LA CNU y la ideología de la derecha peronista

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CLAUDIA FERRI

Número 36, marzo 2017.

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En el debate sobre los 70 tiene poco peso el papel de los grupos parapoliciales de derecha como la Triple A. La Concentración Nacional Universitaria fue una activa colaboradora de la misma. Sin embargo, la poco conocida CNU era más que un grupo de choque. De agrupación universitaria a banda parapolicial. De las ideas a las armas. ¿Qué rol jugó en el aparato represivo desplegado por el peronismo antes del golpe militar de 1976?

 

El 20 de noviembre de 1973 el estadio de Ferro (Ciudad de Buenos Aires) se convirtió en el escenario donde confluyeron las organizaciones que integraban la derecha peronista, junto a las 62 Organizaciones, para conmemorar el 128° aniversario de la Vuelta de Obligado y homenajear a Juan Manuel de Rosas como “defensor de la soberanía popular frente a intereses foráneos”.

La revista El Caudillo, que nucleaba ideológicamente a esas agrupaciones, cubrió el acto dándole un lugar muy destacado en sus páginas. La crónica destacaba una multitud de 25 mil personas(1), los discursos marcadamente nacionalistas y anticomunistas, las consignas contra la Tendencia y los izquierdistas, el despliegue de banderas verdes de la Juventud Sindical y otras azules y blancas del Comando de Organización. Pero había una agrupación que se destacaba no tanto por el número de militantes sino por su solidez organizativa, sus convicciones y “el fervor” de sus jóvenes integrantes. Se refería a “los compañeros universitarios de la CNU” que “tras sus vistosos estandartes gritaban: ‘Vamos a hacer a la Patria que sea libre; vamos a hacerla con todos los calibres’”(2). El uso de las armas no estaba destinado a enfrentar a los intereses económicos del imperialismo norteamericano sobre el territorio nacional sino a la aniquilación de la vanguardia estudiantil y obrera.

Pero a diferencia del resto de las agrupaciones de derecha que operaron ilegalmente junto a la Triple A y la burocracia sindical entre 1973 y 1976, la Concentración Nacional Universitaria fue una pionera en establecer la confluencia entre el nacionalismo católico y el peronismo. Sobre este basamento se construyó el imaginario social del peronismo ortodoxo, legitimado por el propio Perón, en el que se representaba al comunismo y el marxismo como enfermedades que necesariamente había que extirpar del cuerpo social.

La CNU nunca llegó a ser una organización de masas, sin embargo el peso que tuvo en importantes ciudades como La Plata y Mar del Plata permite desentramar y conocer una pieza clave en la construcción del aparato represivo del Estado en un gobierno democrático burgués. No sólo aportó hombres y armas a la construcción de la “patria peronista” frente a la creciente insurgencia obrera, también estableció desde sus orígenes nexos con un importante sector de la dirigencia sindical, incluso formando políticamente a muchos de sus cuadros.

 

Los primeros años: el “Papa blanco” y sus discípulos

La ausencia de bibliografía específica, de documentos y de testimonios de exmilitantes fue por muchos años una traba para adentrarse en la historia de los primeros años de la CNU. Sin embargo, historiadores como Juan Luis Carnagui o Juan Iván Ladeuix han hecho aportes significativos en esta materia analizando las prácticas del nacionalismo ultramontano y las ideologías de derecha en la argentina de la segunda mitad del siglo XX.

La Concentración Nacional Universitaria se erigió a partir de dos pilares. Por un lado su conformación está directamente asociada a la figura del filólogo y teólogo Carlos Alberto Disandro, quien realizó sus estudios secundarios en el tradicional Colegio Nacional de Monserrat en Córdoba y en 1939 se trasladó a La Plata para estudiar Letras en la Facultad de Humanidades. Desde su llegada comenzó a frecuentar círculos intelectuales que representaban la crème de la crème del movimiento nacionalista y católico como Julio Meinvielle, sacerdote creador de Acción Católica Argentina; Monseñor Octavio Nicolás Derisi, fundador de la Universidad Católica Argentina; y el filósofo y dirigente la Unión Nacional Fascista Nimio de Aquím.

