Lo que nos pasó

0
Share Button

2001 A LA ACTUALIDAD, NUEVA VANGUARDIA OBRERA E IZQUIERDA

 

CHRISTIAN CASTILLO

Consejo editorial.

Número 23, septiembre 2015.

VER PDF

Este artículo es una versión corregida de la exposición realizada por el autor en la mesa debate “¿Qué nos pasó? De la irrupción de 2001 a la encerrona de 2015” con Luis Zamora (AyL), Claudio Lozano (FP) y Gabriel Solano (PO).

Según quien hable, la respuesta a la convocatoria del panel va a ser muy diferente. En nuestro caso ha sido un proceso lento pero persistente de crecimiento de la izquierda obrera y socialista, con un salto en la influencia orgánica en sectores de la clase obrera, de la juventud, del movimiento de mujeres, y en la constitución del Frente de Izquierda como una referencia política por la independencia de clase que ha superado a las otras variantes de la izquierda.

Si nos retrotraemos al 2001 lo primero que hay que señalar es que los ciclos políticos en la Argentina, aunque tienen su especificidad, en general son parte de procesos más amplios, a nivel latinoamericano, y a veces a nivel internacional. Mayo de 1810 y las guerras de la independencia posteriores como parte de las rebeliones en Hispanoamérica, producto de la crisis del imperio español por las invasiones napoleónicas. El peronismo, como parte del fenómeno de los nacionalismos burgueses del continente, como fueron el cardenismo mexicano, el varguismo en Brasil, el APRA peruano o el MNR en Bolivia. El ascenso revolucionario de los setenta, que tuvo en el cono sur latinoamericano uno de sus epicentros. Y, al final del milenio, las rebeliones populares en Ecuador, en Bolivia con la guerra del agua y la guerra del gas, la gran lucha de los estudiantes mexicanos de la UNAM de 1999-2000 que tuve la oportunidad de acompañar, y el levantamiento del 19 y 20 de diciembre del 2001 en Argentina fueron parte de las acciones que cambiaron, aunque con desigualdades, el ciclo político en la región. Esto coincidió con la crisis internacional producida por la caída de las empresas Puntocom y multinacionales estadounidenses, así como de empresas importantes como Enron y Worldcom, un sacudón importante del capitalismo global entre 2000 y 2002 en el que la crisis argentina, que aunque venía de arrastre, pegó un salto en ese mismo período, y fue parte de los eslabones débiles: tuvo una caída del 12 % del PBI en poco tiempo. Esta bancarrota capitalista es parte integrante de la definición de que lo que atravesó la Argentina fue una crisis orgánica: combinación de catástrofe económica, crisis social y crisis política manifestada en la pérdida de autoridad del Estado en su conjunto, expresada en el “que se vayan todos” y rebelión popular.

 

2001, potencias y límites

La rebelión de diciembre o lo que llamamos “jornadas revolucionarias” tuvo como uno de sus elementos distintivos que se trató de un levantamiento contra un gobierno electo por sufragio universal. En esa semana y en los meses que siguieron se expresaron, condensadas, muchas de las experiencias de lucha y organización que vivimos en la década de los noventa. Recordemos que el antecedente de la caída de De la Rúa se había dado a nivel provincial, siete gobiernos habían caído en Jujuy producto de la movilización popular; el Santiagueñazo de diciembre de 1993, que fue quizás la primera gran rebelión contra el menemismo, donde todos vimos que la población ocupó la casa de gobierno, tomó las casas de los políticos, el poder judicial, la legislatura provincial. Ahí vamos a ver el antecedente de voltear un gobierno con la movilización en las calles. También está la proliferación de asambleas populares, que tenían sus antecedentes en las puebladas, que desde Cutral Có y Plaza Huincul se extendían. Todavía recuerdo la transmisión del canal Crónica que en vivo y en directo mostraba que el intendente tenía que ir como uno más a las asambleas y la población votaba todo junto con los primeros piqueteros. Expresaban esa idea de la democracia directa, enfrentando lo que había sido el saqueo brutal en las ciudades que habían sido petroleras y donde la desocupación duplicaba los índices a nivel nacional. Hay otro componente, que no se expresó con tanta fuerza en los días decisivos del 19 y 20 de diciembre pero que atravesó el gobierno de la Alianza, que fue la confluencia de los sindicatos con el movimiento de desocupados. Hubo 7 paros generales bajo el gobierno de la Alianza que no nos podemos olvidar, enfrentando primero la reforma laboral, y después con algunos en donde se combinaban los cortes de los sindicatos y de los movimientos de desocupados. También tenemos los levantamientos con acciones del movimiento de masas enfrentando a la represión, como en Tartagal y General Mosconi, donde en uno de los levantamientos se detienen al comisario y varios policías hasta que soltaran a los manifestantes que habían sido detenidos.

