Histórica huelga docente

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Una masiva lucha contra el ajuste y el techo salarial

ARIEL IGLESIAS

Número 8, abril 2014.

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Este número de Ideas de Izquierda saldrá a la calle poco antes de que se lleve adelante el paro general convocado por las CGT de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, y la CTA que conduce Pablo Micheli, el 10 de abril. Será el segundo paro general convocado bajo los gobiernos kirchneristas. Su significación, alcances y límites, seguramente serán analizados en los próximos números de nuestra revista. Pero este paro estuvo precedido por una huelga histórica, llevada adelante por los docentes de la provincia de Buenos Aires, en simultáneo con paros y luchas docentes en otras provincias. Moyano y Barrionuevo convocaron al paro general en medio de este conflicto, aunque también se encargaron de que no confluyeran. En esta nota, una crónica de esta huelga inédita, en la voz de los protagonistas, y unas primeras conclusiones.

De sur a norte del país, desde Tierra del Fuego y Chubut hasta Jujuy, pasando por Río Negro, Neuquén, La Pampa, Mendoza, Tucumán, Misiones y La Rioja, con epicentro en la provincia de Buenos Aires; en 19 de las 23 provincias los trabajadores y trabajadoras de la educación nos pusimos de pie para enfrentar el ataque del gobierno.

El 2014 arrancó “caliente”. Un verano con devaluación y tarifazos, primero en el transporte y después en el gas y el agua; y el reconocimiento parcial de la verdadera inflación por parte del gobierno. Todas medidas que complicaron las negociaciones paritarias y empujaron a este paro histórico de los y las docentes.

Las principales ciudades de las provincias argentinas se fueron pintando de guardapolvos; las aulas vacías de profesores, maestros, estudiantes y auxiliares, pero las calles llenas de un ejemplo de dignidad en la defensa de nuestros derechos. Marchas de antorchas, junto a padres y alumnos, asambleas en las plazas, recorridas por los barrios con un apoyo popular masivo, mostraron una huelga activa y militante que obligó a los dirigentes burocráticos de la mayoría de los sindicatos, pero sobre todo a los de la provincia de Buenos Aires (Suteba), a ponerse a la cabeza de los reclamos. Los cantos alusivos a la presidenta Cristina Fernández que denunciaban: “…le pagás millones a la Repsol y ni un solo peso para educación”, ponían de manifiesto el repudio al gobierno nacional, a los gobernadores y al conjunto del régimen político patronal que tiene un acuerdo profundo con privilegiar la entrega a las multinacionales antes que la defensa de la educación pública.

Nos pusimos de pie contra el techo que quisieron imponer a los aumentos de nuestros salarios de miseria. Tanto el gobierno nacional, como los gobiernos provinciales, intentaron quebrarnos recurriendo a decretos, fallos judiciales inconstitucionales, conciliación obligatoria, amenaza de descuentos de días de paro, represión dura en algunas provincias como Misiones o Tucumán, y hasta amenazas de retirar la personería a los gremios en lucha. Además quisieron imponernos el “presentismo” como chantaje, una verdadera herencia menemista para atacar el derecho de huelga, con lo que no tendríamos ni el “derecho” a enfermarnos o a cuidar nuestros/as hijos/as.

Intentaron declarar la educación un “servicio esencial” para que volvamos a las escuelas. Y el gobierno de Scioli pretendió amedrentarnos con un fallo judicial inconstitucional que ordenó la vuelta a clase. Para eso apeló al Juez Terrier, acusado de participar en la última dictadura como parte de la policía del genocida comisario Camps.

Una huelga de 17 días en Buenos Aires, dura por los ataques del gobierno y por la respuesta de los trabajadores y trabajadoras de la educación, que no solo contaron con la simpatía y el apoyo popular, como evidenció la marcha de La Matanza el viernes 28/3, con más de 7.000 docentes y padres de las barriadas más humildes de ese distrito; sino también los primeros pasos en la coordinación regional, como en Ensenada, entre los trabajadores del Astillero Río Santiago y los docentes combativos del Suteba de esa localidad. Todos estos hechos preocuparon al gobierno, a la oposición patronal y la burocracia sindical, empeñados en quebrar la huelga para evitar la posibilidad de la confluencia de los docentes con el resto de los trabajadores en el paro nacional del 10 de abril convocado por las CGT de Moyano y Barrionuevo y por la CTA de Micheli. Por esto, Scioli retrocedió de la posición “intransigente” que venía mostrando y se jugó a que los dirigentes de Suteba, con Roberto Baradel a la cabeza, levanten la lucha “testigo” de la provincia de Buenos Aires.

