Las vaquitas son ajenas

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Número 11, julio 2014.

 

“Si una vaca es una vaca… ¡es una vaca, hermano!”. Con la claridad meridiana que da la tautología, Ricardo Pignanelli –Secretario General del SMATA– definió el fenómeno que rankea en los top five del movimiento obrero en Argentina: el crecimiento de un sindicalismo combativo. En este número, Paula Varela y Leonardo Norniella –trabajador de PEPSICO– charlan con Lorena Gentile –dirigente de la Comisión Interna de Kraft– y Roberto Amador –que protagonizó la lucha en Gestamp–, para entender por qué se puebla de vacas la Zona Norte del conurbano bonaerense. Al cierre de esta edición, la autopartista Lear despedía 100 trabajadores (sin preventivo de crisis). Los obreros respondieron iniciando una dura pelea con paro y piquetes.

 

Paula Varela: A fines de mayo fue el conflicto de Gestamp, luego siguieron los despidos en Lear, dos fábricas del SMATA. También hay conflicto en Donnelley, que es parte del sindicalismo combativo. Pareciera que el clima comienza a ser de mayores ataques a los sectores que luchan y particularmente a la izquierda. ¿Cuál es la reflexión de ustedes sobre esto?

 

Roberto Amador: Nosotros venimos discutiendo hace un tiempo que en el SMATA hay un problema entre el lema “el orgullo de ser mecánico” y el desgaste que hay en la base. Si bien atacaron a la izquierda, lo que los tipos ven es que por abajo hay desgaste. En Gestamp, antes de que el año pasado se eligiera una Comisión Interna donde hay un delegado que es militante, ya se estaba desarrollando un proceso en el que no había incidencia de la izquierda. En la planta 4, de 250 laburantes, había casi 60/70 % de pibes que salían del colegio técnico y entraban ahí, y después un conjunto de compañeros que veníamos de otros lugares (algunos militantes o que habían sido activistas en otras fábricas). Eso fue empalmando. Cuando empieza el proceso, cuando despiden a un compañero, se para la fábrica 3 horas. Para la empresa fue un golpe muy grande porque los tipos habían hecho mucho vuelco para disciplinar. Entrábamos a las 6 am, salíamos 2.30 pm y en esa jornada parábamos 18 minutos para tomar mate nomás, después era todo el día dale que va… Entonces no podían entender por qué en una fábrica donde habían regimentado de tal forma a los pibes, de repente había un paro de 3 horas por un despido, y después otro de 12 horas por otro. Esos paros no fueron fogoneados por la izquierda.

 

PV: ¿Y cómo se explican?

 

RA: Es una combinación de la juventud de la fábrica donde había mucho compañerismo, mucha vida social que los pibes hacían afuera, y los activistas que venían de otras experiencias. La planta 4 la pusieron en pie después de la crisis de 2008, donde hubo un montón de gente de la rama despedida y algunos cayeron ahí. Para ingresar a Gestamp te hacían 7 entrevistas, un poquito más y te hacían un ADN. Así y todo… Evidentemente es un proceso que va más allá de la militancia. Yo pienso que lo que el SMATA sabe es que hay un gran proceso por abajo. El primer pibe que echaron en Gestamp venía de Toyota, y él contaba que hacían quite de colaboración o trabajo a desgano. Pero eran todas cosas que salían de la gente.

 

Leonardo Norniella: En la VW también…

 

RA: Claro, por lo del impuesto a las ganancias hubo una movilización al cuarto gremial a fin del año pasado. No lo podés entender si no ves lo que hace el SMATA. La otra vez, el Cacho contaba que en los ‘90 los tipos (la Verde) estaban con los metodistas controlando si se cumplían los ritmos de trabajo, no se les pasaba una chata de más. Hoy eso cambió. El SMATA pasó de ser unos tipos que si te goteaba el techo te decían “pará la línea que no se puede trabajar así”, a los que hoy te ponen una bolsita arriba de la cabeza y te dicen “seguí trabajando”. Cambiaron no discursivamente nomás, sino en la línea de producción, siendo muy patronales. En Gestamp los tipos se querían sacar al activismo pero también se querían sacar a “los rotos”, y tienen un montón de rotos. O sea, necesitan una burocracia patronal. Yo pienso que eso lo ven los pibes porque es concreto. Y tenés que mirar también el conjunto del proceso en Zona Norte. Me parece que todo el proceso que se va dando va pegando en el imaginario de los pibes y se ve a la izquierda como la que pelea. Cuando te metés y vas conociendo más gente te enterás de que, por ejemplo, se conoce lo de la Celeste en Lear (lista opositora a la Verde) y que es una referencia en la zona.

