Las revistas y los grupos de la Reforma

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Entrevista a NATALIA BUSTELO

Por GASTÓN GUTIÉRREZ

Sociólogo, comité de redacción.

Número 42, abril-mayo 2018.

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Natalia Bustelo es profesora de historia en UNSAM y UBA. Autora de Todo lo que necesitás saber sobre la Reforma Universitaria, que aparecerá en junio por Paidós. Investiga sobre el vínculo entre intelectuales, filosofía e izquierdas en el siglo XX. Su tesis doctoral se tituló “La Reforma Universitaria desde sus grupos y revistas: Una reconstrucción de los proyectos y las disputas del movimiento estudiantil porteño de las primeras décadas del siglo XX (1914-1928)” [1]

IdZ: ¿Qué fue la Reforma? y ligado a esto ¿qué interpretaciones historiográficas hay todavía en juego?

Lo primero que ayuda a entender la Reforma es distinguir que es un movimiento ligado a que las universidades tengan un sistema más democrático. Por un lado, diría que hay una dimensión institucional de la Reforma, el reclamo de los estudiantes por: asistencia libre, porque les permitía no estar obligados a ir a las cátedras de los profesores poco formados  o que proponían lecciones muy reiterativas; docencia libre, es decir, la libertad de cátedra para que existan profesores con otros puntos de vista en la universidad; cogobierno estudiantil, esto es la participación de representantes estudiantiles en las instancias directivas de la universidad;  educación  gratuita, una cuestión que generaba fuertes debates en las izquierdas porque muchos acusaban a los estudiantes y la universidad toda de ser “parásitos” de los trabajadores –recordemos que por entonces la mayoría de los trabajadores no podían financiar los estudios secundarios de sus hijos-. Entonces, tenemos todo un conjunto de reclamos institucionales que ya encontramos a fines del siglo XIX. Si hacemos una revisión historiográfica, se pueden encontrar pequeños movimientos estudiantiles que están reclamando algunas de estas medidas, no tanto la gratuidad pero sí, por ejemplo, el cogobierno estudiantil en la Universidad de la República en Montevideo o la asistencia libre y la docencia libre en la Universidad de Buenos Aires.

Además de esto, la Reforma tiene una dimensión político-cultural. Esta dimensión yo no la encuentro a fines del siglo XIX y creo que es la gran novedad de 1918 en Córdoba. Si el movimiento se extiende por Argentina y por Latinoamérica es porque esos reclamos, esa dimensión institucional se pliega a una dimensión política que va a ser masiva y novedosa. Masiva porque hay más estudiantes que a comienzos de siglo, pero también porque más estudiantes están interesados en definir la misión social del estudiante. Es decir, definir que ser estudiante no es sólo la consagración en la oligarquía o en una futura clase dirigente del país, sino que es un lugar social desde el que el estudiante puede, por ejemplo, puede trazar solidaridades con el movimiento obrero.

IdZ: ¿Quiénes fueron los reformistas?, ¿qué tipo de perfil tenían los estudiantes de la época?

En estos días pensaba que el estallido de la Reforma a mediados de 1918 es  asimilable a lo que pasa en el movimiento feminista actual. Un movimiento que se masifica y como todos se definen feministas aparece con fuerza la disputa por su definición.  Asumirse  “reformista” en 1918, 1919, 1920 era definir qué era la Reforma Universitaria, como hoy en día estamos tratando de definir qué es el feminismo y cuáles son sus alcances. Entonces, encontramos entre los primeros líderes de la Reforma algunos que están más entusiasmados con la posibilidad de renovar los contenidos que se imparten en la universidad (introducir las filosofías antipositivistas, por ejemplo, o corrientes científicas renovadas) o con la posibilidad de democratizar las diversas instancias  desde federaciones universitarias no comprometidas con partidos políticos; otros son aliados o simpatizantes del yrigoyenismo; otros  están interesados en definir la Reforma en función de la revolución social; y estudiantes que se reconocen reformistas y que unos años después ya no van a asumir esa identidad  porque  perdieron en su apuesta por definir la Reforma desde  una cultura  nacionalista y simpatizante de una organización social oligárquica.

IdZ: Según Juan Carlos Portantiero, entre las disputas y motivaciones ideológicas de la Reforma, está el nacionalismo, está el humanismo utópico y está el socialismo liberal. ¿Qué podrías decir de esto considerando que una parte de tu investigación permite conocer nuevos datos?

