Inéditos: La importancia y los métodos de la propaganda antirreligiosa

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CELESTE MURILLO

Comité de redacción.

Número 22, agosto 2015.

 

El texto que presentamos formó parte de una compilación realizada por Jerome Davis, un sociólogo y organizador sindical de Estados Unidos a mediados de 1925. Según la fuente consultada, la compilación Labour Speaks for Itself on Religion aparecerá con fecha de publicación 1924 o 1925; asimismo, contó con una publicación en 1929 a cargo de la editorial MacMillan.

El texto de León Trotsky formó parte de una selección realizada por Davis para dar una visión sobre las ideas y la política de las corrientes del movimiento obrero internacional acerca de la religión. Formaron parte de la publicación textos de Lenin y Lunacharsky; también de Alemania, Gran Bretaña, Bélgica (entre otros europeos), Australia, Japón y China.

En “La importancia y los métodos de la propaganda antirreligiosa”, León Trotsky recorre uno de los aspectos que cruzó las principales batallas políticas de la joven Revolución rusa de 1917: la lucha contra la Iglesia. Hasta la revolución, esta institución dominaba todos los aspectos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Cuando se pone en pie el primer Estado obrero, se establecen los primeros registros civiles, para eliminar de raíz la injerencia de la institución en los asuntos de la vida cotidiana y, por esa vía, su influencia conservadora.

El cuestionamiento de las supersticiones y los misticismos de la religión fue otro de los grandes debates con la Iglesia. En este pequeño texto es posible ver algunas de las discusiones que realizaban los bolcheviques. En la búsqueda de las mejores estrategias para disputar la institución religiosa los sectores menos activos de la sociedad, encontramos los rastros de una pelea colosal: desterrar los prejuicios que utilizaron las clases dominantes durante siglos para justificar el orden establecido. Acompañaban esta pelea los esfuerzos por modificar las condiciones materiales que serían la base de una verdadera emancipación.

La vida ha cambiado descomunalmente desde los años 1920 cuando se publicó este valioso trabajo de Trotsky, que concentraba reflexiones y debates de la Revolución Rusa. Sin embargo, la vida social actual, incluso en aquellas democracias capitalistas (degradadas en mayor o menor grado) que se jactan de la ampliación de derechos de varios sectores de la población, sigue en gran medida marcada por la injerencia de instituciones religiosas. Como hace casi un siglo, la pelea por separación de la Iglesia y el Estado, sigue siendo una necesidad imperiosa para los sectores oprimidos, y los debates sobre la religión y cómo cuestionarla mantienen su vigencia.

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LA IMPORTANCIA Y LOS MÉTODOS DE LA PROPAGANDA ANTIRRELIGIOSA

 

León Trotsky

 

Hoy es absolutamente evidente y está fuera de discusión el hecho de que no podemos poner nuestra propaganda antirreligiosa en un nivel de lucha lisa y llana contra Dios. Eso no sería suficiente. Suplantamos el misticismo por el materialismo, mediante la ampliación sobre todo de la experiencia colectiva de las masas, destacando su influencia sobre la sociedad, ampliando el horizonte de su conocimiento positivo, y en este terreno podemos también, cuando es necesario, golpear contra los prejuicios religiosos.

El problema de la religión tiene una importancia colosal y está ligada de forma estrecha al trabajo cultural y la estructura socialista. Marx en su juventud decía: “La crítica de la religión es la base de cualquier otra crítica”. ¿En qué sentido? En el sentido de que la religión es un tipo de conocimiento ficticio del universo. Esta ficción tiene dos fuentes: la debilidad del hombre ante la naturaleza y la incoherencia de las relaciones sociales.

