La historia, la política y la memoria

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Algunas reflexiones sobre Doña María, de Daniel James

JUAN LUIS HERNÁNDEZ

N.3, septiembre 2013.

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En el número anterior, Ideas de Izquierda publicó un interesante diálogo entre el historiador británico Daniel James y los compañeros Paula Varela, Jonatan Ros y Leonardo Norniella. James es ampliamente conocido en nuestro medio por sus obras Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina (1946-1976) (1990) y Doña María. Historia de vida, memoria e identidad política (2004). En este artículo nos proponemos discutir algunos problemas relativos a la historia, la política y la memoria que surgen de la lectura de Doña María, cruzados con las reflexiones del autor volcadas en la entrevista.

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James conoció a María Roldán a través de Cipriano Reyes, a mediados de los años ochenta en la ciudad de Berisso, donde estaba estudiando los orígenes del sindicalismo peronista. Entre 1987 y 1988 le realizó una veintena de entrevistas con el objetivo de obtener datos fácticos relacionados con su investigación. Pero luego advirtió que doña María en su relato estaba reconstruyendo en forma selectiva su pasado, tratando de darle un sentido general a su vida. A partir de esta constatación –y la evidente empatía con la mujer– el autor se propuso escribir un libro sobre la historia de María Roldán, con la expectativa de reconstruir el contexto cultural, ideológico y moral en el cual transcurrió su vida. La parte central de la obra está compuesta por el testimonio de doña María, organizado en forma temática y por un conjunto de ensayos interpretativos referidos a diferentes discusiones teórica-metodológicas.

Consideramos relevante para entender la organización del relato que propone Daniel James, el concepto de patrón clave de la estructura narrativa, definido como el elemento que reproduce, a lo largo de la narración, una matriz reconocible de conducta que da coherencia a la experiencia de vida del narrador. En Doña María, el patrón clave es la búsqueda de una vida mejor, a partir del rechazo de la injusticia social y la adopción de un compromiso consecuente con el activismo sindical y político. El centro de su experiencia política está ubicado en la década del ‘40 del siglo pasado, a partir de un puñado de acontecimientos fundacionales: la creación del sindicato de trabajadores de la carne, la huelga de noventa y seis días de 1945, la fundación del Partido Laborista ese mismo año, los sucesos del 17 de octubre de 1945, la victoria electoral de Perón en febrero de 1946, el papel de Evita. Esos diez años constituyeron la matriz de la historia de vida de la protagonista: toda su existencia posterior girará en torno de esos acontecimientos. James afirma que el modelo narrativo utilizado por Doña María para expresar ese núcleo central de significado es la épica. Los momentos fundacionales de su historia de vida adquieren en su relato niveles de epopeya, en la cual Perón es el héroe máximo y el 17 de octubre la bisagra que separa en dos momentos la historia de doña María, de Berisso y del pueblo argentino.

La épica se complementa con el romance, estructura narrativa que da cuenta del rol del individuo y que permite aflorar su personalidad. En el relato de doña María está entrelazada la defensa de sus compañeros de clase de la prepotencia patronal y su orgullo como obrera, con una cultura marcada por la colaboración y armonía de las clases en una sociedad justa y equilibrada entre sus distintos actores. Un valor muy importante para doña María es el respeto: respeto de la patronal hacia ella, pero también respeto de los trabajadores hacia los patrones, una especie de pacto para la “coexistencia civilizada” del capital y el trabajo. Este patrón narrativo se halla acosado por otro, más oscuro y resbaladizo, que remite a las mayores decepciones de su vida: el tronchamiento de su carrera política-sindical, los límites de la gestación de una nueva sociedad. La ironía trágica es la estructura narrativa que aparece en el relato para dar cuenta de estas decepciones y/o traiciones, atribuidas a la providencia, a Dios o a un destino inescrutable, registro subsumido en las formas dominantes de la epopeya y el romance.