 

PV: ¿Y a qué atribuyen el empalme de la izquierda con este proceso en el movimiento obrero, teniendo en cuenta que el peronismo dirige los sindicatos y que el kirchnerismo dirige (aún) a nivel nacional?

 

Lorena Gentile: Hay toda una discusión dentro del movimiento obrero sobre si el trotskismo puede hacer pie y transmitir sus ideas y que sea entendido. De hecho, el peronismo nos ataca con que son ideas foráneas, que hablamos del marxismo, que eso fue Rusia, que ya cayó y que acá el movimiento obrero es otra cosa. Lo que pasa es que después en los hechos, el trotskismo y particularmente nosotros, hemos estado ganando militantes obreros. Eso te va generando un diálogo más amplio donde se incorporan nuestras ideas y de alguna manera son transmitidas por los mismos laburantes en un lenguaje que está más bajado a tierra, que no es el mismo que se habla en la facultad, o que si vas a un ambiente un poco más intelectual. Entonces, en la intervención cotidiana, en las peleas que damos, los lugares donde tenemos agrupación, donde dirigimos, los avances se dan desde ahí. Y en ese sentido nosotros estamos en un período de aprendizaje que tenemos que profundizar. A nosotros el Frente de Izquierda nos ha abierto una posibilidad de dialogar con muchísimos más trabajadores y también nos ha dado muchísima autoridad, porque dejamos de ser una corriente de compañeros muy combativos, luchadores y todo, pero a la que los peronistas chicaneaban diciéndonos que nunca pasábamos el “cero coma”. Yo me acuerdo en un plenario que fuimos cuando ganamos la interna de Kraft y Daer decía: “Ya veremos, porque si ustedes quieren disputar el poder, preséntense a elecciones nacionales”. Después que pasamos las PASO y ahora que metimos diputados, el tipo tiene que decir: “Bueno, somos todos democráticos, dialoguemos…”. Eso a nosotros nos abre otra perspectiva, te legitima mucho más frente a tus compañeros. Y te das cuenta que el clima va cambiando. Cuando fueron las elecciones del FIT, la primer campaña de las PASO era todo por abajo, todo calladito; en la segunda campaña venían compañeros que nosotros ni sabíamos que nos habían votado y nos decían: “¡Pasamos! ¡Metimos diputados!”. Pero para poder recibir todo eso, el ida y vuelta, tenés que estar en la fábrica, tenés que ser consecuente con un montón de cuestiones que hacen a la estructuración dentro del movimiento obrero.

 

RA: A mí me parece, y fue la visión que me dejó el último congreso del PTS, que nosotros, más allá del trabajo que tenemos acumulado en el movimiento obrero, tenemos que discutir cómo vamos a profundizar esa relación. Las discusiones políticas que hacés día a día, o la relación que tenés con los compañeros dentro de la fábrica, donde te ven y te prueban también (porque yo pienso que la clase obrera no son gente que no te prueba, sino que te prueba diariamente y vos también los probás), en ese ida y vuelta es donde vos realmente podes hacer la diferencia, cuando empezás a conocerlo más en profundidad y no desde afuera. Porque si te relacionás más desde afuera, podés influenciar a un par de getones, o tener acuerdos circunstanciales, pero después no sirve porque en el terreno de la lucha de clases, la burguesía con la burocracia sindical…cualquier atisbo de cuestionamiento al peronismo lo elimina directamente, no anda con mucha vuelta. Entonces, vos necesitas convencer. No sirve que te vean como un aparato que viene y baja su línea. Tenés que ser meticuloso, escuchar, estar atento a “la vuelta”. El otro día estábamos hablando con Joni (un compañero de Gestamp que empezó a militar) y nos reíamos porque me decía: “Yo al principio no te entendía nada lo que me decías”.

 

PV: ¿Y cómo lograste que empiece a militar?

 

RA: Porque me tenía confianza.

