Jimi Hendrix

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JimyH

FERNANDO AIZICZON

Número 16, diciembre 2014.

 

“Sé lo que quiero decir, pero soy incapaz de darle forma en palabras”

(Jimi Hendrix)

La experiencia Hendrix

James Marshall Hendrix (Seattle 1942, Londres 1970) no se destaca por su voz, ni por ser un virtuoso con su guitarra ni por ostentar una técnica descollante. Su guitarra en vivo solía estar algo desafinada, sus composiciones las interpretaba siempre de un modo diferente, no respetaba sus propios riffs, la extensión de sus solos era impredecible y en sus conciertos nunca se veía un mismo Hendrix ya que sus perfomances variaban con su estado físico y anímico. Sin embargo, al escucharlo (y con “escucharlo” queremos decir no una audición meramente técnica ni epocal, ni tampoco un análisis reduccionista sobre el “significado” de las letras de sus canciones, sino una actitud de percepción integral de su música, que debe incluir aspectos corporales y visuales), Jimi Hendrix transmite como pocos toda la energía y la potencia que el rock exige como género crudo, sanguíneo, eléctricamente expresivo. En este sentido, sus canciones son, dicho sin vueltas, alucinantes jam sessions: “zapadas” en lenguaje rockero. Improvisaciones dentro de un esquema rítmico y melódico que puede ser tan simple como sofisticado. Y eso es el rock, ayer y hoy, y por lo mismo, escuchar Hendrix resulta una experiencia sensorial indescriptible. Desde Joe Satriani a Eric Clapton, de Steve Ray Vaughan a Jeff Beck, y en nuestras pampas, de Pappo a Ricardo Mollo (uno de los pocos músicos locales que hoy se animan a interpretar “Voodoo Child”) pasando por Claudio Gabis, sin pretender ser exhaustivos, la referencia a Jimi Hendrix es ineludible. Para ubicarse en la magnitud de su legado hay que pensar que Hendrix se abrió camino, de visitante, entre The Rolling Stones, The Beatles, Frank Zappa, Led Zeppelin, entre otros. Hasta el día de hoy tantísimos artistas caen rendidos no solo frente a él, sino de cara a una época que marcó límites aún insuperables: los años ‘60, un tiempo en que los artistas parecían jugarse a agotar todo su potencial expresivo, que una vez logrado no les dejaba otro motivo para vivir. Así es como Hendrix se fue tan temprano de este mundo (27 años) del mismo modo que Janis Joplin o Jim Morrison. Quien nunca escuchó a Hendrix puede comenzar con el explosivo “Foxy Lady”, seguir alto con “Fire”, luego dejarse llevar por el apacible “Third Stone from de Sun”, para ingresar en el clima que propone “Purple Haze” y terminar con buen rock & blues en “Higway Chile”.

Con lo anterior no se habrá escuchado ni la mitad de un disco esencial aunque se podrá estar en condiciones de concluir que Hendrix es uno de los mejores y más influyentes músicos que dio el siglo XX.

 

Leyendo a Jimi

Jimi Hendrix alcanzó rápidamente la fama, y a pesar de su fugaz y meteórica carrera (apenas 5 años de duración) siempre fue consciente del lugar que ocupaba en la escena del rock mundial y del personaje que construyó en torno a su música. Por fortuna para nosotros, Jimi dejó unos escritos sueltos, fragmentarios, donde es posible encontrar la humanidad detrás del personaje. Se trata del libro Empezar de cero, originalmente pensado como Una habitación llena de espejos en alusión a uno de los escritos de Jimi: “Yo vivía en una habitación llena de espejos/ solo me veía a mi mismo/me armo de valor/ hago añicos los espejos/ahora veo el mundo entero/ ahora busco la que será mi amor”.

Empezar de cero es una recopilación póstuma organizada narrativamente por el cineasta Peter Neal, quien cuenta que Jimi tenía intenciones de escribir una autobiografía. Como el guitarrista solía escribir constantemente en pequeñas hojas que encontraba en los escritorios de hoteles donde se alojaba, en cajitas de cigarrillos, pedazos de papel o en servilletas, la tarea de Neal consistió en reunir todo ese valioso material disperso y darle una forma legible. En esas páginas reunidas, de lectura casi rítmica, Jimi comienza relatando su infancia de pobreza y sus juegos junto a su abuela (una india “medio cherokee”) quien solía contarle historias de su pueblo que Jimi apreciaba, entre otras anécdotas.

