Las ruinas del comunismo y el fantasma de la estrategia

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LA CONFERENZA DI ROMA SUL COMUNISMO (18 al 22 de enero de 2017)

 

FACUNDO ROCCA

Número 36, marzo 2017.

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Apenas comenzado el 2017, año centenario de la Revolución de Octubre, se desarrolló en Roma la Conferencia C17, una nueva edición de las Conferencias sobre el Comunismo.

En una Europa atravesada por el auge de la ultra-derecha, al mismo tiempo que por movimientos anti-austeridad que no se reconocen principalmente en la tradición marxista, la imagen del fantasma del comunismo que ilustraba la conferencia, tomada del famoso dictum del Manifesto, resonaba algo lejana. El viejo continente parece más bien marcado por las ruinas de la experiencia comunista del siglo pasado.

Frente a este panorama, la elección de la ciudad de las ruinas que funcionaron como fuente de inspiración y conflicto de la modernidad parecía anticipatoria. ¿Se trataría de una arqueología del comunismo; de un ejercicio nostálgico de romantización de sus restos; o de un esfuerzo para su recomposición?

A diferencia de las conferencias de Londres (2009), Berlín (2010), Nueva York (2011), y Seúl (2013) [1], que ya habían reunido a un conjunto heterogéneo de pensadores marxistas, posmarxistas o “comunistas sin marxismo” [2], la nueva edición no se convocó bajo el título de la “Idea del Comunismo”. La ausencia de Badiou, uno de sus originales impulsores y principal partidario de la hipótesis comunista como Idea, parecía sancionar este desplazamiento. El cambio de nombre se traducía en la propuesta de acompañar los paneles con talleres de discusión y una asamblea final con la ambiciosa tarea, finalmente inacabada, de escribir un nuevo manifiesto comunista.

 

El fantasma de la estrategia

Luego de los recientes “retornos a Marx” y el particular ciclo de luchas y contraataques que abrió la crisis del 2008, el objetivo del esfuerzo general de los organizadores apuntaría a una suerte de renacimiento comunista: la elaboración de una nueva estrategia que surgiera de un debate común sobre los diagnósticos divergentes de la situación contemporánea, las lecciones extraídas de las experiencias comunistas y las nuevas preguntas traídas por nuevas luchas o elaboraciones.

Ese objetivo, enormemente necesario, quedó lejos de cumplirse, aunque haya recorrido como un espectro a C17.

El principal obstáculo ha sido por cierta dificultad de los interlocutores mismos para intervenir a la altura del objetivo planteado. A pesar de que los organizadores hayan formulado, en cada eje, un conjunto interesante de preguntas –que en tanto que objeto común obligaran al trabajo colectivo–, una buena parte de los panelistas se limitó a repetir sus ideas ya conocidas en casi absoluta indiferencia a esta demanda.

Esta incapacidad, harto sintomática, habla sin dudas de cierto estado del pensamiento comunista o crítico actual: tironeado entre la hiperespecialización académica que encuentra grandes dificultades para trascender las fronteras disciplinares, las reafirmaciones individuales de un pensamiento singular a defender y, sobre todo, por la fragmentación en la que naufraga el “archipiélago de los mil y un marxismos” [3].

Así, sin tiempo suficiente para desarrollarse y sin espacio para preguntas o intervenciones del público, el debate fue casi inexistente. Por otro lado, a pesar de los esfuerzos organizativos por distanciarse del formato académico de conferencia de grandes nombres, el trabajo en los talleres produjo breves intercambios que no llegaban a dialogar con lo planteado en los paneles.

El mérito de la C17 quizás resida en haber intentado hacer frente a esta tarea de forma más resuelta, aunque los problemas que acechaban hayan reducido la estimulante sensación de ser parte de un laboratorio de reelaboración del pensamiento comunista a la aparición intermitente de una posibilidad que no terminaba de encarnarse.

 

Diagnósticos, genealogías y estrategias divergentes

Cierta tensión entre la productividad del pensamiento comunista para repensar la vieja pregunta por la emancipación de cara a las transformaciones actuales de las sociedades capitalistas y su tendencia a una fragmentación sin síntesis a la vista se repitió a lo largo de la Conferencia.

Así, por ejemplo, circulaban definiciones discordantes sobre el capitalismo contemporáneo, caracterizado alternativamente como neoliberal, financierizado, extractivista o cognitivo sin que pudiera debatirse realmente las implicancias de tal o cual caracterización. Igualmente, se trazaron genealogías diversas de la estrategia comunista, marxiana o no –de la I Internacional, el Manifiesto, la Comuna de París, la Revolución de Octubre, el ‘68 y la experiencia comunal latinoamericana– de formas no necesariamente componibles.

En el plano de la estrategia se contraponían, en una tensión perceptible pero no abierta, dos orientaciones en relación al problema del Partido y del Estado. Por un lado, cierta insistencia en la crítica radical al Estado, extraída de la experiencia positiva de la Comuna y las lecciones negativas de la socialdemocracia y el estalinismo, que coincidía con una confianza algo ingenua en las posibilidades de acción colectiva más allá de las formas Partido o Sindicato. Por otro lado, para algunos panelistas la ausencia de una apuesta organizacional en la forma del Partido se enlazaba con cierta ausencia de un pensamiento a nivel del Estado que permitiera la formulación de una estrategia más general y efectiva.

