Frente Antiimperialista y Frente Único de masas

0
Share Button

DOS CONCEPCIONES ANTAGÓNICAS

 

JAVO FERREIRA

Número 39, julio 2017.

VER PDF

Presentamos a continuación algunas reflexiones que surgieron con motivo del artículo de Juan Hernández en la revista Ideas de Izquierda 38, “Bajo las banderas de la revolución permanente”, donde se realiza un interesante recorrido por la agitada historia del trotskismo altiplánico y un aspecto que hasta el día de hoy es fuente de polémica, como es el frente único antiimperialista.

Como bien señala Juan, a quien tuve el gusto de conocer el 1° de mayo en La Paz e iniciar un intercambio de ideas que hoy continuamos por acá, el peso de las tareas democráticas estructurales pendientes y su expresión en una política antimperialista, fue un rasgo distintivo –junto con fuertes tendencias espontaneístas– en la cultura política boliviana. A esto se sumó la existencia de fuertes corrientes nacionalistas burguesas que como resultado de la guerra del Chaco van a teñir el proceso de la revolución del ‘52. La adaptación del POR a estas presiones y su desplazamiento hacia concepciones centristas van a poner límites al despliegue de una política independiente, y llevarán a no poder enfrentar hasta el final al reformismo burgués y al stalinismo.

 

De las Tesis de Pulacayo a la Revolución del ‘52

Es indudable que el periodo prerrevolucionario nutre de experiencias y de lecciones revolucionarias que hoy son de enorme utilidad para la vanguardia y los trabajadores avanzados. Las Tesis de Pulacayo eran la expresión de ese proceso intenso de radicalización política, y va tener una influencia decisiva en décadas como referencia de los trabajadores. Su formulación del Frente Único Obrero es sumamente valiosa en momentos en que la clase obrera estaba dividida por la insurrección del 21 de julio contra Villarroel e ingresaba a un momento histórico profundamente reaccionario como fue el sexenio. Estos aspectos valiosos de las tesis, sin embargo no fueron acompañados de una formulación que impulsara a la alianza obrera y campesina, nada menos en un país en que la absoluta mayoría de la población era campesina e indígena y con graves problemas democrático estructurales no resueltos, como la reforma agraria, la cuestión nacional indígena, el derecho al voto universal, etc.

Comprender la enorme importancia histórica de las tesis no puede impedir una valoración crítica de las mismas, como su semietapismo en la formulación de la revolución a llevarse a cabo. Reproducimos un párrafo de las tesis fundacionales de la LORCI sobre este carácter semietapista:

En las Tesis de Pulacayo bajo el apartado “El tipo de revolución que debe realizarse” se señala: “Mienten aquellos que nos señalan como propugnadores de una inmediata revolución socialista en Bolivia, bien sabemos que para ello no existen condiciones objetivas. Dejamos claramente sentado que la revolución será democrático burguesa por sus objetivos y únicamente un episodio de la revolución proletaria por la clase social que la acaudillará […] Los trabajadores una vez en el poder no podrán detenerse indefinidamente en los límites democráticos burgueses y se verán obligados, cada día en mayor medida, a dar cortes siempre más profundos en el régimen de la propiedad privada…” [destacado nuestro]. Compárese esto con la formulación original sobre el trastocamiento de la revolución democrática en socialista tal como la formula Trotsky en la tesis 8 de la revolución permanente: “La dictadura del proletariado, que sube al poder en calidad de caudillo de la revolución democrática, se encuentra inevitable y repentinamente, al triunfar, ante objetivos relacionados con profundas transformaciones del derecho de propiedad burguesa. La revolución democrática se transforma directamente en socialista convirtiéndose con ello en permanente” [destacado nuestro]. Podrá notarse cómo en las tesis redactadas por Lora se confunde que en un país atrasado como Bolivia la revolución combine desde el inicio tareas democráticas y socialistas con la posibilidad de una revolución proletaria no socialista. Sobre esta concepción, Lora y el POR sostendrán posteriormente posiciones semietapistas sobre el carácter de la revolución boliviana.

