Grandes días del proletariado mundial

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LA INTERNACIONAL DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN

 

JAZMÍN JIMENEZ Y EMILIO SALGADO

Número 41, noviembre 2017.

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Suponemos que los zares y los popes, antiguos dueños del Kremlin moscovita, nunca imaginaron que entre sus grises paredes se reunirían los representantes del sector más revolucionario de la humanidad actual1.

 

La guerra imperialista rompió el equilibrio capitalista y sepultó la vieja idea del progreso universal indefinido. La toma del poder por parte de los bolcheviques en medio de esa masacre, crea un nuevo paradigma que marcará el siglo XX: con la revolución obrera se abre la posibilidad de la propagación de la lucha por una nueva sociedad para la humanidad. Son los primeros años de la Internacional fundada por Lenin y Trotsky, en los que la clase obrera estuvo más cerca de alcanzar la victoria y abrir el camino hacia un mundo socialista.

Agosto de 19142 tiró abajo la fachada pacifista del capitalismo, la humanidad era arrojada a una sangrienta barbarie y la perspectiva de un desarrollo pacífico se esfumaba. Los dirigentes socialdemócratas convocaban a la clase trabajadora a defender la nación burguesa. De esta forma la Segunda Internacional, en palabras de Trotsky, “pereció innoblemente” y, desde aquel momento, los revolucionarios auténticos se propusieron la tarea de crear una nueva internacional, el partido mundial del proletariado3.

La guerra imperialista se convirtió en la madre de la revolución proletaria. En el viejo imperio de los zares, los trabajadores tomaban el poder en octubre de 1917.

A la clase obrera rusa y a su Partido Comunista, templado en la lucha, pertenece el honor de haber iniciado el camino. Mediante su Revolución de Octubre, el proletariado ruso no solo abrió de par en par las puertas del Kremlin a los representantes del proletariado internacional, sino que colocó la piedra fundamental del edificio de la III Internacional4.

 

El internacionalismo como necesidad de la estrategia

El internacionalismo no es un dogma, ni un sueño, ni un ideal sentimental imposible de realizar. Se basa en la realidad de la economía mundial que el capitalismo ha creado.

Trotsky explica que los marxistas entienden la economía mundial

… no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales5.

Cuando los bolcheviques llevaron adelante la Revolución de Octubre nunca pensaron que por haber tomado el poder, la clase obrera rusa podría salir de la economía mundial.

El poder público puede desempeñar un papel gigantesco, sea reaccionario o progresivo, según la clase en cuyas manos caiga. Pero, a pesar de todo, el Estado será siempre un arma de orden superestructural. El traspaso del poder de manos del zarismo y de la burguesía a manos del proletariado, no cancela los procesos ni deroga las leyes de la economía mundial6.

Si bien la nacionalización de los medios de producción y el gobierno centralizado y sistemático de éstos, era lo que le daba fuerza a la economía soviética, la debilidad que tenía estaba en el aislamiento y la imposibilidad de utilizar los recursos de la economía mundial.

En 1921, en el Tercer Congreso de la Internacional, Lenin polemizando con quienes tenían una visión nacional de la revolución, afirmaba que la victoria del proletariado ruso sería imposible sin el apoyo de la revolución internacional.

Antes de la revolución, y aun después de ella, pensábamos: o estalla la revolución inmediatamente –o por lo menos muy pronto– en los otros países, en los países capitalistas más desarrollados, o debemos perecer. A pesar de esta convicción, hicimos todo lo posible para proteger el sistema soviético en todas las circunstancias y a toda costa porque sabíamos que no solo estábamos trabajando para nosotros mismos, sino también para la revolución internacional7.

Como la conquista del poder no puede ser un acto simultáneo en todos los países, la Revolución de Octubre era considerada como la primera etapa de la revolución mundial, que necesariamente sería obra de varias décadas.