Para mí descubrir el ensayo de Portantiero fue iluminador porque está centrado en esta dimensión político-cultural que se va fundando hacia 1918. Pero, también, a partir de un trabajo de fuentes muy grande que hice, creo que puedo precisar mejor esa dimensión político-cultural que Portantiero esbozó, pero que no llegó a precisar porque no contaba con el rastreo de fuentes en las hemerotecas. Las fuentes de la Reforma se cristalizaron muy temprano: en 1927, Gabriel del Mazo editó seis tomos con los que  señaló a los futuros reformistas pero también a los historiadores cuáles eran los documentos del movimiento. Con esa edición del Mazo  y un extendido grupo de reformistas apostaron a establecer una definición de la Reforma y, a pesar de las críticas que les realizó el grupo nacionalista local, lograron que primara la asociación de la Reforma con un movimiento emancipatorio latinoamericano.

IdZ: ¿Esos son documentos de tipo político, proclamas y manifiestos?

El primer tomo del Mazo lo dedica a lo que llama  la dimensión heurística de la Reforma. Incluye trece ensayos de líderes reformistas argentinos que tienen diferentes puntos de vista: algunos definen la Reforma desde el nacionalismo y el antipositivismo; otros la definen muy cercana a la revolución social y una apuesta comunista; y aparecen otros que la definen como un actor político en las izquierdas pero independiente de los partidos políticos. Del Mazo tiene una apuesta: aunque es un verdadero editor que deja ver las distintas líneas, en el prólogo define la Reforma como un movimiento latinoamericano ligado al movimiento obrero por la emancipación.  Es la apuesta política que entonces tenía el APRA, que es una apuesta más cercana al leninismo hasta 1928. Uno lee ese prólogo y después encuentra muchas cosas adentro de la compilación: ensayos, manifiestos, telegramas que se van cruzando las federaciones estudiantiles, notas de periódicos a través de las que se puede releer los conflictos reformistas. Por ejemplo, uno de los tomos está dedicado a rescatar los diversos papeles de la Huelga Grande que mantuvo la Federación Universitaria de La Plata, entre octubre de 1919 y junio de 1920, hasta que logró el cogobierno estudiantil. La tarea de del Mazo fue agarrar las revistas –en su mayoría estudiantiles- y seleccionar lo que consideraba más importante. En cambio, lo que hice yo fue agarrar esos artículos de del Mazo o los de la compilación de Portantiero y tratar de volver a reponer ese contexto donde apareció ese primer artículo en esa revista y qué quería decir en el campo de fuerzas de la Reforma y en la disputa de definir la Reforma en ese mismo año, 1918, 1919, 1920. Volver a reponer la contextualidad y el debate político, cultural, universitario que se estaba dando.

IdZ: Como bien decís en tus trabajos “el proceso de la Reforma Universitaria argentina se identificó con una izquierda moderada que, sin una clara traducción política, convergió con el arielismo, la teoría de las generaciones de Ortega y Gasset y el antiimperialismo latinoamericano”, pero el análisis de las revistas e iniciativas culturales y políticas también muestra la existencia de una minoría revolucionaria, que fue el lugar de recepción del impacto de la Revolución rusa en el movimiento reformista ¿Cómo se dio este proceso en el contexto más general de la izquierda local y durante el contexto del “trienio rojo”?

Esa pregunta me permite volver a lo que decía de Portantiero. En su ensayo encuentra un socialismo liberal. Pero si reponemos las fuentes donde circulaban los artículos y documentos analizados por Portantiero y otrxs investigadores, descubrimos que ese socialismo no era tan liberal, sino que estaba muy filiado a la crítica de los bolcheviques al parlamentarismo. Estudios historiográficos recientes, como el de Pittaluga [2], el de Camarero [3] y el de Doeswijk [4] muestran que entre 1919 y 1922 en Argentina hubo un “trienio rojo”. Esto es, al igual que en España, Alemania, Hungría, hubo en Argentina un movimiento obrero, popular, insurreccional, que,  entusiasmado con el éxito de la Revolución Rusa en noviembre de 1917 y con la posibilidad de prolongar esa revolución, intentó replicar un proceso emancipatorio bolchevique. En el rastreo de las revistas de la Reforma Universitaria que realizamos con Lucas Domínguez Rubio, encontramos que también algunos jóvenes de la Reforma participaron de ese trienio [5]. Algo se sabía por el ensayo del reformista anarquista Juan Lazarte [6] y por la reconstrucción del grupo Insurrexit que publicó hace unos años Horacio Tarcus [7]. Pero con Lucas pudimos precisar que entre los estudiantes que desde 1918 estaban tratando de articular un movimiento estudiantil que no sólo exigiera democracia universitaria sino mayor democracia política y social y que se ligara al movimiento obrero hubo un grupo minoritario que se entusiasmó con el bolchevismo. Esa hipótesis quedó trunca, hacia 1923 casi no hay grupos estudiantiles entusiasmados con una revolución bolchevique inminente, además el movimiento obrero argentino también retrocede. Pero entre 1919 y 1922 hubo varias revistas estudiantiles -en Buenos Aires, La Plata, Santa Fe, Rosario- que tenían una hipótesis y una apuesta fuertes por una reforma universitaria que fuera parte de una revolución social.

