“Lo íntimo tiene lazos indisolubles con lo social”

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ENTREVISTA A EUGENIA ALMEIDA

 

DAVID VOLOJ y LAURA VILCHES

Número 34, octubre 2016.

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Eugenia Almeida vive en Unquillo, una pequeña localidad de las sierras chicas. Tres o cuatro veces por semana viaja a la ciudad de Córdoba, donde se dedica a la docencia y al periodismo cultural. Sus notas, entrevistas y reseñas aparecen regularmente en distintos medios gráficos nacionales e internacionales. Además, desde marzo de este año conduce “Dame Letra”, un programa radial que se emite los domingos a la siesta por AM 580 (la radio de la Universidad Nacional). Allí explora el campo de la literatura contemporánea y comparte lecturas, opiniones y regala libros.

Desde la publicación de El colectivo, su primera novela, la obra de ficción de Almeida se ha ido consolidando en la escena literaria actual. Su narrativa escarba en la realidad nacional, en la historia reciente y en las líneas de continuidad que se extienden hasta hoy. Desde una estética realista, donde se priorizan la acción y las frases cortas, esta escritora cordobesa exhibe los modos en que la violencia se encarna en los cuerpos. Así, el poder, en sus distintas formas, late en la ficción como una presencia hostil que atraviesa a la sociedad en su conjunto.

El colectivo obtuvo el Premio Internacional Las Dos Orillas, en España, un reconocimiento internacional que hizo que la novela fuera traducida a numerosas lenguas y publicada en Europa mucho antes de llegar a Argentina. Posteriormente, apareció su segunda publicación, La pieza del fondo, que fue finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2011.

Cada texto de Almeida parece discutir con las zonas oscuras de la realidad. El año pasado salió su último título, La tensión del umbral, donde explora la red de complicidades que sostienen al aparato represivo del Estado. La obra fue recientemente galardonada en Francia con el Premio Transfuge a la mejor novela hispánica, por eso, los últimos días de septiembre encontraron a Almeida en territorio francés, donde la novela apareció bajo el título de L´Échange.

“La noticia del premio llegó justo unos días antes de salir, pero ya desde enero sabía que debía viajar por el libro” cuenta Almeida que, durante diez días, participó de los Festivales Livre dans la boucle y Melting Potch, formó parte de la celebración de los cuarenta años de la Librería Lucioles, y se encontró con lectores, libreros y periodistas en París, Besançon, Mulhouse, Metz, Grenoble, Vienne y Courriéres.

 

IdZ: El Premio Transfuge no es tu primer reconocimiento en Francia ni en Europa. ¿Cómo creés que se lee tu obra allá? ¿Hay diferencias con respecto a la recepción en Argentina?

La verdad es que siento un agradecimiento muy profundo con los lectores franceses. Han sido siempre muy generosos con mi trabajo y es un lazo que siento que va creciendo libro a libro. Cómo se lee mi trabajo allá es muy difícil de responder. Claramente, es una lectura diferente a la que se hace desde Argentina, pero me sería imposible señalar en qué consiste esa diferencia. Lo que sí puedo decir es que tengo la impresión de que mi trabajo es más valorado allí que aquí. Pero quizás sea solo una impresión.

 

IdZ: ¿Cómo percibiste la situación social y política francesa?

Responder a esta pregunta exigiría cientos de páginas; y debería aclarar que no deja de ser la mirada de una extranjera, de paso, sin la posibilidad de analizar en profundidad la situación. Ahora, en lo político, el eje parece ser la palabra “seguridad”, claramente en relación a los últimos atentados. En torno a ese eje se construyen las discusiones que anticipan las elecciones del año próximo. Y allí surge lo mejor y lo peor de la sociedad francesa. Quienes quieren apostar a una sociedad que incluya a todos y quienes plantean la pesadilla de las persecuciones. La islamofobia es una realidad innegable. Al mismo tiempo, el terrorismo extremista es el mejor aliado de la ultraderecha. Uno podría creer que son socios en la creación del odio y el miedo.

 

IdZ: ¿Y qué percibiste en el plano cultural?

No puedo dejar de resaltar ciertos aspectos de la vida cotidiana que tienen un enorme impacto en la cultura. Por ejemplo, si hacemos una traslación del salario mínimo francés y el precio de un libro recién editado a términos argentinos (es decir, conservando la proporción), nos encontramos con que en Argentina podríamos comprar un libro nuevo a unos $90. Aproximadamente, una cuarta parte de lo que efectivamente cuesta un libro en nuestro país. Si hacemos la misma operación, un libro de bolsillo debería costar unos $30. Pero aun así, si alguien no puede acceder a libros nuevos, puede comprarlos usados (en excelente estado) en muchos de los locales que existen y que ofrecen libros extraordinarios a 20 centavos de euros (un poco menos de $4). En una de esas librerías compré seis libros de Emmanuel Carrère (uno de mis escritores favoritos, posiblemente uno de los grandes nombres de la literatura francesa contemporánea). Pagué por esos seis libros en edición de bolsillo un poco menos de 19 euros en total. Es decir, cerca de $350. Lo que en Argentina difícilmente me hubiera alcanzado para pagar uno de ellos.