Así las cosas, la Revolución rusa demostró que estaban dadas las condiciones objetivas para que el proletariado tomara el poder. Pero dependía de un factor fundamental: la existencia de partidos revolucionarios que llegaran preparados y con una dirección templada que se propusiera dirigir la insurrección cuando llegase el momento. Por eso, contra toda idea “ortodoxa” de países maduros e inmaduros, con la ruptura del equilibrio capitalista provocado por la guerra imperialista, la clase obrera rusa se vio obligada a tomar el poder antes que sus hermanos de los países más desarrollados. Su revolución no fue solo contra la burguesía rusa sino también contra la burguesía inglesa y francesa, generando de esta forma la intervención contrarrevolucionaria de los imperialistas. Trotsky aseguraba que hubiera sido mucho más “económico” tomar el poder primero en Alemania, Inglaterra o Francia y después en los países atrasados. Pero la revolución no había empezado por el “viejo proletariado con poderosas organizaciones, sindicales y políticas, con grandes tradiciones de parlamentarismo y sindicalismo”, sino que había sido obra del joven proletariado de un país atrasado como el ruso. “La historia siguió la línea que ofrecía menor resistencia. La etapa revolucionaria irrumpió por la puerta más fácil de derribar”8.

 

La onda expansiva de la revolución

La República soviética, siguiendo el ejemplo de la Comuna de París, se proclamó “República Universal del proletariado”, que llamó a los obreros y campesinos alemanes a alzarse en su apoyo. El ejemplo se extendía por el mundo y principalmente en los países más cercanos de Europa. Esa fue la constante de los primeros años de la Internacional Comunista, marcados por los procesos huelguísticos en España y en Gran Bretaña, la proclama de una República soviética en Budapest y el bienio rojo italiano, con huelgas, ocupaciones de fábricas y la conformación de los consejos obreros.

Todos los procesos revolucionarios eran im­portantes y tenían la mayor atención de la Internacional. Sin embargo, la mayor tensión estaba puesta en la principal economía euro­pea: Alemania. En esto había una confluencia plena de Lenin y Trotsky, que insistían hasta el hartazgo en que la revolución alemana sería la llave que facilitaría la expansión de la revolución en todo el continente. Sin un triunfo en un país central la lucha por el socialismo tenía un destino trunco.

En un lustro el proletariado alemán protagonizó cuatro procesos revolucionarios que podrían haber cambiado la historia pero fueron derrotados. Los hechos de 1918, 1919, 1921, son procesos distintos que fueron centrales en las discusiones de los cuatro primeros Congresos de la Internacional. La revolución de 1923, posterior al Cuarto Congreso, será la última gran oportunidad de la clase obrera alemana, sin embargo la dirección del Partido Comunista no supo medir los tiempos de la revolución y dejó pasar la oportunidad de tomar el poder9.

 

Algunos debates esenciales

El 2 marzo de 1919 en Moscú se fundaba la Tercera Internacional rindiéndoles homenaje a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, que habían sido cobardemente asesinados meses antes por la socialdemocracia tras la derrota de la revolución ese año. En ese Primer Congreso la discusión se centró en las formas de gobierno y el carácter de clase del Estado. Mientras en Rusia se había instaurado la República de los Soviets, en Alemania no se había logrado tomar el poder del Estado porque la socialdemocracia había aplastado la revolución.

En su discurso inaugural, Lenin alertaba que la república burguesa, aún la más democrática de ellas, no es más que una máquina de represión contra la clase trabajadora. En su análisis sobre la Comuna de París de 1871, ya Marx había revelado el carácter explotador de la democracia burguesa, en la que las clases oprimidas solo tienen el derecho a decidir una vez cada varios años, eligiendo qué miembros de la clase dominante han de “representar y reprimir” al pueblo. Lenin aseguraba que los trabajadores encontrarían la forma práctica de implantar su poder en cada país a través del sistema soviético con la dictadura del proletariado.

¡Dictadura del proletariado! Hasta hace po­co estas palabras eran latín para las masas. Gracias a la difusión que ha alcanzado en el mundo entero el sistema de los soviets, ese latín fue traducido a todos los idiomas contemporáneos; las masas obreras encontraron la forma práctica de la dictadura10.

La oleada revolucionaria surgida tras la Revolución rusa le daba la razón, ya que existió una tendencia generalizada al surgimiento de organizaciones similares a los soviets o consejos obreros, para enfrentar regímenes monárquicos decadentes o el poder de las democracias burguesas que eran enemigas de esos procesos.