IdZ: También en la investigación hablás de una “Red estudiantil bolchevique”, ¿a qué te referís?

Los que se pusieron las pilas en sacar revistas, publicar manifiestos y todo eso, fueron los que dijeron “vamos a radicalizar la Reforma”. Eso es lo que encuentro. Las revistas de los centros de estudiantes en su mayoría fueron más “lavaditas”, no precisaron una posición política ni un programa de reforma de las universidades; la Federación Universitaria de Buenos Aires –FUBA- se niega a politizarse: por ejemplo, se opone a apoyar la huelga de las maestras mendocinas de 1919.

IdZ: Y antes se opone a la huelga en Córdoba que hacen los estudiantes en apoyo a los obreros, en la Semana Trágica…

Sí. La FUBA apuesta a definir la Reforma como una renovación de contenidos, de cierta democracia universitaria, pero para nada en solidaridad con el movimiento obrero. Con respecto a lo de la red, si vamos a hablar de este trienio rojo, lo que tenemos que decir es que la Revolución rusa produce tanto entusiasmo en las izquierdas socialistas como en las izquierdas anarquistas. En Argentina, hasta 1922 la mayoría del movimiento anarquista argentino –que transita una revitalización- saluda a la Revolución Rusa. Entiende que es una revolución marxista, pero piensa que el comunismo marxista es el primer paso para el comunismo anárquico. Entonces, apoyan el movimiento revolucionario, apoyan la revolución victoriosa, pero apuestan a más. Cuando se empiezan a conocer las persecuciones a los anarquistas por parte de los bolcheviques, se abre la polémica en el movimiento anarquista local. Sin embargo, se puede rastrear claramente que la red bolchevique contenía a anarquistas y a socialistas  –pero desde ya que no todos los socialistas simpatizaban con la Revolución Rusa, estaba esa fracción socialista liberal que señalaba Portantiero y que en 1921 expulsa del Partido Socialista a la fracción bolchevique- . Y yo lo que encuentro es que hay revistas estudiantiles que son filo-bolcheviques o que saludan la fórmula reforma universitaria-revolución social, o un horizonte emancipatorio cercano en el que los estudiantes tienen que redefinirse al lado de los obreros. Algunas de esas revistas estudiantiles están más ligadas al socialismo, otras al anarquismo, pero no son revistas doctrinarias. Salvo Insurrexit –en la que sí leemos notas de teóricos del marxismo, del socialismo, del anarquismo-, las revistas que encontré en su tapa pueden poner “Viva Rusia” y entusiasmarse con el movimiento emancipatorio pero no establecen una clara posición  doctrinaria. Pensemos que son estudiantes de 20 años, que no les interesa recepcionar teorías, sino que les interesa construir un movimiento  masivo entre los estudiantes.

IdZ: ¿De qué tratan las revistas?

Lo que yo pude precisar es que entre 1919 y 1922 hay un primer periodismo estudiantil de carácter abiertamente político, que antes no existía, y en esa clave política tenemos varias revistas filo-bolcheviques: Bases y Clarín de Buenos Aires, Mente de Córdoba, Verbo Libre de Rosario y Germinal de La Plata, entre otras. Tienen entre ocho y doce páginas. Se componen de notas breves sobre los conflictos estudiantiles, de algunas referencias a los conflictos obreros, de manifiestos estudiantiles, de reseñas de nuevos libros, de algunos poemas y de fragmentos de libros de autores tan diversos como José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, José E. Rodó, Rafael Barret y Juan B. Justo. Tienen pocas ilustraciones, informan  sobre qué está pasando en la federación universitaria y en su retiro de tapa anuncian, por ejemplo, conferencias en las que invitan a obreros y estudiantes. Ahí se puede ver que hay un redefinición de los estudiantes en afinidad con los obreros, algo que en revistas estudiantiles de épocas anteriores que revisé, como Ideas. Órgano del Ateneo de Estudiantes Universitarios, no aparecía para nada. Las revistas arielistas habían apostado  a que los estudiantes tuvieran una formación en los distintos campos de saber para que puedan ser gobernantes formados; en lugar de ello, el nuevo periodismo propone  estudiantes comprometidos con la emancipación.