Lo que parecían confundirse son tres aspectos de una discusión necesaria: cuál es nuestra relación como comunistas frente al Estado; cuáles son nuestras formas más eficaces de organización; y cuál es nuestra estrategia a un nivel que exceda las luchas parciales, locales o nacionales. Querer resolver la última sobrevalorando la necesaria crítica al Estado, o asumiendo que un pensamiento del Estado es la única forma posible de una estrategia general, puede llevar a una defensa acrítica de intentos neoestatistas de emancipación. Querer encontrar una respuesta a la primera obstaculizando toda interrogación sobre la tercera puede paradójicamente llevar a convivir con formas de adaptación a las instituciones existentes, siempre que no tomen las formas “clásicas” de la “vieja izquierda” y se presenten como formas locales o federativas.

Por eso resulta aun más sintomático que las experiencias recientes que funcionan como referencia de estas soluciones hayan estado lejos de ser pensadas: por un lado, los gobiernos “progresistas” latinoamericanos; y, por otro, las experiencias del “salto institucional” de los movimientos antiausteridad, de Syriza a Podemos pasando por los “municipalismos del cambio” españoles. Sobre todo cuando estas experiencias han demostrado una ineficacia para conseguir transformaciones efectivas y de largo plazo o para enfrentar las políticas de austeridad en curso. Un balance de los primeros estuvo prácticamente ausente; y cierta defensa de los segundos, por un miembro de Barcelona en Comú, pasó sin grandes cuestionamientos, pero también sin entusiasmo.

Lo cierto es que, aún sin avizorarse nuevas soluciones, parecía empezar a ponerse en cuestión la dicotomía entre un alter-globalismo de los movimientos sociales y las multitudes confinado a lo local y lo espontáneo por un lado, y las formas más tradicionales de organización de la clase en Partidos y Sindicatos, por otro.

 

Un sujeto obrero, feminista, poscolonial y global de la emancipación

La relativa disolución de estas dicotomías también se evidenciaba en las discusiones sobre el sujeto comunista. Se intuía en la Conferencia la formación de una teoría integral del sujeto de la emancipación, que evite fragmentarlo en un miríada de políticas identitarias o locales, difícilmente componibles; al mismo tiempo, que escape de rechazar como secundarias todas otra formas de subjetivación no directamente obreras. La crítica de Morgane Merteuil [4] a la “interseccionalidad” cristalizó de forma potente esta necesidad de construir una teoría unitaria que pueda dar cuenta del vínculo interno (pero no jerarquizable) entre opresiones raciales, imperialistas, patriarcales, heteronormativas y explotación capitalista.

Las referencias al redescubrimiento y desarrollo de las teorías feministas-marxistas de la reproducción social así como los análisis sobre migraciones y racialización de la fuerza de trabajo en los flujos del capital contemporáneo; pero sobre todo a la impresionante oleada de luchas de mujeres (del Ni Una Menos al Paro Internacional) fueron referencias recurrentes que señalan en esta misma dirección.

No se trataría ya de contraponer una multitud de sujetos particulares que luchan contra opresiones particulares a una “anticuada” clase obrera; sino de pensar la composición global de una clase obrera que tiene como momentos de su determinación los parámetros de raza, género, orientación sexual, nacionalidad, etc.; y las formas diversas en que se expresa, resiste y lucha.

 

¿Un renacimiento comunista?

A pesar de sus limitaciones y de sus objetivos inacabados, el delineamiento de estos debates necesarios hace de la Conferencia de Roma parte de una urgente revitalización del pensamiento marxista y comunista.

Fue un paso en el rechazo necesario, demandado con claridad por Bruno Bosteels [5], de toda romantización moral y metafísica de las ruinas de una experiencia comunista pensada como fracaso –y santificada como comprobación de una supuesta finitud trágica de los hombres– que permita encarar un análisis histórico de las derrotas pasadas, pero sobre todo de las condiciones de posibilidad actuales del comunismo.

Sin embargo, el renacimiento de la hipótesis comunista deberá, sin dudas, enfrentar aquella obstinación de las políticas identitarias en la teoría y los vicios de la academización del pensamiento crítico que obstaculizaron el debate en C17. Pero, sobre todo, deberá elaborar nuevas síntesis con los fragmentos, forzando el debate entre pensamientos del comunismo que, habiendo exhumando ciertos artefactos de entre las ruinas, han iluminado nuevos problemas y construido usos novedosos, al mismo tiempo que se han demostrado incapaces de una teoría y una estrategia más sistemática.

El grado cero de todo renacimiento de la estrategia comunista a la altura de los peligros, las luchas y las transformaciones contemporáneas pasa sin dudas por la necesidad de pensar, como pedía Sandro Mezzadra [6], nuevas formas estables de organización que permitan luchas efectivas. La incipiente disolución de viejas dicotomías (entre movimiento y partido, entre opresiones particulares y lucha obrera), que se anunciaba en la Conferencia, constituye otro paso importante.

 

[1] The Idea of Communism (2010); The Idea of Communism 2: The New York Conference (2013); The Idea of Communism 3: The Seoul Conference (2016), todas por Verso. Una versión incompleta de la 1.ra conferencia fue publicada en español: Sobre la Idea del Comunismo (Paidós, 2010); también La Idea de Comunismo. The New York conference (Akal, 2014).

[2] Negri, Antonio (2010), “È possibile essere comunisti senza Marx?”, en www.uninomade.org/essere-comunisti-senza-marx/.

[3] Bensaïd, D. (2003), Marx intempestivo, Buenos Aires, Herramienta (pp. 9-26).

[4] Feminista marxista y trabajadora sexual francesa, integrante de la revista Période.

[5] Profesor en Cornell University, autor de The Actuality of Comunism (Verso, 2014).

[6] Profesor en Bologna, teórico post-operaista italiano.

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