 

IdZ: Hacés cuentas minuciosas…

Hago estas cuentas porque a veces, en temas de cultura, la gente prefiere no hablar de dinero, como si el dinero fuera algo turbio y la cultura algo prístino, como si no hubiera relaciones profundísimas entre ambas cosas. Este prurito de no hablar de dinero está en la base de todos aquellos que se niegan a reconocer el trabajo artístico como trabajo. Pasa algo similar con la docencia, se recurre siempre a la palabra “vocación” para profundizar las condiciones de explotación.

Pero vuelvo a lo que decía: a veces, en este afán de invisibilizar las condiciones económicas hay quien se asoma a una sociedad como la francesa y se sorprende de cuánta gente lee (en la calle, en las plazas, en los trenes, en el subte) sin preguntarse cuán accesibles son los libros. Sin preguntarse si en esa sociedad son vistos como un objeto cotidiano o como un objeto de lujo. Sin preguntarse, en definitiva, qué proporción del salario mínimo es necesaria para pagar un libro.

 

Hilos y continuidades

Eugenia Almeida señala que siempre escribe y, en la actualidad, se encuentra encaminado un nuevo libro. “Estoy en medio de la historia, dejando que corra. No puedo decir mucho más porque soy de los que piensan que aquello que se cuenta ya no se escribe”.

En una primera aproximación a El colectivo se puede percibir que Almeida se ubica a fines de la década del ‘70 para reconstruir la atmósfera opresiva de un pueblo del interior del país. En este marco temporal y geográfico, la historia da cuenta del peso de las tradiciones que, de pronto, son interrumpidas por una realidad que lo desborda. La presencia de una pareja de fugitivos que huye de la ciudad se convierte así en el disparador para desnudar la hipocresía y la responsabilidad de amplios sectores de la sociedad en los hechos de la última dictadura cívico-militar.

Así visto, en su primera novela Almeida reconstruye el conservadurismo de pueblo y no solo habla de la dictadura sino de la opresión en sus diversas formas, y en particular, aquella que se ejerce sobre las mujeres.

 

IdZ: El colectivo se encauza en una línea de la literatura argentina que revisita la historia reciente. Podríamos considerarla parte de los “relatos de la memoria”, es decir, una multiplicidad de discursos socioculturales que tiene como punto de referencia la última dictadura. De alguna manera, muchos de esos relatos empalman con la definición del Nunca más donde el juicio y la condena a las cúpulas militares, y luego a algunos de los represores más emblemáticos, representan el relativo cierre de ese período.

No creo en lecturas que “clausuren” el pasado. El pasado no se clausura, se transforma, influye en el presente, produce futuro. El pasado siempre está aquí. Nunca pensé en un “cierre” cuando escribí El colectivo (si bien el libro se publicó en Argentina en 2009, lo escribí en 2003). No hay cierre posible.

 

Con La tensión del umbral, Almeida se mete en el género policial para narrar una historia situada en la actualidad. Un aparente suicidio en la vía pública desata una investigación personal que irá develando, como capas que permiten adentrarse en el infierno de lo real, el entramado que sostiene al aparato represivo del Estado y las mafias de que se nutre.

 

IdZ: ¿Fue una elección el género policial?

El género vino con la historia. No elegí ninguna de las dos cosas. Las historias se me imponen. Y esta venía enmarcada en un género que siempre he disfrutado mucho leer. Eso requirió un trabajo distinto a la hora de corregir. Una atención mucho más fina a los detalles. De todos modos, creo el libro puede leerse como un policial o como otro tipo de libro. Como una novela política, por ejemplo.

 

Si de una novela política se trata, en la historia de Guyot, este periodista que se enfrenta a las continuidades entre el pasado de la dictadura genocida y el presente, podemos leer el eco de las denuncias del Proyecto X o de la existencia del ex agente de la vieja SIDE, Stiusso, espiando trabajadores y luchadores sociales, amenazando a un juez emblemático del Juicio a las Juntas Militares.

En la literatura de Almeida, la última dictadura es un espectro siempre presente y las variaciones en el abordaje que hace entre El colectivo y La tensión del umbral tienen que ver con el tiempo de la historia narrada. En su última novela, la historia transcurre en 2008, y allí aparece la red de complicidades aún actuantes, entre el poder político, policial, judicial y los medios de comunicación para garantizar la impunidad.

Al mismo tiempo, Almeida indaga en aquellas zonas de la existencia humana que no siempre son fáciles de comprender y requieren conectar la experiencia individual con las condiciones históricas y sociales, en las que dicha experiencia se inserta para, al menos, aproximarse.