IdZ: Hay algo que quedó atrás que a mí me resultaba interesante: la recepción que hacen los socialistas de las ideas de Rodó y del arielismo, y cierta mixtura o conflicto entre el positivismo y la regeneración en clave espiritualista, podríamos decir. En esa recepción, aparecen intelectuales del movimiento estudiantil: Gregorio Bermann, Alberto Palcos y otros. ¿Cómo fue este proceso?

La perlita que encontré es que en 1914 hay una revista arielista [8] que se llama Ariel, de la que aparecen cuatro números. La lectura de esa revista sorprende porque el ensayo Ariel de Rodó es un llamado esteticista, espiritualista, a preservar valores espirituales frente al avance del mercado y del utilitarismo, al que se asocia la cultura estadounidense y se le enfrenta la cultura latina; es una reafiliación también con Francia en oposición a España.  La Argentina de comienzo de siglo está traccionada entre una cultura estética arielista y una cultura científica, y las dos están proponiendo qué hacer con la Argentina moderna. Pasa en todo Latinoamérica. Lo que encontramos en esta revista Ariel es que se asumen arielistas, le piden a Rodó un texto para el primer número y, sin embargo, ya en el manifiesto inaugural del grupo corrigen explícitamente al arielismo: subrayan que no hay que tener miedo a la deselitización de la sociedad, que la juventud tiene que difundir  valores pero esos valores no están ligados a la espiritualidad de la cultura latina sino a la justicia social y la mayor igualdad. Entonces filian el arielismo a la propuesta cultural que tenía en esos años el Partido Socialista. Hurgando un poco más, encuentro que esta revista fue hecha por veinte estudiantes de medicina judíos que se acababan de desligar de la Asociación Juventud Israelita, porque hicieron una asamblea y en ella intentaron cambiar el estatuto para que la Asociación Israelita asumiera una apuesta asimilacionista. Es decir, que los judíos tenían que asimilarse en la sociedad moderna y laica. Pierden esa resolución en la asamblea y fundan este grupo que lo llaman Ariel. En los cuatro números de la revista no encontramos ninguna referencia al judaísmo salvo los apellidos judíos. ¿Cómo puede ser que se junten Simón Scheimberg, Alberto Palcos (un apellido marrano), Gregorio Berman y otros para proponer un arielismo socialista?

La revista realiza la apuesta de unir al emergente movimiento estudiantil, a las juventudes cultas, con el arielismo, pero un arielismo democratizante, ligado a la igualdad social. Y fracasa. Eso es interesante, porque hace pensar que en 1914 faltan cosas en el movimiento estudiantil para que más de veinte estudiantes se sientan interpelados por esa definición del estudiante desde un socialismo arielista. Pero, en 1918/1919, encuentro a esos mismos jóvenes liderando este proceso de masificación y de construcción de una reforma universitaria ligada a una revolución social. Entonces tenemos que revisar qué ocurrió en esos pocos años: en 1916 se produjo el pasaje de una república oligárquica a una república que se anunciaba democrática y era gobernada por un partido que no representaba a la oligarquía; en 1917 llegó la noticia de una insurrección emancipatoria exitosa, la Revolución rusa; en 1918 estalló en Córdoba una revuelta estudiantil que reclama una universidad más democrática y científica sumado a que  los estudiantes eran cada vez más porque la matrícula universitaria venía creciendo; en enero de 1919 se producía la llamada “Semana Trágica” y las insurrecciones en Buenos Aires y en el resto del país, reprimidas sangrientamente por grupos policiales pero también de civiles -estudiantes muchos de ellos- ponían en crisis la apuesta liberal por esa república democrática. Pero también esas insurrecciones anunciaban que la ola bolchevique había llegado a la Argentina. Y, a partir de ahí, encontramos a los arielistas de 1914 liderando esta apuesta: si la ola bolchevique llegó a la Argentina, la reforma universitaria tiene que sumarse a la revolución social. La revista Ariel nos permite  decir: “ya lo intentaron en el 1914 y no les salió”. En 1919 proponen algo similar, duran algunos años y despiertan el interés de un grupo significativo de estudiantes, logran asambleas masivas, logran fundar federaciones estudiantiles que simpatizan con los reclamos obreros. ¿Por qué lo logran? Pasó algo en la cultura política local e internacional y en la estructura social de los estudiantes