 

Una Santa Alianza contra los docentes

No hubo periodista del establishment ni político patronal que no haya atacado a la docencia en lucha para pedirle que vuelva a las aulas, pero resignando la defensa de su salario. Gabriel Mariotto, el vice de Scioli, propuso declarar “servicio esencial” a la educación, contradiciendo toda legislación internacional, y José Manuel de La Sota presentó un proyecto similar en Córdoba, que luego tuvo que retirar. Un verdadero frente de todos los partidos y sectores patronales, con el apoyo unificado del periodismo “consagrado”, tanto oficialista como “opositor”. Una causa común contra los docentes que unía a Cristina, Scioli, Massa y hasta el FAP de Bonfatti, todos “trabajando” para imponer un techo al salario. Mintieron y agitaron a la población para romper los lazos solidarios que se fueron tejiendo entre la docencia y la comunidad.

Con muestras de un cinismo sin límite, funcionarios que mandan a sus hijos a costosas escuelas privadas y cobran diez veces más que el salario de una maestra, llamaban a los docentes a tener “vocación”. Un ejemplo emblemático fue Nora De Lucía, ministra de Educación de la provincia de Buenos Aires, que cobra $ 48.366 mensuales, tiene millones de dólares y retira a sus niños en una 4×4 Honda o en un Audi A5 de un costoso colegio privado. El repudio a esta casta política se expresó en el apoyo a la interpelación a la ministra presentada por el diputado provincial del PTS en el FIT, Christian Castillo, y la exigencia de su renuncia votada en las asambleas de las seccionales opositoras del Suteba. La histórica huelga docente cobra mayor importancia porque enfrentó a este frente unido y logró mantenerse durante más de dos semanas.

 

Cierre de una primera etapa y apertura de un nuevo camino

Cuando estamos cerrando este artículo, los dirigentes kirchneristas de Suteba han aceptado finalmente la nueva propuesta salarial del gobernador Scioli y han levantado la histórica huelga docente bonaerense. Esta lucha masiva, e inédita en más de una década, logró imponerse en una primera pulseada, haciendo retroceder al gobierno y consiguiendo algunas de las demandas para los docentes y para toda la clase trabajadora contra los techos salariales, pese a los límites que le impuso la dirección nacional y provincial del gremio, aliada al kirchnerismo. Incluso también fue dejada a su suerte por el sindicato nacional docente y las centrales sindicales.

Este retroceso del gobierno provincial deja en mejores condiciones a los docentes, en primer lugar, y a la clase trabajadora en su conjunto para enfrentar el ajuste en curso.

El gobierno de Scioli, en el día 17 de la huelga, tuvo que presentar una propuesta “superadora” para destrabar el conflicto. Después de decir que no podían dar un peso más, ofreció $ 5.000 para el salario inicial (un 38 %, y un promedio de 30,9 % para todas las escalas), no descontar los días de huelga y desligar el planteo del famoso presentismo de la discusión salarial.

Estos puntos fueron arrancados por la enorme movilización y firmeza de la docencia, aunque no pudimos imponer el conjunto de nuestras demandas, como el salario igual al costo de la canasta familiar por un cargo, como piden los docentes –demanda ésta que está vinculada a la lucha por una educación de calidad–. Si no pudimos ir más allá no fue porque faltaran las fuerzas, ya que al momento de levantarse, la huelga estaba en ascenso. La responsabilidad fue de la dirección, que no convocó a un paro y movilización nacional, para hacer pesar la fuerza de todos los trabajadores y trabajadoras de la educación del país.

La lucha no se ha terminado y el balance todavía está abierto; quizás estamos ante el cierre de un primer capítulo, donde la docencia se ha puesto de pie, mostrando enorme combatividad, poder de organización y despliegue territorial en una lucha ejemplar.

El conflicto dejó numerosas experiencias asamblearias, de acción directa, de unidad obrera y popular. Destacó nuevos dirigentes, oradores, organizadores. Es decir, como dicen muchos/as compañeros/as: “nada será igual entre los trabajadores de la educación después de esta huelga”.

