La recuperación de un método y una tradición

0
Share Button

LEÓN TROTSKY Y EL ARTE DE LA INSURRECCIÓN, 1905-1917, HAROLD WALTER NELSON (Bs. As., IPS-CEIP, 2016)

 

MARIANO MILLÁN

Número 36, marzo 2017.

VER PDF

 

Interpelar nuestras prácticas teóricas y nuestros clásicos

Cuando comprendí que la admirada Revolución rusa también había sido una guerra, me pregunté cómo hicieron Lenin y Trotsky para conducir una fuerza armada, ¿qué sabían del tema? ¿Dónde y cómo lo habían aprendido? Ocurre que en nuestro léxico posterior a las derrotas de los ‘70, las palabras “izquierda” y “militares”, con su enorme polisemia, suelen proyectar imágenes mentales antagónicas en todos los planos, constituyendo un verdadero obstáculo epistemológico.

El misterio se disipa si advertimos que en el marxismo, como en toda la tradición realista desde Maquiavelo, la guerra es parte del intercambio político. Por ello, quien hace política debe prepararse para la guerra, y quien pretende instaurar un Estado proletario, prerrequisito del socialismo, debe saber que ese objetivo nunca fue alcanzado por medios pacíficos.

La edición de León Trotsky y el arte de la insurrección, 1905-1917, de Harold Walter Nelson, por parte del IPS-CEIP, aporta un instrumento para cuestionar nuestros abordajes habituales de los clásicos del marxismo (que incluyen los temas de la economía política, de la historia social, de la teoría sociológica o de los estudios culturales) donde relegamos, como buenos “marxistas occidentales” (Perry Anderson), la elaboración sobre estrategia revolucionaria. Semejante desliz, en un contexto signado por la ausencia de revoluciones proletarias durante las últimas tres décadas, nos condena a la intrascendencia política.

El autor del libro es un Coronel del Ejército estadounidense con actuación en Corea, Vietnam, Bélgica y Alemania, quien se dedicó también a la enseñanza de historia militar y estrategia en el U.S. Army War College. Su trabajo constituye una investigación sobre la formación bélica de uno de los dirigentes y teóricos militares más importantes del siglo XX. Al mismo tiempo, la obra transita las discusiones sobre el tema en el Partido Social Demócrata Ruso desde la Revolución de 1905 hasta 1912.

Tal vez en unos años digamos que esta edición constituye una pieza del proceso, asumido por el PTS, de revalorización del debate sobre la cuestión militar como elemento integrante de un debate sobre estrategia revolucionaria, es decir, de los medios para hacer la revolución. Emilio Albamonte y Matías Maiello (autores del prólogo) recuerdan, en tal sentido, las recientes ediciones de El significado de la Segunda Guerra Mundial, de Ernest Mandel y Marxistas y la Primera Guerra Mundial; a la vez que nos informan de próximas publicaciones sobre el tema. Este esfuerzo confronta hábitos de la izquierda argentina y por ello, seguramente, despertará resistencias enconadas. Sin embargo, no existe discusión estratégica, más allá de los intereses defendidos por los polemistas, que pueda eludir el tema de la guerra.

 

La estructura general del libro

La obra reconstruye la formación militar de León Trotsky durante los doce años previos a la Revolución de Octubre, cuando la díada Guerra-Revolución cobró centralidad en el análisis estratégico [1]. Nelson utilizó como fuentes los documentos de los archivos de Trotsky en Harvard, la Universidad de Michigan, la Biblioteca Pública de Nueva York y un conjunto de obras de León Trotsky y otros autores que protagonizaron y/o analizaron las revoluciones rusas y la trayectoria del dirigente. El breve volumen contiene “El análisis de Trotsky de las lecciones de 1905”, “Los socialdemócratas rusos y la actividad militar revolucionaria, 1905-1912”, “Trotsky informa sobre las Guerras de los Balcanes”, “El análisis de Trotsky sobre los asuntos militares durante la guerra mundial”, “El Ejército y la Revolución de Febrero-Junio de 1917” y “Trotsky y la organización de la revolución en Petrogrado”.

