La emergencia de un nuevo sindicalismo de base

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Entre la fábrica y el barrio

 

HERNÁN CAMARERO

Número 19, mayo 2015.

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El 1° de Mayo salió a la venta La disputa por la dignidad obrera de Paula Varela, un libro que pone el foco en el análisis de la politicidad de los trabajadores durante la década kirchnerista. Al hacerlo, debate desde el marxismo, con una serie de interpretaciones sobre las relaciones entre clase obrera, política e izquierda que permiten comprender la emergencia de una nueva generación obrera que aún tiene abiertas todas sus potencialidades.

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El libro de Paula Varela constituye la segunda entrega de la Colección Archivos. Estudios de historia del movimiento obrero y la izquierda. La investigación en la que se basa, así como las interpretaciones y reflexiones que se exponen, contribuyen a alcanzar una comprensión nueva sobre la clase trabajadora argentina a partir de la caída de la convertibilidad y del arribo del kirchnerismo al gobierno. En particular, como bien lo explica su autora, lo que pretende iluminar es el nuevo vínculo existente entre clase, territorio y política a partir de 2002-2003. Desde aquella época, creció la expectativa de muchos habitantes de las geografías populares, antes sometidas al flagelo de la desocupación, de acceder al trabajo industrial, al mismo tiempo que se manifestaron formas de recomposición de la actividad gremial y política en el interior de las fábricas y de los sindicatos. La estrategia elegida en el texto consistió en reducir la escala de análisis a un caso relevante y bien representativo, con el fin de proporcionar un examen detallado de los modos en que la política se fue desplegando en los últimos diez años en y entre un barrio y una fábrica, en los que pudieron observarse dos elementos que exceden al ejemplo seleccionado: la presencia de un nuevo sindicalismo de base industrial con fuerte presencia de la izquierda revolucionaria y el surgimiento de una nueva generación obrera en búsqueda de dignidad pisoteada por la “fábrica tumba” de los años noventa. La elección recayó en la empresa de neumáticos FATE y el barrio obrero homónimo, en la zona norte del conurbano bonaerense, lo que permite explorar una región con gran concentración de obreros industriales. Dicha planta fabril había sido un teatro fértil para la lucha reivindicativa y la acción política ya desde los años setenta.

Un aspecto singulariza la obra dentro del campo de estudios de la clase obrera argentina: el modo como la autora construyó el problema de investigación, diseñó la ruta de su pesquisa y estructuró el relato. Fuera de una ingenua linealidad histórica y un simple ordenamiento diacrónico, se presenta una secuencia narrativa que pretende restaurar los pasos seguidos en la propia exploración así como conservar los rasgos específicos del objeto de estudio de la misma. La clave radicaba en encontrar un acontecimiento-proceso de suficiente densidad desde el punto de vista histórico-sociológico, el cual, de un solo golpe, permitiera obtener un nuevo juicio por encima de las tradicionales interpretaciones referidas al cruce entre clase obrera, territorio y política. Ese hecho esclarecedor está representado aquí por la combativa huelga de FATE iniciada en marzo de 2007 y que derivó en un conflicto extendido a lo largo de varios meses, en los que se conformó un nuevo cuerpo de delegados en la fábrica y se reconfiguró la dirección de la seccional San Fernando del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (SUTNA). El lector es invitado, en la parte I, a sumergirse en la complejidad de ese conflicto obrero, atendiendo al análisis de los contextos y determinaciones generales y particulares (incluso a sus antecedentes, pues también revisa el anterior gran conflicto, derrotado, de 1991-1992), pero, sobre todo, priorizando la palabra de los propios protagonistas, los trabajadores. De sus testimonios, Paula Varela extrae los indicios para reconstruir el hecho y para comprender la conciencia que de éste construyeron los activistas y los cuadros dirigentes. De aquí emerge una apasionante y vital reconstrucción de una experiencia de lucha de la clase obrera por sus derechos, escrita con una sensibilidad que consigue sostener la tensión narrativa. La parte II nos ofrece una propuesta explicativa para entender el proceso.

Allí se encuentra la original hipótesis, que fundamenta por qué en este caso concreto la lucha de base, el sindicalismo autónomo y la política clasista reemergen como producto de la defraudación de la expectativa de “ciudadanía fabril” de los obreros, de la caída de las esperanzas en la “familia FATE” con el patrón Madanes y sus representantes y de la pérdida de confianza en la eficacia de los punteros fabriles. En función de capturar esta mutación dramática de la conciencia, al menos de una parte de los obreros de la fábrica, la obra dialoga productivamente aquí con algunas de las interpretaciones de la historia y la sociología marxistas que tendieron a problematizar aquella dimensión. La parte III introduce una serie de pistas para pensar la conformación de una corriente alternativa en el panorama del movimiento obrero de la última década, la del “sindicalismo de base”, en el que se reconoce la convergencia de factores objetivos y subjetivos: los cambios en los contextos estructurales y de la conciencia, la aparición de una nueva generación obrera tras la crisis de 2001 y la intervención de la propia izquierda clasista y socialista.

Quiero señalar otros dos atributos generales del texto. Uno de ellos es su riguroso sostén

empírico. Este no se limitó a los materiales escritos públicos o internos provenientes de archivos sindicales, políticos, empresariales y estatales. Lo trascendente aquí está dado por el trabajo de campo que, en dos períodos distintos, condujo a la autora a realizar decenas de entrevistas a los protagonistas, incluso mientras los mismos acontecimientos iban transcurriendo (huelgas, marchas, cortes, asambleas).