Lo interesante sobre la estructura social de los estudiantes es que muchos de los líderes de la Reforma no son de los sectores medios y bajos, sino que son hijos de universitarios, de figuras clave de la oligarquía que  apostaron a una transición liberal que abriera la república oligárquica de un modo controlado para que esa oligarquía no perdiera el control. Pero sus hijos se transformaron en líderes de la reforma, de alas bastante radicalizadas, de apuestas que, por ejemplo, simpatizan con la Revolución rusa. Es el caso de del Mazo, Julio V. González, Carlos Sánchez Viamonte y Deodoro Roca. ¿Qué hay ahí? ¿Por qué los líderes de la Reforma no son, como podríamos pensar, las clases medias que ascienden, hijas de inmigrantes, que se solidarizan con sus padres obreros? Y creo que ahí también lo que se juega es que hay algo del orden simbólico que necesitaba un estudiante para convertirse en líder. En el sentido de que los reformistas tenían que contar con cierta formación política y cultural para hablar y ser escuchados. Hacen una traición o se distancian de la clave política de sus padres, pero vienen de familias  que ya saben intervenir en política. Entonces, o son judíos que empezaron en 1914 a aprender a intervenir en política y en 1918 pueden ser líderes; o son hijos de una oligarquía que estaba apostando a abrir un poco el círculo y  se distancian de esa clave pero heredan las herramientas culturales para pararse delante de una asamblea, hablar bien, escribir un manifiesto. Una excepción interesante es Juan Antonio Solari, porque él viene a la gran ciudad,  a vivir en lo de una tía y trabajar de día y hacer el secundario comercial en horario vespertino. Y en 1919 cuando la apuesta nacionalista de derecha de la Federación Universitaria de Buenos Aires es muy fuerte,  funda una revista, Bases. Tribuna de la juventud, para tratar de convencer a los estudiantes de que simpaticen con un socialismo bolchevique. Son los menos esos líderes universitarios y en Solari ello es posible porque estaba vinculado al Ateneo Popular que dirigían los socialistas y feministas Enrique del Valle Iberlucea y Alicia Moreau.

IdZ: Hablamos mucho del arielismo y poco de las teorías de las generaciones, ¿que rol jugó ésta en el proceso de la Reforma?

Este movimiento estudiantil está interpelado por el juvenilismo del ensayo Ariel de Rodó, que lo dice en clave cientificista y socialista o en clave esteticista, pero también está interpelado por la visita de José Ortega y Gasset en 1916 a Argentina y posteriormente por la circulación del ensayo El tema de nuestro tiempo. Allí y en otros artículos Ortega sistematiza su mirada sobre  las sociedades, estas cambiarían a partir de generaciones y en las juventudes pueden haber algunas generaciones que sean verdaderamente reformuladoras de las claves culturales y políticas de una sociedad. Entonces, hay una gramática que viene del arielismo y del orteguismo. Pero lo que encuentro es que esa gramática se dice de muchas maneras. Puede ser arielista u ortegueana, un llamado a las nuevas generaciones, y sin embargo discutir explícitamente con “El ocaso de las revoluciones” que postulaba Ortega en el epílogo a El tema de nuestro tiempo de 1923. Siguiendo a Oswald Splenger, Ortega dice que las revoluciones sociales ya no son posibles. Los reformistas, que vienen utilizando la gramática de Ortega, leen el artículo y discuten con él. Es decir, los maestros de la Reforma no están en pedestales de los que no se los pueda bajar, sino que hay ya una apuesta cultural y política, de distintos grupos de la Reforma que se puede decir desde Ortega, desde Rodó o desde Unamuno. Pero también se pueden pelear con estos maestros.

