Evo Morales y el ocaso de la modernización capitalista nacional

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JAVO FERREIRA

Número 21, julio 2015.

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El proceso político impuesto por el desvío electoral del año 2005 que puso fin al ciclo de levantamientos e inició el ascenso del MAS como un frente popular de base campesina, hasta la actual situación caracterizada por la estabilidad política y la consolidación de un nuevo régimen político burgués, más sólido y estable, pasando por diversas convulsiones y connatos de guerra civil durante el proceso de la Constituyente, evidencian una riqueza en momentos de la lucha de clases, en fenómenos políticos y en experiencias que deben ser asimiladas por los trabajadores, los estudiantes y los sectores oprimidos.

 

1. Una situación económica sin precedentes aceitó la modernización del capitalismo semicolonial

El pasado octubre del 2014 Morales ganó por tercera vez consecutiva la presidencia de Bolivia. Lo hacía en un marco de bonanza económica sin precedentes en el país andino. El vertiginoso crecimiento durante la década pasada de los precios de materias primas y particularmente de los hidrocarburos, combinado con un aumento de las regalías e impuestos a las trasnacionales, permitieron una captación de recursos por parte del Estado en los últimos 8 años equivalentes a todos los recursos de los 25 años de gobiernos neoliberales. Comprender esta situación y esta bonanza, que alentó el consumo de franjas importantes de clases medias, sobre la base de un dólar tendencialmente más barato, es sumamente importante para evaluar cómo el MAS ha logrado conquistar una poco común estabilidad política y social, fundamental para entender la reconstrucción de un nuevo régimen político. La acelerada construcción de carreteras ha alentado el despliegue de nuevas iniciativas para los negocios de la clase dominante. La propaganda desplegada sobre la base de la creación de la Agencia Espacial Boliviana, y el inicio de la discusión sobre la creación de la comisión de energía nuclear así como el proyecto para la industrialización del litio, entre otros, han estimulado la propaganda nacional desarrollista alentando un cambio en la autoestima de amplias franjas de la población, y que terminan fortaleciendo la retórica referida a la revolución democrática y cultural. Acompaña a estas iniciativas modernizadoras, un creciente rol del Estado en la formalización de la economía, penalizando de manera draconiana la evasión impositiva y el contrabando alentando al sector burgués formal.

Sin embargo, esta modernización capitalista conducida por Evo y el MAS, nunca buscó romper con la dependencia del imperialismo ni con la vulnerabilidad a las fluctuaciones de precios del mercado internacional de materias primas. Esta modernización está conduciendo a un agravamiento de la dependencia externa, y por lo tanto a una reafirmación del carácter semicolonial de la nación, alentando el consumo de amplias capas de clases medias e incluso sectores privilegiados de la clase obrera y del mundo campesino, pero sin acompañar esta dinámica con políticas que busquen avanzar en la industrialización de los recursos naturales ni en la diversificación productiva, sino más bien reafirmando la ubicación primario-exportadora del país, convirtiendo a las trasnacionales imperialistas en nuevas socias del gobierno y del Estado, legitimando el saqueo de los recursos y sembrando paulatinamente nuevas contradicciones sociales.

 

2. El Estado Plurinacional de Bolivia como nuevo régimen de dominio burgués: hacia el semibonapartismo1

El surgimiento del nuevo orden de dominio burgués se formaliza el 22 de enero del 2009 con la promulgación de la Nueva Constitución Política del Estado y el nacimiento del Estado Plurinacional. Este acto estuvo precedido por los acuerdos del 21 de octubre del 2008, donde dos representantes de la vieja derecha neoliberal y dos del MAS a la cabeza de Carlos Bohrt y García Linera reescriben los artículos polémicos de la Constitución elaborados por la Asamblea Constituyente, garantizando la “seguridad jurídica” y los negocios de la clase dominante. Se inicia así la paulatina metamorfosis del MAS y sus dirigentes, desde su inicial posición frentepopulista de base campesina hacia una asimilación cada vez mayor con la clase dominante y la adquisición de rasgos crecientemente bonapartistas.