El resultado fue la insistente recuperación de la voz de los obreros, militantes y vecinos del barrio, cuyos relatos le confieren autenticidad y riqueza de matices a la exposición y análisis de los hechos. En varios tramos se observa una vocación por mantener un distanciamiento crítico de esos testimonios. La disputa por la dignidad obrera establece vasos comunicantes con algunas de las reconstrucciones de la experiencia de la clase trabajadora argentina basadas en la metodología de la historia oral, aún cuando no practique este género con especificidad y despliegue las entrevistas bajo un enfoque etnográfico. El relevamiento alcanza una sistematicidad especial con el diseño de una Encuesta Obrera, en la que la autora viene trabajando desde hace algunos años, como parte de investigaciones colectivas, lo cual le permitió construir y hacer operativa una gran cantidad de evidencia cuantitativa y cualitativa.

El otro rasgo auspicioso es la apertura y diversidad teórica con la que el libro se nutre. Situándose en la perspectiva del marxismo, no se duda en recurrir a un careo con todo concepto o discusión, provenientes de la sociología, la antropología o la historia, siempre que esto permita reflexionar sobre el objeto en cuestión. Ello incluye, por poner solo algunos ejemplos de esa variedad, las indagaciones sobre paternalismo industrial que hacen hincapié en su carácter de sistema de intercambios (con fundamentación en la obra de Marcel Mauss), las consideraciones sobre la generación como posición sociohistórica determinada (en la línea de Karl Mannheim) o cuando refiere al sentimiento de injusticia como elemento ineludible para analizar el despliegue de una acción colectiva (según el modelo analítico de John Kelly).

Esta plasticidad en el uso de herramientas teóricas y conceptuales no devino en una obra

ecléctica. Por el contrario, es clara la intención de erigir una mirada propia y a la vez coherente. Anclado en una reflexión y reapropiación crítica de algunos de los aportes clásicos, pero también más recientes, de la sociología y la historiografía marxista referidos a la situación y dinámica del proletariado, los procesos de trabajo y la lucha, la conciencia y la organización de clase, el libro encuentra su ángulo de originalidad, ya lo anticipé, en la manera como se dispone a estudiar el triple cruce entre el territorio, la clase obrera y la política. Lo que me interesa destacar aquí es que ello supone toda una definición sobre la producción existente en el campo. Aquella relación había visto desplegar en los últimos quince o veinte años otro tipo de interpretaciones en las ciencias sociales e incluso en el análisis político. El centro de interés había estado más bien puesto en el fenómeno del “cementerio de fábricas” y en los territorios barriales aquejados por la desocupación, en donde la política se presentaba como una articulación entre estado peronista territorializado y una militancia de los movimientos de desocupados (piqueteros), en donde se oscilaba entre la lucha más o menos autónoma y las tendencias a la cooptación e institucionalización.

Las investigaciones sociológicas o antropológicas pusieron mayoritariamente la atención en esas dimensiones (Javier Auyero, Alejandro Grimson, Denis Merklen, Maristella Svampa, Sebastián Pereyra, Sabina Frederic, Steven Levitsky), mientras que los que se detuvieron en los estudios laborales y/o sindicales, en general, tendieron a separar el análisis del territorio y el barrio, es decir, procediendo a una suerte de disociación de la experiencia obrera entre el ámbito de la producción y en el de la reproducción. Es en el intento de sutura, y aún más de fusión, de ambos niveles de análisis donde el libro encuentra uno de sus aportes nodales.

El libro también puede leerse como una contribución a la historia de las izquierdas en la Argentina en los tiempos más recientes, sobre todo, de las que más vienen gravitando en el mundo del trabajo. Abre paso a un mayor conocimiento de los fenómenos de inserción y de influencia que sus militantes adquirieron en los procesos de lucha y organización. Y esta relación entre izquierda y trabajadores, que es una preocupación central en la Colección y en el objetivo general que anima a la revista Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, no está pensada de manera unívoca, es decir, solo sobre los modos como los cuadros partidarios incidieron en la clase sino también en la manera como ésta afectó el devenir de aquellos, en la dinámica imprevista de la protesta, los desafíos de la organización, los caminos sinuosos de la conciencia o la traducción inesperada de todo ello en el terreno de la política. Recuperar a la izquierda en estos escenarios implica salir de las encerronas y ocultamientos alimentados por los ensayos ya canónicos acerca del “fin de la sociedad industrial” y de los “nuevos movimientos sociales”. Como bien se alerta en la obra, frente a una mirada que solo había podido reconocer barrios dominados por la existencia de punteros, burocracia sindical, unidades básicas, comedores, sociedades de fomento, juntas vecinales, clientelismo o los repertorios comunes de los movimientos piqueteros, se recupera aquí la experiencia de una izquierda reconocible en otro ámbito subestimado, el fabril, y desde allí, otra vez, en sus vínculos con el barrio obrero.

No es la primera vez que se señala en la Argentina la emergencia de una nueva generación obrera, las tendencias a la acción de bases más autonomizadas de los aparatos gremiales esclerotizados, el latir de un nuevo sindicalismo combativo y clasista, el reverdecer de la politización incentivada por la lucha o el crecimiento de la izquierda revolucionaria. Ello fue detectado en varias otras oportunidades, incluso a lo largo de más de un siglo, de modo que sería provechoso proyectar un estudio global, que incorporara a todas ellas bajo un mismo y amplio registro, permitiendo un examen comparativo. En todo caso, La disputa por la dignidad obrera ofrece un modelo explicativo para comprender a una de estas coyunturas, que aún tiene abiertas todas sus potencialidades.

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