Lucha fabril y política. La izquierda, los sindicatos y el peronismo

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Número 13, septiembre 2014.

 

“La Panamericana se va transformando en una especie de Franja de Gaza”, afirmó Jorge Fontevecchia en una editorial de Perfil. Más allá de la evidente exageración, lo que es cierto es que la Zona Norte del conurbano muestra, con la Panamericana como teatro de operaciones, el avance de los sectores combativos y de izquierda en el movimiento obrero. Para debatir sobre esto, IdZ organizó una charla en la Facultad de Filosofía de la UBA, y entrevistó a un joven obrero de Donnelley que reflexiona sobre el proceso que va de la organización sindical de fábrica a la toma de la planta.

La izquierda, los sindicatos y el peronismo

El martes 26/8, en el aula 108 de la Facultad de Filosofía de la UBA se reunieron Hernán Camarero; Christian Castillo; Daniel y Ezequiel, de la autopartista Lear; Germán, Nahuel, Javier y Pablo, de la gráfica Donnelley; con la coordinación de Paula Varela. Entre intelectuales, obreros y estudiantes, se discutió sobre el peronismo en los fines de ciclo, la burocracia sindical, las enseñanzas de 2001 para las actuales luchas, y los desafíos de la izquierda. La charla fue auspiciada por la Juventud del PTS en la presidencia del CEFYL, CECSO y CEP. Aquí presentamos algunos de los puntos centrales señalados por los panelistas.

 

Hernán Camarero: “el peronismo siempre termina así”

El kirchnerismo, que es una especie de mezcla bastante promiscua de un poco de peronismo histórico, un centroizquierdismo nacional y popular, acuerdos estratégicos con las fracciones más importantes del gran capital, la intervención de la burocracia sindical, y todo esto condimentado con la participación de sectores juveniles; es evidente que hoy aparece como indispuesto para afrontar esta nueva etapa que se ha abierto y que hemos denominado como fin de ciclo. El viraje a la derecha aparece como inevitable y eso es lo que estamos presenciando en estos meses: la represión, hoy encarnada en Berni; y el trabajo que va a realizar la burocracia sindical una vez más. En ese sentido, si uno reflexiona sobre el carácter de la salida por derecha del kirchnerismo, uno podría decir que el peronismo aburre con las novedades de siempre. Fíjense que el primer peronismo tuvo un período de “gloria”, asociado a otro ciclo en alza de la economía, que le permitió una serie de medidas de redistribución que las pudo practicar los primeros años, pero luego inevitablemente las tendencias fueron a la baja y fue el propio gobierno de Perón, desde comienzos de los años ‘50, el que tuvo que empezar a hacer algunas tareas como las que hoy tiene planteadas el gobierno de Cristina. En ese momento se usaba otro término, “racionalización”, después se le empezó a llamar “flexibilización”, y eso iba asociado a quitas salariales, convenios a la baja y despidos.

Esa tarea ingrata la empezó a afrontar el peronismo, y lo hizo Perón en el ‘52 y ‘53 de la mano de la burocracia sindical que cumplió un papel muy importante en el período previo a la caída. También estaban los Pignanelli…Y también empezó a emerger un activismo desde las fábricas que intentó ser aplastado por la burocracia sindical. Y el peronismo empezó a aplicar ese programa por las propias contradicciones de la base social que representaba.

El peronismo combina una salida por derecha, aplicando la racionalización, aplastando al activismo, avalando los planes de productividad que le exigía la burguesía; y luego, cuando vio que no podía completar ese plan hasta final, tira la toalla. Tirar la toalla significa que se rindió sin lucha ante el golpe del ‘55 y le dio el paso a la derecha. Eso es muy importante del peronismo: en su propio surgimiento está la mácula de la derrota y la capitulación.

Entonces, para la clase obrera, para la vanguardia, para la izquierda que quiere organizarse y orientar el proceso de lucha de los trabajadores, debe tener presente estas salidas históricas a las que recurrió el peronismo, que siempre son por derecha.

 

Obreros de Lear: despedidos por pelear

Nosotros empezamos hace 5 o 6 años atrás para empezar a formar la agrupación Celeste. Con compañeros que hacían asados, partidos de futbol, para empezar a luchar contra un sindicato que era el responsable de que los ritmos de producción aumenten, de que muchos compañeros se lastimen y se vayan a sus casas todos “rotos”, despedidos sin una moneda, e impidiéndoles de poder conseguir otros trabajos. Nuestros delegados fueron perseguidos y se ganaron la antipatía del SMATA por no querer firmar un acta de rebaja salarial en la decía que, si entraba personal nuevo, ganaba la mitad que nosotros. Desde ahí empezó la lucha nuestra contra el sindicato. Y a medida que veían que nosotros nos estábamos organizando, la verde nos empezó a hostilizar, señalándonos como que nosotros éramos vagos, éramos los quilomberos. Hoy estamos despedidos por pelear por nuestros compañeros, pelear por lo que nos corresponde. Nosotros no vamos a bajar los brazos, atrás de nosotros tenemos una familia que depende de nosotros y no nos deja bajar los brazos. Tanto nuestra familia, como las organizaciones que nos apoyan, la gente en la calle, mucha gente está de acuerdo con nuestra lucha porque sabe que es cierta y la tenemos que ganar.