Esta valoración crítica no significa disminuir su peso en la conciencia obrera, ni el rol destacado que tuvo como uno de los documentos de la clase obrera más avanzados del continente, pero sí sirve para determinar los límites del POR en su concepción de la revolución, y donde ya se puede evidenciar una predisposición a la adaptación al creciente nacionalismo de esos años.

Lo mismo podemos decir de la experiencia del Bloque Minero Parlamentario1, que fue la expresión de cómo la clase obrera minera daba pasos en un camino independiente. Permitió el ingreso de varios diputados obreros al parlamento, entre ellos Lora y Lechín comosenador, pero el bloque no llevó candidato a presidente –el MNR estaba proscrito–, cuando llevar un candidato a presidente hubiera significado la ruptura con Paz Estensoro, cuestión obstaculizada por Lechín. El POR capituló y no dio la pelea. Posteriormente, durante la Revolución del ‘52, la conocida adaptación del POR al ala izquierda del MNR, su exigencia “por más ministros obreros”, exigencia cuya naturaleza es antagónica a la de Lenin (“fuera los ministros capitalistas”) y su concepción historiográfica sobre el carácter de la revolución como “democrático nacional”, fueron las primeras expresiones de lo que posteriormente se codificaría como el Frente Revolucionario Antiimperialista.

 

Frente Único Obrero o Frente Antimperialista

Una confusión recurrente es la que han desarrollado diversas corrientes, entre ellas el POR de Bolivia, que es plantear la cuestión comparando el Frente Único Antiimperialista (FUA) con el Frente Único Obrero (FUO).

El primero, según estas corrientes estaría formulado para los países semicoloniales y el segundo destinado fundamentalmente para los países imperialistas o de un desarrollo industrial tal que la clase obrera se puede considerar como mayoritaria en la población. Sin embargo, la naturaleza de clase de las dos tácticas propuestas no es la misma, ya que mientras la III Internacional y luego Trotsky en Alemania son claros en plantear que el FUO es entre organizaciones de la misma clase, el FUA presupone la alianza con sectores de clases no proletarias. Incluso en la historia de Bolivia, la formulación del FUA no llegó solo a acuerdos tácticos sino que fue más lejos: a acuerdos de carácter estratégico con sectores burgueses “para tomar el poder”. El caso más acabado y discutido es el del Frente Revolucionario Antiimperialista (FRA), construido luego del golpe de Banzer que dio por tierra a la Asamblea Popular2, con el Gral. Torrez, quien se había negado a entregar armas

para enfrentar el golpe, el coronel Sánchez del regimiento Colorados de Bolivia, el Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional (PRIN) de Lechín, grupos como el ELN o stalinistas como el PCB. Este acuerdo le permitió a Torrez y a los mismos que se habían negado a enfrentar el golpe de Banzer lavarse la cara ante las masas y levantar una fraseología roja en momentos en que la derrota ya se había consumado.

 

La experiencia del Comité Democrático del Pueblo (CODEP) y del FRA

El antecedente del polémico FRA fue el Comité Democrático del Pueblo (CODEP), construido para las elecciones convocadas por Barrientos luego del golpe de Estado contra el MNR, y que llamativamente no ha sido objeto de tanta polémica en la izquierda como el posterior FRA. Lora afirma que incluso el CODEP llegó a tener una ventaja sobre el FRA del ‘71, ya que contó con la presencia obrera:

Que sepamos, en el seno de la izquierda no se ha realizado un balance crítico de esta experiencia, que tuvo la ventaja sobre el FRA, por ejemplo, de haber nacido entroncado en los sectores más interesantes de la clase obrera3.

En el mismo texto Lora nos dice con quiénes armó el frente:

Constituyeron el CODEP los trotskystas, que en ese momento ensayaban una fugaz unidad bajo la sigla del POR y teniendo como vocero a “Masas”; el PCB pekinés; el PRIN, incluida su organización sindical OSIN y el ala radicalizada del MNR (Alderete-Sandoval Morón); el grupo Espartaco, el PRIN estuvo representado por Lidya Gueiler4.