Esa acumulación de experiencias para diciembre del 2001, contrastaba con un nivel de derrota muy fuerte de la vanguardia obrera. No quedaban casi militantes de izquierda en las fábricas, ya que habían sido barridos en la década del noventa. Había, sí, una presencia importante del movimiento de desocupados y empezaba a tomar fuerza el movimiento de fábricas recuperadas con la experiencia de Zanon y de Brukman, quienes el 18 de diciembre ocuparon una de las 120 fábricas que llegarían a ocuparse entre 2001 y 2002 en el país. Y enseguida, tras la caída de la Rúa surgían también las asambleas populares retomando la tradición de las puebladas. Esa fuerza social que se puso en movimiento alcanzó para voltear un gobierno pero, al no haber centralidad de la clase obrera ocupada, como sí había ocurrido en el Cordobazo o el Rosariazo, no contaba con la capacidad para ser alternativa de poder. Ese fue su gran límite y lo que permitió que la movilización popular fuera utilizada por la fracción devaluacionista de la burguesía para llegar al gobierno de la mano de Duhalde. Es evidente que en una estructura social como la de Argentina, aún cuando tenés un 25 % de desocupados, si en el otro 75 % del movimiento obrero, de los asalariados de este país, que son un 73 % de la población económicamente activa, vos no tenés una fracción significativa, pretender quebrar el poder del capital es una ilusión. Es decir, con los desocupados a lo sumo, 2,5 del 10 podían organizarse. Una fuerza social insuficiente para poder ser alternativa de poder de conjunto. La verdad es que en el movimiento sindical había una debilidad de la izquierda muy fuerte, sobre todo en el movimiento obrero industrial que hizo que la mayoría fuera base de la política devaluacionista. Hugo Moyano acompañó a la fracción devaluadora de la burguesía y conformó un pacto social con Duhalde que después se extendió durante el kirchnerismo hasta 2012.

 

El desvío

Entonces había una debilidad de la izquierda clasista en aquellos momentos. Desde la izquierda veníamos en una lenta acumulación, pero muy débil en relación a lo que nos planteaba el desafío de una crisis del poder de los de arriba. Por eso, entre los límites de lo que emergía desde abajo, y la recuperación económica, la clase dominante logró contener los alcances de la crisis orgánica. Quizás si la crisis económica hubiese seguido un año o dos se podía avanzar rápidamente, lo que fue la ocupación de algunas fábricas se transformaba en la ocupación de decenas de miles y la burocracia sindical colapsaba, pero en junio de 2002 empieza a repuntar la economía, se empieza a revertir esa enorme caída gracias al desplome del costo salarial (que tuvo como contrapartida caída del poder adquisitivo del salario de 40 %) y gran capacidad productiva instalada ociosa. Y también, por un ciclo internacional que permitió el alza de los precios de las commodities gracias al cual toda América Latina vivió un ingreso de rentas muy alto. Esto permitió que los gobiernos que surgieron como respuesta capitalista a la crisis de los gobiernos neoliberales pudieran, en parte, hacer ciertas concesiones, paliar situaciones, dar planes, y subsidios a la burguesía y contener por un momento al movimiento de masas, con margen para no ir a un enfrentamiento directo.