La lectura global de Nelson arroja elementos de enorme interés. En primer término, el estudio del proceso de formación de ideas, nociones y categorías que utilizó León Trotsky para analizar la realidad bélica y, desde 1917, tomar decisiones trascendentes. El autor destaca que Trotsky investigó con rigurosidad y desarrolló abordajes originales dentro de la matriz clásica, que considera la guerra como parte de los procesos políticos y sociales, siendo moldeada por ellos pero, al mismo tiempo, dejando marcas indelebles en los mismos.

El segundo es la modernidad de Trotsky como analista militar. En sus escritos sobre la guerra en los Balcanes o la Primera Guerra Mundial, el revolucionario ruso esbozó el enfoque del rostro de la batalla de John Keegan; al tiempo que algunas observaciones pueden considerarse antecedentes de la noción de Guerra Total de Luddendorf o de aproximaciones socio-culturales como las de Ernst Junger.

 

Los pasos en la formación de Trotsky y su valor actual

La preocupación fundamental de Trotsky consistía en la victoria revolucionaria y, desde 1905, la gran pregunta fue por los medios para conseguirla: ¿debía formarse una organización armada revolucionaria o correspondía desorganizar/dividir el ejército zarista e incapacitarlo para la represión? Bajo los términos “combatir y morir”, Trotsky codificaba el problema en términos militares de uso actual, como el de asimetría, en boga para analizar la insurgencia:

Si la lucha resulta ser simétrica, con unidades militares de revolucionarios organizados en líneas convencionales, entonces el énfasis estará puesto en combatir. Pero si la lucha resulta ser asimétrica, con las masas revolucionarias convenciendo a los soldados de la justicia de su causa, y demostrando su disposición a tener bajas, entonces el énfasis estará puesto en morir (p. 60).

Trotsky no escogió solo una de estas vías para desarmar al enemigo. Aprobó la guerrilla urbana en Moscú durante diciembre de 1905 y resaltó la necesidad de fracturar la fuerza moral de las tropas de la autocracia enfrentándolas a la represión del pueblo cuando las frustraciones de la guerra ruso-japonesa agobiaban a soldados y marinos y se producían motines. Nelson afirma que en esta coyuntura el pensamiento militar de Trotsky todavía no contaba con suficiente madurez. Sin embargo, las tácticas de Trotsky en 1917 contenían elementos de ambas posiciones.

Tras los acontecimientos de 1905, cobraron intensidad los debates militares en la socialdemocracia rusa acerca de la insurrección, las guerrillas, la formación de una organización militar revolucionaria y el trabajo político en las fuerzas armadas.

Mientras los bolcheviques priorizaban la victoria insurreccional en una batalla a campo abierto, los mencheviques apostaban por la bancarrota moral de las fuerzas represivas. Los bolcheviques llamaban a incorporar a los guerrilleros en el partido y los mencheviques repudiaban a los partisanos, incompatibles con su propuesta de ampliar las prácticas legales del partido. Los bolcheviques pugnaron por una organización armada para sistematizar el trabajo de sabotaje, expropiación y, sobre todo, la preparación técnica para la insurrección, habiendo formado un cuerpo armado allende el voto negativo del Congreso partidario. Los mencheviques censuraron tal propuesta por ser antagónica con su labor en la oficialidad. En este sentido, a diferencia de los mencheviques, los bolcheviques se afanaron por constituirse como una referencia política entre los soldados y marinos de bajo rango.

Como vemos, entre 1905 y 1912 los socialistas discutieron los problemas militares con rigor y probaron distintas formas organizativas y de acción. El problema no fue pospuesto hasta “cuando sea el momento”, como acostumbramos decir, informalmente, en la militancia argentina actual.