En las tesis presentadas al Primer Congreso Lenin denunciaba la verdadera naturaleza de clase de la democracia capitalista en uno de los Estados europeos más avanzados como era Alemania, señalando que

… una república democrática en la que pueden ocurrir tales cosas es una dictadura de la burguesía. Quienes expresan su indignación por el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, pero no comprenden este hecho, no hacen sino poner de manifiesto su estupidez o su hipocresía. La “libertad” en una de las repúblicas más libres y avanzadas del mundo, en la república alemana, es la libertad de asesinar impunemente a los dirigentes del proletariado detenidos11.

Mientras el Primer Congreso de la Internacional Comunista había llamado a congregar las fuerzas del proletariado mundial, el Segundo elaboró la base programática para la construcción de esas fuerzas, estableciendo “21 condiciones” que delimitaban a aquellos partidos que no acordaban con la estrategia comunista. Se imponían además los principios del centralismo democrático; es decir, el derecho de sus miembros a discutir y cuestionar la orientación política del partido, al mismo tiempo que la necesidad de una organización altamente centralizada para actuar en la lucha de clases contra la burguesía y su Estado.

El Tercer Congreso sería, en palabras de Trotsky, “la más alta escuela de estrategia revolucionaria”, donde se había hecho un balance de lo actuado hasta el momento y había que responder a los problemas prácticos, ante la negativa de los triunfos de las revoluciones en Occidente. Es el Congreso donde la dupla con Lenin alcanza su mayor confluencia y en donde deben batallar contra las alas “izquierdistas” que no habían sabido construir partidos con influencia de masas, y contra los oportunistas, que si bien habían aceptado el programa del Segundo Congreso, todavía arrastraban resabios del nacionalismo socialdemócrata y de los partidos socialistas.

La revolución en Occidente se atrasaba. Eran años de relativa recuperación económica con cierta recomposición del “equilibrio inestable” de la burguesía. La llamada acción de marzo en Alemania de 1921, justo antes del Tercer Congreso, fue una importante derrota que significó un retroceso del PC alemán. Del balance de esta profunda crisis se sirvieron Lenin y Trotsky para batallar y convencer a la Internacional de la importancia de llegar preparados con Partidos Comunistas fuertemente arraigados en el proletariado. Los jóvenes partidos debían evitar atajos o intentos desesperados de insurrecciones “izquierdistas” en momentos de reflujo del proletariado. La Internacional advertía: “deben conquistar la confianza de la mayoría de la clase obrera antes de atreverse a llamar a los trabajadores a un ofensiva revolucionaria abierta”. Fue la gran lección de este Congreso.

Dada la estabilización relativa económica y por ende política que vivía Europa, la táctica del Frente Único Obrero (FUO) tenía el objetivo de resistir los ataques del capital buscando la unidad de las filas obreras. En la medida en que los sindicatos y partidos que se reivindicaban de la clase obrera, en ese contexto, estaban dirigidos por sectores reformistas o centristas, el FUO buscaba ampliar la influencia de los revolucionarios en esas organizaciones de masas en base a una experiencia común en la lucha. Es decir, el FUO empieza en un plano defensivo, pero busca acumular los volúmenes de fuerza necesarios para en determinado momento, pasar a la ofensiva. Lenin la sintetizó en la frase “golpear juntos y marchar separados”, indicando que los comunistas debían mantener la independencia de clase y su propia agitación dentro de ese FUO, y no adaptarse ni subordinarse a la direcciones reformistas de esas organizaciones (línea que luego, de manera oportunista y con resultados catastróficos, tomó la dirección de la Internacional)12.

Cuando se reunió el Cuarto Congreso, un año y medio después, la situación no había cambiado de manera tal en Europa como pa­ra pasar a una ofensiva revolucionaria abierta. Por eso Trotsky afirmaba que “…el Cuarto Congreso ha desarrollado, profundizado, verificado y precisado la labor del tercer congreso, y estaba convencido de que este trabajo era básicamente correcto”13.

En este congreso Lenin estaba muy limitado por su enfermedad. Su voz estuvo representada en la persona de Trotsky, que volvió y profundizó los mismos problemas: la táctica de Frente Único; y la táctica de Gobierno Obrero. Planteará que en situaciones revolucionarias, antes de la toma del poder, cuando el aparato estatal burgués se halla en crisis aguda, los comunistas pueden participar de gobiernos con partidos y organizaciones obreras no comunistas a partir de determinadas condiciones, con el objetivo de que se arme al proletariado para la defensa frente a las fuerzas burguesas contrarrevolucionarias, que a su vez, instaure el control obrero generalizado de la producción y se haga recaer sobre los capitalistas el peso de la crisis, para desde allí desencadenar luchas revolucionarias14.

