Ferguson: ¿El fin de la ilusión posracial?

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CELESTE MURILLO Y JUAN ANDRÉS GALLARDO

Número 14, octubre 2014.

 

Adelantamos este artículo de Ideas de Izquierda 14, cuando en Estados Unidos acaba se lleva a cabo el “Fin de semana de Resistencia” (Weekend of Resistence), una jornada contra la violencia policial y racial, y la militarización de la policía. Estas acciones se inscriben en las protestas iniciadas con el asesinato de Michael Brown, el 9 de agosto, en la ciudad de Ferguson (St. Louis, Missouri), que se extendieron durante diez días y llegaron a varias ciudades del país.

Como dice la convocatoria de #FergusonOctober (Octubre por Ferguson): “Nuestro país no puede seguir negando la violencia policial epidémica que enfrentan las comunidades negra y latina. Michael Brown es ahora parte de una larga lista que integran John Crawford, Ezell Ford, Eric Garner, Oscar Grant y tantos otros que fueron asesinados por la policía”.

El sábado 11 las protestas se concentraron en Saint Louis, donde llegaron varias miles de personas. Los actos incluyeron a dirigentes sindicales de la AFL-CIO (principal central sindical de Estados Unidos), el SEIU (Sindicato de Trabajadores de Servicios Públicos y Privados), sindicatos locales, e importantes contingentes  de trabajadoras y trabajadores precarios de los Fast Food (empresas de comidas rápidas) y de la campaña nacional por un salario mínimo de 15 dólares la hora. Los convocantes ya anunciaron una nueva acción a nivel nacional para el 22 de octubre, en la que llaman a “constuir el impulso hacia un movimiento nacional contra la violencia policial”.

En este artículo de Ideas de Izquierda 14, nos preguntábamos sobre la posibilidad de confluencia entre lo que algunos ya definen como una nueva generación de activismo negro con los fenómenos sociales que se han expresado dentro de la juventud norteamericana en los últimos años. El “Fin de Semana de Resistencia” confirma el potencial del fenómeno abierto con las protestas destadas por el asesinato de Brown. Esa “sensación de identidad” que se percibía entre los movimientos, empieza a expresarse en la calle.

Estados Unidos

Ferguson: ¿El fin de la ilusión posracial?

Las protestas desatadas en Ferguson por el asesinato de Michael Brown vuelven a poner en el centro el racismo, y plantean el interrogante de si la juventud negra será el nuevo emergente de la “generación de los movimientos”.

 

El 9 de agosto de 2014, un policía blanco asesinó a Michael Brown de 18 años en la ciudad de Ferguson, Estados Unidos. Al día siguiente y durante diez días consecutivos, familiares, amigos y habitantes de la ciudad se manifestaron exigiendo justicia. Pero lo que podría haber pasado desapercibido como un acto más de brutalidad policial, hizo estallar la bronca de la juventud afroamericana. En las principales ciudades del país, pero también en pequeños pueblos y localidades, hubo movilizaciones y protestas interraciales de jóvenes, movimientos sociales y organizaciones políticas. Lo que para la juventud negra parece ser el fin de un largo letargo puede extenderse más allá de la comunidad afroamericana, y  transformarse en un problema político para el partido Demócrata.

El triunfo de un presidente negro fue un acontecimiento de enorme peso simbólico. Obama se transformó en emblema de las aspiraciones de la comunidad afroamericana, hija de la esclavitud, y presa de la violencia y la discriminación racial. Pero esa llegada al poder fue una expresión del ascenso y la cooptación de una elite minoritaria negra presente en la clase dominante y el establishment político, y no de la superación del racismo.

En 2014 se cumplieron cincuenta años de la Ley de Derechos Civiles (que puso fin a la segregación racial legal). Pero ese mismo 1964, solo unos días después de la votación, estalló en Harlem (Nueva York) una gran revuelta negra en respuesta al asesinato de un joven a manos de la policía. Un recordatorio quizás de que ninguna ley puede acabar con el racismo. Casi como un calco temporal, el mismo año del 50° aniversario, el asesinato de Michael Brown reabre el debate sobre la ilusión de una sociedad posracial.

Otro de los aspectos que desnudó Ferguson es el gigantesco aparato de vigilancia que posee  el Estado norteamericano para perseguir y criminalizar a la población. Muchos han llamado la atención sobre la respuesta violenta de la policía local del condado de St. Louis y el estado de Missouri.

La respuesta fue tan desmedida que Human Rights Watch y Amnesty decidieron enviar  misiones para investigar la situación. La propia Naciones Unidas se mostró preocupada por la virulenta respuesta a las manifestaciones, y Navi Pillay (Alta Comisionada para los Derechos Humanos de esa organización) denunció que la violencia y la discriminación le recordaban al régimen del Apartheid en Sudáfrica.