En este frente, el PCB no se encontraba presente debido a su pelea con el PCB prochino –luego PCML– y por lo tanto el POR asumió la tarea de convencer al PCB pro-Moscú de ingresar, como también nos lo cuenta el mismo Guillermo:

Por lo menos los trotskystas comprendieron con claridad que un frente antiimperialista […] no podía efectivizarse prescindiendo del PCB pro-Moscú, pese a que en ese momento vivía una de las etapas más agudas de su crisis interna. El POR, por propia decisión, charló con los dirigentes comunistas para animarles a integrar el CODEP5.

Evidentemente no pudo convencer a los pro moscovitas de sumarse al CODEP, y más bien, luego de las elecciones, el CODEP dejó de existir sencillamente porque los maoístas del recién fundado PCML no aceptaron someterse a la dirección del POR como este si se había subordinado los meses previos:

Finalmente, los celos y el sectarismo de los pekineses concluyeron estrangulando un frente que nació auspiciosamente. La dirección era rotativa. Cuando el PC-ML debía poner la presidencia en manos de los trotskystas, sencillamente no convocó más a reuniones, motivando un rápido desbande6.

Como vimos rápidamente, el POR en toda su existencia no había educado los cuadros y los militantes con un espíritu de intransigencia ideológica y mucho menos de independencia política al someterse a la dirección del stalinista PCML. Más bien toda su orientación se basó en la búsqueda de constituir este tipo de acuerdos que integraban a sectores pequeñoburgueses radicalizados pero también a representantes del ala izquierda de la burguesía del MNR, como Sandoval Morón, y luego con el FRA y el mismo Torrez.

 

FRA o Frente Único de Masas

La gran novedad de la Revolución rusa y luego en todo el siglo XX es la emergencia de formas de organización democráticas de masas que permiten unir en la lucha no solo a la clase obrera sino también a los sectores oprimidos por el capitalismo, como los campesinos y demás sectores populares. Estas formas de organización democrática para la lucha de masas pueden surgir por diversos motivos, y podrán avanzar en transformarse en órganos de doble poder dependiendo de la intensidad de la lucha de clases y de una política correcta para derrotar a los sectores conciliadores que en un principio tienen la dirección. Esta distinción de soviet y “doble poder” es importante, ya que muchas veces se tiende a tomarlas como similares y no es así; solo falta pensar en la COB (Central Obrera Boliviana) en el ‘52, que sí era un verdadero poder obrero, pero donde los elementos soviéticos no estaban desarrollados plenamente, lo que le permitió al lechinismo (ala izquierda del MNR) controlar el desarme de las milicias y convocar al primer congreso en 1954 cuando el reflujo de la revolución ya estaba en marcha. La lucha por “todo el poder a la COB” en la revolución no era suficiente si tal demanda no iba acompañada de una política que organizara las milicias por abajo y las volcara contra Lechín y el comité ejecutivo conciliador de la COB en ese momento.

Es la existencia de los delegados basados en asambleas y de carácter revocable lo que garantiza que el partido revolucionario de la clase obrera pueda convencer de la justeza de su política a amplias capas de sectores oprimidos que no necesariamente estén en su partido. La experiencia más notable de esto fueron los soviets en la Revolución rusa, donde el partido bolchevique, de ser una minoría, de abril a septiembre de 1917 conquista a los campesinos, pero lejos de firmar un frente con los socialistas-revolucionarios (partido por excelencia campesino), lo hace contra los socialistas-revolucionarios y los mencheviques, arrebatándoles sus propias bases y construyendo la tan nombrada alianza obrera y campesina, en el marco y bajo la cobertura de los soviets, abriendo el camino a la insurrección de Octubre.