 

LG: Obviamente que ese proceso que dice Robi no está escindido de un proceso de ruptura con el kirchnerismo. Porque para pensar la relación del movimiento obrero con la izquierda y con el peronismo hay que pensar en el 2001 que hubo un quiebre con los partidos tradicionales, y si bien el kirchnerismo trató de recomponerlo, hay una nueva generación de obreros que no se vé que den la vida por el kirchnerismo. Si bien el gobierno adaptó su relato a impulsar la nueva militancia, la realidad es que los que mantienen la ideología peronista en el movimiento obrero es la derecha, es la burocracia sindical que hace muchos años que están. La nueva generación de trabajadores en la fábrica no están dispuestos a ir y dar la vida por Perón como era antes en los ‘70, o en la pelea que se dio del ‘55 en adelante por el retorno de Perón. Esos son cambios que se fueron viviendo dentro de la clase obrera y que creo que, si bien somos una minoría, los obreros que empezamos a militar dentro de la izquierda somos expresión de eso. La gran mayoría conoce al peronismo. Los que somos más plebeyos somos de tradición peronista. Pero entrar a laburar en una fábrica hace que vayas rompiendo con un montón de concepciones que tenés de los partidos políticos más en general. Y si vivís procesos de lucha también, y si la izquierda interviene… ¡qué se yo! Las cosas te van haciendo click en la cabeza.

 

PV: Y políticamente, estas nuevas generaciones de obreros, ¿qué son?

 

RA: Yo noto que lo que hay es un clima “antipolíticos”…

 

LG: Para mí lo que se ve es como una casta política disociada de los intereses del pueblo, y si bien en un momento de crecimiento económico se chocaba menos contra eso, ahora que hay crisis empieza a pegar. Entonces los políticos son una casta que no tiene nada que ver. Y en ese clima está toda una juventud que entra al mercado laboral en condiciones de precariedad, en todas las condiciones heredadas del menemismo, entonces ven en los delegados combativos métodos de lucha y de rebeldía que también ellos traen incorporados de la educación, de los barrios, de la persecución de la cana, del ser el negrito villero del barrio que de alguna manera trata de tener algo laburando, pero que la sociedad lo tiene bastante excluido, porque el sueldo inclusive para la mayoría no alcanza. El 60 % de la juventud está precarizado, y eso el kirchnerismo no lo cambió. Entonces, ¿qué son políticamente? Para mí son descreídos de la política tradicional y lo que ven bien son los métodos de lucha, la expresión de rebeldía en las fábricas o en los lugares de trabajo. Y ahí está la izquierda.

 

LN: Sí, pero como hablábamos con James [IdZ 2] y Torre [IdZ 4], en la fábrica están con la izquierda y en el voto están con el peronismo. ¿Qué pasa con la “doble conciencia” ahora?

 

RA: Yo leí las notas en la revista y creo que una cosa es pensar la doble conciencia intelectualmente y otra cosa en concreto. El peronismo hace un doble trabajo en el terreno de batalla que es la fábrica y en los barrios. El clientelismo es en los barrios pero en la fábrica también. El clientelismo dentro de la fábrica es como el del SMATA. ¿Había posibilidad de que el SMATA movilice gente contra el conflicto de Gestamp? Yo pienso que sí, por la forma como se manejan. En el sentido de: “Mirá, está el acto de Cristina, si vos querés seguir tranquilo en tu trabajo, yo te dejé efectivo, che acordate, te conseguí la categoría, vas a ser el primero que vas a estar en la lista de tal cosa…”.

 

LN: “La operación de tu hijo te la pagó el sindicato…”.

 