Las imágenes de tanques ingresando en una pequeña ciudad y policías equipados para la guerra, reprimiendo manifestaciones, pusieron un alerta sobre la militarización de las policías locales.

El denominado “Programa 1033” del Departamento de Defensa de EE. UU. establece la transferencia del material militar sobrante del Ejército hacia las policías locales. Según la Agencia de Logística de ese organismo, solo durante 2013 se han transferido pertrechos militares por 449 millones de dólares. La respuesta militarizada de la policía local y el Estado de Missouri muestran este desarrollo desproporcionado, en el que un cuerpo policial de 53 efectivos responde a una protesta local con un despliegue militar.

Los mismos recursos utilizados durante la década de la llamada “guerra contra el  terrorismo” se vuelven hoy contra aquellos sectores que cuestionan la desigualdad social, el guerrerismo y, recientemente, el racismo. Algo que podría definirse como otra de las aristas de una sociedad hípervigilada, especialmente después del 11S1, como dejaron al desnudo las filtraciones del ex empleado de la CIA, Edward Snowden. Esto también ha sido denominado efecto “boomerang” hacia el interior del país de la política exterior estadounidense, y la extensión del complejo militar-industrial a la política doméstica.

La vigencia del racismo

La comunidad negra es la minoría racial más importante de Estados Unidos, y compone el 12,8 % de la población total. Pero, junto con la comunidad latina, están sobrerrepresentados en los segmentos más pobres, los que sufren mayores índices de desocupación y subsisten con la magra ayuda estatal. Esto alimenta prejuicios sociales con respecto a esta minoría oprimida históricamente.

Un estudio del Pew Research Center señala que solo uno de cada cuatro afroamericanos (26 %) cree que la vida de los negros ha mejorado desde la votación de la Ley de Derechos Civiles. Sin embargo, desde ese momento, se ha ido construyendo una visión de avances paulatinos. Una especie de “ilusión” posracial, reforzada con la elección del primer presidente negro, que confunde la ampliación de derechos y un discurso políticamente correcto con la eliminación del racismo.

Si es cierto que se ha “avanzado” en el terreno de derechos, eliminando la segregación legal e implementando herramientas de “acción afirmativa”, es imposible negar que la discriminación racial siga siendo un elemento de peso de división social, y que actúe como contratendencia no progresiva en la unidad de sectores oprimidos.

Uno de los primeros obstáculos con los que choca esa “ilusión” es el hecho de que la minoría negra es discriminada económica, social y políticamente. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, la tasa anual de desempleo en la población negra durante los seis años de gobierno demócrata es de 14,2 %, casi el doble que la tasa de la población blanca.

Estas cifras son solo una muestra de qué poco han cambiado las condiciones de vida para la población afroamericana con respecto a los ocho años de gobiernos republicanos anteriores. Al reafirmarse los efectos sociales de la crisis desatada en 2007, la brecha racial se mantiene intacta. El 28 % de los hogares negros vivía en la pobreza en 2011, casi tres veces más que los hogares blancos. La pobreza solo refuerza la discriminación: por ejemplo, entre las personas que no completan el secundario, el 20,5 % de las negras no tiene trabajo, mientras que este porcentaje no llega a la mitad (9,7 %) entre las blancas.

La criminalización de la comunidad negra es uno de los aspectos más agudos de la discriminación racial, sufrida especialmente por su juventud. Los blancos, los afroamericanos y los latinos están representados con proporciones similares en el consumo de drogas, pero las tasas de detención, judicialización y encarcelamiento por drogas son desproporcionadamente diferentes. Es casi cuatro veces más probable que un afroamericano sea arrestado por posesión de marihuana que un blanco, a pesar de que las tasas de consumo son casi iguales.

Aunque no alcanzan a representar el 13 % de la población de EE.  UU., los afroamericanos componen el 41 % de la población en prisiones estatales y el 44 % de los presos que cumplen condena en cárceles federales por delitos relacionados con drogas. A esto se suman las consecuencias de los antecedentes legales, que sufren mucho más los afroamericanos y los latinos. Son estigmatizados socialmente y discriminados legalmente al momento de presentarse a una entrevista laboral, solicitar un alquiler, una beca educativa o el derecho al voto (esto último ha sido utilizado como herramienta de selección, y se sigue utilizando actualmente, como se vio en recientes elecciones presidenciales, especialmente en localidades del sur del país).

En el plano de la representación política, aunque existen diferencias en el amplio mapa de legislaturas y consejos locales, la proporción es completamente inversa y la comunidad afroamericana está subrepresentada, aun cuando son una porción significativa de la población.