A continuación, el libro de Nelson recupera los análisis periodísticos de Trotsky acerca de las Guerras Balcánicas entre 1912 y 1913, piezas fundamentales para comprender la evolución de su pensamiento y acción, sobre todo durante la guerra civil rusa entre 1918 y 1922. En esos escritos, además de trazar agudas observaciones geopolíticas, Trotsky esbozó tres innovaciones que luego serían elementos cardinales de la teoría de la guerra: la relación directamente proporcional entre recursos y tiempo; la escasa efectividad de las unidades partisanas en una guerra de fuerzas regulares (arribó a esa conclusión observando los Chetniks serbios) y la necesidad de una observación multidimensional de las consecuencias sociales de la guerra, yendo desde la estructura socio-económica y el sistema político hasta la subjetividad de los soldados, quienes “convivían” con las muertes masivas en el campo de batalla.

Estos elementos cobraron mayor importancia en las observaciones de Trotsky sobre la Gran Guerra. Sus relatos sobre el estancamiento en Francia de fuerzas con enorme poder material señalaron las carencias intelectuales de muchos generales europeos, quienes suponían que las recientes invenciones armamentísticas iban a otorgar ventajas para los atacantes, mientras que la interacción fortaleció la posición defensiva y motivó una transformación subjetiva sin precedentes.

Los soldados entrevistados por Trotsky, que vivían y morían en las trincheras, no pensaban en el patriotismo ni en motivos elevados, deseaban evitar la muerte en los aterradores frentes de Occidente y, por eso, cavaban trincheras y construían pequeñas fortificaciones. Trotsky mostraba que había un cambio en el heroísmo y, en sintonía con los análisis recientes de Enzo Traverso en A sangre y fuego, las muertes masivas fueron el trasfondo para el pasaje, en la cultura occidental, del héroe individual al soldado desconocido. El tanque, cavilado por Trotsky en los meses previos a su debut, se desprendía de esta situación. John Keegan señaló posteriormente que:

…la penetración acorazada ofrece a un general la oportunidad de excitar el sentimiento de solidaridad de sus soldados con compañeros en peligro y de controlar el riesgo al que están expuestos [2].

Se trataba de una grave contradicción, porque los vastos y complejos medios materiales y organizativos del capitalismo en la época imperialista producían choques inéditamente sangrientos y el impasse de las trincheras hacía retroceder la civilización occidental:

…estamos abocados al espectáculo, en el siglo de la aviación, de una nación entera buscando tijeras para poder continuar su camino a gachas (p. 171).

Trotsky, como Lenin en “La caída de Port Arthur” (1905), consideraba que el desarrollo industrial era un elemento clave en la guerra moderna. Las potencias “jóvenes”, de industrialización más reciente como Alemania y Japón (Lenin), tenían una ventaja militar decisiva. En contrapartida, Trotsky también comprendía que los imperios de la Entente contaban con una prerrogativa terminante para una lucha de largo aliento: la inmensa retaguardia de recursos en sus colonias.

Lenin y Trotsky, pero también algunos militares burgueses, cobraban conciencia de la enorme (y peligrosa) potencialidad de la articulación para la guerra de la industria, la burocracia estatal, la investigación científica y la pasión nacional, es decir, la guerra total en términos de Eric Ludendorff. Estudiosos actuales, como Jeremy Black, consideran que este tipo de conflagraciones comenzaron en la era del imperialismo capitalista, desde 1860, y concluyeron en la Segunda Guerra Mundial [3]. Las fuertes diatribas de Trotsky en Zimmerwald durante 1915, señaladas por Nelson, demuestran que los revolucionarios europeos notaban la fuerte cohesión anímica, característica de la guerra total, y se afanaban por desbaratarla violentamente para transitar de la guerra a la revolución.

Para 1917 los revolucionarios rusos tenían un conocimiento militar considerable y las divisiones en las fuerzas armadas profundizaron las características revolucionarias del proceso político, signado por el derrocamiento del zarismo y la re-emergencia de los soviets, tras la experiencia de 1905.