Otra importante lección que dejó esta batalla, es la necesidad imperiosa de continuar con la tarea de organización de los sectores combativos, en la perspectiva de la recuperación de nuestras organizaciones sindicales.

La oposición docente que avanzó en seccionales del Suteba, Atech y sindicatos provinciales –ATEN, Adosac, Ademys, Sutef, Sitech, Agmer, Amsafe, SUTE–, todavía tiene un enorme desafío: superar la división y la dispersión para imponer la unidad contra la negociación provincia por provincia que llevan adelante las conducciones, debilitando la potencialidad de un gremio poderoso nacionalmente. La dirigencia de la CTERA1 convalida la disgregación, sosteniendo el sistema educativo y el sindicato que impuso el menemismo y mantuvo el kirchnerismo, que implicó la descentralización y el desfinanciamiento. A esto, debemos oponerle el objetivo de lograr un sistema educativo único, público, gratuito y laico, bajo el gobierno de docentes, estudiantes, no docentes, padres y con la participación de las organizaciones de los trabajadores y sectores populares. Debemos desterrar la fragmentación y descentralización menemista, y que el Estado nacional se haga cargo del financiamiento de la escuela pública en todo el territorio nacional. Para esto debemos ponerle fin a la “balcanización” de nuestro sindicato y unificarlo nacionalmente.

 

“A ver Cristina, a ver si nos entendemos: con 1.800 pesos de básico no comemos”

Este fue el cantito hit que se impuso en las movilizaciones. Identificó claramente a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como la responsable de los ataques contra los docentes2, al tiempo que también sintetizó una denuncia de su política de destinar millones a la Repsol3, mientras dice que no hay plata para la educación4.

En la entrega del petróleo y nuestros recursos naturales y el pago a las multinacionales o a los fondos buitres, en desmedro de la educación o la salud; tienen acuerdo todos los políticos tradicionales: el oficialismo, Massa, el PRO o el radicalismo. Esta denuncia, que se hizo popular en las movilizaciones docentes, golpeó el corazón de un “modelo” que tienen el consenso de todos los representantes políticos de los partidos patronales, ahora que el kirchnerismo viene de un acelerado giro a la derecha, tomando la agenda que todos los empresarios y políticos patronales le reclamaban.

 

La oposición sindical de izquierda y las autoconvocatorias

Dos procesos profundos y novedosos se han puesto de relieve en esta huelga. Uno, más conocido, que empezó a visualizarse el año pasado con el triunfo de la oposición a la burocracia oficialista en las elecciones de Suteba, cuando 9 seccionales (las más numerosas de la provincia de Buenos Aires) quedaron en manos de la Multicolor, la lista de la izquierda, mayoritariamente trotskista. Un avance de la oposición de izquierda que desvela al gobierno y a todos los editorialistas de los diarios nacionales, que cada semana reflejan preocupados el desarrollo de sectores combativos en el movimiento obrero en general, y que pusieron el acento en la existencia de esta oposición para explicar la fortaleza de la huelga.

Las seccionales opositoras están transformándose en una referencia y en organizadoras de la bronca que brota desde abajo. Ya en la multitudinaria marcha del 19 de marzo en La Plata, la oposición conformó una columna de 10 mil maestras/os. El 26 del mismo mes, en el Ministerio de Educación de la CABA, la columna combativa agrupaba la mitad del acto. Pero el otro gran fenómeno que emergió en esta huelga fue la autoorganización. Como no se veía desde hace mucho tiempo, cada escuela se empezó a autoorganizar y a desarrollar asambleas en los barrios. Un poco por la ausencia de asambleas llamadas por las direcciones sindicales oficiales, y otro poco por el convencimiento de que el paro tiene que tener un componente activo para ganar al conjunto de la población trabajadora. En cada esquina se multiplicaban los carteles que decían: “Tocá bocina por la educación pública”. En cada escuela se discutían las consignas, se enviaban cartas a los padres y estudiantes, lo que da cuenta de un movimiento con un despliegue de una amplia militancia en cada zona y un gran apoyo popular que se expresaba masivamente, pese a las cataratas de discurso antihuelga que lanzaban los medios.