El 2006 Evo Morales asume la presidencia de un país que venía de protagonizar 5 levantamientos nacionales y varias crisis políticas y sociales. Un país cuyo régimen político, conocido como “democracia pactada”, por los mecanismos y coaliciones electorales durante los 25 años de neoliberalismo, había estallado junto con sus partidos. Asume un país donde el movimiento de masas venía de una gimnasia movilizadora persistente y profunda que había abierto una situación revolucionaria con octubre del 2003, y que empezaba a mostrar signos cada vez más claros de lo que vendría a ser la resistencia de las clases dominantes del Oriente en defensa del latifundio y sus propiedades. Se inauguraba un momento en la política nacional que definimos como una situación de “régimen partido”, es decir, la existencia de dos legalidades y de dos legitimidades contrapuestas, una en el Occidente encabezada por el MAS y otra en el Oriente encabezada por los comités cívicos regionales.

Esta situación de régimen partido expresaba de una forma absolutamente distorsionada los intereses sociales antagónicos. Por un lado los sectores populares en las ilusiones y expectativas que había despertado la Asamblea Constituyente y, por otro lado, el temor y la desconfianza de las clases dominantes a esa misma Asamblea, fue lo que alentó las sucesivas crisis y asonadas derechistas que se sucedieron como chispazos de “guerra civil” (La Calancha en Sucre, Cochabamba enero del 2007 y finalmente la masacre de El Porvenir en septiembre/octubre del 2008, con 15 campesinos asesinados). Este último y más grave enfrentamiento detonó una movilización espontánea de sectores campesinos y populares hacia la ciudad de Santa Cruz, con armas improvisadas pero con voluntad de terminar con la impunidad de la Unión Juvenil Cruceñista. Fue esta situación la que obligó tanto al MAS de Evo Morales, que no quería verse empujado a un escenario de mayor confrontación, como a la derecha regional, que vio que se habían excedido en la relación de fuerzas, a sentarse a negociar, resolver la situación de “régimen partido” y abrir el camino hacia el surgimiento del Estado Plurinacional de Bolivia como una nueva forma de dominio burgués, más moderna pero sobre todo que expresara una nueva relación de fuerzas entre el movimiento de masas y las clases dominantes. Esto se realizó estableciendo algunas concesiones democrático-formales como fue la figura de las autonomías indígenas y otras de índole menor.

Afirmamos que lo que se ha modificado con la nueva Carta Magna, y con el surgimiento del “Estado Plurinacional”, es únicamente el régimen, es decir, la expresión concreta de una nueva relación de fuerzas al interior del Estado con nuevas normativas y formas institucionales, pero no el Estado mismo como afirman desde la vicepresidencia y todo el gobierno, ya que el Estado como expresión del carácter semicolonial del país al servicio de la clase dominante no se hundió, sino que ese núcleo central de todo Estado, que son las fuerzas represivas, se mantuvieron como expresión de continuidad –a diferencia de lo sucedido en la Revolución del ‘52–. Este cambio de régimen solo pudo lograrse en primer lugar gracias al desvío democrático impuesto por la burguesía y sus expresiones políticas luego del levantamiento de junio del 2005, y posteriormente alimentando la pasivización del movimiento de masas con la Asamblea Constituyente. Tenemos así que luego de varios años de levantamientos populares, crisis del régimen y del Estado, asonadas derechistas y conatos de guerra civil, se termina por poner en pie un nuevo orden de dominio burgués, consensuado con las expresiones políticas más de derecha, más moderno y sobre todo más sólido y fuerte al contar con el respaldo amplio de la población en las urnas. Esta situación absolutamente ventajosa para las clases dominantes y poseedoras se vio favorecida por el inicio de una situación inmejorable desde el punto de vista económico que le permitió al gobierno contar con ingentes recursos para aceitar las contradicciones que pudieran surgir, cooptar amplias capas de dirigentes obreros, campesinos e indígenas, y empezar a facilitar su rol crecientemente bonapartista en la resolución de las diversas tensiones sociales. En esta construcción del nuevo régimen el MAS chocó con el movimiento de masas. El primero de estos choques fue el fallido gasolinazo de diciembre del 2010, con subas de precio de más del 100 % a productos de la canasta básica en horas, y cuya movilización espontánea de amplios sectores populares le recordó a Evo Morales y García Linera que había una previa relación de fuerzas que no se podía violentar a riesgo de desgastarse aceleradamente. El segundo enfrentamiento va a ser el conflicto del TIPNIS, y el tercero es la gran huelga de los trabajadores asalariados durante mayo/junio del 2013 por la Ley de pensiones. Entre cada uno de estos grandes choques van a haber importantes gestas de lucha, como por ejemplo la llamada .rebelión fabril. del 2010, la gran huelga de los trabajadores de salud contra el aumento de la jornada laboral el 2011 y 2012, luchas campesinas y populares como fueron los bloqueos (con muertos incluidos) en Caranavi por las plantas de cítricos, las poblaciones de los departamentos de Potosí y Oruro por sus demandas regionales, Colquiri por la nacionalización y distribución de la veta Rosario con el cooperativismo afín al MAS, o durante este año, diversas disputas regionales o sectoriales resueltas en forma bonapartista mediante mediación estatal.