A la burguesía le vino bien que en las elecciones de abril de 2003 el segundo fuera Kirchner, y que gracias a la renuncia de Menem al ballotage surgiera un gobierno que pudiese hacer ciertas concesiones, tomando en forma bastardeada algunas demandas populares para legitimar su proyecto (restaurador del poder estatal). El kirchnerismo conformó una coalición que se basó en parte del propio aparato político peronista que había sido parte del menemismo –tratando de reconvertirlo en el discurso, pero manteniéndolo como estructura de poder–, en una fracción de la burocracia sindical, y cooptando un sector del progresismo. Esas son las tres patas de la alianza kirchnerista.

No es cierto, como se mencionó en una mesa anterior, que las únicas represiones del kirchnerismo fueron contra movimientos ambientalistas, que las hubo. La vanguardia obrera, cada vez que dio luchas duras fue víctima predilecta del accionar represivo del estado y la burocracia sindical. Lo vimos en Kraft en 2009. En Lear el año pasado hubo 13 represiones a los cortes en Panamericana, usando gases pimienta, que me tocó soportar personalmente; a mi compañero Nicolás del Caño le pegaron 18 balazos de goma en una represión dirigida por Berni. Hubo 60 compañeros procesados y una cantidad enorme de heridos. Más recientemente a los trabajadores de la línea 60 los quisieron correr a balazos de goma y los compañeros resistieron. En 2010 la burocracia sindical asesinó a Mariano Ferreyra. Cada lucha de la vanguardia obrera en este país fue brutalmente reprimida durante el kirchnerismo, porque no quería que se desarrolle un sector del movimiento obrero como alternativa a la burocracia sindical.

 

El emerger de una vanguardia obrera

Hay que tener muy claro este punto, porque uno de los fenómenos posteriores al 2001 es que vimos un peronismo tradicional pero con una dirección con discurso de centroizquierda que intentó bastardear las banderas de la izquierda y así ocupar gran parte del espacio político durante este tiempo. Y por otro lado hubo una izquierda que se mantuvo firme, que no se fue detrás del kirchnerismo como hicieron otros sectores ni buscó otros atajos de centroizquierda ni apoyó a las patronales agrarias, sino que vio que había una posibilidad de reconstrucción de una vanguardia obrera clasista. Esta fue una enorme apuesta estratégica que hoy la estamos viendo materializarse cuando en algunas fábricas, no por generación espontánea sino por un trabajo político sistemático, paciente y con convicciones, hay una nueva vanguardia obrera en la Argentina. En el 2001 nosotros hablábamos políticamente desde la vanguardia obrera que en gran medida no existía o que existía muy limitadamente en las fábricas. Y hoy, aunque sigue siendo minoritaria, existe una vanguardia obrera que se reúne, lucha, delibera y está construyendo una identidad política de izquierda, alternativa a la de la dirección burguesa del peronismo. Y este es un hecho de la realidad política de estos años.

Entonces a la pregunta de “¿qué nos pasó?”, hay que responder que avanzó la reconstrucción de la vanguardia obrera en la Argentina, sin lo cual no puede explicarse la emergencia política del Frente de Izquierda y de los Trabajadores como dominante dentro del conjunto de la izquierda. En las mismas fábricas donde se hizo el genocidio para liquidar a la vanguardia de los años setenta, empieza a haber delegados y comisiones internas que le disputan el poder a la burocracia. Si un objetivo tuvo el genocidio fue barrer esa vanguardia obrera que se había generado desde la Resistencia o si se quiere desde el Cordobazo. En cada gran fábrica argentina hubo un centro clandestino de detención, por eso las fábricas aparecieron militarizadas el día del golpe. Reconstruir ese hilo histórico, que vuelva a formarse esa vanguardia obrera, clasista, anticapitalista, socialista, es una enorme tarea en la cual hemos dado algunos pasos importantes en este periodo histórico. Porque no se puede entender ni la formación del Frente de Izquierda, ni por qué logró destacarse entre el resto de las otras corrientes sin esto, o sea sin la lucha persistente y resistente de la vanguardia del movimiento obrero durante el kirchnerismo. Sin esto el FIT no existiría o sería mucho más limitado.

