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La importancia de las “Ideas de Izquierda”

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NI “NEOLIBERALES” NI “POPULISTAS”

 

CHRISTIAN CASTILLO

Número 34, septiembre 2016.

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Después de década y media de predominio de “la razón populista”, tras las crisis –catastróficas en algunos casos– en que terminaron las experiencias neoliberales de los ‘90, hoy es la “razón neoliberal” la que intenta volver a consolidarse en América del Sur. La irrupción de esta última no se está dando en forma abrupta, como fue a finales de los ‘80 y comienzos de los ‘90, con crisis hiperinflacionarias, y al calor del reforzamiento de la ofensiva neoliberal con la victoria estadounidense en la primera guerra de Irak y el avance de la restauración capitalista en la Unión Soviética, China y los países de Europa del Este, sino en forma gradual, contemplando una relación de fuerzas que requiere de derrotas del movimiento de masas para ser revertida. El paso de gobiernos “de desvío” a gobiernos de gestión directa del gran capital no se ha dado producto de golpes estratégicos sufridos por la clase trabajadora, con lo cual esas batallas están por darse. Una hegemonía neoliberal como la que dominó en la década de los ‘90 es algo que estos gobiernos aún deben construir, y no les será sencillo en un contexto de crisis capitalista internacional que se arrastra desde 2008.

Los últimos acontecimientos que expresan el avance derechista fueron el triunfo del NO a los “Acuerdos de Paz” en el plebiscito colombiano y los resultados de las elecciones municipales en Brasil, donde salen fortalecidos los “tucanos” del PSDB [1]. En ambos casos, igualmente, debemos poner límites a una lectura impresionista de estos hechos. En Colombia, la propaganda derechista de Uribe y sus amigos se vio favorecida por el descontento existente con las políticas antipopulares del gobierno de Santos, lo que explica en parte la muy amplia abstención (solo votó un 37 % del padrón). En Brasil, también fue histórica la abstención y fue mala la votación del partido del golpista Temer. A izquierda, la muy importante caída del PT tuvo una pequeña contratendencia en el muy buen resultado obtenido por la candidatura de Marcelo Freixo del PSOL en Río de Janeiro. Más allá de su programa reformista, que no compartimos, su votación tendió a expresar la búsqueda de amplios sectores de masas de una salida independiente, tanto de la derecha golpista como del petismo.

En nuestro país el “plan” macrista se encuentra empantanado: la economía sigue frenada, el blanqueo hasta ahora no despega y la anunciada lluvia de inversiones se sigue haciendo esperar. Producto de la resistencia de estos meses, que fue fragmentada gracias a la colaboración con el gobierno de la cúpula de la CGT, gran parte del ajuste es posible que sea postergado hasta después de las elecciones de 2017. Si bien la medida de recurrir al endeudamiento externo para cubrir el déficit fiscal (posible gracias a los “pagos seriales” realizados por los gobiernos kirchneristas) no es inocua, ya que nos hipoteca a futuro (y prepara nuevas crisis de deuda como las que hemos visto en el pasado); es también un reconocimiento por parte del gobierno de que ir más de frente contra el movimiento obrero puede llevar a un fracaso en toda la línea del experimento político que es el “gobierno de los CEOs”, como se expresó con los aumentos de las tarifas del gas, que debieron ser “recalculados”. En cierta medida se parece al “patear la pelota para adelante” que tanto utilizó el kirchnerismo en sus últimos años de gobierno. Mientras tanto, la prédica por lograr un “cambio cultural” que proclama el macrismo también tiene puntos de contacto con la “batalla cultural” que planteaba Carta Abierta, aunque uno busque desacreditar el “populismo” y la otra tenía como objeto enfrentar discursivamente “el neoliberalismo”. Al final, Durán Barba y el fallecido Laclau están más cerca de lo que parecen. Pero ya el kirchnerismo (y más en general, todo el “progresismo” latinoamericano) se enfrentó con los límites del credo posmarxista: no hay relato que sustituya la falta de “efectividades conducentes”, diría el General. Y no hay “timbreos” de funcionarios ni campaña de comunicación gubernamental que sustituya la desmejora en las condiciones de vida del pueblo trabajador.

