House of Cards y el descontento con Washington

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CELESTE MURILLO

El 4 de marzo, Netflix estrenará la cuarta temporada de House of Cards. Frank Underwood vuelve a la carga en el medio de la carrera a la Casa Blanca. ¿Cómo se colarán las primarias en la exitosa serie?

 

A comienzos de febrero se dio a conocer el tráiler de la cuarta temporada de House of Cards, escrita por el guionista Beau Willimon y producida por Netflix. En la serie Frank y Claire Underwood, interpretados por Kevin Spacey y Robin Writgh, están en el corazón de Washington.

Miles de fans esperan con ansias el siguiente capítulo en la carrera de Underwood. Desde la primera temporada, House of Cards supo leer, a su manera, el descontento con el mundo de la elite política, donde sobran intereses económicos y corrupción, y faltan escrúpulos.

También se espera el regreso de las mil y una tramas que se desarrollan junto a la carrera de Underwood. El futuro de Doug Stamper (Michael Kelly), clave en la carrera de Frank, la relación entre el lobbysta Remy Danton y la jefa de la bancada demócrata Jackie Sharp (¿hay una metáfora más apropiada de la relación entre las corporaciones y Whashington?) o los caminos de la política exterior de la mano de la secretaria de Estado Catherine Durant (¿había alguna actriz con un parecido más sutil con Hillary Clinton?).

 

¿Dónde reside el éxito de House of Cards?

En House of Cards los políticos son despiadados, alejados de los intereses del pueblo, todo se compra y se vende. Las leyes se hacen a medida, las corporaciones marcan la política exterior, los periodistas son manipulados o perseguidos, los burócratas sindicales anulados cuando ya no cumplen su función, y las grandes mayorías son, en el mejor de los casos, votantes.

Frank Underwood es un político ambicioso que no ahorra esfuerzos por escalar hasta lo más alto: la presidencia de Estados Unidos. Todo en su vida personal y política está puesto al servicio de ese objetivo, y una de las cosas más atractivas de la serie es la relación que establece con el público, hablando a cámara y compartiendo con los televidentes los secretos más oscuros de su carrera política.

Una de las frases célebres de Underwood, “La democracia está sobrevalorada”, se hizo eco, por derecha y por izquierda, en un clima de descontento y polarización. Esa frase bien podría ser de un simpatizante del Tea Party y reflejar la reacción de un sector de ultraderecha que sueña con  recuperar “la grandeza de Estados Unidos”, como le gusta decir a Donald Trump en sus discursos. Pero también podrían pronunciarla los que dicen (con razón) que esta “democracia” funciona al servicio del 1 % más rico y en realidad es bastante desigual.

House of Cards es una suerte de expresión de esas miradas críticas sobre los políticos de Washington. Con bastante cinismo se dejan al desnudo los negociados y las presiones en los pasillos de la Casa Blanca y el Congreso en la era de la caída de Lehman y el movimiento Occupy Walll Street.

Y es más por ese cinismo, que por su crítica social o política, que Underwood se convirtió en un personaje relevante, incluso en el mundo político de la vida real. Sin ir más lejos, Frank saludó a Federico Pinedo, el “presidente durante 12 horas” en medio de la controversia en Argentina sobre el traspaso del gobierno de Cristina Fernández a Mauricio Macri.


Algo parecido hizo Underwood con su “Que empiece la carnicería” al intervenir en el debate previo a las elecciones españolas en diciembre de 2015. Durante el debate, hizo comentarios sobre todos los candidatos:

 

Es sabido también que Barack Obama es seguidor de la serie. Cuando arrancaba la tercera temporada, pidió a los fans que no spoileen detalles sobre los nuevos capítulos. Obama, un experto en esto de los gestos descontracturados mientras gobierna la principal potencia imperialista, ¿envió así un guiño y se puso del lado de los  ven desde afuera a la clase política? Probablemente.

 

Las primarias en la TV y las otras

Esta temporada llega en medio de las elecciones primarias, donde la sorpresa la están dando los outsiders y ambos partidos están atravesados por el rechazo a las elites y dinastías políticas.

No fue una casualidad que el [lanzamiento de la nueva temporada fuera la tanda publicitaria de uno de los debates republicanos. En el spot de campaña, Underwood presenta su plan de obras de obras llamado “America Works” (Estados Unidos Trabaja). El plan emula al Works Projects Administration, una marca registrada de Frank D. Roosevelt y el New Deal de los años 1930 y dialoga con la principal preocupación de los estadounidenses: la economía.


Y como si faltara algún detalle “de época”, le agrega un poco de anti-establishment al mensaje. En su sitio de campaña (sí, tiene un sitio de campaña), Underwood dice, “No tengo paciencia con las cosas inútiles, como la parálisis política y el estancamiento. Sumate a mi campaña. Arremanguémonos. Abrámonos camino entre los necios y los mezquinos y enviemos un mensaje fuerte y claro a Washington”. ¿Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia?

En la serie, Underwood también participa en la carrera hacia la Casa Blanca. La tercera temporada terminó en un clímax electoral, con una victoria ajustada de Underwood sobre la otra candidata, Heather Dunbar en Iowa. Una escena que recuerda mucho a la “batalla por el resultado” y los 0,2 puntos porcentuales que le dieron la “victoria” a Hillary sobre Sanders en ese pequeño estado.

Aunque en más de una oportunidad House of Cards se caracterizó por la inverosimilitud o el excesivo dramatismo, no sorprendería a nadie que esta vez la realidad supere a la ficción. ¿Cómo superar el dramatismo de la primaria republicana donde un multimillonario sin apoyo alguno del establishment del partido gana una elección tras otra? ¿Se habrían imaginado un candidato que autodenomina socialista peleando cabeza a cabeza con Clinton?

 

Pasa en las series, pasa en la vida real…

En la avant premiere de la temporada, hicieron una encuesta entre el elenco sobre sus candidatos favoritos. Como era de esperar, Underwood no quiso hacer comentarios sobre el tema, pero cuando le  preguntaron sobre su opinión acerca de las primarias respondió, “Creo que ambas son un poco impredecibles…”. Quizás impredecibles no describa tan bien la situación como inesperadas, al menos para el establishment de ambos partidos.

Las producciones culturales como las series y las películas, más allá de sus intenciones o repercusiones políticas, hablan de un momento histórico, de un clima político y un humor social. Por eso a menudo lo más interesante pasa de este lado de las pantallas, donde se multiplican los debates y nacen los verdaderos “guiones”.

En las primarias de la “vida real” las cosas no parecen ser tan sencillas de resolver como en el Washington de House of Cards. Habrá que esperar hasta el 4 de marzo para saber si Underwood también deberá enfrentar el mensaje anti-establishment.

 

Fragmentos de este artículo fueron publicados en “Metáforas (im)posibles de la demoracia”, publicado en la revista  Ideas de Izquierda 8, abril 2014.

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