Muchas cosas de la relación de fuerzas del 2001 están presentes y son experiencia acumulada de la clase obrera. Hoy, cuando vemos que se cierra una fábrica la ocupación y la puesta a producir tiene legitimidad política. Recogiendo los catorce años que ya lleva la experiencia de Zanon, recientemente los compañeros de la ex Donelley, hoy Cooperativa MadyGraf, llevan ya un año de gestión obrera en una de las principales imprentas del país. Ahora los compañeros de Worldcolor en Pilar están tratando de hacer lo mismo contra la empresa que quiere sacarlos. Esta es una experiencia que se ha mantenido viva, es decir, si en Argentina la recesión lleva a un cierre de fábricas más generalizado, no van a pasar sin lucha esos cierres, porque hay una experiencia acumulada de que fábrica cerrada se puede ocupar y poner a producir. Si crece la desocupación, van a surgir movimientos de desocupados en la Argentina sin ninguna duda. Y si hay mayores niveles de insubordinación política por mayor crisis del régimen, de los de arriba, van a surgir de vuelta expresiones de democracia directa porque son experiencias acumuladas, que las han desviado, pero no las han derrotado en las calles.

 

Las disyuntivas de la burguesía

Esta recomposición de una vanguardia obrera es el gran problema que tiene el que suceda a Cristina Fernández, que en cualquiera de sus variantes viene a aplicar el ajuste. Yo creo que es la gran explicación de por qué el establishment, lenta, pero firmemente se inclina por Scioli. Con Macri sueñan, con Scioli piensan como realistas. El candidato del FPV ganó en 20 de 24 distritos, tiene la mayoría de las gobernaciones, casi toda la burocracia sindical y una gran parte del aparato de los intendentes. Si uno piensa en aplicar un ajuste y en quién le garantiza gobernabilidad, salta a la vista que Macri tiene poco poder real.

Saben que se van a tener que enfrentar a una resistencia muy fuerte. Y esa es la importancia que han tenido todas las luchas del último tiempo, mostrar que nada va a pasar sin un combate decidido. Que un ajuste no es que van aplicarlo y no va a pasar nada. Acá va a haber resistencia.

Se ha mostrado en la gran lucha de Lear. Nueve meses de resistencia frente a los despidos el año pasado. Pero también en el acatamiento que tuvieron los paros generales impulsados por el sindicalismo opositor de Moyano y Barrionuevo y la CTA de Micheli, y en la voluntad de hacer piquetes en esos paros generales por parte del sindicalismo combativo. En las paritarias de este año vimos la gran pelea del quiebre de los topes salariales de los aceiteros de Santa Fe. La lucha dada por los compañeros de la 60 y por los compañeros de Cresta Roja. Una voluntad de combate que condiciona a la burguesía y que también la va a hacer pensar. Si ataca y ataca con los ojos cerrados va a encontrar una enorme resistencia.

Es muy sintomático que los candidatos de derecha hayan tenido que disfrazar su programa. Ninguno puede decir la verdad de lo que van a hacer. Lo dicen sus gurúes económicos en reuniones reservadas o cuando se reúnen con los grandes empresarios. Pero no lo pueden decir en la campaña electoral.

 

Elección y después. El desafío de organizar a la vanguardia

El Frente de Izquierda agrupa a fuerzas políticas que no nos fuimos ni detrás del gobierno ni de las variantes de centroizquierda. Miren hoy dónde está Juez, con Macri. Miren dónde está Pino Solanas, dirigentes por los que habían apostado sectores de izquierda como el MST. Se han vuelto nulidades políticas. Margarita Stolbizer fue en varias provincias de la mano de los frentes con el PRO. ¿Cómo va a ser alternativa al PRO quien hace frente con el partido de Macri en varios distritos? En las elecciones que se vienen el 25 de octubre la mayoría de los votos se los van a llevar los candidatos del ajuste, pero no es secundario cuánto saque la única fuerza política que va a levantar una perspectiva antiimperialista, anticapitalista y socialista en defensa de los intereses de los trabajadores. No es lo mismo si la fórmula de Nicolás del Caño y Myriam Bregman y el Frente de Izquierda consigue nuevos diputados al parlamento. No es lo mismo sacar un millón o un millón y medio de votos frente a los candidatos del ajuste, es mostrar una voluntad de resistencia. Lo mínimo que hay que exigirle a toda fuerza que no esté con los candidatos del ajuste es un pronunciamiento inequívoco de que va a apoyar a la única fórmula de las seis que hay que defiende las reivindicaciones y los intereses de los trabajadores.