En 1947, Disandro fue nombrado en una cátedra en la UNLP, luego de la implementación de la ley 13.031 que atacaba la autonomía universitaria convirtiendo las instituciones en dependencias estatales. El joven profesor había sido nombrado por Perón en la cátedra “Latín y estudios clásicos”, esto lo acercó al movimiento peronista platense y aumentó su influencia en los claustros universitarios hasta noviembre de 1955 cuando la Revolución Libertadora lo cesanteó.

Alejado por dos años del ambiente universitario tuvo una activa intervención durante el conflicto de la “laica y libre” confluyendo con un grupo de estudiantes. Años más tarde formó el Instituto de Cultura Clásica “Cardenal Cisneros”, desde donde publicaría La Hostería Volante (1959), la revista que como plantea Ladeuix, aunque “no tuvo un grupo de redacción homogéneo, serviría de ‘base de reclutamiento’ de los líderes de la CNU” (3).

Desde comienzos de 1960 se incorporaron a la revista jóvenes estudiantes que se habían acercado al peronismo –muchos venían de la filonazi Tacuara–. El docente y los alumnos coincidían en la fascinación por las lenguas clásicas, compartían un visceral anticomunismo con tintes antisemitas y se encuadraban bajo las banderas del nacionalismo y de Perón. Disandro, el “Papa blanco” como solían llamarlo sus seguidores, rechazaba la modernidad y las ideologías surgidas de ella (considerándola causante de la “decadencia social” que atravesaba la sociedad) y reivindicaba la Edad Media, el imperio español y el rosismo, sobre todo este último tomando aportes del revisionismo histórico en la construcción de la línea Rosas-Perón, defensores de la soberanía nacional. Su pensamiento se estructuró a partir de la idea de un “complot sinárquico” entre dos pseudoimperios: Estados Unidos y la Unión Soviética que, bajo un supuesto enfrentamiento, estaban empeñados en destruir el “ser nacional”. Según esta visión los enemigos eran los “judíos marxistas revolucionarios” y los “capitalistas usureros”.

En ese marco, la Concentración Nacional Universitaria surgió en 1965 en La Plata siendo una de las primeras agrupaciones universitarias abiertamente peronistas. Entre sus principales dirigentes aparecen Félix Navazo, Martín Sala y Patricio Fernández Rivero (todos ex Tacuara), pero será este último el dirigente nacional de mayor trascendencia. Rivero estudiaba Letras y con 19 años le daba a la agrupación un perfil que facilitaría su inserción al mundo universitario.

Sin embargo las actividades en el movimiento estudiantil durante los 60 eran prácticamente nulas. Los esfuerzos de la incipiente CNU estaban concentrados en el armado de conferencias y la difusión de la revista para organizar más estudiantes. A comienzo de 1967 Disandro fue invitado por Perón a visitarlo en Puerta de Hierro. El viejo caudillo había encontrado muchas similitudes entre los trabajos sobre la “conspiración sinárquica” del primero y sus estudios sobre la Tercera Posición, base ideológica del Justicialismo. Como planteaba en un discurso de mayo de 1952, el movimiento justicialista había sido “creado por nosotros y para nuestros hijos, como una tercera posición ideológica tendiente a liberarnos del capitalismo sin caer en las garras opresoras del colectivismo”. Perón impulsó a Disandro en su camino para formar repetidores de sus ideas, por eso lo incentivó a brindar conferencias en sedes gremiales sobre la “sinarquía mundial” que partían del interrogante: ¿Cómo identificar al enemigo y enfrentarlo? Además, su sello editorial llamado Montonera publicó cuadernos de formación política para los cuadros sindicales.

El apoyo desde Madrid les permitió confluir con militantes de ATE La Plata, del Sindicato de Turismo y sobre todo de la Unión Obrera Metalúrgica. También tejería un vínculo muy sólido con José Ignacio Rucci, padrino político de la organización y uno de los pocos sindicalistas que se mantuvo subordinado incondicionalmente a las órdenes de Perón.