RA: No es que te consiguen la chapa y el tirante sino que son concesiones por otro lado. Es estabilidad en el puesto de laburo. En ese sentido, ves que el peronismo es un aparato tan grande, territorial y dentro de la fábrica, que constantemente los tipos hacen propaganda y la propaganda es desmovilizar. Y para la izquierda misma también es un peligro. Si bien nosotros en el PTS tenemos nuestra estrategia de democracia obrera, de que los trabajadores decidan, del rol que tiene que tener la asamblea como eje central, yo pienso que la izquierda en general tiene el error de que no ve eso como algo estratégico. Entonces puede pasar que en la asamblea se discutan algunas cosas circunstanciales, pero en cuestiones que definen, la decisión la toman los delegados porque son de izquierda, porque los votó la gente, y entonces no hace falta discutirlo con la base… Y eso hace a la gimnasia y a la participación de los trabajadores, que es una parte importante de cómo combatís esa doble conciencia y esa pasividad en que te envuelve el peronismo. Entonces, es un desafío estar en el movimiento obrero. Luchar contra esa subjetividad que moldea el peronismo de desmovilizarte tanto adentro como afuera de la fábrica. Porque lo que genera es todo una mugre, porque para todo lo que necesitás tenés que estar bien con el delegado o con el puntero y así revientan la rebeldía. Entonces para hablar de doble conciencia hay que ver estos factores. Y también que los procesos no son de un año o dos años. Acá está la dictadura militar (con lo que eso significó para la clase obrera); los ‘90 con la gran desocupación que generó todo un sector de jóvenes que no tienen hilos de transmisión de identificarse como laburantes sino que fue todo a la deriva; y el 2001, que cuestionó a los partidos políticos, cuestionó la política y “que se vayan todos”. Y la izquierda está metida en lo que dejó el 2001. Es un proceso abierto. Lo que expresa el FIT con el millón de votos es algo que me parece que es inicial. Por eso a mí me parece que hay un problema porque desde la izquierda misma no se le da mucho peso a hacer un balance histórico. En el libro de Camarero de A la conquista de la clase obrera sobre la influencia que tuvo la izquierda, el Partido Comunista, vos podés ver que hubo un quiebre muy grande, antes del peronismo, por el rol de dirección que tiene el PC en esos años y la decisión que toman de seguir el giro del Partido Comunista ruso. Eso fue un quiebre importante en la historia del movimiento obrero. Entonces para ver lo de la doble conciencia, también tenés que ver lo que hace la izquierda… Después veremos si el FIT o el PTS ganan más influencia que el millón de votos o no, pero ahora es un proceso que está abierto y la discusión es cómo vas al movimiento obrero, el tema es ver cómo nosotros participamos.

 

LG: Sí, para mí una contradicción grande que hay entre la nueva generación de obreros y lo que es el kirchnerismo como corriente, es que los tipos nunca pudieron hacer pie con una militancia orgánica en los sindicatos. No tienen una franja del movimiento obrero que se identifiquen con el kirchnerismo. El límite que tienen es ese. El peronismo fue haciendo acuerdos con sectores de la burocracia y después los termina rompiendo, como cuando rompe con Moyano. Entonces en ese marco, incluso como contención para el movimiento obrero y en el medio del fin de ciclo, tienen una crisis importante.

 

LN: Hay que ver cómo reacciona la generación del “nunca menos” con sindicatos y con un peronismo más Pignanelli, más Scioli…

 

LG: Más ortodoxo.

 

RA: Viste que James en Resistencia e integración dice que la clase obrera, en la resistencia peronista, defendió la justicia social a su forma, con sus métodos y todo. Yo te digo, salvando las diferencias que hay ahora, la clase obrera hay que ver cómo va a entender el “nunca menos” y de qué forma lo va a defender. Cómo se va a expresar esa defensa del nunca menos…

 

LN: El problema es que aunque el kirchnerismo se ubique como fracción del 30 %, como ala izquierda del peronismo (que no parece, porque no tiene candidato para eso y sin candidato perdés), si no hicieron una corriente en el movimiento obrero en la época de crecimiento, es muy difícil que la hagan ahora.

 

RA: Por eso lo que yo te decía que en la resistencia peronista los tipos estaban en las fábricas y dirigían a los tipos más organizados, a los que entendieron la justicia social a su forma e intentaron defenderla. Pero ahora el peronismo no está organizado en la fábrica como antes. Entonces, la clase obrera ¿cómo va a defender ese “nunca menos”? Y hay que ver cómo actúa la izquierda, porque la izquierda tiene peso en algunos sectores…

 

PV: El kirchnerismo no dirige las bases de su propia resistencia…

 

LN: Algo de eso se vio en el paro del 10A.

 

LG: Claro, fue un pronunciamiento político de los trabajadores el paro del 10, y la burocracia que decidió ponerse del lado del gobierno fue completamente derrotada porque frente a la base que vos dirigís quedás como un tipo que no tiene autoridad. Y en eso aparecemos nosotros disputando espacios de poder y los tipos se pusieron bastante locos.