Los revolucionarios no debemos esperar a que los soviets surjan y se desarrollen espontáneamente o en situaciones revolucionarias. En cada huelga y lucha hay que plantear formas de organización que nos acerquen y acerquen a las masas a formas de organización similares o tendientes a soviets. Hoy la situación puede ser de relativa calma, sin embargo, una caída brusca del precio del mineral o un ataque forzado por la crisis económica puede preparar nuevas y variadas convulsiones revolucionarias, por eso es fundamental la educación por medio de nuestra política, de la vanguardia y más adelante del movimiento de masas en este tipo de organismos. Me permito para terminar una breve cita de Trotsky que nos brinda una idea valiosa para pensar en estos organismos y en los “tiempos” para su preparación:

Al principio, el soviet no convence a las masas mediante la consigna de la insurrección, sino mediante otras consignas parciales; no es más que posteriormente, paso a paso, como conduce a las masas a dicha consigna, sin dispersarlas en el curso del camino, e impidiendo a la vanguardia que se separe del conjunto de la clase. Normalmente se constituye sobre la base de la lucha huelguística, que tiene frente así una perspectiva de desarrollo revolucionario, pero que se limita por el momento considerado a reivindicaciones económicas. En la acción la masa debe sentir y comprender que el soviet es su organización, que agrupa a sus fuerzas para la lucha, para la resistencia, para la autodefensa, y para la ofensiva. No es en la acción de un día, ni en general en la acción llevada a cabo una sola vez como puede sentirlo y comprenderlo, sino a través de experiencias de semanas, meses e incluso años, con o sin discontinuidad7.

En este sentido, la pelea por el desarrollo de estos organismos es de carácter estratégico, aunque sus formulaciones tácticas puedan modificarse dependiendo de concretas coyunturas políticas (intersindical con delegados de base; coordinadora nacional con delegados elegidos por fábricas empresas y comunidades; comité nacional de huelga con delegados revocables y con mandato; etc.). Es decir, la lucha por estos organismos no necesariamente debe esperar a que la situación se transforme en revolucionaria o insurreccional. Estos organismos podrán surgir –y hay que pelear en cada huelga y conflicto para que surjan– en comentos incluso de lucha defensiva (coordinar para no pelear separados, por ejemplo) y solo la lucha de clases nos dirá si esos organismos pueden avanzar a transformarse de organismos desde lucha defensiva hacia organismos capaces de luchar por el poder obrero en momentos de insurrección. Es el tribunal de los trabajadores movilizados y organizados lo que garantiza la hegemonía y la alianza obrera y campesina. En el caso del FRA, lo único que garantiza el compromiso es el papel, lo que conduce a una visión abogadil de la lucha de clases y de la lucha política.

 

  1. Una valiosa experiencia donde los trabajadores aprendían de madrugada los titulares de los diarios para poder votar. Grupos de trabajadores enseñaban a memorizar los titulares de los pocos diarios a cientos o miles de mineros para poder vencer el voto calificado que existía hasta la Revolución del ‘52.
  2. La Asamblea Popular ocupó el lugar del parlamento y estaba constituido por los sindicatos de ese momento. Le Monde Diplomatique tituló luego del 1° de mayo del ‘71, que “ha surgido el primer soviet de América Latina”. Si la Asamblea hubiera avanzado en dotarse de mecanismos de revocabilidad y mandato de los trabajadores de base, se hubiera transformado en un soviet superando sus rasgos de sindicalismo ampliado, y en ese marco, todos los grupos como el PCB (Partido Comunista Boliviano), Torrez, etc., habrían sido derrotados por las bases obreras y quizás se hubieran dado pasos para armar la AP (Asamblea Popular) y avanzar hacia el doble poder.
  3. Lora, Guillermo, “Otros ensayos nacionalistas”, Historia del movimiento obrero boliviano, Tomo VI, La Paz, Editorial Masas, disponible en http:// masas.nu, p.116.
  4. Ídem.
  5. Ibídem, p. 117.
  6. Ibídem, p. 122.
  7. Trotsky, L. Stalin el gran organizador de derrotas, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP, 2012.

No comments

Marxismo y ecología

  Algunas reflexiones sobre Ecosocialismo… de Michel Löwy JUAN LUIS HERNÁNDEZ Número 12, agosto 2014. VER PDF 1. La palabra Ecología (del griego oikos, casa ...