 

Obreros de Donnelley: esto no nació de un repollo

En 2001, cuando la fábrica estaba casi sin producir, hubo compañeros que se cargaron la mochila en la espalda de sacarse de encima a la burocracia de Ongaro. Y llegaron a 2003 pudiendo barrerla. Donnelley es una patronal bastante dura en los ritmos de trabajo, con 12 horas diarias, sábados y domingos, con la mentira de las horas extras y el dinero ficticio. Entonces los compañeros tuvieron que hacer un trabajo para poder empezar a pelear por otras demandas que no eran económicas, como condiciones de trabajo, solidaridad con otras fábricas, con otros conflictos.

Lo que siempre se propagó en la fábrica es la solidaridad de clase y la conciencia de que todos juntos, es la única manera de enfrentar a las patronales y al gobierno en los golpes que nos dan. Participamos en la lucha de Kromberg, más de 50 compañeros en cada uno de los días del acampe; estuvimos con lo de Gestamp –acá está el compañero Robi que estuvo en el puente grúa resistiendo–; estuvimos con Lear acompañándolos, es más, somos una organización hermana con Lear.

Nosotros tomamos su ejemplo y ellos el nuestro durante todo este tiempo. También fuimos una de las pocas fábricas que hizo un paro de una hora por los compañeros de Las Heras con asambleas casi diarias, con cortes como el del 27/2 de este año. Un poco es eso lo que explica que hoy hayamos puesto a producir la fábrica.

 

Christian Castillo: “estamos disputando donde está el centro del poder económico”

Desde 2009 viene desarrollándose una vanguardia combativa y luchadora que desafía a las burocracias sindicales y a las patronales dentro de numerosas fábricas del cordón que rodea la Panamericana. Y cuando hay delegados combativos, se discuten los ritmos de trabajo ahí donde está el poder económico concentrado. No disputarle a las multinacionales que controlan la economía del país es mostrar que uno no quiere desafiar el poder de la clase dominante. Por eso el SMATA, la patronal, el gobierno, atacan tan duro cuando empieza la oposición, porque saben que hay descontento, entonces tienen que ejercer un poder prácticamente policial sobre los trabajadores. Eso es lo que empezó en Gestamp y lo que estamos viviendo en Lear, una contraofensiva para hacer lo que Pignanelli dijo: “tratar de que no quede ningún delegado de izquierda en el SMATA”. Y Lear le está diciendo a las patronales, “donde estamos los sectores combativos y quieran atacar, van a enfrentar una resistencia monumental; nos podrán derrotar, podremos conseguir más, podremos conseguir menos, pero que a nosotros no nos hacen bajar la cabeza, irnos a nuestras casas, sin mostrar la voluntad de lucha del movimiento obrero, eso ténganlo asegurado”. Ese es el gran mensaje de Lear.

Hay una segunda cosa a la que me quiero referir: la relación entre el crecimiento de los sectores combativos y la izquierda en el movimiento obrero, y la crisis del kirchnerismo. Ahí hay una relación muy importante: el corrimiento a izquierda de sectores de la clase obrera muestra una tendencia a hacer un partido de izquierda obrera en Argentina. Eso se ve en la presencia de la izquierda en la lucha de clases y en el crecimiento electoral del Frente de Izquierda.

Pero si hubiéramos sacado 1.200.000 votos, conseguido los diputados, y una vez que comienza la lucha de clase no hay protagonismo de la izquierda combativa… ¿qué pasa con esa elección? Hubiera quedado en el olvido. La elección del FIT se actualiza porque hubo lucha de clases y la militancia del FIT está allí. Nosotros como PTS queremos redoblar esa apuesta. Imagínense si en vez de hacer un paro matero, 500 mil obreros ganan las calles el día jueves (28/8), la burguesía estaría mal. Por eso no lo hace Moyano. Moyano tiene conciencia de burócrata: opina que si 500 mil obreros ganan las calles, él está mal. Quiere darle un mensaje a Massa, a Macri, al que sea, de que si quieren gobernar tienen que negociar con él porque puede parar el país; no quiere poner de rodillas a la clase dominante.

¿Cuál es nuestro objetivo? Poder poner los 500 mil obreros en la calle que pongan a la burguesía de rodillas. Ese es nuestro pequeño objetivo. Y la clase obrera lo ha hecho a lo largo de la historia. Justamente, aprender de la historia es aprender que el movimiento obrero puso a la burguesía de rodillas y la barrió de escena, y empezó a construir una sociedad distinta al capitalismo. Eso es lo que nadie tiene que olvidar porque eso es lo que nos proponemos hacer.

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