avanzando como si nosotros no existiéramos y la realidad es que desde el año 2011 que sacamos el primer comunicado como zonal contra la hidrofractura, han sido tres años muy intensos de lucha y de enfrentarlos en los territorios, y ha sido un gran escollo para sus proyectos que van disfrazados de soberanía energética y soberanía nacional y en realidad son la entrega y la destrucción de nuestro futuro a la mano de las multinacionales y de las oligarquías locales, porque no se benefician solamente las multinacionales, sino que se robustece todo un sistema corrupto de beneficiar a las empresas locales, a las oligarquías locales, y nacionales, que están enquistadas en el poder, y es el principal motivo por el cual levantan con displicencia las manos cuando en realidad están entregando los recursos de todo el país. Las consecuencias y la gravedad histórica que tiene esto va a ser solamente comparable con las privatizaciones de los ‘90 y con situaciones así, más allá de que hoy lo disfracen como lo quieren disfrazar.

Entrevistó: Cecilia Carrasco.

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