 

3. La huelga de mayo/junio del 2013, un punto de inflexión y el inicio de la persecución a la vanguardia

La huelga de mayo y junio del 2013 constituye un punto de inflexión sumamente importante para comprender no solo el rol del gobierno y del MAS actualmente sino también un indicador de una eventual recomposición política de la clase obrera. La huelga, detonada por el tratamiento de la ley de pensiones en la Asamblea Legislativa Plurinacional, fue la más importante que hayan sostenido los trabajadores asalariados durante todo el ciclo neoliberal e incluso desde el período de los levantamientos. El inicio de la guerra del agua en abril del 2000, y con ella del ciclo de levantamientos, tendrá a la clase obrera interviniendo en forma diluida, como componentes populares pero no con sus métodos de acción –la huelga–, ni con su programa, ni con sus organizaciones. La otrora poderosa COB2 va a ser una sombra de lo que fue en el pasado, expresándose como referente de la movilización pero no como expresión orgánica de la nueva clase obrera más amplia, más numerosa, pero joven y sin la tradición y experiencia de las generaciones pasadas. La llegada al gobierno de Evo Morales va a disparar ilusiones en franjas de trabajadores asalariados, surgiendo un extenso y amplio proceso de organización sindical que va desde el 2005 y que se termina el 2008 debido a un acelerado giro a derecha del MAS. Cientos de sindicatos van a surgir durante este período alentados por las ilusiones en el nuevo gobierno y también en la necesidad del MAS de mantener espacios de organización y movilización controlada frente a la presión de las derechas regionales. Al desaparecer esta necesidad, el gobierno va a terminar con este proceso de organización con un Ministerio de Trabajo cada vez más propatronal. Durante los últimos años de este gobierno se produjeron ataques y casi ninguna concesión a los asalariados, que paulatinamente empezaron a inclinarse a izquierda y cuestionar el papel del MAS con respecto a los trabajadores. Son estos elementos los que explican que los trabajadores avanzados –como los mineros de Huanuni y de salud, que resistieron exitosamente los intentos de Evo Morales de eliminar la conquista de 6 horas de trabajo por insalubridad–, con sectores de la burocracia sindical, hayan impulsado durante el 2013 el surgimiento del Partido de los Trabajadores (PT)3, y que se haya producido la huelga más importante en dos décadas y media de los asalariados. La huelga fue un punto de inflexión en dos sentidos: primero desde un punto de vista más histórico y de largo aliento, fue un gran paso de los trabajadores en reconocer sus fuerzas a lo largo y ancho del país, y fue empezar a visibilizarse como clase. Pese a ello, debido al rol de la burocracia sindical, terminó sin alcanzar los objetivos propuestos y la política de Trujillo (secretario ejecutivo de la COB), Pérez (secretario ejecutivo de la FSTMB) y demás burócratas terminaron desmoralizando y confundiendo a amplias capas de trabajadores y permitiendo el inicio de la contra ofensiva gubernamental contra la vanguardia de la huelga, particularmente Huanuni, de salud y de magisterio.