En su ambiente familiar se escuchaba a cantantes y guitarristas populares de raíz blusera como Howlin’ Wolf, Robert Johnson, Muddy Waters (“el primer guitarrista en el que me fijé”). Jimi adquiere su primer guitarra siendo adolescente, comprándosela a un amigo de su padre que en estado de embriaguez se la ofrece por 5 dólares. Con esa primera guitarra redescubre que efectivamente era zurdo y que ese instrumento no venía adecuado a su condición, por lo que tuvo que invertir la guitarra de posición y cambiar todas las cuerdas; como sonaba muy desafinada decidió entonces buscar de inmediato una casa de música, pasó su dedos por las cuerdas de una guitarra colgada y grabó en su cabeza la afinación aproximada; así forjó su estilo: “nunca fui a clases. Aprendí guitarra con los discos y la radio”.

Al salir de la adolescencia Jimi ingresa al servicio militar norteamericano del que sale de alta antes de que la Guerra de Vietnam se convierta en una pesadilla para la juventud yanqui. Su salida del ejército abre el momento en que comienza a tocar en bares, clubes y en la calle. Según relata, vivía en condiciones lamentables y cuando tenía hambre directamente robaba. Por sus oídos ya circulan guitarristas como Albert King y Albert Collins, forjadores de estilos propios, dentro de estilos a la vez más grandes como el R&B. En ese universo veía músicos saltar sobre sus guitarras, tocarlas espectacularmente por detrás de la cabeza o con los dientes y cosas por el estilo, mientras tanto, Jimi armaba y desarmaba bandas, tocaba de bar en bar un repertorio de 40 temas clásicos de blues, soul, funky, hasta que gana un concurso en New York que le permite subir varios escalones y ligarse a una banda donde destaca su número especial tocando con los dientes.

Allí, entre piruetas y mucho tocar asciende otros tantos peldaños y empieza a acompañar artistas como Little Richard o John Hammond Jr. Pero su carrera musical y su estilo recién podrán despegar artísticamente cuando ocurran al menos dos situaciones significativas: escuchar atentamente a Bob Dylan (sus letras y canciones lo conmueven profundamente) y armar en 1966 su primera gran banda, The Blue Flames, con quienes logra tocar en lugares de calidad como el café Au Go Go, vidriera para productores discográficos y a la vez espacio donde músicos consagrados escuchan artistas emergentes. Y es lo que efectivamente sucede. Siendo escuchado en esos bares Jimi recibe su primera oferta de grabación a través del sello Epic; a su turno, entre los tantos parroquianos de élite que lo escuchan, está primero Mick Jagger, quien le ofrece una gira por Inglaterra que no se concreta. Pero todo es cuestión de tiempo, pues el gran golpe en su vida vendrá cuando el bajista de The Animals, Chas Chandler, lo vaya a escuchar por sugerencia de un amigo de Hendrix. Chandler quedará impresionado y será quien definitivamente lo lleve a Inglaterra.

 

Londres 1966

¿Cuántos lugares y épocas en la historia del Occidente moderno existen como Londres, epicentro de un exquisito tipo de rock? 1966 es el año en el que James Marshall Hendrix llega a Londres y adopta el nombre de Jimi Hendrix. Su primer toque es nada menos que con Cream, el power trío que lidera Eric Clapton junto a Ginger Baker (batería) y Jack Bruce (bajo). Jimi queda impactado y de inmediato quiere formar su power trío, una banda de lujo que durará tres años (1966-1969), The Jimi Hendrix Experience, junto a Noel Redding (bajo) y el fantástico Mitch Mitchell (batería, gran admirador de Elvin Jones, el baterista de Coltrane): “Uno de nosotros está en el saco del rock, otro en el jazz, y yo estoy en el blues”. Este power trío será escuchado por músicos de bandas enteras como The Beatles, en especial Paul McCartney, admirador de Jimi. El gran tema que hace girar a este trío es “Hey Joe”, primera grabación en Londres que coloca a la banda cuarta en el ranking de los temas más escuchados durante febrero de 1967.

“Hey Joe” es un tema típico dentro del repertorio de canciones populares norteamericanas, Chas Chandler se la propuso a Jimi y éste simplemente la grabó, sorprendido tanto del éxito que alcanzó como de la trágica trivialidad de su letra (un hombre asesina a su mujer y huye a México para no caer encarcelado, un tema que sin dudas hoy, de cara al fenómeno del femicidio, generaría enorme rechazo en la sociedad, o al menos, gran polémica).