Ante el temor o la ignorancia de la naturaleza, ante la imposibilidad de analizar las relaciones sociales o ignorarlas, el hombre en sociedad procuró satisfacer sus necesidades con la creación de imágenes fantásticas, dotándolas de una realidad imaginaria y arrodillándose ante sus propias creaciones. La base de estas creaciones yace en la necesidad práctica del hombre de orientarse a sí mismo, lo que, a su vez, surge de las condiciones de la lucha por la existencia. La religión es un intento de adaptación al ambiente que lo rodea para superar con éxito la lucha por la existencia. Existen en esta adaptación reglas apropiadas y prácticas. Pero todo esto está relacionado con mitos, fantasías, supersticiones, conocimiento ficticio. Así como todo desarrollo de la cultura es la acumulación de conocimientos y habilidades, la crítica de la religión es el fundamento de otras críticas. Para allanar el camino de un conocimiento correcto y real es necesario eliminar el conocimiento irreal. En este caso, sin embargo, es verdadero solo cuando uno considera la cuestión de conjunto. Históricamente, no solo en casos individuales, sino también en el desarrollo del conjunto de las clases, el conocimiento real está ligado, de diferentes formas y proporciones, a los prejuicios religiosos. Frecuentemente, la lucha contra una religión determinada o contra la religión en general y contra todas las formas de mitología y supersticiones es exitosa solo cuando la ideología religiosa entra en conflicto con las necesidades de una determinada clase en un nuevo ambiente social. En otras palabras, cuando la acumulación y la necesidad de conocimientos no encajan en los marcos de las verdades irreales de la religión, entonces es suficiente un golpe certero y la cáscara de la religión se quiebra.

El éxito de la presión antirreligiosa que hemos llevado adelante durante los últimos años se explica por el hecho de que las capas avanzadas de la clase obrera, que pasaron por la escuela de la revolución, es decir, la relación activa con el país y las instituciones sociales, se ha sacado de encima los prejuicios religiosos, que fueron totalmente destruidos por los acontecimientos anteriores. Pero la situación cambia considerablemente cuando la propaganda antirreligiosa expande su influencia a las capas menos activas de la población, no solo de las aldeas sino también de las ciudades. Los conocimientos reales que se han adquirido son tan limitados y fragmentados que pueden coexistir con los prejuicios religiosos. Una crítica abstracta de estos prejuicios, sin apoyo en la experiencia personal o colectiva, no produce ningún resultado. Es por lo tanto necesario acercarse desde otro ángulo y ampliar la esfera de la experiencia social y el conocimiento realista. Hay diferentes medios para alcanzar este fin. Los comedores públicos y las guarderías pueden dar un estímulo revolucionario a la consciencia del ama de casa y pueden acelerar enormemente el proceso de su ruptura con la religión. Los métodos de fumigación aérea química contra la langosta pueden jugar el mismo rol con respecto a los campesinos. El hecho mismo de que el obrero y la obrera participen en la vida de los clubes, que los lleva fuera de la pequeña jaula del hogar familiar con sus íconos e imágenes, abre uno de los caminos a la libertad de los prejuicios religiosos. Y así sucesivamente. Los clubes pueden y deben medir la capacidad de resistencia a los prejuicios religiosos y encontrar formas indirectas para ampliar la experiencia y los conocimientos. Así, en lugar de ataques directos de la propaganda antirreligiosa, usamos bloqueos, barricadas y maniobras indirectas. En un nivel general recién hemos ingresado ese periodo, pero eso no significa que no haremos un ataque directo en el futuro. Solo es necesario prepararlo.

¿Nuestro ataque a la religión es legítimo o ilegítimo? Es legítimo. ¿Ha dado resultado? Así es. ¿A quiénes nos ha acercado? A aquellos que por experiencia previa estaban listos para liberarse completamente de los prejuicios religiosos. ¿Y qué más? Todavía quedan aquellos a quienes incluso la gran experiencia revolucionaria de Octubre no les sacó de encima la religión. Y en este sector los métodos formales de la crítica antirreligiosa, la sátira, la caricatura y cosas similares, no tienen demasiados resultados. Y si uno presiona demasiado puede obtener un resultado opuesto. Uno debe perforar la roca –es verdad que la roca no es muy firme–, obstruirla con cartuchos de dinamita, usar ataques indirectos. Después de un tiempo habrá una nueva explosión y una nueva caída, es decir, otra capa de gente será arrancada de la gran masa… La resolución de la octava conferencia del partido nos dice que en este terreno debemos pasar de la explosión y el ataque a un trabajo más prologando de socavado, en primer lugar, mediante la propaganda de las ciencias naturales.

