Jaco Pastorius

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FERNANDO AIZICZON

Número 31, julio 2016.

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“Todo empezó cuando él comenzó a tocar: trituró todo lo que hubo antes que él, y jamás volverá a hacerse de nuevo. Cambió las reglas de lo que es posible en el bajo y de lo que puede hacerse” (Flea, bajista de los Red Hot Chili Peppers)

 

Inexplicable Jaco

Existe un micromundo al interior del Reino de la música popular donde habitan seres llamados bajistas. Su característica más declarada no es el encontrarse a medio camino entre lo rítmico y lo melódico, sino el estar poseídos por un solo Dios: John Francis Anthony Pastorius III o también Jaco Pastorius. Su don para la música fue y es indiscutible, inimitable, insuperable, también incomprensible, al menos desde el micromundo de las palabras, o desde ese sospechoso invento denominado “lenguaje musical”. ¿Cómo pudo tocar así?, por ejemplo, su versión de Donna Lee, inmortalizada por Charlie Parker…, no es solo la velocidad que Jaco alcanza sino una nueva interpretación de un clásico jazzero, donde el estrellato del saxo es disputado por un instrumento hasta entonces limitado, de segundo plano: el bajo eléctrico; esa es la gran pregunta para la que no hay respuesta satisfactoria. No se trata de cuestiones técnicas (aunque Jaco fue un virtuoso en toda la línea), ni de que sus composiciones sean indescifrables, al contrario, se consiguen partituras de todas ellas. Los que lo vieron en vivo quedaron impactados para siempre; los que no, pero que en algún momento de sus vidas musicales comenzaron a escucharlo, con solo escucharlo nunca más volvieron a tomar su instrumento como antes. Todo bajista puede contar esa experiencia bautismal. Solo hay que preguntárselos. Uno de ellos, argentino, figura entre el primer grupo: Pedro Aznar, quien pudo compartir un fugaz episodio con Jaco y ha contado infinidad de veces esa anécdota, a pesar de que lo que seguía en su carrera musical era el ingreso nada menos que al prestigioso Path Metheny Group. Antes, muchas de sus líneas de bajo tocadas en Serú Girán son un homenaje a Pastorius (un buen ejemplo a escuchar es “A los jóvenes de ayer”, donde Pedro Aznar se lleva por delante toda la banda, bien a lo Pastorius), algo común en muchísimos instrumentistas, que de modo íntimo o público ofrendan al Dios Pastorius en algún momento de la vida.

En Argentina hay excelentes y exquisitos bajistas, todos cultores de Jaco: César Franov, Javier Malosetti, Andrés Pellican, Machi Rufino (y su hijo Juan Pablo), Diego Arnedo, Marcelo Torres, Guillermo Vadalá. Muchos de ellos, con motivo del estreno del film Jaco: A Documentary Film, organizaron en abril de 2015 el Jaco de Buenos Aires, un tributo al gran bajista. Y hay que decir que el documental en cuestión está a la altura de su protagonista y llega en un momento muy especial (en 2017 se cumplen 30 años de su trágica muerte). Su impulsor es Robert Trujillo, líder de la banda Infectious Groove (funk metal), actual bajista de Metallica, y que pudo ver en su adolescencia a Jaco.

El film es una joya documental: fotos, videos, reportajes, conciertos, la mayoría material inédito durante mas 150 minutos de excelente calidad visual y sonora. Circulan familiares y músicos que compartieron (y padecieron) grandes y tristes momentos de la vida de Jaco, en especial el baterista Peter Erskine cuya sensibilidad a la hora de hablar de Jaco es conmovedora. Y está Jaco en toda su dimensión, su personalidad desborda por todas partes: practicando una y otra vez (mal) la vertical, haciendo monerías, jugando con sus hijos, correteando en la playa, tocando con la élite del jazz fusión, protagonizando solos increíbles para luego arrojar el bajo o llevarlo en equilibrio sobre su mano derecha, o arrojándolo al baterista, la mayoría de las veces en short, descalzo, con su clásica vincha, hasta el final de su cortísima y agitada vida, ya destruido físicamente, absolutamente drogado, arruinado.