No decimos esto porque profesemos un economismo ramplón y descreamos de la eficacia de la acción política para transformar la realidad. Todo lo contrario. Contra toda ilusión autonomista, como leninistas convencidos por la experiencia histórica, sabemos de la “autonomía relativa” que tiene la intervención política. Como decía Marx, somos los hombres y las mujeres los que hacemos la historia, aunque no en las condiciones elegidas por nosotros. Pero la acción política no se reduce al discurso electoral ni a un relato que pretenda dar sentido a una acción gubernamental. La política también es “economía concentrada”, como afirmaba el propio Lenin. Está inevitablemente condicionada por los intereses sociales que expresan los partidos y coaliciones. Las clases, fracciones de clase o coaliciones de clases que representan los distintos proyectos políticos.

 

De la ilusión kirchnerista a la ilusión macrista

Las razones del fracaso del kirchnerismo (que en el ejercicio del gobierno aglutinó el aparato de poder que es el peronismo bajo conducción de su ala centroizquierdista) hay que buscarlas antes que nada en la imposibilidad de que la alianza de clases que expresaba pudiera revertir el atraso y la dependencia que caracterizan a la formación social Argentina en un mundo dominado por el capital imperialista. Su apuesta a que el proteccionismo estatal a una “burguesía nacional”, que siempre fue parasitaria, subordinando al movimiento obrero vía la burocracia sindical y conteniendo a los sectores más bajos del proletariado y al subproletariado vía los planes sociales, podía redundar en una suerte de círculo virtuoso de desarrollo, estaba condenada de antemano. Solo pudo crear una ilusión de cierto “progreso” luego de la gran catástrofe de 2001-2002 y en un contexto de altos precios de las materias primas exportadas por nuestro país, algo que también usufructuó el primer peronismo. Cuando se acabaron los tiempos del “win win” para las distintas fracciones de la burguesía (y la crisis con las patronales agrarias en 2008 fue un primer anuncio de esto, en consonancia con la caída de Lehman Brothers, que provocó el salto en la crisis capitalista internacional aún en curso) la inconsistencia de todo el “proyecto” quedó en evidencia. En este caso, la de un crecimiento industrial basado en una rama controlada completamente por las empresas multinacionales del sector, como la automotriz, que opera con componentes importados en su gran mayoría (solo entre un 20 % y un 30 % de las piezas de los vehículos armados son producidas localmente) y que a medida que crece agrava la famosa “restricción externa” (se recaudan menos dólares por exportaciones de los que se requieren para conseguir las importaciones que demanda la industria). Esto se complementaba con el subsidio a sectores de burguesía “no monopolista” de baja productividad (abastecedores centralmente del mercado doméstico), con los negociados de la obra pública y con la ilusión de poder “controlar” a las multinacionales mediante distintas vías de intervención estatal. Tal fue el fracaso, que la esperanza final con la que empezó el segundo mandato de Cristina fue la salvación con Vaca Muerta y el negocio del shale oil y el shale gas, al servicio de lo cual se puso la retoma del Estado del 51 % de las acciones de YPF (con indemnización multimillonaria a Repsol incluida) y el entreguista acuerdo con Chevron, con contratos secretos firmados por empresas offshore especialmente creadas para la ocasión y todo. La baja de los precios del petróleo frustró ese proyecto que ahora busca revitalizar el macrismo. Basta escuchar los balbuceos de Axel Kicillof y sus funcionarios más cercanos cuando les preguntan en qué fracasaron a la luz del estancamiento en la proporción industrial dentro del PBI –que después de una leve mejora inicial quedó invariable durante el ciclo kirchnerista– para comprobar la inconsistencia de sus planteos pasados y presentes. Y conste que este fracaso se dio en un contexto donde se dieron todas las condiciones favorables que plantea la biblioteca “aldoferrerista” para aplicar una política de este tipo.