 

IdZ: En alguna entrevista vos señalás que al protagonista de esta última novela parece no moverlo un principio moral para su investigación sino que insiste en avanzar por su necesidad de entender.

Guyot, el periodista, busca entender algo del orden de lo incomprensible: ¿por qué alguien se suicida? ¿Por qué hacerlo en plena calle? ¿Por qué con un disparo en el pecho?

IdZ: En el suicidio hay un cruce entre el orden de lo público y lo privado. ¿Es eso lo que se necesita entender?

Lo que busca entender está más allá de nuestra posibilidad de comprender. Algo que ni siquiera puede encarnar en el lenguaje. El suicidio es un tema que siempre me ha inquietado. Creo que no hay respuestas para esas preguntas. El suicidio en sí es la respuesta. Los que quedan, desesperadamente, buscan darse una respuesta como forma de alivio o de consolación. Es un ejercicio inútil que te lleva la vida.

IdZ: Ahora bien, Guyot investiga pero le prohíben escribir sobre aquello que investiga. Y el hecho, que parece circunscripto a lo privado, va adquiriendo, con el develarse de la trama, un carácter público. Lo que envuelve al suicidio en la novela no es del orden de lo individual.

Creo que lo íntimo (y atención, que no digo “lo privado”) siempre tiene lazos indisolubles con lo social (y atención que no digo “lo público”). No somos seres aislados. Todo tiene un engarce en lo social (aun en lo social como abstracción, en la imagen de lo social que nos hacemos en absoluta soledad). Y diría que ningún gesto humano está ajeno al orden de lo social. El suicidio tampoco. Solemos pensar que es un gesto privado, individual, quizás porque es difícil de soportar pensar en las responsabilidades (comunitarias) que tenemos cada vez que uno de los nuestros decide que es mejor morirse a seguir viviendo en este mundo. Un mundo al que construimos entre todos y del que somos responsables.

IdZ: Este personaje es un periodista al que a su vez se le niega insistentemente el acto de comunicar. ¿No iría en contra de algo “constitutivo” de su rol social?

En tu pregunta definís “comunicar” como el “acto constitutivo del rol de periodista”. Sin ánimo de polemizar, me parece una definición algo extemporánea del periodismo. Como si habláramos de un periodismo absolutamente desprendido de los medios de comunicación, empresas que no venden información a su audiencia sino que venden su audiencia a los auspiciantes. Nos venden a nosotros. O, más específicamente, venden nuestra atención. Creo que es algo que nunca hay que perder de vista cuando hablamos de los medios masivos de comunicación.

 

IdZ: Bien, pero volviendo al ángulo de por qué no le permiten publicar a Guyot su historia, podríamos decir que no “comunica” –en el sentido de hacer su tarea estrictamente periodística– porque hay una perspectiva deliberada de no darle esa información a los potenciales oyentes/lectores. ¿Quién o dónde se decide que así sea?

No se trata de que a Guyot no lo dejen publicar. En realidad no llega a escribir una historia. La historia se escribe dentro suyo. No se trata de material periodístico sino de algo mucho más delicado, personal. El secreto que atraviesa la novela nunca llega a escribirse. Ni a revelarse. Aquellos que se acercan demasiado salen lastimados. O muertos. Los medios de comunicación, en mi novela, aparecen como uno de los pilares que sostienen poderes ocultos, como espacios de ocultamiento y como plataforma para operar sobre la percepción de la realidad. No se trata de la verdad. Nunca se trata de “la verdad”. Por supuesto, Guyot no pertenece a ese mundo, ni siquiera es capaz de comprender las fuerzas que lo rodean y que lo ponen en riesgo. Como, por otra parte, le pasa a la mayoría de las personas. Cuando hablo de poderes ocultos me refiero a poderes que están mucho más allá de lo evidente, de lo explícito. Redes que atraviesan los Estados y que son quienes verdaderamente gobiernan el mundo.

IdZ: Hablando del policial, en la última Feria del Libro de Córdoba te sumaste al ciclo “Córdoba Mata”, que aborda las distintas manifestaciones del género.

Me parece importante que la ciudad tenga un ciclo dedicado a este tipo de libros. Me alegró mucho que me invitaran a una de las mesas. Ojalá pueda mantenerse y crecer. Año a año, el público ha ido acompañando esta propuesta. Como lectora, me gustaría ver más mujeres entre los escritores invitados. Fundamentalmente en un género en el que las mujeres siempre se han destacado.

 

IdZ: ¿Cuáles son las líneas que más te atraen?

¿De los relatos policiales? Aquellos que permiten comprender algo de la condición humana y preguntarnos qué somos capaces de hacer en determinadas circunstancias. Aquellos que iluminan de qué modo las vidas cotidianas se entrecruzan con la historia política y social. Aquellas que no reducen todo a un enigma y que no necesitan explicarlo todo porque asumen que ciertos aspectos de la realidad no pueden ser explicados y solo pueden ser “mostrados”.

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