Por fortuna, en Argentina se consiguen discos de Jaco y de la principal banda de la que formó parte, Weather Report. En especial durante los años ‘90, años de oro del menemismo, circuló intensamente el VHS Jaco Pastorius. Modern Electric Bass, ingresado desde el exterior junto a una lluvia de clínicas instrumentales de todo tipo, luego furiosamente pirateadas al calor de la crisis. Es posible pensar que eso contribuyó a cierta masividad que alcanzó Jaco por el mero hecho de podérselo “ver” en la cocina del bajista, entrevistado por más de una hora y zapando temas con John Scofield (guitarra) y Kenwood Dennard (batería). Precisamente los primeros minutos de ese video son también los minutos iniciales de la película actual, por una razón sencilla y conmovedora: el entrevistador, Jerry Jemmot, le comenta a Jaco en tono de pregunta: “mucha gente enloqueció tratando de imitarte, mucha gente se hizo fanática del bajo, ¿qué piensas al respecto?”… Un breve y desesperante silencio transcurre hasta que Jaco contesta, con voz gutural, balanceándose: “¡Dame una fecha!”. Risas nerviosas de ambos parecen decir: ¿el mejor bajista de la historia pide lastimosamente una fecha? Otra pregunta: “¿qué te trajo a este punto?”, Jaco cabecea nuevamente, como quien quiere elaborar un pensamiento, pero no puede, le cuesta horrores aclimatarse a la situación y a esa ambigua pregunta (¿cuál punto?)… Ese es Jaco Pastorius al final de su vida; siempre fue consciente de que se terminaría pronto, no solo porque se ponía en riesgo constantemente, sino porque había alcanzado tempranamente un cóctel demoledor: éxito, reconocimiento mundial y por sobre todo una expresividad musical absoluta, pero desarrollada en el entorno competitivo y destructivo de las discográficas yanquis y de los egos rabiosos de sus colegas. De allí quizás el modo que se inventó Pastorius para presentarse al mundo: “me llamo John Francis Pastorius III, soy el mejor bajista del mundo”.

 

Nuestro Hendrix

Hay que entender que esto era 1976: James Brown, Stravinsky, Elvis Presley, Frank Sinatra. Toda esta gente hacía música en ese momento. Todos lo llevaban como una insignia, ser diferente era un grito de guerra. Los músicos eran los dueños del negocio de la música (…) Hubo gente que se quebró los huesos de los pulgares para poder doblarlos hacia atrás como hacía Jaco.

Las anécdotas que ilustran el film están plagadas de este tipo de comentarios; si no fuera por quienes las pronuncian, uno nos les daría mayor importancia, pero hablan músicos de la talla de Flea (Red Hot Chili Peppers), Boosty Collins (un buen espejo para Jaco, pionero del bajo funk, del uso del slap, reconocido por sus trabajos con James Brown y con las dos bandas estandarte de movimiento funk: Parliament y Funkadelic), Sting, Joni Mitchell, Peter  Erskine, Alex Acuña, Alphonso Johnson, Herbie Hancock, Carlos Santana, y se puede ver tocar a Jaco a pleno con todo Weather Report, de modo de comprender, al ritmo que propone el documental, las intervenciones musicales de Pastorius.

Durante su infancia en Florida (1951-1958) Jaco escuchaba de todo, desde música afrocubana hasta sinfónica, también influenciado por la música que escuchaba su padre, cantante de jazz (Jack Pastorius): Nat King Cole, Tonny Bennet. Jaco solía acostarse de pequeño con una radio en su cama, escuchando música cubana. Luego, ya adolescente comienza a jugar con el bajo y la batería. Se compra un bajo y empieza a actuar de noche en clubes negros que lo aceptan, a pesar de que Florida estaba muy dividida racialmente. Jaco escucha a Little Beaver, Franckie Williams, The Rocketeers, entre otros músicos que hegemonizaban las radios negras.

Mientras, su padre abandona el hogar dejando sola a la madre de Jaco con sus hermanos. Jaco avanza y escucha The Chitlin Circuit Riders (R&B), con quienes audiciona e ingresa a tocar, sin saber leer música. Jaco dice entonces no tener ninguna otra ambición en la vida más que “tocar esa noche”, que son todas las noches. Hacia 1972 se traslada a Miami y forma pareja con Trace Lee, su primer esposa, con quien tendrá dos hijos: Mary y John.