A comienzos de 1970 la CNU se consolidó como agrupación en la UBA, sobre todo en la Facultad de Derecho, y en la UNLP en Derecho, Historia y Letras. Extendió su accionar a Rosario, Bahía Blanca y Mar del Plata donde se armaron Mesas Regionales coordinadas con la dirección nacional. En Mar del Plata se inauguró la filial en agosto de 1971 con la presencia del Secretario General de la CGT, quien exhortó a los presentes a unir los intereses de la jóvenes con los del movimiento obrero para “evitar lecturas erróneas” y “ponerse a la cabeza de este proceso”(4).

Breve retroceso y resurgimiento como grupo de choque

Los seguidores de Disandro iban materializando al enemigo de la Patria. Términos como “zurdaje”, “cipayos” e “infiltrados” comenzaron a tener fuerte presencia en sus discursos y materiales. En 1970 crecieron en el ámbito estudiantil los enfrentamientos violentos entre la CNU y Montoneros y la izquierda marxista. Con el asesinato de la estudiante Silvia Filler, el 6 de septiembre de 1971, en la Facultad de Arquitectura marplatense cuando militantes de la CNU ingresaron al hall disparando a mansalva luego de irrumpir violentamente una asamblea estudiantil, se produjo un enfriamiento temporal del accionar de la agrupación. Por la muerte de Filler, más de una docena de militantes fueron detenidos y condenados hasta la amnistía en 1973. El perfil bajo que adquirió la organización en las universidades no frenó sus estrechas relaciones con el resto de la derecha peronista y la cúpula sindical, sobre todo a partir de las internas de cara a las elecciones del 73. En la provincia de Buenos Aires, la CNU apoyó a los candidatos de la Rama Sindical, aunque el elegido fue Oscar Bidegain, cercano a la Tendencia y Montoneros.

Con la Masacre de Ezeiza, la CNU volvería a escena formando parte de los comandos que produjeron el golpe palaciego al gobierno de Cámpora. Trabajaron junto a otros grupos como el CdeO, la Juventud Sindical; sindicatos como el SMATA y la UOM y el Ministerio de Bienestar Social encabezado por López Rega. Horacio Verbitsky demostró en su libro Ezeiza el rol que tuvo allí el grupo de Disandro disparando a mansalva desde el palco a miles de personas congregadas para recibir a Perón.

Con la asunción de Perón en septiembre de 1973 el gobierno aceleró su giro a derecha debido al frustrado intento de desviar la creciente protesta social y la movilización de masas con un “gobierno popular” centrado en un pacto social con la burguesía. Como plantean los autores de Insurgencia Obrera, frente a las pujas internas cada vez más agudas dentro del peronismo, el presidente se terminó de inclinar por el bando sindical trazando “las primeras líneas de acción para liquidar a la vanguardia más radicalizada recurriendo a métodos represivos extremos –y hasta de guerra civil” (5). Bandas como la Triple A creada por el propio Perón van a tener vía libre para amenazar, secuestrar y asesinar a luchadores sociales incorporando a sus filas policías retirados y hombres de los sindicatos, muchos formados en los cursos de Disandro. Se harán habituales los operativos conjuntos entre las fuerzas represivas legales e ilegales: el Ejército, la policía, la Armada y la SIDE junto a la Triple A, la CNU y el CdeO.