Muestra de esto es la propia localidad de Ferguson: aunque los afroamericanos son casi el 70 % de la ciudad, tanto el alcalde como el jefe de Policía son blancos, al igual que 5 de los 6 representantes del Consejo local. Y esto tiene un correlato en la actitud racista de la policía: durante 2013 de un total de 521 arrestos, 483 fueron personas afroamericanas (el 92 %)2.

Las protestas iniciadas en Ferguson plantearon un alerta no solo sobre el carácter utópico de la sociedad posracial, sino especialmente sobre la vigencia del racismo como herramienta de dominación social.

Los millennials y la confusión posracial

En un artículo titulado “¿Por qué los millennials no entienden el racismo?”, el periodista Jamelle Bouie3 hace un análisis sobre una encuesta encargada por la cadena de televisión MTV. El resultado de este estudio muestra que, a diferencia de generaciones anteriores, “los millennials son más tolerantes, diversos y están comprometidos con la igualdad y la equidad social y racial”. Sin embargo, este compromiso se edifica sobre la idea de una sociedad posracial en la que ya no serían necesarias medidas para reducir la desigualdad, e incluso en la confusión de este sector acerca de lo que significa hoy el racismo.

Esto se explica en parte en que los millennials (nacidos después de 1980, entre 18 y 30 años) son la generación más grande y diversa desde el punto de vista racial y étnico en la historia de EE.  UU.

Según el estudio, el 91 % de los encuestados “cree en la equidad” y sostiene que “todas las personas deberían ser tratadas como iguales. Asimismo, el 84 % respondió que en su familia “les enseñaron a tratar a todas las personas igual, sin importar su raza”. También señala que el 62 % cree que “tener un presidente negro muestra que las minorías tienen las mismas oportunidades que los blancos”, y el 67 % considera que esto prueba que la raza no es un obstáculo4. Esto explica también la hostilidad de los millennials a las políticas de acción afirmativa5 (el 88 % cree que toda preferencia racial es injusta, y el 70 % cree que incluso la acción afirmativa es injusta a pesar de las “inequidades históricas”).

Sin embargo la generación de los millennials no parece ser del todo monolítica. Dos estudios6 del Centro de Investigación Aplicada (ARC por sus siglas en inglés) de 2011, muestran que en distintos temas como el empleo o la criminalización, los más jóvenes  siguen pensando que el racismo existe abiertamente, mientras que en otros como la educación, la vivienda o la salud, no hay racismo, pero el problema racial sigue siendo un factor de importancia. A su vez, los sectores que tienen algún tipo de activismo social o político (aunque son minoritarios) son más propensos a rechazar la etiqueta de posraciales para definirse, y a ver el racismo como un problema aún vigente a nivel general. Aun así, en este segmento existen diferencias entre blancos (que tienden a restarle peso a los problemas raciales) y negros (que sostienen que el racismo sigue vigente). Otro rasgo de este sector es que, según el mismo estudio, entre los millennials se piensa el problema racial como un aspecto de las relaciones interpersonales y no como un problema sistémico o estatal. Ferguson pega de lleno sobre la línea de flotación de esta concepción. Las protestas por el asesinato de Michael Brown volvieron a poner el problema racial en un plano nacional, y abrieron una serie de discusiones sobre el impacto que esto tiene en la juventud, y sobre la potencial entrada en escena de los millennials negros como el emergente de una “generación de los movimientos”7.

Un indicio de la profundidad de los acontecimientos recientes se encuentra en la fractura evidenciada dentro del mismo movimiento negro entre los jóvenes que protestaban en Ferguson y los líderes históricos del movimiento de derechos civiles. Este sector, respetado por su trayectoria dentro de la comunidad negra, chocó con la ira y bronca de los manifestantes que los vieron como enviados del poder central para calmar los ánimos.

Una de las expresiones de este descontento y choque generacional se vivió en el funeral de Michael Brown, donde asistió el reconocido Reverendo Al Sharpton, histórico de la comunidad negra y asesor del gobierno de Obama, un claro representante del establishment.

Sharpton eligió no ser una voz profética del pueblo de Ferguson, sino hacer el trabajo que la administración Obama lo envió a hacer. Ese trabajo incluía apaciguar a la gente, afirmando su sensación de justicia, al mismo tiempo que desalentaba el derecho a una justa ira frente a tal injusticia8.

Alejados de la generación que sufrió en carne propia la discriminación más cruda, la generación de los millennials negros está cruzada, sin embargo, por una serie de acontecimientos como el asesinato de Sean Bell, las excesivas penas para los “Seis de Jena”9, el asesinato de Oscar Grant (asesinado por la policía en Oakland en 2009) o el de Trayvon Martin (asesinado por un vigilante civil en Florida en 2012), que han dejado su marca entre los jóvenes afroamericanos.