La nueva condición de padre lo urge a profundizar su técnica, a introducirse y explotar los límites sonoros del bajo, un instrumento hasta entonces sin protagonismo: por ejemplo, Jaco explora el uso de los armónicos, sobre el bajo sin trastes, método que se le ocurrió mientras veía cómo afinaban los guitarristas (sobre armónicos). Jaco tenía un contrabajo de baja calidad que se le arruinó, al verlo así, y al carecer de plata para uno nuevo, decidió sacar con un cuchillo los trastes de su bajo (un Fender Jazz Bass) alcanzando una dulzura tonal similar a un cello, una sonoridad deslumbrante, novedosa. Los bajistas más obsesionados con el sonido Pastorius no pueden evitar practicar el mismo rito iniciático: transformar sus bajos sacándoles los trastes a cuchillazos. La sonoridad lograda se puede escuchar por ejemplo en el tema “Portrait of Tracy”, y después “Okonkolé y trompa”, ambos de su primer disco titulado Jaco Pastoruis (Epic Records, 1976). “Portrait…” es una bella pieza dedicada a su esposa Tracy, tocada íntegramente sobre armónicos, mientras que “Okonkolé…” es una obra magistral de música contemporánea. Su primer disco además tiene una increíble y explosiva dosis del mejor groove de época en “Come on, come over”, donde Jaco plasma toda su veta de funk y soul, escuchable también en “Opus pocus”, y con matices jazzeros y afro en “Kuru/Speak like a child”. “Continuum” ya es un himno al bajo fretless (bajo sin trastes).

Pastorius tiene entonces 20 años y ha editado un disco definitivo para la historia del jazz fusión y en particular del bajo eléctrico. Eso le permite ingresar a Weather Report, la banda de elite del jazz moderno a cuya cabeza está el inefable tecladista Joe Zawinul, quien venía de integrar una de las formaciones de Miles Davis, y que en ese entonces “competía” con otro monstruo del jazz fusión: Chick Corea, quien estaba girando su “Return to Forever”, con Stanley Clarcke en el bajo. Los testimonios de época hablan de un “virtuosismo indignante”, es decir, se tocaba al límite, al modo de una tormenta de notas a toda velocidad, tal la propuesta del jazz fusión; pero también se asistía a la ruptura de fronteras entre, por ejemplo, el jazz y el rock, ruptura que ponía furiosa a la “policía del jazz” porque el público después de escucharlos seguía con Van Halen, Ozzy Osburne, y luego volvía con Weather Report o Chick Corea.

La anécdota del ingreso de Jaco a Weather Report es parte de su modo de existir y de la construcción del mito: cuenta Alex Acuña (percusionista peruano de la banda) que Jaco se acerca a Joe Zawinul tras un concierto y le arroja su disco: “Ey, soy Jaco Pastorius… soy el mejor bajista del mundo”, Joe responde con un típico “lárgate de aquí”. Sin embargo, Joe y Alphonso Johnson (bajista de su banda) deciden escucharlo tras lo cual él mismo decide dejar Weather Report1 y ceder su puesto a Jaco. La prueba de fuego de Jaco en su nueva banda ocurrió cuando Joe, quien estaba muy tocado por la muerte del saxofonista Cannonball Adderley, le compone un tema: “Cannonball” (1976), pero lo siente muy sobrecargado de melodía, sin saber resolverlo. Le pide a Jaco que intervenga con su bajo y ahí tenemos un clásico de Weather Report con Pastorius descollando.

 

Mito y muerte

Lo que sigue es la frenética carrera musical de Jaco, que se vuelve el bajista estrella dentro y fuera del universo del jazz fusión. Es Jaco quien abre la posibilidad al bajista de jugar también al frontman, es decir, liderar una banda, componiendo y ejecutando solos (cuestión que también ya practican otros seres llamados bateristas, de características politeístas y gregarias si se los compara con los bajistas).

La cantante Joni Mitchell ilustra bien ese momento de fama de Jaco y relata cuando convoca a Jaco a participar de su banda. Lo describe como el acto de invitar a otro pintor para que “use tu mismo lienzo”, realizando una “conversación” musical, para lo cual se recomienda escuchar “Hejira” (1976), donde la voz y guitarra incomparables de Joni Mitchell confluyen con el bajo de Jaco logrando esos momentos épicos de los que tanto cuenta el jazz. Luego ocurrirá algo similar con el disco “Bright Size Life” de Path Metheny, Jaco Pastorius y Bob Moses (batería), una joya de las más hermosas del jazz de los ‘70.