Una cosa que marca que Ortega y Rodó no son los únicos maestros es que cuando  la Federación Universitaria de Córdoba tiene más peso a nivel institucional para convocar a profesores, para construir una universidad más científica, más laica, invita a muchos profesores, pero consigue que vengan tres. El primero que llega es Eugenio D’Ors que, en ese momento, saluda a la Revolución rusa, saluda al anarcosindicalismo de Cataluña –posteriormente va a ser el filósofo más importantes del franquismo-. El otro que viene es Georg Nicolai, que era famoso por haber firmado el Manifiesto a los europeos con Albert Einstein y dos científicos más, en contra de la entrada de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Era pacifista y tenía vinculación con los espartaquistas. El tercero es Alfons Goldschmidt, que es un economista marxista que había visitado Rusia y participaba en Berlín de la red de Willi Münzenberg. Entonces podemos ver la gramática de Ortega y Gasset y la importancia de las filosofías antipositivistas entre distintos grupos de la Reforma; pero también vemos conexiones con una izquierda que es bolchevique más que socialista liberal. Y esto es algo que pude precisar porque existen unos pocos repositorios de documentos sobre la cultura de izquierdas.

IdZ: ¿Vos decís que esta identidad –que está en disputa pero que tiene una minoría revolucionaria– preexistió de algún modo o más bien coexistió con la identidad latinoamericanista?

Sí, mi hipótesis es que la identidad internacionalista preexistió a la latinoamericanista. Es que hubo un momento, a comienzos de la década del diez, en que los estudiantes trataron de armar instancias culturales, lo que yo llamo un “momento corporativo”, y hacia 1918 y sobre todo en 1919 se ingresa en un “momento político”. Y si tuviera que precisar ese momento político diría que los que apostaron a definir la Reforma en las izquierdas, entre 1919 y 1922, apostaron a una inminencia revolucionaria internacional. Obvio, sabían que eran americanos y la idea era vincularse con Latinoamérica, pero Latinoamérica estaba muy cerca del mundo, era internacional. Entonces, el llamado era un llamado internacional que se hacía desde Latinoamérica.

En cambio, hacia 1923, Argentina tiene una contrarreforma institucional porque Irigoyen en 1918 había decretado medidas que democratizaron la universidad, y Marcelo T. de Alvear las revierte y los sectores contrarreformistas vuelven a las universidades y los profesores son reincorporados. En ese momento, también el movimiento obrero argentino decrece en conflictividad. Argentina sale de la crisis de la recesión. Lo que yo encuentro es que los que siguen apostando a una reforma universitaria inscripta en las izquierdas reformulan su identidad para hacer más visibles los problemas del imperialismo estadounidense en el continente adecuándose a este contexto. Eso se vincula con la Revolución mexicana, que hacia 1922/1923 tiene una apuesta fuerte a la propaganda latinoamericana para ser apoyada en su lucha contra Estados Unidos desde un espacio diplomático, cultural, intentando encontrar adhesiones entre los intelectuales, entre los gobiernos de Latinoamérica. Después vamos a tener la agudización de los conflictos imperialistas en Nicaragua, y el sandinismo, y todos los problemas del petróleo y de la participación de Estados Unidos en los mercados de los países latinoamericanos. Y se suma Cuba: en 1925, con la presidencia de Gerardo Machado la presencia de EE.UU. en la economía y la política cubanas es mayor y crece la denuncia entre las izquierdas.

A partir de todo eso, estas izquierdas reformistas, o esta Reforma Universitaria a la que apuesta la izquierda, coloca en el centro una Latinoamérica antiimperialista. No digo que antes no esté, pero ahora está en el centro y tenemos políticas concretas para denunciar. Y no digo que en los estudiantes o el movimiento reformista –porque  muchos líderes continúan su militancia pero ya egresaron, como del Mazo o Bermann- no aparezcan los problemas internacionales: también van a denunciar a la Liga de las Naciones; también siguen saludando a Rusia y difundiendo noticias de la experiencia de una sociedad sin clases en Rusia. Pero lo que creo es que se cambia el foco desde donde se construye la identidad izquierdista de los estudiantes.

IdZ:  Una cuestión más, cuando mencionás los problemas de la extensión universitaria, hay algunas experiencias, sobre todo en Córdoba, pero no tanto en Buenos Aires, ¿que podes decirnos de ellas?

Sí, en Buenos Aires hay menos y son difíciles de rastrear esas experiencias. Hay una experiencia linda en Rosario,  las “escuelas 22 de mayo”, que es la fecha de una huelga que fue derrotada porque cesantearon a maestras huelguistas. Y entonces los estudiantes que sacan una revista llamada Verbo libre, que son anarco-bolcheviques, con otros anarquistas arman escuelas de alfabetización en un  barrio obrero. Las mantienen casi dos años. Siguen la metodología de la Escuela Nueva de Francisco Ferrer. Las revistas anuncian  veladas y conferencias a beneficio de estas escuelas “22 de mayo” (que son escuelas gratuitas), a las que se invita a obreros y estudiantes. En el centro de la ciudad organizan la velada cultural, pero no tenemos mucho registro: en la compilación de Del Mazo no se rescata ningún documento, tampoco en la de Portantiero. Así que no formaron parte de la tradición de la Reforma hasta que yo encontré de nuevo las revistas donde aparecen estas referencias.