El plan macrista no es menos ilusorio que el kirchnerista-peronista. El “abrirse al mundo” y generar condiciones para la “lluvia de inversiones” está centrado en la idea de que serán la apertura al capital imperialista y el fomento al “agronegocio” los motores del progreso nacional. Pero a diferencia de comienzos de los ‘90, cuando Menem abrazó esta idea junto con Cavallo en medio del triunfalismo burgués de la segunda oleada neoliberal y con las privatizaciones de las empresas de servicios y energía y el endeudamiento permanente como grandes negocios, las áreas a las que apuestan son de impacto limitado para el conjunto de la economía: agronegocios, minería, energías renovables, gas y petróleo, turismo focalizado, obra pública y construcción residencial…

Si las realizaciones sociales del kirchnerismo quedan opacadas frente a las del primer peronismo, cuya contracara fue la regimentación del movimiento obrero (simplificando: AUH y consumo en cuotas vs. vacaciones, aguinaldo, obras sociales, mejora sustancial del consumo obrero y, sobre todo, la casa propia), el proyecto macrista empalidece en sus muy limitadas ambiciones (ser el “supermercado del mundo”) frente a otras experiencias favorables al capital imperialista como fueron el frondizismo (tan admirado por el actual presidente) o el onganiato con Krieger Vasena como ministro de Economía, cuando se produjo la segunda fase de la “industrialización por sustitución de importaciones”, que vino de la mano de un salto en la dependencia nacional y en el alineamiento con el imperialismo estadounidense que había resistido Perón (aunque buscando la reconciliación al final de su mandato, que no logró frenar el golpe gorila). Esos proyectos se basaron en las derrotas para el proletariado que significaron los golpes de 1955 y 1966, y en un período de importante crecimiento económico en los principales países capitalistas, para favorecer la entrada del capital imperialista en lo que se llamaban las ramas “dinámicas” de la economía, que incluían la industria automotriz, la química, la petroquímica y la electrónica entre las principales. Lo de Macri es mucho menos pretencioso, acorde con aceptar un lugar mucho más subordinado en la división internacional del trabajo que tampoco el kirchnerismo puso en cuestión en sus aspectos fundamentales.

 

Proyectos degradados

Vistos en perspectiva, el kirchnerismo-peronismo (y podemos incluir al Frente Renovador de Sergio Massa en este bloque) y el macrismo expresan dos variantes degradadas de lo que fueron las dos tendencias predominantes en la clase dominante argentina: la más “aperturista” y la más “proteccionista”. Ambas orientaciones son responsables del retroceso comparativo constante de la economía nacional. En 1950 Argentina ocupaba el puesto 8° a nivel mundial en cuanto al PBI per cápita. Era de U$S 4.987 frente a U$S 9.561 de los Estados Unidos, que estaba en el primer puesto de la escala. Para 2010 había descendido al lugar 59°, con un PBI per cápita de U$S 9.124 frente a uno de U$S 47.153 de los EE. UU. (tercero en la tabla) y de U$S 50.748 de Australia que encabeza el ranking. En el mismo período Brasil pasó de un PBI per cápita de U$S 1.672 a uno de U$S 10.710. Y esto no es para embellecer a la burguesía del país vecino, tan corrupta y presta a entregarse al capital imperialista como la nuestra, sino para mostrar cómo la caída en la ambición política de la clase dominante acompaña el retroceso nacional más en general.

 

Nuestra tarea

Como anticapitalistas y socialistas, nuestra función en el terreno político-intelectual no es formular “relatos” para generar adhesión en el movimiento de masas a los proyectos de uno u otro sector de la burguesía. Es, por el contrario, dar fundamentos teóricos, programáticos y estratégicos sólidos a la acción de la clase obrera para que pueda hegemonizar al conjunto de los explotados y oprimidos, para conquistar revolucionariamente el poder y terminar con la dominación imperialista y la explotación capitalista, única forma de acabar con la dependencia y el atraso nacional. Sin expropiar a los 4.000 grandes propietarios agrarios que concentran la mitad de las tierras en nuestro país y se quedan con el grueso de la renta y la ganancia de la producción agraria; sin nacionalizar los recursos estratégicos de la economía para que sean gestionados por sus trabajadores; sin el monopolio estatal de la banca y del comercio exterior que frenen la endémica fuga de capitales; sin dejar de pagar la deuda externa y romper con el capital financiero internacional; sin un plan económico debatido y resuelto democráticamente por el conjunto del pueblo trabajador; sin un rumbo decididamente antimperialista, anticapitalista y socialista (como el que defendemos desde el PTS y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores), no hay perspectivas reales de revertir la decadencia nacional. Todo lo demás es relato.