En paralelo a estos momentos de cénit, donde el documental logra introducirnos en el universo tonal de Pastorius, es interesante ver cómo el “modo de autodestrucción” de Jaco, señalado por Peter Erskine, tiene que ver con el cómo procesa alternativamente el éxito con las frustraciones, o como la sensibilidad especial frente a la adversidad lo lleva a tocar francamente muy mal, fuerte, desconcentrado, como ocurrió luego de un altercado con un músico puertorriqueño que lo molestó, y que influyó luego en su desastrosa performance con John McLaughlin, Tony Williams, y Jaco en el grupo “Trío of Doom” (1979). Estos sinsabores se irán acumulando.

Hacia 1980 Jaco se separa de su mujer; forma nueva pareja y tiene mellizos. Es otro giro determinante en la vida de Jaco, que hasta su descenso al infierno de las drogas mantenía una actitud muy atenta hacia sus hijos. Este giro se puede apreciar en el alcance sonoro y conceptual de su otro gran disco: el fabuloso “Word of Mouth” (1981), obra maestra, disco introspectivo, casi conceptual, demuestra un gran cambio y el ilimitado rumbo que podía tomar Jaco; ya no estamos frente al clásico concepto de jazz fusión, y para apreciarlo, por ejemplo, puede escucharse el tema “Crisis”, demarcado por una arrolladora línea de bajo que nos deja sin respiro. Era lógico que este concepto nuevo fuera incomprendido por su productora, la Warner Brothers, que esperaba un disco exitoso y con groove previsible dentro de lo que Jaco venía desarrollando; y lo peor, lo que no fue previsto por el mismo Jaco, fue la denostación de alguien a quien prestaba especial atención en sus comentarios musicales: Joe Zawinul. Al hacérselo escuchar especialmente durante una gira, solo recibió un devastador ninguneo típico del juego de egos de estrellas en Weather Report, insoportable y destructivo para Jaco.

Era el fin de la convivencia en esa banda (1982), y la apertura del proyecto con The Word of Mouth Septet, donde Jaco ejecuta gloriosas versiones de “Teen town”, otra de sus composiciones características. Continúa la saga con otro gran disco, siempre con destacados arreglos en la sección rítmica y de vientos: Invitation (1983), reversionando otro clásico inmortal del jazz: “The Chicken”. Pero Jaco ya presiente su final. Un amigo lo interna 6 meses en un neuropsiquiátrico (1986), donde se le diagnostica trastorno bipolar. Regresa a Florida. Su hijo cuenta que pudo verlo dormir en un parque, y que quería atrapar nubes, asir el viento. No son pocos los minutos que el documental hace sentir ese final, esa tristeza, esa soledad prolongada en donde nadie de su entorno podía rescatarlo. Ese final, además, viene acompañado de un fragmento del melancólico tema “Mr. Pastorius”, tocado con toda sutileza por Marcus Miller y Miles Davis. Otro homenaje.

¿El final? 1987: luego de asistir a escuchar a Carlos Santana, Jaco tiene un altercado con un patovica que le destroza la cabeza y le produce la muerte. Un asesinato dirá su hijo.

Como reflexiona uno de los entrevistados, el jazz (tomado como un género o un modo de entender la ejecución de un instrumento ampliando al infinito las posibilidades sonoras y rítmicas), es un desafío para improvisar y “estar en el momento”, y ese momento, si se alcanza, equivale a la eternidad.

El sonido y la música que produjo Jaco a través de su bajo contienen la grandeza a la que puede llegar el ser humano, nunca solo. Porque como el mismo Jaco dijo, quizás anticipándose al culto obsesivo que su figura producirá: “Sé a quién le robé cada nota”.

 

  1. No se queda sin tocar…, en ésta época Alphonso Johnson pasa a integrar otro grupo notable con George Duke & Billy Cobham Band (1975). Weather Report en especial fue una cantera de enormes bajistas-compositores. Además de los mencionados tocaron Miroslav Vitous y Víctor Bailey. Un relato de esa banda se encuentra en el libro del baterista Peter Erskine, gran amigo de Pastorius, titulado No Beethoven: An Autobiography and Chronicle of Weather Report, Los Angeles, Ed. Fuzz/e/books, 2013.

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