Esta ofensiva inauguró una situación que se ha prolongado hasta hoy, que se apoya en la pasividad de la lucha de clases sin elementos disruptivos en el gobierno o el régimen, y alentando la persecución política contra los trabajadores avanzados y aquellos que defienden la independencia política en los sindicatos. Asimismo se les impone la obligatoriedad de contar con la firma presidencial para establecer la legalidad de un sindicato, pegando un salto el rumbo bonapartista del gobierno al avanzar en la estatización de los mismos.

 

4. Hacia un nuevo ciclo de lucha de clases

La disminución en la recaudación producto de la caída de precios y ventas empieza a sentirse y empuja al gobierno a buscar con qué cubrir los agujeros como son el reciente aumento del impuesto a las transacciones financieras, que pasa del 0,15 al 0,30 %, o el impuesto a los intermediarios de carne vacuna desde las haciendas hasta los centros urbanos. Las primeras manifestaciones sociales ante la tendencia a la caída de precios, y el fin de la bonanza modernizadora semicolonial de Morales, han sido de carácter conservador, es decir, el intento de importantes sectores de trabajadores de no hacer “olas” para que la “bonanza” económica no se vea alterada, aunque ya empiezan a haber síntomas de rechazo a medidas de ajuste así como demandas de subsidios de mineros o de seguros agrarios de los productores de quinua para hacer frente a la crisis.

La importante modernización capitalista semicolonial impulsada por Evo Morales empieza a llegar a su fin, lo que empuja a redoblar las tendencias semibonapartistas que desde el régimen y el gobierno se vienen desarrollando como mecanismos de mediación y control de la conflictividad social. Sin embargo, estas tendencias bonapartistas chocan en forma inmediata con la resistencia de carácter democrático al control gubernamental de las instituciones, sindicatos o Universidades. La lucha de más de dos meses de la Universidad Mayor de San Simón o la de la Universidad Nacional Siglo XX contra rectores abiertamente oficialistas son muestras de esta creciente resistencia democrática. Es evidente que Bolivia ha dejado atrás dos ciclos distintos: el primero que va desde el 2000 al 2006 basado en el protagonismo decisivo del movimiento de masas particularmente de los campesinos y pueblos indígenas; un segundo ciclo basado en la construcción de un nuevo orden de dominio burgués por parte del MAS y finalmente con la colaboración de las representaciones políticas derechistas del Oriente. Lo que se está preparando es un nuevo ciclo de la lucha de clases, donde el sujeto social decisivo y protagónico serán los asalariados y entre ellos la clase obrera fabril y minera, que se verá empujada a la resistencia cuando los planes de ajuste del MAS avancen.

 

1. Con esta categoría nos referimos al surgimiento de autoridad que se eleva, por decirlo así, por encima de las clases y que, aunque continúa al servicio de la clase dominante, pretende arbitrar entre las mismas. Trotsky acuñó para los países semicoloniales una mayor precisión a la categoría de bonapartismo con la definición del cardenismo en México como “bonapartismo sui generis”, es decir, un bonapartismo que intenta o pretende arbitrar entre los intereses de la nación semicolonial y el imperialismo, buscando regatear porciones mayores de renta nacional. Por sus mismas características este tipo de bonapartismo se debe apoyar en la movilización parcial del movimiento de masas frente al imperialismo. El gobierno del MAS o el de Chávez lejos están de esta categoría, sin embargo, nos es útil para entender su comportamiento aparentemente contradictorio en determinados momentos de la lucha de clases.

2. Central Obrera Boliviana, fundada a días de la revolución del ‘52 sobre la base de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y sus milicias armadas. Fue considerada una de las organizaciones sindicales más combativas y poderosas del siglo XX.

3. Este fenómeno político novedoso, que surgió en Huanuni el 7 y 8 de marzo y que amenazó en provocar fracturas en los sectores críticos afines al MAS, fue rápidamente abandonado por el grueso de la burocracia sindical, quienes impusieron un voto de silencio durante la huelga de mayo/junio a la dirección encabezada por Guido Mitma y Gonzalo Rodríguez, para después del 2º Congreso abandonar en forma absoluta su participación.

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