La insubordinación obrera en el ´68

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Entrevista al investigador XAVIER VIGNA

Entrevistaron: GASTÓN GUTIÉRREZ Y PAULA VARELA

Número 42,abril 2018.

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Xavier Vigna es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Borgoña (Francia) y autor de L´insubordination ouvrière dans les années 68. Essai d´histoire politique des usines, 2007, Presses Universitaires de Rennes. El capítulo 1 de esta tesis forma parte de la reedición de 2018 de X. Vigna, J. Kergoat, J.-B Thomas, D. Bénard, Mayo del ‘68: cuando obreros y estudiantes desafiaron al poder. Reflexiones y documentos, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2008.

IdZ: La actividad del movimiento obrero durante Mayo del 68 es olvidada por los relatos de los grandes medios de comunicación, sin embargo, para vos constituyó un verdadero “acontecimiento”, ¿por qué lo definís de ese modo?, ¿ha logrado la historiografía compensar el “olvido” del Mayo obrero, es decir, hay investigaciones recientes en ese sentido?

Está claro que el movimiento obrero de Mayo del 68 ha sido ampliamente dejado de lado por los medios dominantes, quienes retoman a menudo el relato de los viejos estudiantes. Mi trabajo, que empecé en 1995, quería romper con este discurso. Se trata de considerar en primer lugar la amplitud de la huelga: la más importante de la historia de Francia, con, sin duda, 7 millones de trabajadores movilizados. La misma se convierte en un “acontecimiento” por varias razones: se pueden ver múltiples signos de radicalización en los trabajadores, notablemente en las ocupaciones de fábrica, en los secuestros y en la voluntad de combatir las fuerzas del orden durante junio. Además, la huelga moviliza más allá de las figuras tradicionales y de sus zonas de influencia; no solamente a los obreros masculinos sino también a las mujeres, los inmigrantes y los jóvenes obreros. Finalmente, se vuelve al trabajo en junio con mucha dificultad y a menudo con cierta amargura. Pues en este trabajo cotidiano no cambió gran cosa. Es por eso que el fin de la huelga en lugar de ser un hecho cerrado, inaugura una larga fase de rebeldía, lo que yo llamo una “insubordinación obrera”. Actualmente en Francia se destaca mucho más la amplitud y profundidad de esas huelgas.

IdZ: En tu investigación das cuenta de un movimiento de huelgas y ocupaciones de fábrica que va creciendo y extendiéndose en el territorio nacional, y reconstruís el “repertorio” de las acciones obreras y una tendencia a la “radicalización” del movimiento, ¿podrías decirnos en qué consisten ambas conceptualizaciones?

Yo tomo prestada la noción de repertorio de acciones de Charles Tilly. En las ciencias sociales esta noción designa someramente los modos habituales de contestación y protesta, las cuales evolucionan en general muy lentamente. Lo que me interesa subrayar, con respecto a Mayo del 68 es, a la vez, el aumento y la radicalización. Un buen ejemplo son los secuestros de los dueños de las fábricas. Es una acción minoritaria que existe hace ya mucho tiempo. Se han repetido desde 1936 por ejemplo, pero los sindicatos tienen bastantes reservas con respecto a estos métodos. Ahora bien, no solamente en la “primera fábrica en huelga” el director fue secuestrado durante 15 días, sino que yo mostré que desde el principio del movimiento los obreros estaban decididos a ocupar la fábrica y secuestrar a los patrones. Son dos acciones ilegales, pero su difusión muestra bien que los obreros estaban dispuestos a obtener grandes victorias.

IdZ: Otra idea que desarrollás en tu libro es la de “situación de fábrica”, ¿cómo podrías definirla?, ¿qué peso específico tuvo la “situación de fábrica” en el proceso de conjunto?

En el libro llamo “situación de fábrica” a una configuración en la cual los obreros están movilizados y desarrollan formas inéditas de politización. Muy a menudo, la situación arranca con un descontento muy concreto: el salario, la actitud de los jefes, etc., pero este descontento genera una movilización donde los obreros despliegan también posiciones políticas: sobre el país, la igualdad, etc.

IdZ: Sobre las estrategias políticas, ¿cuál fue la política de los sindicatos?, ¿qué salidas se discutían?, ¿cuál fue el rol de la extrema izquierda trotskista y maoísta?

En mayo y junio las organizaciones sindicales presentan actitudes bastante diferentes. El sindicato mayoritario, la CGT, se esfuerza en desarrollar un movimiento clásico que pueda controlar. Desea por lo tanto una huelga masiva, pero que pueda canalizarla. De allí, por ejemplo, su hostilidad a una unión entre estudiantes y obreros, y su apoyo al desvío electoral en junio. El otro gran sindicato, la CFDT, desarrolla la importancia de la autogestión, pero apoya también el camino de las elecciones. Las organizaciones de extrema izquierda, maoístas y trotskistas, no tienen ya ni el tiempo ni los recursos para infligirle otro curso al movimiento. Los maos son minoritarios e insisten en la unión con los obreros sin ser verdaderamente escuchados. En cuanto a los trotskistas, su rol en la dinámica del movimiento es más importante, sobre todo en la región parisina. Su implantación entre los estudiantes es superior. Pero estas organizaciones, que son reprimidas y a menudo disueltas en junio por el poder estatal, intentan sobre todo construirse o reconstruirse después de junio del ‘68.

IdZ: Sobre el reflujo realizás una definición de la situación, que no es habitual escuchar en las rememoraciones del Mayo: señalás que se vivió un clima de “guerra civil fría”, ¿a qué te referís con esto?, ¿cuáles fueron las políticas del Estado para cerrar este acontecimiento?

Sí, yo quería, junto a otros, insistir en la dureza del ‘68. En Francia se la caricaturizó como una fiesta, una liberación, etc. Pero ante todo es un enfrentamiento político, con, y en consecuencia, un aparato de Estado que reprime. Primero hay una creciente represión de las manifestaciones, y por lo tanto también de los arrestos, las condenas, etc. Pero también hay expulsión de extranjeros: tanto estudiantes como obreros que son a veces reenviados a países donde hay dictaduras como España, Portugal y Marruecos, por ejemplo. Y sobre todo el poder reactiva un anticomunismo tradicional, haciendo del Partido Comunista Francés, el agente subversivo por excelencia, lo que no se corresponde con la realidad, porque el PCF es totalmente legalista en el ‘68. Pero eso no le impide que sea blanco de ataques durante mayo y junio, donde los piquetes de huelga son atacados por militantes de derecha y extrema derecha, donde hay severos enfrentamientos y una hostilidad muy viva con, por ejemplo, la muerte de un militante del PCF a fines de junio. La expresión “guerra civil fría” pertenece a un periodista de “Le Monde”, el principal diario de la época, pero ella designa bastante bien el odio de clase que se desató entonces.

Traducción: Gastón Gutiérrez.

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