***

Este artículo pretende recuperar los mejores años de la lucha por la revolución internacional. Con el triunfo de la revolución bolchevique, la clase obrera tuvo decenas de oportunidades de cambiar el curso de la historia en una Europa en crisis por la salida de la Primera Guerra.

A pesar de los grandes problemas que atravesaba la Revolución rusa, luego de enfrentar el ataque de los ejércitos imperialistas y de dos años de guerra civil; toda la esperanza estaba puesta en el triunfo de la revolución en los países centrales, como posiciones para avanzar en el sendero de una sociedad socialista. En 1924, tras la muerte de Lenin, sesionaría el Quinto Congreso, que no sacó las lecciones sobre la derrota alemana de 1923. En oposición a la dirección de la Internacional, Trotsky había sido categórico: el Partido Comunista que tenía un peso considerable, había vacilado, al revés de lo que indicaba la táctica del Gobierno Obrero del Cuarto Congreso de la Internacional, se había mantenido en los marcos de la democracia burguesa y en lugar de utilizar sus puestos para fortalecer las milicias obreras y poner en pie consejos obreros, para fortalecer el proceso insurreccional que estaba en ascenso, había dejado pasar la oportunidad de pelear por el poder. La dirección del partido había “eludido el combate”.

En ese contexto, hay que entender la burocratización creciente de la Internacional Comunista. La Revolución rusa había comenzado a degenerar producto del aislamiento y las terribles condiciones de atraso que permitieron el ascenso de la burocracia estalinista, que también se trasladó a la Internacional. Proceso que se profundizará en lo que hoy resulta conocido, la burocracia totalitaria de Stalin, que entre otros crímenes aberrantes, liquidó a toda la vieja dirección del partido de Lenin.

Trotsky batalló inclaudicablemente contra esto, formando primero la Oposición de Izquierda y, años más tarde, fundando la Cuarta Internacional, que será la heredera de las lecciones estratégicas de estos cuatro primeros congresos y de las banderas de Octubre de 1917.

 

  1. Trotsky, León, “Grandes días” en Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2016, p.89.
  2. El 4 de agosto de 1914 la bancada socialdemócrata del parlamento alemán votó por unanimidad aprobar las partidas de dinero que exigía el gobierno para comenzar las acciones militares de la Primera Guerra Mundial.
  3. En 1915, en Zimmerwald y en 1916 en Kienthal, son las dos conferencias que en menos de seis meses permiten el reagrupamiento de los socialistas de los diferentes países que se oponían a la guerra y sentaron las bases de una nueva internacional. En ellas, sin embargo, Lenin estaba en minoría en la lucha política de convertir la guerra imperialista en guerra civil al interior de los países.
  4. Trotsky, León, ob. cit., p. 90.
  5. Trotsky, León, La Revolución Permanente, Buenos Aires, CEIP, 2005.
  6. Ibídem.
  7. Lenin, V.I. “Informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia” en Obras Selectas, tomo 2, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2013, p. 525.
  8. Trotsky, León, “En camino: consideraciones acerca del avance de la revolución proletaria” en Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, ob. cit., p. 102.
  9. Para ampliar sobre estos procesos ver Stalin el gran organizador de derrotas, de León Trotsky y “Revolución en Alemania” de Pierre Broué.
  10. Lenin V.I. “Discurso en la inauguración del Con­greso” en Obras selectas, tomo 2, ob. cit., p. 405.
  11. Lenin V.I. “Tesis sobre democracia burguesa y dictadura proletaria” en Obras selectas, tomo 2, ob. cit., p. 410.
  12. Este artículo no tiene el propósito de desarrollar estos puntos en detalle. Para ampliar sobre estas discusiones se recomienda ver: “Trotsky y Gramsci: debates de estrategia sobre la revolución en ‘occidente’”, Revista Estrategia Internacio­nal 28, de Matías Maiello y Emilio Albamonte.
  13. Trotsky, León, “Informe sobre el Cuarto Congreso Mundial” en Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, ob. cit., pp. 628-629.
  14. Todos los debates de esta nota pueden ser profundizados en Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, ob. cit.

 

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