The Jimi Hendrix Experience saca al mercado tres excelentes discos de estudio: Are You Experienced? (mayo de 1967), Axis. Bold As Love (diciembre de 1967) y Electric Ladyland (1968) sembrando de éxitos las radios inglesas. De esta etapa son las composiciones más conocidas: “Purple Haze”, “Foxy Lady”, “Voodoo Child”, “All Along The Watchtower” (hermosa versión de un tema de Bob Dylan), “Red House”, “Little Wing”, entre otras. Su primer disco permanece 36 semanas en los ranking ingleses, llegando al número 2, detrás de “Sgt. Peper’s” de The Beatles1 . En junio de 1967 Jimi regresa a EE. UU. y a través de Paul Mc Cartney logra tocar en el Festival de Monterrey (California), y luego realizar su deseada primera gira en su país. En agosto ya está de regreso en Europa: recitales, giras, programas de radio y televisión le comienzan generar cierto hastío, que luego le será insoportable. Es que Jimi Hendrix ya es sinónimo de fama. Su pelo desprolijamente enrulado y su manera de vestir, dice, obedecen a formas vibratorias que, de tener el pelo liso y apuntando al suelo, no le permitirían percibir esas “vibraciones eléctricas” que atraviesan su música. La crítica posa su ojo y le adhiere la etiqueta de “música psicodélica”, otras veces, de un salvaje pop erotizante, palabras que enojan mucho a Hendrix: “mi sonido es rock, blues, funky, freaky”, o también “una música que se está desarrollando”, o lo que más le gustaba decir: “sensaciones libres”. ¿Y qué escuchaba Jimi?, como todo gran músico, de todo: Dylan, Bach, Beethoven, Mahler, Muddy Waters, BB King, Jefferson Airplane, Roland Kirk, “¿con toda esa mezcla, escuchando todo eso al mismo tiempo, cómo te defines?”. ¿Y cómo es el toque Hendrix?: “No leo música, me resulta difícil recordar riffs, porque constantemente intento crear otras cosas”, “no creemos en los ensayos”. Jimi es muy sensible a lograr conexión con el público. Toca muy, muy alto:

 

me acusaban de estar obsesionado con lo eléctrico, pero me gustan los sonidos eléctricos, el feedback y esas cosas. La gente hace sonidos cuando aplaude, así que nosotros le respondemos con sonidos (…) cuando me muevo solo estoy experimentando mi guitarra un poco más. A veces, salto por encima de la guitarra; a veces, pulverizo las cuerdas contra los trastes (…) a veces me restriego contra el amplificador; otras, me siento encima; a veces toco con los dientes, o estoy acompañando y me entran ganas de tocar con el codo.

 

El sonido Hendrix

 

…nace de una combinación de ampli y trasteo, reverb y wah-wah (…) Nosotros llamamos a nuestra música Electric Church Music, porque para nosotros es como una religión (…) Eso no significa que tengas que creer en el cielo y en el infierno y todo eso, pero sí significa que lo que eres y lo que haces es tu religión. Salir al escenario y cantar, esa es toda mi vida. Esa es mi religión. Soy de la religión eléctric.

 

Para Hendrix la música es una expresión tan personal que inevitablemente proyecta erotismo, “toco y me muevo como siento. No es una actuación, sino un estado. Mi música, mi instrumento, mi sonido, mi cuerpo, todos están alineados con mi mente”.

 

Hacia el fin

“¿Mi mundo?, el hambre, los barrios pobres, el racismo feroz; la única felicidad, la que puedes sostener en la palma de la mano”. A Hendrix también lo llamaron el “Elvis negro”, cuestión que nos permite indagar en la dimensión política de su música. “I Don’t live Today”, por ejemplo, es una canción dedicada a los indios norteamericanos y a todas las minorías oprimidas (homenajeadas con un soberbio despliegue de Mitch Mitchell en batería, hacia el final del tema). Hendrix valoraba (con un toque de ironía) expresiones como el “flower power” que según su óptica ayudaron mucho a plantear el problema racial en EE. UU. Entendía pero condenaba la violencia, aceptaba que su música contenía o liberaba violencia pero se mostraba poco tolerante con los fuertes disturbios que ya comenzaban a ser frecuentes en sus conciertos. En cierta ocasión los Panteras Negras le solicitaron un recital a beneficio al que Jimi accedió gustoso, “en Estados Unidos tienes que tomar partido. O eres rebelde o del tipo Frank Sinatra” escribe, pero de inmediato retrocede:

 

…no me siento involucrado, ahora mismo me siento casi completamente perdido (…) en mi mundo la raza no es un problema. Miro las cosas en términos de personas. No pienso en blancos o negros. Pienso en los obsoleto y lo nuevo (…) No es que no me identifique con los Panteras Negras. Naturalmente que me siento parte de lo que hacen en ciertos aspectos. Alguien tiene que dar el paso (…) pero no apoyo las agresiones ni la violencia ni las guerrillas.

 

Con todo, en lo concreto Hendrix los apoyó decididamente. Llegó a decir que “Voodoo child” era el himno nacional de los Panteras Negras, y les dedicó estas fuertes palabras, típicas de la prosa Hendrix: “El negro es oro puro/ y el verdadero rey de esta Tierra/hombre blanco ten cuidado con lo que dices/porque nuestros tambores miran al sur/ será mejor que elijas tu lugar en este mundo/antes de que el pelo se te empiece a rizar/ y los amarillos, rojos y negros de este mundo/ te destrocen el alma y el culo”.

Entre Febrero-Abril de 1968 comienza una gira por EE. UU. con The Experience. Es una gira larga, desgastante, repleta de conciertos. La gente pide a gritos los clásicos de siempre, y se entusiasma cuando Jimi encara la quema de su guitarra. Pero Jimi siente el hastío, la repetición (“no sé qué me está pasando. Estoy tan cansado de todo, estoy perdido, soy incapaz de tocar más”). “Crosstown Traffic” sintetiza cómo siente a tanta gente que lo rodea (“eres como el tráfico de la ciudad/es tan difícil llegar a ti/el tráfico de la ciudad/no necesito atropellarte/lo único que haces es obligarme a ir más despacio/ mientras yo trato de llegar al otro lado de la ciudad”).

Durante la gira graba Electric Ladyland, que estará 37 semanas en las listas de éxitos llegando al número 1 del ranking. En esta etapa Hendrix comienza a armar su propio estudio, Electric Lady, su sueño era poder producir buena música.

En 1969 realiza una nueva gira por EE. UU. The Jimi Hendrix Experience es la banda mejor paga del mundo, pero tantas presiones y desplantes del propio Hendrix la desarman. En la cima del éxito, The Experience colapsa. Desde agosto de 1969 la nueva gran banda de Jimi es Band of Gypsys (Banda de gitanos), según escribe, un resultado entre el agotamiento musical con The Experience y los compromisos con Capitol Records, frente a los cuales Jimi decide armar en maratónicas jam sessions un nuevo y vertiginoso material. Band of Gypsys debuta en Woodstock, conformada por dos enormes músicos: Billy Cox (bajo) y Buddy Miles (batería y voz). El último recital es en el Madison Square Garden, a beneficio del comité para la Moratoria de Vietnam, donde Jimi sale a mitad del segundo tema para no regresar. Es el fin prematuro de Band of Gypsys. Hendrix se sentía extenuado, “no estoy seguro de llegar a los 28 años”, escribe.

Toda su prosa, hacia las últimas páginas, es una inevitable y predecible despedida del mundo frente al cual no queda mas opción que sonreírse para ir de inmediato en busca de su música. Puede ser “Power to love” (“Power of soul”), o cualquier otra.

 

Escucha, cuando me muera va a haber una jam. Quiero que la gente se desmelene y se vuelva loca. Y conociéndome, seguro que me arrestarán en mi propio funeral. La música estará alta, y será nuestra música. No habrá ninguna canción de The Beatles, pero sí habrá unas cuantas de Eddie Cochran y un montonazo de blues. Roland Kirk estará allí e intentaré traer a Miles Davis, si le apetece unirse. Por eso casi merece la pena morir. Solo por el funeral. Cuando me muera, solo sigan escuchando mis discos.

 

Así será.

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1. El tema “The wind cries Mary” permanece 11 semanas en las lista de los grandes éxitos llegando al número 6 del ranking. Jimi dirá que solo es una canción tranquila que habla de una ruptura entre un chico y su chica, “eso es todo”.

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