Los proyectos de extensión  más importantes fueron la Universidad González Prada en Lima, que fundó Víctor Raúl Haya de la Torre y la Universidad Martí en Cuba, que fundó Julio Antonio Mella. Acá en Argentina la alfabetización era mayor y las apuestas culturales de los partidos socialistas y las federaciones anarquistas eran varias. En cambio, en Lima no había partidos socialistas, en Cuba tampoco. Eso sí, encontramos el mismo discurso: los estudiantes tienen que hacer tareas de extensión porque el pueblo tiene que ser educado para ser la futura clase dirigente: para hacer una revolución que no se caiga a los cinco minutos, lo primero que necesitamos es educar al pueblo. Durante la década del veinte esa clave se propone desde Henri Barbuse y la Internacional del Pensamiento: “los intelectuales y los estudiantes construimos esos espacios de extensión que son espacios revolucionarios porque la revolución social es inminente y necesitamos actores sociales formados”. Ese discurso existe en Santiago de Chile, en muchos puntos de las ciudades argentinas universitarias, en Lima, en Cuba, pero casi no existe en Colombia entre los estudiantes, ni en Venezuela porque la dictadura de Gómez hace que sea muy difícil una organización cultural.

IdZ: ¿Con qué te gustaría finalizar la entrevista?

Podría decir que uno de los reclamos que deberían haber estado en la agenda de la Reforma y que no estuvo es la lucha de las mujeres por estudiar en las universidades. En 1910 en Argentina hay un congreso importante de mujeres universitarias internacional en el que vienen a Buenos Aires más de 100 mujeres de distintas ciudades, sobre todo latinoamericanas, para  discutir los problemas de las mujeres. No dejan participar a los varones. Es decir, desde 1910 y antes estaba organizado el reclamo de las mujeres por poder ingresar a las universidades. Habían comenzado a ingresar mujeres en la Facultad de Filosofía y Letras y en la de Medicina. Alicia Moreau es una de estas médicas. La primera médica argentina, Cecilia Grierson, se recibe a fines del siglo XIX; con muchas dificultades, porque las mujeres tuvieron que presentar habeas corpus y  denunciar a la Facultad de Medicina  para poder ingresar. Pero en 1918,  en la Facultad de Filosofía y Letras ya había un tercio de estudiantes mujeres y la Reforma Universitaria podría haber recogido el reclamo y haber sumado a las mujeres a las asambleas. Pero no. Hubo una pared de cristal que las mujeres no pudieron traspasar para ingresar a esas asambleas y discutir política universitaria y social con los varones. La sociabilidad de la Reforma fue una sociabilidad de varones. Hay algunas mujeres como Mercedes Gauna y Herminia Brumana. Alicia Moreau era más grande, se había recibido en 1914, pero fue articuladora de ciertos grupos estudiantiles y una referente de los reformistas ligados al socialismo. Pero el reclamo de que a las universidades también pudieran ingresar las mujeres no se formó parte de la agenda de la Reforma Universitaria.

En cuanto a la participación de las mujeres en la Reforma, el único reclamo interesante  que encontré está vinculado al conflicto de marzo de  1921 en La Plata. Hay un conflicto importante porque uno de los reformistas de la primera ola, Saúl Taborda, asume como rector, promovido por la Federación Universitaria de La Plata, en el Colegio Nacional dependiente de la universidad. Él ahí intenta una serie de reformas inspiradas en la política educativa soviética de Anatoli Lunacharsky. Y los grupos que se dicen reformistas pero que piensan que la Reforma no puede ser social ni deselitizante, inician una serie de instancias legales y de trampas políticas para desplazarlo. En el momento que los estudiantes del Colegio Nacional apoyan a Taborda y toman el colegio, las estudiantes del Liceo de Señoritas hace una huelga y encontré de esa huelga un cartel que publicaron Taborda y otros varones reformistas radicalizados en el que salen a limpiarle el honor a esas señoritas que hicieron huelga. Ese  nos sugiere  en qué consistía esta pared de cristal que no dejaba a las mujeres participar de la sociabilidad política de la Reforma. En el sentido de que cuando las mujeres de los colegios secundarios hicieron huelga, el gobernador, el presidente de la universidad y otros varones importantes pusieron en discusión la posibilidad de que las mujeres realizaran estudios secundarios, declararon que estudiar corrompe a las mujeres, y con ello corrompe al hogar, a la familia y a la sociedad toda.