 

LN: Hay una crisis grande de representatividad. Lo que pasa es que los únicos que salen en contra de la burocracia son los troskos, entonces si estás contra la burocracia te vas yendo a la izquierda…

 

LG: Alijor [alimenticia] por ejemplo es un bastión de la Verde. Nunca paraba para las paritarias. Tenían una comisión interna recontra Verde, re patronales, al punto de que eran los delegados los que te anotaban para hacer las horas extras: “este fin de semana venís vos a hacer horas extras”. Había despidos y los delegados siempre justificaban “Y bueno éste se la mandó, el otro no sé qué”. Y por abajo empezó a haber malestar. Hubo una rebelión de la base, donde hacen una asamblea que se la imponen a Molina, que es el Secretario Adjunto del sindicato; él dirigía esa fábrica. Los tipos agarran y van a buscarlo a Daer y dicen: “Acá hubo despidos, nosotros vamos a parar”, en contra de sus propios delegados que eran la representación de Daer en la fábrica. Entonces Daer se tiene que reubicar, quitarle autoridad a su Secretario Adjunto, sacarlo de la fábrica, llamar a elecciones anticipadas y los tipos eligen sus propios delegados. Y ahí sale la contradicción porque los tipos se reivindican verdes, pero tienen métodos que están del lado de los zurdos, y tienen que salir públicamente a decir “nosotros no somos zurdos” o “no hay zurdos en Alijor”. Es muy gracioso y a la vez es expresión de que puede ser más extendido eso, no lo sabemos. Puede haber sectores que sin romper con la burocracia lo que dicen es “este método no va”.

 

LN: Esos fenómenos intermedios, como Alijor, tienen el problema de que ya pasó la época de la “burocracia de las paritarias” donde los tipos mal que mal quedaban bien parados porque negociaban aumentos salariales. Daer negoció el 35 % de aumento porque estamos nosotros en el gremio y eso todo el mundo lo sabe. Entonces en Alimentación puede haber margen para un Alijor. Pero en el SMATA no. Si sacás los pies del plato tenés que enfrentarte con Pignanelli y eso lo hacen solamente los troskos. Y eso en Norte también lo sabe todo el mundo. Por ejemplo, al Encuentro1, vinieron 700 tipos. Lo que está bueno es que se votan cosas que terminan teniendo repercusión, aparte que en la zona se corre mucho la información.

 

LG: No somos una coordinadora de los ‘70, pero tratamos de coordinar con el resto de las internas, de llegar a acciones donde podes hacer un corte de Panamericana por los petroleros de Las Heras, que es político y es un avance para romper con el corporativismo. Salir de las fábricas a veces cuesta mucho, y llegar al 10 de abril en donde hay un sector que enfrenta a la burocracia, que dice “nosotros no somos ustedes, nosotros paramos pero incluso contra ustedes”, con todo lo que significó eso, enfrentar a la gendarmería… Son hechos que van moldeando a un sector. Eso sí está más ligado a nosotros, a los lugares donde estamos, porque está ligado lo que nosotros creemos que el movimiento obrero puede hacer. Va más allá del malestar actual del que hablábamos antes. Es una combinación entre el malestar actual y por lo que militamos los trotskistas. Pero para hacer eso tenés que ganarte la confianza, es una experiencia cotidiana que tenés que hacer. Y cuando ganás compañeros nuevos está bueno porque lo que tiene es que los tipos te exigen todo el tiempo: “Quiero cursos, quiero aprender porque quiero poder discutir”, tienen eso, porque además tienen su estructura familiar y quieren explicarles porqué están militando. Hay un nivel de militancia nuevo, donde hay compañeros que son muy dinámicos sin prejuicios y en eso el FIT aporta mucho, creo yo, a la militancia en las fábricas donde estamos. Pero la clave es compartir las experiencias cotidianas. Si vos no te ganás la confianza de tus compañeros, no vas a convencer nunca a nadie de por qué militar en el trotskismo.

 

PV: Y para vos, ¿cómo es esa experiencia de ganarte la confianza como dirigente obrera y trotskista siendo mujer?