Este “choque generacional” no es un elemento menor. Expresa la erosión de la legitimidad de líderes históricos del movimiento como así también una contratendencia a la carga simbólica e ideológica que ha producido sobre la “concepción posracial” la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca.

Desafíos de la “generación de los movimientos”

Resulta interesante reflexionar entonces sobre si Ferguson es solo un momento pasajero o si puede dar lugar a un movimiento más extendido. Se trata de explorar la posibilidad de confluencia de lo que algunos ya definen como una nueva generación de activismo negro10 con los fenómenos sociales que se han expresado dentro de la juventud norteamericana en los últimos años, como Occupy Wall Sreet, pero también extensible a otros sectores que cuentan con su apoyo como la lucha por mejores condiciones laborales en los fast foods y por el salario mínimo de 15 dólares la hora11.

Así se plantea en algunos artículos que debaten sobre estas posibilidades:

Si un movimiento puede conectar los puntos entonces tiene la posibilidad de galvanizar el movimiento de “Somos el 99 %” y devolverlo a las calles. Lo que queda por ver es si la nueva generación de líderes negros podrá dar un paso adelante y no solo darle voz a esta bronca, sino hacer alianzas estratégicas con “Somos el 99 %” que salió a la calle dos años antes12.

Este desafío se inscribe en uno más general, relacionado con la posibilidad de superar la canalización institucional (perspectiva a la que apuestan los dirigentes del partido Demócrata, con fuertes lazos con la comunidad negra). Pero también vale recordar que, como señalamos en números anteriores13 de Ideas de Izquierda no es automático que los demócratas tengan vía libre para encausar el descontento que expresan los fenómenos sociales que surgieron a su izquierda, en el marco de una gran decepción con el gobierno de  Obama. Algo de esto mostró el triunfo de la candidatura de izquierda en Seattle, aunque todavía a escala local. El interrogante que queda abierto es si aquellos que empujan el “giro a izquierda” logran no ser asimilados de una u otra forma como la “pata izquierda” del bipartidismo.

El desafío para esta nueva generación que nació a la vida política en plena crisis del neoliberalismo se mantiene. Las nuevas protestas y el desarrollo de los movimientos sociales, que han sido hasta ahora los protagonistas de la salida a la calle de la juventud en Estados Unidos, marcarán el ritmo y los debates políticos y estratégicos necesarios para superar el clima de derrota que todavía carga la generación anterior. Y en ese camino, dinamizar y sumar a la protesta a la clase trabajadora norteamericana, el protagonista imprescindible para cualquier transformación radical de la sociedad actual criticada y denunciada por la juventud desde Occupy hasta Ferguson.

 

Blog de los autores: teseguilospasos.blogspot.com.ar y sordoruido.blogspot.com.ar

 

VER PDF

1. En pos de enfrentar la “amenaza terrorista” se votó en el Congreso norteamericano el Acta Patriótica, una herramienta que recorta y restringe las libertades democráticas y civiles. En su momento y hasta hoy, se han presentado múltiples denuncias de organizaciones de derechos humanos que alertan sobre la excesiva vigilancia y la dureza de las penas. A esto se suman las denuncias sobre torturas y abusos en Guantánamo.

2. “Racial profiling data/2013”, disponible en www.ago.mo.gov (Fiscalía del estado de Missouri)

3. “Why Do Millennials Not Understand Racism?”, disponible en www.slate.com.

4. Ídem.

5. La acción afirmativa es una herramienta de “discriminación positiva”, cuyo objetivo es paliar los efectos de la discriminación e igualar las condiciones para acceder a puestos de trabajo, becas, etc.

6. “Millennials, Activism, and Race… Don’t Call Them ‘Post-Racial’”, disponible en www.raceforward.org.

7. “Black Millennials Are Emerging as the ‘Movement Generation’”, The Nation, 28/08/2014.

8. John Halle, “Is Ferguson the American Spring?”, Counterpunch, 27/08/2014.

9. Los “Seis de Jena” fueron seis estudiantes de Louisiana acusados de golpear a un joven blanco en 2006. Unos días antes del incidente, uno de los estudiantes afroamericanos se había sentado a la sombra de un árbol “solo para blancos”. En venganza, un grupo de estudiantes blancos colgaron lazos en el mismo árbol, simulando linchamientos, como amenaza. La dureza de las penas que recibieron los jóvenes negros provocaron protestas y la Justicia debió retroceder en muchas de las condenas.

10. Mychal Denzel Smith, “How Trayvon Martin’s Death Launched a New Generation of Black Activism”, The Nation, 27/08/2014.

11. Ver C. Murillo y J. Gallardo, “Fast food Nation”, en IdZ 4, noviembre 2013.

12. John Halle, ob. cit.

13. C. Murillo y J. Gallardo, “¿Giro a izquierda en la política norteamericana?”, IdZ 6, diciembre 2013.

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