El análisis de James otorga mucha importancia a las anécdotas narradas por doña María. Son relatos de autoridad, que presentan la interacción entre el narrador y otra persona de mayor jerarquía y poder, adentro o afuera de la planta. En algunas, doña María se enfrenta a la autoridad con dignidad, para cumplir directivas del sindicato o para salir en defensa de sus compañeras, en otras prima una situación de respeto por parte de personalidades de mayor status y/o autoridad que ella. Estas anécdotas están atravesadas por el patrón clave del relato de doña María anteriormente descripto, pero también aparecen otros episodios claramente relacionados con el patrón oscuro. Así, en 1950 doña María iba como candidata a diputada provincial pero fue reemplazada a último momento por una mujer rica que puso mucha plata en la campaña electoral. Un registro similar aparece cuando James intenta conocer la relación de doña María con el laborismo. La narradora hace un extraño rodeo: cuenta que el mismo día en que Cipriano Reyes fue arrestado junto con varios de sus seguidores, ella habría viajado con su marido a Magdalena para realizar un trámite ante la Municipalidad. Cuando volvió a Berisso, su casa fue allanada y ella detenida, liberada luego de varios días de interrogatorio donde no se le comprobó delito alguno. Resulta evidente que con “el viaje” la protagonista pretende poner distancia de la detención de Reyes. Similar actitud asume respecto de otro suceso amargo: la desaparición del Partido Laborista, primero a instancias de Perón, quien en 1946 no aceptó ninguna forma de partido obrero independiente y exigió su disolución; y después por el propio Cipriano Reyes, quien en 1960 cerró el partido sin dar ninguna explicación. El autor comprueba que en distintos momentos doña María trastoca, corre, las fechas de las dos desapariciones del laborismo, para disminuir la responsabilidad de Perón o para acomodar los hechos al relato de su propia historia de vida. Aparecen también en el relato episodios contradictorios, no aclarados, por ejemplo un vecino le informa a James que durante la huelga de 1945, María Roldán, junto con otras mujeres activistas, recorría los comercios revólver en mano, presentándose como las “pistoleras de Reyes” y amenazando a los comerciantes que no se sumaban a la huelga, episodio que doña María no incluyó en su testimonio. El autor solo atina a preguntarse si resulta lícito acceder al “testimonio silenciado” de la huelga a través de un tercero, cuando él no tiene forma de establecer la veracidad del mismo.

 

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La historia oral ofrece valiosas herramientas para explorar la subjetividad y la memoria colectiva de los sujetos sociales, pero su utilización exige a los investigadores cumplir con ciertos requisitos. En un relato oral son siempre importantes las variaciones del tono, volumen y ritmo del habla, portadores de significados distinguibles para el entrevistador pero difíciles de volcar al relato escrito. La velocidad del habla y sus cambios durante la entrevista, puede implicar distintas intencionalidades: la desaceleración puede significar mayor énfasis y cuidado o dificultad para expresarse, la aceleración puede remitir a un intento de eludir aspectos incómodos de la historia, una mayor familiaridad con el tema o una carencia de importancia para el narrador. La aplicación de estos conceptos es irregular y discontinua en la obra de James. Cuando analiza las anécdotas el énfasis está puesto en el contenido de las mismas más que en las variaciones antes mencionadas.

Otro tema controversial es el problema de la veracidad. En las entrevistas suelen aparecer acontecimientos desconocidos así como aspectos desconocidos de acontecimientos conocidos, por eso, según Alessandro Portelli: “Las fuentes orales nos dicen no sólo lo que hizo la gente sino lo que deseaba hacer, lo que creían estar haciendo y lo que ahora piensan que hicieron.” Es habitual que el cambio de perspectiva por el paso del tiempo modifique los hechos del pasado en las versiones de los protagonistas, omitiéndose aquellas acciones posteriormente vistas en forma crítica. En estos casos, la información más preciosa puede estar en lo que ocultan los informantes antes que en lo que cuentan. Entonces, el olvido (“lo que ocultan los informantes”) puede ser más valioso que lo que recuerdan (“lo que cuenten”).

Aquí radica, en nuestra opinión, uno de los aspectos más problemáticos de Doña María: el relegamiento conceptual del olvido y el silencio. Siguiendo a Marc Augé, definimos al olvido como la “pérdida del recuerdo” y al recuerdo como “una impresión que permanece en la memoria”. Al ser finita la capacidad de recordar, el olvido se transforma en el artífice de la memoria, o como dice Augé: “Los recuerdos son moldeados por el olvido, como el mar moldea los contornos de la orilla”. Michael Pollack, por su parte, destaca la importancia del silencio, que según él es la subsistencia del recuerdo pero invisibilizado. El silencio es lo no-dicho, lo que subsiste pero no está expresado. El investigador puede presumir la existencia de un episodio no contado a partir de otros indicios, y –contextualización mediante– inferir la lógica –o no– de su existencia. Esto permite interpretar de manera distinta el episodio de las “pistoleras de Reyes”: al momento de la entrevista era hegemónica la “teoría de los dos demonios”, lo cual no propiciaba el rememorar episodios violentos del pasado.

No se trata entonces de forzar el relato a partir de lo dicho por un vecino, sino utilizar este episodio para pensar desde otro lugar la construcción del testimonio de doña María. El otro aspecto controvertible del libro es la ausencia de otras voces, las pertenecientes a los personajes potencialmente más cercanos a doña María: familiares, compañeras de trabajo o de militancia en las décadas del ‘30 y del ‘40, vecinos, el mismo Cipriano Reyes. En fin, los testimonios de todos aquellos “que nos importan a nosotros y a los que nosotros les resultamos importantes” (a los que Ricoeur conceptualiza con la noción de allegados), que estuvieron presentes en los acontecimientos fundacionales del relato de vida de doña María, no son invocados por el autor, lo cual entendemos va en desmedro de su trabajo de investigación y reflexión.