En este contexto, Nelson destaca varios elementos de la intervención de León Trotsky. En primer término, su timing, para cada acción y consigna, destacándose por ejemplo una diferencia con Lenin: Trotsky no abrazaba el derrotismo, porque entendía que la victoria revolucionaria dependía del agotamiento total de la maquinaria de guerra rusa (p. 182).

En segundo lugar, las mediciones de Trotsky de la moral de la tropa en cada uno de los destacamentos, sobre los cuales destinó diferentes acciones. En tercero, su correcta lectura de las capacidades de las milicias obreras y los ritmos de formación de las Guardias Rojas, un instrumento armado revolucionario constituido en el escenario del doble poder entre los soviets y el gobierno provisional.

En tal sentido, según Nelson la contribución inmediata más saliente de Trotsky constituyó su intervención política entre las unidades del ejército, alternando las posiciones defensivas de la revolución con los pasajes a la ofensiva frente a la contrarrevolución, lo que permitió agudizar la división de las fuerzas armadas del Estado y llevarlas a la parálisis, condición para el triunfo de la insurrección.

Poco después comenzó la guerra civil rusa y Trotsky fue el pilar de la construcción del Ejército Rojo y la victoria comunista [4]. En aquellos tiempos enfrentó el amateurismo de los revolucionarios, el ofensivismo, el guerrillerismo y la formulación de una “doctrina militar del proletariado”. Trotsky defendió la necesidad de los expertos militares (ex oficiales zaristas) controlados políticamente, de ubicarse en la ofensiva o defensiva de acuerdo a las circunstancias, de superar las prácticas guerrilleras y constituir unidades regulares a medida que las posibilidades lo permitieran y, finalmente, reivindicó la actividad militar (en sintonía con Clausewitz) como un arte práctico, con una lógica que iba más allá de los objetivos políticos que defendiera cada contendiente [5]. La influencia de Trotsky sobre el Ejército Rojo pervivió hasta los ‘30, cuando el estalinismo eliminó o castigó a casi todos los cuadros de ascendencia trotskista y puso en riesgo a la URSS cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial.

 

Palabras para el presente

Trotsky, como muchos revolucionarios de su generación, forjó sus conocimientos sobre la guerra mucho antes de que contar con ellos resultase una urgencia de la coyuntura. La virtud de su formación, que tomó críticamente clásicos como Clausewitz, Jomini, Engels o, muy probablemente, Delbrück, radica también en su práctica analítica de las guerras de su tiempo, su esfuerzo para desentrañar las condiciones sociales donde ocurrían y sus efectos sobre ellas. Gracias a esta peculiar gimnasia, Trotsky pudo realizar una contribución decisiva para la historia del socialismo en 1917 y durante la guerra civil.

El valor de este libro consiste en mostrarnos la coherencia de este método e interpelar a los y las marxistas de nuestro tiempo: ¿sabemos lo necesario sobre las guerras actuales como para conducir a la clase obrera a la victoria frente a las fuerzas de la burguesía? ¿Cómo nos preparamos?

 

[1] Al respecto recomendamos leer: Jacoby, Roberto, El asalto al cielo. Formación de la teoría revolucionaria de la Comuna de 1871 a Octubre de 1917, Buenos Aires, Mansalva, 2014.

[2] Keegan, John, El rostro de la batalla, Madrid, Turner Noema, 2013, p. 322.

[3] Black, Jeremy, The Age of Total War, 1860-1945, Londres, Praeger Security International, 2006.

[4] Muchas de sus intervenciones en los debates de aquellos años pueden leerse en Trotsky, León, ¿Cómo se armó la revolución rusa? Selección de escritos militares, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP, 2006.

[5] Ver: “Informe final” en ¿Cómo se armó la revolución rusa?, op. cit., pp. 559-596.

No comments

Revolución pasiva y subalternización

MASSIMO MODONESI - Dossier especial, abril 2016 - En este breve artículo desarrollaré algunas implicaciones del concepto gramsciano de revolución pasiva con la finalidad de ...