Nosotros luchamos por terminar, en forma revolucionaria, con este régimen y este Estado y reemplazarlo por una república de consejos donde los trabajadores se auto-organicen, desde las fábricas y los lugares de trabajo, que tengan el poder y se auto-determinen. La conquista del poder político por los trabajadores es necesaria para expropiar a los capitalistas y planificar en forma democrática la economía, para poner los recursos materiales e intelectuales de la humanidad al servicio de elevar el nivel de vida del conjunto de la población. Ese es nuestro proyecto estratégico, sabiendo que los avances en la construcción del socialismo dependerán del desarrollo de la revolución en el terreno internacional.

En el 2001 se evidenciaron los límites de la “ilusión de lo social”: sin una organización de las masas, espontáneamente, por sí mismas, no quiebran el poder organizado del Estado capitalista. Hay que decirlo con claridad: el autonomismo fracasó. La multitud es menos que la clase. Y la organización colectiva de partido es más que los individuos tirando cada uno para su lado. El enemigo está organizado y golpea desde el Estado, o trata de cooptar y si no existe una fuerza material organizada en las fábricas, en los lugares de trabajo, en los lugares de estudio, que pegue en común contra el enemigo es imposible vencer. Si queremos quebrar el poder del Estado capitalista, ¿cómo vamos a triunfar sin esa organización? ¿Cómo vamos a evitar las cooptaciones si los que somos anticapitalistas y socialistas no nos organizamos en común en un gran partido revolucionario? Los votos van y vienen. Cuando nos va bien, tienen que estar al servicio de construir tal organización.

El levantamiento espontáneo, sin dirección revolucionaria y sin centralidad de la clase obrera, como fue el de diciembre de 2001, tiene un límite. Y por eso una parte de los autonomistas pasaron de la “ilusión de lo social” a la “ilusión de lo político”, pasaron de seguidores de Toni Negri a seguidores de Ernesto Laclau. Miremos a Álvaro García Linera, que era el principal defensor de los planteos de Toni Negri en Latinoamérica, ¿dónde terminó? Es el vicepresidente de Bolivia, gestionando el capitalismo andino, renegando avanzar hacia el socialismo en Bolivia. Enfrentando a los mineros cuando peleaban por sus reclamos, mandándoles la represión a los trabajadores cuando peleaban. Así terminaron los autonomistas, gestionando el Estado capitalista. El problema es si se construye esa gran organización militante de la vanguardia obrera, si hoy estamos en decenas de fábricas, que mañana sean cientos, miles los lugares de trabajo arrebatados por la vanguardia obrera a la burocracia sindical, así como una fracción de los grandes sindicatos y las organizaciones del movimiento estudiantil. Sin esa organización, sin el avance de la clase obrera como sujeto político, junto con los estudiantes, los sectores pauperizados de las clases medias, con todos los que expresan al pueblo explotado y oprimido en Argentina, es imposible quebrar el capitalismo. Y eso creo que son enfrentamientos que están por venir. Lo que hemos acumulado en cuanto a peso orgánico en los lugares de trabajo y estudio y como referencia política es para grandes enfrentamientos de clase que están por venir.

Ahora, las batallas se dan en todos los terrenos y hay una batalla también en el terreno electoral, para todo el que lucha sabe que no es lo mismo que haya o que no haya diputados de izquierda que estén en las luchas, denunciando en los parlamentos a los personeros de la burguesía, los negocios que hacen, mostrando cómo cobran sueldos de gerentes mientras los diputados y legisladores de izquierda cobramos como docentes tal como se planteaba en la Comuna de París, denunciando esa casta política profesional que defiende los intereses de los capitalistas y planteando la necesidad de organizar la movilización extra parlamentaria de las masas. Apostar al fortalecimiento del Frente de Izquierda en octubre es prepararnos mejor para la construcción de la fuerza política obrera, revolucionaria e internacionalista que permita a los trabajadores hacerse del poder.

FIT

No comments

Ganancias sin freno

La crisis que atraviesa el sector automotriz puede ser una oportunidad para las empresas, si miramos la historia del sector en la "década ganada" - ...