En los distritos, las acciones desbordaron a las direcciones burocráticas y las seccionales opositoras fueron epicentro de organización. Con la puesta en movimiento de decenas de miles de docentes se le hacía difícil a la dirigencia gremial burocrática levantar la huelga y a regañadientes varias veces la lista Celeste que conduce el Suteba provincial, tenía que decir lo que cada vez le costaba más: ¡que el paro seguía! Recién pudo ser levantado después que el gobierno tuvo que retroceder y ceder parte de los reclamos.

 

Luchas docentes y fines de ciclo

Pese al levantamiento en la provincia de Buenos Aires, al cierre de esta edición, el conflicto continuaba en 8 provincias, por lo que todavía el balance general tiene final abierto. Uno de los gobernadores que mantiene una posición más dura contra los docentes es el de Neuquén, Jorge Sapag, que hasta el momento no hizo ninguna oferta de aumento salarial para 2014 y pretende recién discutir salarios en junio. Históricamente, las luchas docentes siempre fueron anticipatorias de grandes procesos de lucha de clases en momentos de fines de ciclo. Así sucedió al final del alfonsinismo con el “Maestrazo” de 1988, o del menemismo y la Alianza, con el proceso que culminó en la “Carpa Blanca” frente al Congreso.

Cuando comienza un ajuste profundo en el fin de ciclo del kirchnerismo, los trabajadores y trabajadoras de la educación irrumpieron para ponerle un límite con una huelga, que seguramente quedará como un hito destacado en la historia de las luchas del movimiento obrero argentino.

Queda planteado el desafío de lograr que esta fuerza y decisión que manifestaron los y las docentes se proponga continuar la tarea de recuperación de los sindicatos, del Suteba provincial y la CTERA, empezando ya por construir fuertes corrientes militantes clasistas, revolucionarias en su interior. Y que el impulso de la huelga docente se generalice a todos los trabajadores, para enfrentar el ajuste de conjunto. El paro general convocado para este 10 de abril será una oportunidad para desplegar esta fuerza.

Los tarifazos anunciados por el gobierno, cuando todavía no había terminado la huelga docente, demuestran la decisión de cargar los costos de esta nueva crisis sobre las espaldas de las mayorías obreras y populares.

Desde La Marrón en la dirección de los Suteba reconocemos como única instancia soberana las asambleas y congresos con mandatos de base; contra el alternativismo que no combate a las direcciones burocráticas, luchamos por el frente único con las organizaciones de masas delimitándonos de su dirección conciliadora, como hicimos con la exigencia a la CTERA que logramos imponer y se expresó en el canto masivo: “paro, paro paro… paro nacional”. Promovemos un sindicalismo no corporativo abierto a la unidad con la clase obrera –como logramos concretar en la masiva marcha conjunta con los obreros del Astillero de Ensenada–, o hacer votar en todas las asambleas opositoras el apoyo a los petroleros de Las Heras condenados. Junto con alentar la alianza con el pueblo y la coordinación con otros sectores combativos –como el Encuentro de Atlanta–.

Pero también queda planteada una tarea mayor y estratégica: elevar esta gran fuerza social a la batalla política contra todas las alternativas patronales que tienen el mismo programa de ajuste que el gobierno nacional y que se postulan para sucederlo. El Frente de Izquierda, que sigue consolidando el lugar ganado a nivel nacional (en las recientes elecciones en la capital de Mendoza volvió a demostrar su vigencia), es una herramienta para construir una fuerza política de decenas de miles que pueda lograr que esta crisis no la terminen pagando los trabajadores.

Se trata de poner en pie una izquierda de los trabajadores revolucionaria, fuertemente estructurada en las organizaciones de masas.

 

1. CTERA: Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina.

2. Recordemos que en el discurso de apertura del 130° período ordinario de sesiones del Congreso Nacional, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo: “Tienen 4 horas frente a la jornada laboral obligatoria de 8 horas (…) y la suerte también de 3 meses de vacaciones”.

3. De más está decir que el parlamento nacional sancionó en plena lucha docente, y con el voto positivo de kirchneristas, pejotistas, massistas, radicales, y todo el arco opositor patronal, el pago de la indemnización a la Repsol.

4. En la Apertura del 132º período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional, la presidenta tuvo un acto fallido esclarecedor: “Nunca, nunca en la historia argentina se ha gast… Se ha invertido. ¡Fíjense lo que es la cabeza! Iba a decir ‘gastado’. Nunca se ha invertido lo que se ha invertido durante este período en materia educativa”.

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