Por ello esta revista [2] es un instrumento de combate intelectual contra los distintos proyectos de la clase dominante. Para los clásicos del marxismo, el combate en el terreno teórico era tan relevante como en el político y en el económico. Lenin recordaba en el ¿Qué Hacer? cómo Engels señalaba esto, dando cuenta de un estado de situación que despreciaba el debate teórico en la socialdemocracia rusa, evidenciando un fenómeno europeo más general, que hoy es generalizado en la izquierda mundial: “la famosa libertad de crítica no significa sustituir una teoría con otra, sino liberarse de toda teoría íntegra y meditada, significa eclecticismo y falta de principios”. Pero recrear en nuestros días una “teoría íntegra y meditada” como es el marxismo no puede ser la repetición dogmática de ciertas fórmulas sino el desarrollo creativo de una teoría que dé respuesta a los desafíos de nuestro tiempo histórico, desarrollándose en el conocimiento de la realidad y en el debate con las teorías predominantes en los distintos campos de la producción intelectual. Estos desafíos no son pocos. El central: que la clase trabajadora, fragmentada y precarizada por el capital, se transforme en sujeto político dirigente, que ponga en pie su propio partido revolucionario a nivel nacional e internacional para llevar adelante la transformación socialista de un mundo capitalista cada vez más desigual y degradado, que se arrastra en la crisis, con racismo y xenofobia, guerras reaccionarias, millones de refugiados (65,3 millones calcula el ACNUR) y miles de migrantes que mueren ahogados en el mar año tras año. Pero también dar una respuesta socialista a la crisis ecológica y a la lucha contra diversas opresiones, como la de las mujeres, LGTB’s, los pueblos originarios, las nacionalidades oprimidas, las minorías segregadas y superexplotadas, la emergencia habitacional generalizada, etc. El nuestro es un marxismo “abierto”, como lo era el de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y Gramsci. Cuando la reacción avanza, más que nunca hacen falta las “Ideas de Izquierda” para hacerle frente.

 

[1] PSDB: Partido de la Social Democracia Brasileña, fundado en 1988 por Fernando Henrique Cardoso, encabezó la oposición de derecha al gobierno del PT. Su candidato a presidente, Aécio Neves, perdió ajustadamente el balotaje contra Dilma Rousseff en 2014. El PSDB estuvo entre los principales impulsores del “impeachment” sobre el que se basó el “golpe institucional” contra Rousseff. Tiene una presencia minoritaria en el gobierno de Temer, principalmente por parte de José Serrá, Ministro de Relaciones Exteriores. Con la mira puesta en la elección presidencial de 2018, sus principales referentes están tratando de mostrarse con cierta autonomía respecto del actual gobierno.

[2] Ideas de Izquierda es impulsada por el PTS junto a intelectuales que apoyan al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Es parte de un sistema de medios que incluye al periódico digital La Izquierda Diario y LID-TV como parte de la disputa política e ideológica cotidiana y también la revista Estrategia Internacional y la edición de libros por parte de IPS Ediciones y el CEIP “León Trotsky.