 

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Una idea que sobrevuela la entrevista del número anterior es la llamada doble conciencia. Hablando sobre su padre –obrero metalúrgico comunista inglés– James afirma, refiriéndose a sus compañeros de trabajo, que “entre el respeto y la reivindicación de su trabajo como delegado y sus ideas políticas había un abismo”, alegando que esta experiencia familiar le ayudó a entender el peronismo, especialmente las tensiones entre el accionar obrero y los principios de colaboración de clase que sustenta la ideología peronista. No hay dificultad alguna en la utilización de la expresión doble conciencia como metáfora para indicar una situación concreta del movimiento obrero. Pero si se pretende darle status epistemológico para explicar la subjetividad de los metalúrgicos británicos o los trabajadores de Berisso, conviene ser cautelosos. En nuestro medio, la fractura entre la acción de la clase y su identidad política ha sido ampliamente discutida. Juan Carlos Torre se valió de esta noción para explicar el surgimiento y ascenso del clasismo en los años setenta, resaltando la contradicción entre la reconocida conducta honesta de los dirigentes clasistas y su capacidad para obtener conquistas sociales frente a la no aceptación de sus ideas políticas por los trabajadores. Una tesis sumamente problemática, ya que resulta difícil aceptar que las bases sindicales no conociesen la ideología y las posiciones políticas de los dirigentes clasistas, o establecer un corte tajante entre los principios de acción sindical y los principios políticos de las corrientes sindicales. Tampoco parece razonable confundir la incapacidad de las corrientes clasistas para armar una alternativa política a nivel nacional con el rechazo político e ideológico de sus principios por los trabajadores de base. Por el contrario, recientes investigaciones han demostrado que miles de trabajadores respaldaban en el Gran Buenos Aires al clasismo y a las Coordinadoras Interfabriles, y que la prensa de izquierda circulaba profusamente al interior de las plantas fabriles. Es entonces más lógico pensar la agudización de las tensiones del peronismo como expresión de la crisis de la identidad política de la clase obrera en aquellos años, en términos de un proceso mediado por la experiencia de la propia clase, entre otros factores a considerar.

Es en este punto en el que entendemos posible introducir con provecho el concepto de construcción de hegemonía, tal como fue elaborado por Antonio Gramsci en la primera mitad del siglo pasado. Este concepto intenta dar cuenta de las disputas por las significaciones de sentido operadas en las sociedades modernas, a través de las cuales se forjan y modifican los relatos provenientes de las distintas instituciones y aparatos de la sociedad civil en las cuales los individuos están insertos. La subjetividad interviene y al mismo tiempo es forjada en esta arena de disputa, en la cual la memoria colectiva, entendida como relato compartido por un conjunto de individuos que comparten una mirada común sobre el pasado, juega un rol decisivo. En el análisis de historias de vida como la de doña María, nos parece también relevante introducir el concepto de construcción de hegemonía, para observar críticamente las modificaciones producidas en la sociedad durante el tiempo transcurrido entre el momento que la protagonista ubica la matriz de su historia de vida y el momento en que está efectuando su narración, que serán de importancia a la hora de procesar sus recuerdos y reconstruir su trayectoria vital. Si el resultado de una entrevista depende de una transacción entrevistador/entrevistado, en la cual los objetivos distintos de ambos deben conciliarse y a la vez responder a una lógica de veracidad, ésta última sólo puede inscribirse dentro de los valores y los sentidos de significado de la época, que pueden ser distintos de aquellos que primaban en el momento de los hechos relatados.

Doña María es un ejemplo notable de lo que una historia de vida reconstruida a partir de la metodología de la historia oral puede aportar a la historia social. Pero la historia, como decía E. P. Thompson, es la ciencia del contexto y el proceso. Y a la luz de este axioma podemos apreciar también los riesgos de este método: en aras de comprender los orígenes de la adhesión de los trabajadores al peronismo, no se profundiza en los puntos ciegos del relato de la protagonista, lo que puede convertir lo que es un estadio de la subjetividad obrera en algo estático e inmodificable. Una vez más cabe alertar, la doble conciencia en lugar de operar como clave explicativa puede transformarse en un bloqueo a la comprensión del devenir de la conciencia obrera. La autotransformación de la subjetividad a partir de la propia experiencia de la clase es el punto de partida de toda verdadera revolución social.

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