 

LG: Ser mujer en una fábrica donde la mayoría de los activistas son hombres… Te tenés que ganar un lugar para discutir, hay desconfianza, me ven así chiquitita y piensan “¡Esta qué me va a venir a decir, qué orden me va a venir a dar!”. Entonces primero te tenés que imponer de alguna manera, mostrar de qué estás hecha, y a partir de ahí te vas ganando un respeto y entonces generás confianza. Y es clave para poder ganar a los compañeros. Yo empecé a militar en el conflicto del 2009. Y a mí lo que me hizo click fue la intervención del partido. Yo ya conocía al PTS de antes, pero no me convencía. Y en el 2009 yo había estado contratada y quedé efectiva. Pero todos mis amigos quedaron contratados, y yo fui parte de todo el proceso de lucha. Entonces después, cuando viene el ataque de la patronal, yo tenía confianza en el gobierno y decía: “Bueno, están las instituciones, van a intervenir, no puede ser que la empresa haga lo que quiera”. Y las instituciones cuando intervinieron fue para cagarnos a palos a nosotros. Entonces ahí vas haciendo una experiencia con el gobierno también. Y además, dentro de todas las corrientes que había en la fábrica, nosotros teníamos compañeros que militaban en el PTS y a mí me sorprendió mucho el PTS, porque vos veías que los tipos siempre marcaban algo y trataban de clarificar un camino por dónde seguir la lucha para que no nos derroten. Tratar de aportar fuerzas morales, ir a las facultades, las organizaciones solidarias, y así uno va adquiriendo conciencia de clase, quiénes son los que están al lado tuyo cuando luchás. Y cuando uno entiende por qué lucha y quiénes son los que están al lado tuyo se va definiendo. Después vinieron las elecciones de la Comisión Interna y el clima dentro de la fábrica era insoportable, porque al Poke [Hermosilla] lo querían afuera; mis amigos ya estaban afuera porque los habían echado a todos, los mejores activistas afuera y había cierta desmoralización. Cuando la vieja Interna lo deja afuera al Poke de la lista, nosotros éramos los que quedábamos, así que ahí había que jugarse y yo dije: “Bueno, vamos a las elecciones y si perdemos ya está, nos echan a todos y ya está”. Porque para mí ya no tenía ningún sentido estar adentro de la fábrica, era el límite que yo tenía. Y después ganamos y de alguna manera me empecé a acercar más al partido, porque yo no sabía nada. Pero no quería empezar a militar porque entendía que era un compromiso mayor, ¿no? Y una vez estaba en mi casa y me había comprado 142502, y a mí me pegó mucho la conclusión de ese proceso. Ver que la clase obrera había luchado, que habían sido heroicos en la lucha, pero que el propio peronismo en que ellos creían los había traicionado, había entregado a los mejores activistas, y que no habían podido formar un partido revolucionario propio, de la clase obrera. Entonces, si me preguntás, yo empecé a militar por la combinación de un proceso de lucha y una maduración política que hace uno. Ya a partir de ahí, no hay forma de volver atrás porque uno al ver y conocer, las cosas no te pasan por al lado, tenemos sangre, entonces todas las cosas que pasan te van movilizando… Y bueno, son opciones. Militar es una opción de vida.

 

1. Encuentro Sindical Combativo de Zona Norte, realizado el 24/05/14.

2. Documental de Daniel López y Luis Brunetto, 2008.

 

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Leonardo es Congresal por la Lista Bordó en el Sindicato de la Alimentación (STIA). Ex miembro de la Comisión Interna de Pepsico Snacks, planta Vicente López.

Lorena es dirigente de la Comisión Interna de la fábrica Kraft, planta Pacheco. El STIA viene de firmar la paritaria más alta de la industria, con una aumento del 35 %.

Roberto es un trabajador despedido de la fábrica Gestamp. Fue uno de los 9 obreros que se subieron durante 4 días al puente-grúa de la planta de Escobar paralizando por completo la producción y provocando, a su vez, la paralización de Volkswagen, Ford y Peugeot (automotrices a las que Gestamp provee de estampados). El conflicto, originado contra suspensiones y despidos, recibió un fuerte ataque del SMATA a los trabajadores en lucha y del Ministerio de Trabajo de la Pcia. de Buenos Aires que revocó su propia conciliación obligatoria amparando abiertamente la política de la empresa. Actualmente se encuentra luchando por la reincorporación de los trabajadores.

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