1 comment

  1. Guillermo Rovelli 25 octubre, 2016 at 00:47 Responder

    Chipi: de tú muy interesante artículo deduzco que frente a la crisis económica internacional de larga duración, los países en su momento, reaccionaron de variadas maneras. Algunos prohijaron a la revolución conservadora; los otros una renovación progresista.Pero al poco andar,las nuevas democracia abandonaron su tibio progresismo y se plegaron a la ola neoliberal.
    Las socialdemocracias y los movimientos nacionales, o cayeron o se trocaron en neoliberales. Esta marea llegó incluso a los países del este europeo, destruyendo estructuras de las que supuestamente no se retornaba. Los llamados socialismos reales, el fantasma del comunismo, o capitalismo de estado según se prefiera… Comenzando la desestatización de los monopolios de estado (capital de estado) y su apropiación ahora jurídica por la clase poseedora nacional o extranjera. El totalitarismo staliniano , travestido de socialismo, sobre siervos y campesinos, impuso el trabajo asalariado, el valor y la industria, así como se impuso en otros lados con su cara de dólar.Algunos plantearon el fin de la historia, de la utopía y de la ideología, del sindicalismo y nacionalismo. En realidad hay una crisis profunda que afecta a todo; pero sin ser el final de nada. Ni siquiera del estatismo que se ha hundido. (Esquematizando, se venía de un siglo absolutista -estatista- al actual que es liberal.
    Ante la dura competencia mercantil, todos se orientaron hacia el neoliberalismo ahorrativo. La ex URSS derrotada en la competencia y la guerra fría. Los nacionalismos y el sindicalismo, también entran en esta lógica, negándose a si mismos, aunque rebrotando y muriéndose sólo en la mente de los que eternizan lo presente.
    ¿Tanto ha cambiado todo? Con la crisis de las ideologías, el derrumbe del segundo mundo – los nacionalismos y las socialdemocracias, la ola neoliberal, los estados que desaparecen o aparecen, el revolucionamiento científico-técnico, la generación pragmática y personalista, las democracias y modernizaciones penetrando lo más arcaico; que todo promete cambiar más. Hay un sólo y único mundo: El del Capital. Por eso es fundamental “la importancia de las ideas de izquierda”.
    Hace casi un año de la presidencia de Macri en la Argentina. Los resultados están a la vista: La burguesía utiliza al proletariado como variable de ajuste, la inflación que va creciendo mese a mes; el aparato represivo estatal sigue siendo tan poderoso como antes; los partidos políticos, gobiernos y cúpulas sindicales tratan de ganar tiempo y controlar como pueden los distintos conflictos sociales de manera tal de defender este sistema explotador.
    Ante ésta profunda crisis económica centenares de niños han muerto este año víctimas de la economía política del capitalismo, aunque las autoridades traten de camuflar bajo rótulos de “epidemias” , “irresponsabilidad paterna” o “herencia del pasado” y decenas de ellos jamás serán normales…
    Ésto muestra que tanto bajo sistema militares, como parlamentarios (populistas o neoliberales) el poder sigue estando en las mismas manos: el CAPITAL, y mientras ello siga ocurriendo no existirá ninguna posibilidad de cambio.
    Hoy siguen diciendo que la causa de todo esto es que hubo un gobierno populista. Ellos que no consiguen domeñar la crisis económica. Y sus seculares vaticinios de difusión de la propiedad con el desarrollo capitalista, siempre se vieron desmentidos, y si fueron confirmados lo de la izquierda marxista que mentaban la concentración de la riqueza y la universalización del trabajo asalariado.
    Y a los kirchneristas sólo le faltaba culpar a Martinez de Hoz como causante de la crisis económica. ¡¡Mentira!! Tanto populistas como liberales dicen esto para salvaguardar sus responsabilidades y ocultar las reales causas que producen la crisis.
    En Francia, Italia, Grecia, Gran Bretaña, EEUU y tantos otros países no hubo un gobierno kirchnerista ni estuvo M. de Hoz, sin embargo están en crisis desde hace vario años, con cifras monstruosas de desocupados, cientos de miles de despedidos, aumento de las penurias sociales e incremento de la represión
    Si hay duda que se pregunte a los obreros mineros ingleses que desde marzo están en huelga y han sido reprimidos una y otra vez. Que le pregunten nomás a los obreros y obreras franceses de la siderúrgica y del puerto, despedidos y reprimidos por el gobierno socialista de Hollande. También se le podría preguntar a los familiares de los afroaméricanos de USA asesinados en las calles democráticas de EEUU. Y así la lista sería larga.
    En el capitalismo ninguna ilusión es posible. Ante todo esto el punto clave que nos debemos responder Chipi el 19 de noviembre en Atlanta, es sí lo correcto es ayudar a las propias burguesías a solucionar la crisis de su sistema o sí, por el contrario, nuestro interés es, resistiendo a los embates del capital, utilizar las dificultades de la burguesía para achicar su espacio político y fortalecer las fuerzas autónomas del proletariado: las únicas capaces de abatir este sistema explotador.-

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