En enero de 1974 el gobernador bonaerense Bidegain fue obligado a renunciar por presiones del presidente. Su lugar sería ocupado por su vicegobernador Victorio Calabró, dirigente sindical metalúrgico y virtual jefe de la policía provincial, los negocios del Hipódromo y el Banco Provincia. Como demuestra la valiosa investigación realizada por Daniel Checchini y Alberto Elizalde La CNU, el terrorismo de Estado antes del golpe, el blanco ya no sería exclusivamente el movimiento estudiantil sino también a militantes de partidos de izquierda y trabajadores de las comisiones internas que representaban una amenaza para Calabró. Un ejemplo es el caso de Propulsora Siderúrgica en Ensenada que, con una comisión interna opositora a la burocracia de la UOM, se había convertido en un dolor de cabeza para el gobierno provincial, sobre todo después de los paros generales de junio y julio de 1975. Dos miembros de la dirección antiburocrática, Carlos Scafide (PST) y Salvador de Laturi (PRT), fueron secuestrados y asesinados por la CNU. También intervinieron desde adentro de las fábricas, ocupando puestos claves en las empresas en los ámbitos de seguridad o de personal como es el caso del ex CNU Jorge Rampoldi quien tuvo un cargo en Astarsa (Tigre) señalando compañeros de trabajo organizados que luego serán secuestrados por grupos de choque, mientras continuaba siendo asesor del Sindicato de Obreros de la Industria Naval. Hoy es el principal dirigente del Partido FE de Gerónimo “Momo” Venegas en Malvinas Argentinas.

Además de formar parte de los grupos de tareas, algunos de sus militantes trabajaban en el Hipódromo, eran docentes en colegios o preceptores en el Liceo Mercante, espacios desde donde señalaban activistas. Los datos proporcionados por los autores y los testimonios de quienes se fueron animando a hablar coinciden en describir un patrón común en la metodología represiva de la CNU: secuestros por la madrugada mientras la policía garantiza la zona, violentando hogares y repartiéndose el botín saqueado, traslados a la casa operativa donde se interrogaba bajo torturas, y la mayoría de los cuerpos encontrados –en general en las afueras de la ciudad– con decenas de impactos de balas y otros hallados dinamitados con carga de Trotyl. Había un acuerdo implícito: todos disparaban sobre las víctimas, todos eran responsables. Mar del Plata fue otra de las ciudades donde también desató una caza de brujas, en este caso, operaron articuladamente con la Juventud Sindical dirigida y creada por Hugo Moyano, imputado en una de las causas. Hay recortes periodísticos y solicitadas que demuestran su estrecha relación. También intervinieron una importante intervención en Bahía Blanca y Córdoba, ligada al Comando Libertadores de América. A fines de 1975 la CNU estuvo bajo las órdenes del Batallón 601 del Ejército y con el golpe de Estado se integró a los grupos de tareas formado por civiles, policías y militares.

***

Con el retorno de la democracia burguesa, sus integrantes pudieron acomodarse en cargos públicos (desde asesores legislativos y en municipios, docentes, etc) manteniéndose a lo largo de los 90. Gracias a la reciente investigación de Cecchini y Elizalde se tejieron puentes entre las víctimas y sus ejecutores y se presentaron evidencias de su responsabilidad en delitos de lesa humanidad.

Al cierre de esta edición, diez civiles y un militar integrantes de la CNU fueron juzgados en Mar del Plata en el mes de diciembre pasado siendo sentenciados a prisión perpetua siete de ellos. En los próximos meses en La Plata se realizará el primer juicio a dos de sus integrantes por siete víctimas (ya varios testigos recibieron amenazas). Al día de hoy se conocen 70 casos donde intervino la CNU, sin embargo, decenas de militantes que participaron de los grupos de tareas permanecen en la más absoluta impunidad debido a la negativa estatal desde Alfonsín –pasando por el kirchnerismo– hasta el actual gobierno de abrir los archivos y documentos de las FF. AA, la SIDE, fuerzas policiales y de las empresas que promovieron el golpe de Estado, los cuales permitirían aportar información para reconstruir parte de esta historia.

 

  1. Según el Diario Noticias no superaron los seis mil militantes.
  2. El Caudillo de la Tercera Posición, año 1, núm. 2, 23/11/73, p. 18.
  3. Ladeuix, Juan Iván (UNMdP/CONICET), “El General frente a la Sinarquía. El discurso de Carlos Disandro en la formación de la Concentración Nacionalista Universitaria y su impacto en el peronismo”, en XI Jornadas Interescuelas, San Miguel de Tucumán 2007.
  4. Ver Carnagui, Nacionalistas, católicos y peronistas. Auge, afianzamiento y reconfiguración de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) La Plata, 1955-1974.
  5. Werner, Ruth y Aguirre, Facundo, Insurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2009.

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