 

  1. La tesis fue desarrollada en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CeDInCI) y defendida en el Doctorado de Historia de la Universidad Nacional de La Plata.
  2. Pittaluga, Roberto, Soviets en Buenos Aires. La izquierda de la Argentina ante la revolución en Rusia, Buenos Aires, Prometeo Libros, p. 201. Ver también Paula Schaller, “Cuando los soviets llegaron a Buenos Aires”, IdZ 31.
  3. Camarero, Hernán, Tiempos rojos, El impacto de la revolución rusa en Argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 2017. Ver también entrevista a Hernán Camarero en IdZ 41.
  4. Andreas Doeswijk, Los anarco-bolcheviques rioplatenses (1917-1930), Buenos Aires, Cedinci editores, 2013.
  5. Bustelo y L. Domínguez Rubio, “Radicalizar la Reforma Universitaria. La fracción revolucionaria del movimiento estudiantil argentino, 1918-1922”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 2017.
  6. Lazarte J., Líneas y trayectorias de la Reforma Universitaria, Buenos Aires, Argos, 1935.
  7. Tarcus, “Historia de una pasión revolucionaria. Mika Feldmann e Hipólito Etchebehre, de la Reforma Universitaria a la Guerra Civil Española”, El Rodaballo 11/12 (2000).
  8. Es una corriente ideológica latinoamericana de principios del siglo XX, que tomó su nombre de la obra Ariel del escritor uruguayo José Enrique Rodó.

 

1 comment

  1. Miguel Blazquez 2 mayo, 2018 at 08:51 Responder

    Adjunto la Carta que recientemente envié al Rector de UNC, porque son los hechos invisibilizados con que se preparan los festejos del Centenarios de la Reforma Universitaria.

    Córdoba, 25 de Abril del 2017
    Sr. Rector Universidad Nacional de Córdoba
    Dr. Hugo Juri
    S/D
    En el primer día de su gestión, con esperanza y ansiedad le informaba “que hace mas de diez años se me impedía dar clases” y aportaba veintidós pruebas bajo el titulo: “Camino de vergüenza hacia el Centenarios de la Reforma Universitaria” para que finalizara con el mismo, investigando los hechos denunciados.
    A un año de su gestión le comunicaba mi profunda desilusión por no haber tenido ninguna respuesta al reclamo anterior, teniendo en cuenta que mas allá de las pruebas aportadas, la ex rectora Carolina Scotto reconociera en su oportunidad “la existencia de una cultura de prepotencia y autoritarismo”.
    Pero lo que nunca esperé que hoy, a dos años de su gestión, tenga que hacerlo responsable de mi propia seguridad personal, porque se ha llegado al extremo de ejercer violencia física para impedir la libre expresión de ideas dentro de una Universidad Publica. El vergonzoso hecho ocurrió el 8 de Abril en la III Cumbre Pedagógica de América Latina en el Pabellón Argentina cuando dos personas sin identificar más allá de su fortaleza física me sacaron en andas a pesar de mostrarles mis credenciales de acreditación para participar en el mencionado evento junto a mi oposición verbal para que tan deleznable hecho no pasara desapercibido ante la nutrida mesa de colaboradores en la registración de inscriptos.
    Con igual convicción también informo que continuare con mi predica pacifica e irrenunciable por un mundo mejor y prueba de ellos es el nuevo video en YouTube “Carta a la salud que enferma” desde mi identidad de “profesor prohibido argentina”, documentando un proceso pleno, integrado y corrupto de la academia junto a poder político y económico.
    De esta manera no solo se está convalidando el camino de la vergüenza hacia el centenario de la reforma universitaria, sino que también se reproducen prácticas dictatoria-les pasadas que creíamos superadas.
    Es por todo ello, que lo íntimo a que, dentro del plazo perentorio e improrrogable de 15 días, investigue y solucione toda la situación planteada, bajo apercibimiento de dar curso a las acciones legales que correspondan para esclarecer los hechos denunciados, los cuales importan una flagrante violación a las garantías constitucio-nales y demás derechos de holgado reconocimiento normativos que me asisten.
    Mgter. Miguel Blazquez

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