Para mostrar cómo un ataque no frontal puede a veces producir un resultado totalmente inesperado, voy a citar un ejemplo muy interesante de la experiencia del Partido Comunista noruego. Como es conocido, en 1923, este partido se dividió en una mayoría oportunista bajo la dirección de Tranmael, y una minoría revolucionaria leal a la Internacional Comunista. Le pregunté a un camarada que vivía en Noruega cómo había logrado ganar la mayoría Tranmael –por supuesto solo temporalmente–. Me planteó como una de las causas el carácter religioso de los trabajadores y pescadores noruegos. La industria pesquera, como saben, tienen un nivel de técnica muy bajo y depende mucho de la naturaleza. Esta es la base de los prejuicios y las supersticiones; y la religión para los pescadores noruegos, como expresó ingeniosamente un camarada, es algo así como un traje protector. En Escandinavia había miembros de la intelectualidad, académicos, que coqueteaban con la religión. Fueron golpeados, justamente, sin piedad por el marxismo. Los oportunistas noruegos aprovecharon hábilmente esta situación para hacer que los pescadores se opongan a la Internacional Comunista. El pescador, un revolucionario, que simpatiza profundamente con la República Soviética, que apoya fervientemente la Internacional Comunista, se dice a sí mismo: “Se reduce a esto. O estar con la Internacional Comunista, pero entonces sin Dios y los peces o, me guste o no, es necesario que rompa”. Y así lo hizo… Esto ilustra la forma en la que la religión se inmiscuye en la política proletaria. Por supuesto, esto se aplica en un grado mayor a nuestro propio campesinado, cuya naturaleza religiosa tradicional está estrechamente entrelazada con las condiciones de nuestra agricultura atrasada. Solo derrotaremos los prejuicios religiosos profundamente enraizados del campesinado mediante la introducción de la electricidad y la química en la agricultura. Esto, por supuesto, no significa que no debamos aprovechar cada avance técnico por separado o cada momento social favorable en general para la propaganda antirreligiosa, para conseguir una ruptura parcial con la consciencia religiosa. No, todo esto es obligatorio como antes, pero debemos tener una perspectiva general correcta. Los simples cierres de iglesias, como se ha hecho en algunos lugares, y otros excesos administrativos, no solo serán incapaces de alcanzar cualquier éxito decisivo sino que al contrario prepararán el camino para un regreso más fuerte de la religión. Si es real que la crítica religiosa es la base de cualquier otra crítica, no es menos real que en nuestra época la introducción de la electricidad en la agricultura es la base para la liquidación de las supersticiones del campesino. Citaré las excepcionales palabras de Engels, desconocidas hasta hace poco tiempo, que se aplican directamente a la cuestión de la electrificación y la abolición del abismo entre la ciudad y la aldea. La carta fue escrita en 1883. Ustedes recordarán que en el año 1882 el ingeniero francés Deprez encontró un método para transmitir la energía eléctrica a través de un cable. Y si no me equivoco, en una exhibición en Múnich demostró la transmisión de la energía eléctrica de uno o dos caballos de fuerza durante alrededor de 50 kilómetros. Causó una gran impresión en Engels, que era extremadamente sensible a cualquier invento en el campo de las ciencias naturales, la técnica, etc. Le escribió a Bernstein:

 

El nuevo invento de Deprez… libera la industria de cualquier limitación local, posibilita el uso de la energía hidráulica aun a distancia. Y aunque al principio solo se use en las ciudades, en última instancia deberá convertirse en la poderosa palanca para la abolición del antagonismo entre la ciudad y la aldea.

 

Vladimir Ilyich (Lenin) no conocía estas líneas. Esta correspondencia se ha hecho pública recientemente, aun así compartía esta visión de la gran transformación que haría la electricidad en la psicología campesina.

Hay periodos con diferentes ritmos en el proceso de abolir la religión, determinados por las condiciones generales de la cultura. Todos nuestros clubes deben ser puntos de observación. Deben ayudar siempre al partido a orientarse en este problema, a encontrar el momento, a tener el ritmo adecuado.

La abolición completa de la religión será alcanzada solo cuando haya una estructura completamente desarrollada, es decir, una técnica que libere al hombre de cualquier dependencia degradante de la naturaleza. Puede alcanzarse solo bajo relaciones sociales que estén libres de misterios, que sean profundamente lúcidas y no opriman a la humanidad. La religión traduce el caos de la naturaleza y el caos de las relaciones sociales al lenguaje de las imágenes fantásticas. Solo la abolición del caos terrenal pude terminar para siempre con su reflejo religioso. Solo una guía consciente, razonable y planificada de la vida social, en todos sus aspectos, abolirá para siempre cualquier misticismo y crueldad.

 

Traducción de Celeste Murillo de la versión publicada en el folleto The Fight for Marxism, Two speeches and an article by Leon Trotsky, publicado por New Spark Publications, Londres, 1966.

Trotsky

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